Elvideoclub: Un hombre lobo americano en Londres

Hoy es viernes, día de estrenos. Si nos acercamos al cine, nos encontraremos con novedades del género fantástico y de acción en la cartelera, como The Yellow Sea o Sherlock Holmes 2, entre otras. Pero, para los que este finde prefieran mantita y palomitas, esta Casa hace su sugerencia en ELVideoclub. Amigos de lo fantástico, esta semana se recomienda: Un hombre lobo americano en Londres.

La recomendación de esta semana fue una película comercial en su día, que en la actualidad se ha convertido en todo un clásico. Un hombre lobo americano en Londres fue dirigida en 1981 por un conocido de esta Casa: el genial John Landis. Thriller, sí. Terror, moderado. Humor, muchísimo. El punto de disonancia que diferencia esta película del resto de largometrajes del género es que revolucionó el concepto de licantropía en el celuloide. Hasta el momento, el hombre lobo había sido fiel al clásico de Hammer Film Productions, pero quizás esta entrega, junto con En compañía de Lobos (Neil Jordan, 1984), fueron las que dieron el giro que la temática necesitaba.
Su argumento es bastante sencillo, tópico entre los tópicos: dos amigos excursionistas merodean por parajes ingleses desconocidos y solitarios. A pesar de que son advertidos de que por esas tierras campestres no deben caminar por la noche, ellos hacen caso omiso y, mochila a la espalda, van a la excursión. Sorpresa, una mala bestia les ataca, pero no con crueldad o violencia, la escena no podría ser más de Landis. Trágica, pero cómica, marcada por su característico humor negro. David huye cuando la fiera ataca a su amigo, pero a mitad de camino se arrepiente y vuelve a ayudarlo. Demasiado tarde, ya no hay nada que hacer y el depredador lo hiere. A partir de aquí, se desencadena el magnífico argumento de Un hombre lobo americano en Londres, del cual hemos visto versiones (Un hombre lobo americano en París, 1997) que no estuvieron nunca a la altura. A colación, diremos que hay programado un remake para el año 2014, esperemos que sea menos decepcionante que la versión de 1997.
Esta película tiene algo muy destacable, que es la escena en la que David se convierte en licántropo por primera vez. Sin que se hubiesen popularizado los efectos por ordenador, esta secuencia se presentó íntegra, con una lentitud y un detalle que dejaron boquiabierto al público del momento. Y esta escena fue, quizás, la responsable no sólo de la popularidad de la película, sino del Oscar al mejor maquillaje que obtuvo en 1982. Se trata de uno de los fotogramas clásicos del cine de terror, que comparte podio con Desafío Total u otras joyas como Scanners.
Estos efectos especiales jugaron un papel realmente importante en la película, y no carecen de mérito, pues se trata de un trabajo puramente artesanal. Landis entiende mucho de esto, de originalidad, de la utilización de una metodología de materias primas que dan lugar a algo grande. Un hombre lobo americano en Londres lo hace patente. El equipo de maquillaje de esta película elaboró toda la escena de transformación a partir de elementos mecánicos. Así, cuando a David le crece el pie hasta formar una zarpa, no era más que una polea dentro de la maqueta de un pie, que se iba agrandando por dos soportes en su interior. Dado que no había tiempo para realizar más maquetas, la escena tuvo que rodarse en una sola toma, ya que, una vez que la polea hacía su trabajo, era imposible volver a su estado original. De este modo, la transformación se rueda por partes del cuerpo: pies, manos, cabeza… dando un efecto de detallismo total. Esto supone un ejemplo de trabajar con pocos recursos y sacar máximos beneficios.
