Ambrose Bierce: "El Amargo Bierce"

Satíricos, punzantes, mordaces, irónicos… Así son los escritos de Ambrose Bierce. Pero todos ellos con un distintivo común: la crítica. Su particular estilo le costó el sobrenombre, entre sus compañeros periodistas, de “Bitter Brierce” (“El Amargo Bierce”), en una época en la que escribir para ganarse la vida estaba mal visto. Fueron muchos los escritores contemporáneos a Bierce que trataron el género de terror, los cuentos y los artículos periodísticos. Pero fueron muy pocos los que alcanzaron la popularidad en vida y, muchos menos, los que fueron recordados en muerte. Quizás fue el carácter hiriente de sus palabras lo que dejó la cicatriz en la literatura.
Ambrose Bierce, “Bitter Bierce”, ya dejaba un regusto amargo antes del Bitter Kas
Ambrose Gwinett Bierce nació en Ohio, Estados Unidos el 24 de junio de 1842, en el seno de una familia sumamente arraigada en la doctrina calvinista. Vivió su infancia en una cabaña en Horse Cave Creek, en el condado de Meigs, junto a sus doce hermanos, todos ellos bautizados con un nombre que empezaba con “A” (por este orden): Abigail, Amelia, Ann, Addison, Aurelius, Augustus, Almeda, Andrew, Albert, Ambrose, Arthur, Adelia, y Aurelia. Ambrose era el décimo de los trece hijos de la familia, cuyo ambiente asfixiante provocó que muchos de ellos quisiesen abandonar su calor desde edades tempranas. Esto fue lo que le pasó al joven Ambrose, que únicamente encontraba consuelo en las lecturas bíblicas y en la obra de Lord Byron. Hastiado de la vida opresiva familiar, decidió mudarse a Ohio como aprendiz en una imprenta a la edad de 15 años. Mejor suerte corrió que otros de sus hermanos: uno de ellos acabó sus días como forzudo de una feria itinerante, y una de sus hermanas murió devorada por los nativos africanos en su labor de misionera. Tras esto, Ambrose no volvió a la cabaña familiar.
Anécdota, s.: […]Una noche el señor Rudolph Block, de Nueva York, se encontró 
sentado en una cena junto al distinguido crítico Percival Pollard. Señor Pollard
 –dijo–, mi libro Biografía de una Vaca Muerta, se ha publicado anónimamente,
 pero usted no puede ignorar quién es el autor. Sin embargo, al comentarlo, dice 
usted que es la obra del Idiota del Siglo. ¿Le parece una crítica justa?

–Lo siento mucho, señor –respondió amablemente el critico–, pero no pensé que
 usted deseara realmente conservar el anonimato.[…]

“El diccionario del diablo”, Ambrose Bierce

Después de un breve tiempo trabajando en imprentas y periódicos, ingresa en la Escuela Militar de Kentucky a la edad de 17 años (en 1859), paso previo al alistamiento en el ejército debido al comienzo de la Guerra Civil Estadounidense. Norte contra Sur, Ambrose estaba en el Ejército de la Unión (es decir, el Norte). Su carrera militar, densa en tiempo y maniobras, se puede resumir en un momentico: tras cuatro años, Ambrose había sido ascendido a comandante en campaña. Volvió un año después, como militar condecorado y héroe de guerra. Tras otro año de expediciones, es readmitido en el ejército como Segundo Teniente, lo cual no fue satisfactorio para Ambrose, que había esperado entrar por la puerta grande como Capitán. Este desengaño hizo que diera fin a su carrera en el ejército. Tras esto, Ambrose no volvió a la vida militar.
Podemos imaginarnos al señor Bierce, en mitad de la batalla, al más puro estilo Ravenous… Quizás fuese así, se deja a la elección de los más romanticistas. Lo que es cierto es que podemos encontrar la narración de las batallas de su propia mano, como es el caso de What I Saw of Shiloh, inspirado en la Batalla de Shiloh.
Anécdota, s.: […] El señor W.C. Morrow, que solía vivir en San José, California, acostumbraba 
escribir cuentos de fantasmas que daban al lector la sensación de que un tropel de lagartijas,
 recién salidas del hielo, le corrían por la espalda y se le escondían entre los cabellos. En esa 
época, se creía que merodeaba por San José el alma en pena de un famoso bandido llamado 
Vásquez, a quien ahorcaron allí. El pueblo no estaba muy bien iluminado y de noche la gente 
salía lo menos posible de su casa. Una noche particularmente oscura, dos caballeros caminaban 
por el sitio más solitario dentro del ejido, hablando en voz baja para darse coraje, cuando se 
tropezaron con el señor J.J. Owen, conocido periodista:–¡ Caramba Owen! –dijo uno–. ¿Qué 
le trae por aquí en una noche como ésta? ¿No me dijo que este era uno de los sitios preferidos
 por el ánima de Vásquez? ¿No tiene miedo de estar afuera?

