El Círculo de Lovecraft: El origen de los Mitos (Parte IV)

Ya llegamos al capítulo final de la entrega dedicada al Círculo de Lovecraft. Como no podía ser de otra forma, se cierra comentando la otra faceta a la que dieron vida estos escritores: el Ciclo del Sueño o narraciones oníricas.
Se trata de otras realidades independientes de las humanas y del universo de las criaturas. Lugares de ensueño que no dejan de contener una parte siniestra y oscura. Muchos personajes exploradores han surcado los cielos en naves voladoras, visitado las ciudades donde duermen los dioses o habitado pueblos donde los gatos son sagrados.
Los relatos oníricos constituyen uno de los tres grandes bloques temáticos del Círculo de Lovecraft, junto con los Mitos de Cthulhu y las historias macabras. El primer relato onírico que se narró fue Polaris, escrito por Lovecraft en 1920. Los relatos oníricos describen lugares de ensueño y de fantasía a los que los personajes únicamente tienen acceso mientras están dormidos. Cuando despiertan, sus vivencias en estos lugares se ven desplazadas por su vida real, lo que les causa un gran desconsuelo. Obsesionados, fascinados y enamorados de los lugares oníricos, los personajes de estos relatos hacen lo imposible por volver a ellos a través del sueño.
“En un sueño, Kuranes vio la ciudad del valle, y la costa que se extendía más allá, y
el nevado pico que dominaba el mar, y las galeras de alegres colores que salían del puerto
rumbo a lejanas regiones donde el mar se junta con el cielo. Fue en un sueño también,
donde recibió el nombre de Kuranes, ya que despierto se llamaba de otra manera.”
H.P. Lovecraft, “Celephais”
A diferencia de las ciudades míticas, supuestamente ubicadas en el mundo real, los territorios oníricos sólo se encuentran en la dimensión del sueño, y están relacionados entre sí, pero rara vez con el resto de las narraciones de los Mitos de Cthulhu o las historias macabras.
Cada uno de los paisajes oníricos posee características propias que los diferencian del resto de los territorios conocidos por el hombre. Entre los lugares más destacados figuran la ciudad de Celephais, el país del Yann, la ciudad de Ulthar o la región de Enchanted Woods. Como ocurre con el resto de las creaciones del Círculo de Lovecraft, hay muchos más territorios oníricos, cuya mención llevaría todo un libro.
Ulthar, por ejemplo, es una de las ciudades oníricas que más aparecen en los relatos englobados en el ciclo de los sueños, haciendo su aparición en Los gatos de Ulthar, Los otros dioses y The Dream-Quest of Unknown Kadath. Ubicada “más allá del rio Skay”, su peculiaridad más característica es la ley de que ningún hombre puede matar a un gato, debido a un macabro y sangriento hecho acontecido años atrás. No se trata de una ley extraña ya que, en esta ciudad, los gatos son inteligentes y pueden hablar la lengua de los humanos. Enlazando con el mundo de la vigilia, en su templo dedicado a los dioses oníricos se encuentra una copia de los Manuscritos Pnakoticos. En el juego Word of Warcraft se puede ver una referencia a la ciudad de Ulthar. El personaje Ulduar, bajo el que se encuentra dormido el viejo dios Yogg-Saron, está inspirado en el dios Ulthar que aparece en los relatos oníricos.
“Se dice que en Ulthar, que se encuentra más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato;
y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo a aquel que descansa ronroneando frente al fuego.
Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma
del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de
los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su
prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda aquello que ella ha olvidado.”
H.P. Lovecraft, “Los gatos de Ulthar”
El personaje más recurrente del mundo onírico es Randolph Carter, ya que aparece en cinco narraciones de esta temática: The Dream-Quest of Unknown Kadath (En busca de la ciudad del Sol Poniente), The Silver Key, Through the Gates of the Silver Key, The Unnamable, y The Statement of Randolph Carter. Muchos biógrafos de Lovecraft consideran a Carter como un alter-ego del escritor, debido a las similitudes que rodean a ambas personalidades: ambos son escritores, comparten ideales y sufren recurrentes pesadillas.
Las narraciones oníricas nacen como respuesta al contexto histórico cultural de la época del Círculo, así como al estilo de vida de sus componentes, muchos de ellos, abatidos y sumidos en la desidia y la soledad. Ante la realidad, y ante la imposibilidad de escapar de ella, la única salida posible es el mundo de los sueños, con paisajes y criaturas fantásticas y en los que los límites solo los pone el soñador. Crear una realidad alternativa no sólo fue un modo de escapar del hastío, sino que constituyó el paraíso personal de alguno de los escritores del Círculo (y también e alguno de sus lectores). No es de extrañar, que alguno de los personajes de las narraciones prefirieran dormir a continuar viviendo.
“Unas formas oscuras danzaban alrededor de las débiles hogueras, y Carter sintió
curiosidad por averiguar qué clase de criaturas podían ser aquellas; las gentes
normales  no han estado nunca en Leng, y sólo han podido verse de lejos el
resplandor de sus hogueras y sus casas de piedra.”
H.P. Lovecraft, “En busca de la ciudad del Sol Poniente”
Los relatos oníricos estuvieron muy influenciados por autores como Poe, Blake o Lord Dunsany, de los que un niño Lovecraft era asiduo lector. Otros de los grandes representantes de los cuentos oníricos fue Arthur Machen, que integró en los ellos los cultos de la antigüedad clásica, o August Derleth, que introdujo la figura del Wendigo.
Cuando el lector profundiza en las creaciones del Círculo de Lovecraft se da cuenta que el universo al que dio vida es tan enorme como muchas de sus criaturas, y tan complejo como cada mente sea capaz de imaginar. El Círculo de Lovecraft fue el origen de los Mitos, pero estos aún continúan presentes como un género propio, inspirando creaciones literarias, cinematográficas y lúdicas.
Escrito por P. Borrego

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