–Mi querido amigo –respondió el periodista con voz lúgubre– tengo miedo de estar adentro.
 Llevo en el bolsillo una de las novelas de Will Morrow y no me atrevo a acercarme donde haya

 

 luz suficiente para leerla.[…]

“El diccionario del diablo”, Ambrose Bierce

Tras la Guerra Civil se muda a San Francisco, donde trabaja en diversos periódicos, hasta ser nombrado director del New Letters en 1968. Tres años después, contrae matrimonio con Mary Ellen Day, con la que se muda a Londres, prosiguiendo su carrera periodística. Con Mary Ellen tuvo tres hijos: Day, Leigh y Helen. En esta época comenzó a escribir sus primeros cuentos, publicados primeramente en revistas y, posteriormente, en tomos recopilatorios. Fue aquí cuando se granjeó su fama como escritor mordaz, humorístico y misántropo. En este sentido, cabe señalar que no todos los escritos de Ambrose Bierce son relatos de terror y que casi ninguno de ellos es realmente terrible. En sus historias el lector puede encontrar lo macabro o lo siniestro, o un ambiente oscuro y sórdido, pero siempre salpicados por un gran sentido del humor negro. Por ello, el autor fue considerado humorístico en su primera etapa y, aunque nunca dejó de serlo, poco a poco su estilo se fue depurando hacia el género fantástico, siempre, como se comenta, con la crítica presente en sus líneas.
Después de tres años viviendo en Inglaterra, el matrimonio vuelve a San Francisco, donde Ambrose comenzó a trabajar en el periódico San Francisco Examiner. Sin embargo, la fama y la fortuna no le otorgaron la plena felicidad: En 1888 solicita el divorcio de su mujer al encontrar unas cartas de dudoso contenido entre su esposa y un admirador, finalizando el proceso burocrático de la separación en 1904. Tras esto, Ambrose no volvió a casarse.
Pasado el desengaño amoroso, Ambrose se muda a Washington, convertido en un escritor célebre y famoso. Su obra se sigue distinguiendo por la particularidad de sus temáticas y de su estilo punzante. Aceite de perro fue el primer cuento de Bierce que cayó en mis manos, a la edad de 9 años. En aquel entonces me pareció un poquito repugnante. Ahora, casi 30 años después, me sigue pareciendo un poquito repugnante. No obstante, el lector avanzado en Bierce se dará cuenta que la lectura de Ambrose conserva, desde su principio hasta su fin, un estilo depurado, casi británico (de hecho, sus coetáneos lo calificaron como un “autor inglés purista”) y una calidad argumental de una mente en excepcionalmente creativa. La mayor parte de los cuentos de Bierce encierran una paradoja, una situación absurda llevada a sus límites o una pequeña enseñanza macabra.
“Aceite de Perro”, de Ambrose Bierce. Un relato extraordinario
aunque un poquito repugnante
Amargo pero no amargado, Ambrose continúa su carrera literaria, y se pone en contacto con H.P. Lovecraft, contribuyendo a la creación de algunos Mitos de Cthulhu. Podemos decir que su aportación a los Mitos fue previa al nacimiento de los mismos, puesto que Un habitante de Carcosa fue publicada en 1888, un año antes de que naciese el maestro Lovecraft. Fue su obra más conocida dentro de los Mitos de Cthulhu.
H.P. Lovecraft tuvo siempre en gran estima a Ambrose Bierce, lo situaba por encima de todos los escritores de terror y únicamente por debajo de Edgard Alan Poe. Aunque también fue crítico con él, ya que calificó su obra como “un tanto irregular: muchos de sus relatos son evidentemente mecanicistas y están estropeados por un estilo desenfadado, artificioso y vulgar, procedente de estilos periodísticos”.
Anécdota, s.: […] El general H.H. Wolherspoon, director de la Escuela de Guerra del Ejército,
 tiene como mascota un babuino, animal de extraordinaria inteligencia aunque nada hermoso. 
Al volver una noche a su casa el general descubrió con sorpresa y dolor que Adán (así se
 llamaba el mono, pues el general era darwinista) lo aguardaba sentado ostentando su mejor 
chaquetilla de gala.

–¡Maldito antepasado! –tronó el gran estratega– ¿Qué haces levantado después del toque 
de queda? ¡Y con mi uniforme! Adán se incorporó con una mirada de reproche, se puso en 
cuatro patas, atravesó el cuarto en dirección a una mesa y volvió con una tarjeta de visita: 
el general Barry había estado allí y a juzgar por una botella de champán vacía y varias colillas
 de cigarros, había sido amablemente atendido mientras esperaba. El general presentó excusas
 a su fiel progenitor y se fue a dormir. Al día siguiente se encontró con el general Barry, quien
 le dijo:–Oye viejo, anoche al separarme de ti olvide preguntarte por esos excelentes cigarros.
 ¿Dónde los consigues? El general Wotherspoon sin dignarse responder se marchó.

–Perdona por favor –gritó Barry corriendo tras él–Bromeaba por supuesto. Anda, si no había
pasado quince minutos en tu casa y ya me di cuenta que no eras tú.
 […]


“El diccionario del diablo”, Ambrose Bierce
Su creación más reconocida y admirada por el público fue El diccionario del diablo. Como todo en Bierce, hasta el nombre de la obra engaña, puesto que en nada tiene que ver con lo demoniaco y, de hecho, ni siquiera es una obra de terror. Se trata, ni más ni menos, que de un simple diccionario, con la peculiaridad de que las definiciones que contiene están descritas desde los ojos de Ambrose. Por ejemplo, si se abre el libro por la letra “C”, se puede encontrar la palabra “Circo”: “Lugar donde se permite a caballos, “ponies” y elefantes contemplar a los hombres, mujeres y niños en el papel de tontos”. Como se puede comprobar, toda una enciclopedia de la sátira, así como de crítica política. Ilustremos estas líneas con otros ejemplos:

“Negro: “Piece de résistance” en el problema político norteamericano. Los republicanos lo representan por la letra n y llegan a la siguiente ecuación: “Supongamos que n = hombre blanco”. La fórmula, sin embargo, parece dar un resultado insatisfactorio”.
“Africano: Negro que vota por nuestro partido”.

Anécdota, s. Relato generalmente falso.[…]



“El diccionario del diablo”, Ambrose Bierce
La obra de Ambrose Bierce ha sido adaptada para más de treinta cortos de cine, así como series de televisión. An Occurrence at Owl Creek Bridge fue el argumento para un capítulo de The Twilight Zone (1964) y Alfred Hitchcock presenta (1959), así como en el corto homónimo de 2005. Más recientemente, The Damned Thing constituye uno de los capítulos de la segunda temporada de Masters of Horror, magistralmente versionado por Tobe Hooper, nada más y nada menos.
Ambrose Bierce sobrevivió a dos de sus hijos, que fallecieron en una pelea y por culpa del alcohol, respectivamente. En octubre de 1913, un familiar de Bierce recibe una extraña, aunque satírica, carta: “Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!”.
Así pues, al igual que su obra, la “muerte” de Ambrose Bierce no está desprovista de misterio ni exenta de ironía. En 1913, hastiado de su vida y con un renovado espíritu romanticista de las batallas en su juventud, decide partir a México, donde Pancho Villa combatía en su revolución. Se unió a su ejército, al que estuvo acompañando hasta Chihuahua, lugar en el cual se pierde su rastro. Tras esto, Ambrose no volvió a ser visto.
[…]Ambrose Bierce, y aquí llegamos a algo de naturaleza siniestra (pues Bierce se interesaba en asuntos
extraterrenos), desapareció en México. Se dijo que había muerto luchando contra Villa, pero en la época
de su desaparición debía de tener más de setenta años y era prácticamente un inválido. Jamás se volvió a
saber de él. Esto ocurrió en mil novecientos trece.[…]


“El que acecha en el umbral”, H.P.Lovecraft

Escrito por P. Borrego

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