Otra de las grandes escenas es aquella en la que el lobo recorre velozmente la ciudad, con una furiosa expresión y dando continuas dentelladas. Estas impactantes imágenes no son otra cosa que el resultado, una vez más, de una gran imaginación. El lobo feroz no era otra cosa que la maqueta de una cabeza de lobo pegada a una carretilla (que se hizo utilizando como modelo al perro del responsable de maquillaje), que un señor iba empujando por detrás. La cámara únicamente grababa la cabeza, y las dentelladas las conseguía el mismo señor moviendo dos palos a modo de pinza. Este invento dio lugar a un efecto muy logrado. Estas escenas se rodaron en Piccadilly Circus. Muchos se preguntaron “¿cómo es posible?”, dado que es una zona de Londres donde no se permitía rodar películas, ya que es una de las avenidas con más tránsito de la ciudad. Tras la negativa de la policía para el rodaje en esta zona, el director tuvo una amable conversación que, alimentada con su labia, dio resultaldo. Los convenció para que hablasen con la policía de Chicago, con la que había tenido buenas relaciones y su colaboración durante el rodaje de Blues Brothers. Además, se comprometió a dejar limpia toda la calle en menos de media hora y, por si no fuera suficiente, les ofreció una maqueta diseñada por él mismo en la que les indicaba cómo desviar el tráfico para que no hubiese problemas. Ante la asequible perspectiva, la policía británica accedió.
Como curiosidad, y para los amantes de la banda sonora, se debe señalar que todas las canciones que aparecen en la película contienen la palabra “moon” (“luna”) en su título. En este sentido, John Landis le pidió personalmente a Cat Stevens el permiso para incluir su canción “Moon shadows” en la banda sonora. Pero éste era supersticioso y creía en la existencia de los hombres lobo, por lo que se negó para evitar problemas.
Esta película es original hasta en sus créditos finales, en los que la advertencia legal típica tiene su peculiaridad. En ella se puede leer “Cualquier coincidencia con cualquier persona viva, muerta, o no-muerta, es coincidencia”. Asimismo, se incluye un mensaje de felicitación por la boda del Príncipe Charles y la Princesa Diana, ya que, en un momento dado de la película, cuando David quiere ser arrestado, grita “¡El Príncipe Charles es gay!”.
Para el rodaje de esta película únicamente se solicitaron cuatro permisos de trabajo para estadounidenses: el de John Landis, el de Rick Baker (jefe de maquillaje y efectos especiales) y los de David Naughton y Griffin Dunne (actores principales). Los tres primeros fueron concedidos sin problemas, pero el permiso de Dunne fue denegado por la Oficina Británica de Igualdad de Actores, alegando que había muchos actores jóvenes británicos que podían desempeñar su papel. Landis les convenció con un argumento muy convincente: en ese caso, reescribiría el guión y titularía la película como Un hombre lobo americano en París. El permiso de trabajo fue concedido.
Un hombre lobo americano en Londres está muy relacionada con Aullidos (1981), la otra película de licántropos que estuvo pujando por el éxito en su década. Rick Baker había acordado con Landis rodar una gran película de hombres lobo, pero el proyecto se demoró ocho años. Cuando el director por fín tuvo el presupuesto, se puso en contacto con Baker. Pero éste, cansado de la espera, ya estaba haciendo otra película de hombres lobo. Obviamente, se trataba de Aullidos. Tras una acalorada discusión, Baker delegó su función en la película que se encontraba rodando a uno de sus protegidos, e hizo posible las maravillas de Un hombre lobo americano en Londres. Landis nunca le perdonó no haberle esperado.
Esta película fue, además, la responsable de la representación visual de una de las piezas históricas más emblemáticas de la música. Michael Jackson quedó tan impresionado con la obra de Landis que le pidió que fuese él el director de un videoclip para una de sus canciones. Landis aceptó y se llevó con él a todo su equipo de sonido, efectos visuales, maquillaje… Este videoclip no fue otro que Thriller, actualmente una leyenda.
Lo mejor de la película: … Es de Landis, todo es bueno.
Lo peor de la película: Su versión de 1997 y sus versioncillas.
La frase: (Una mujer que, desde su ventana, ve como el hombre lobo está atacando a dos personas): “Sean, creo que hay algunos hooligans en el parque otra vez”
Recomendada para: Mayores de 18 años que quieran pasar una velada ochentera de terror cómico.
No recomendada para: Menores de 18 años o aquellos que les tengan miedo a los perros.
Sin más zarpazos, su tráiler (¿es John Landis el que conduce uno de los coches?):
Un hombre lobo americano en Londres. Sin duda una pieza única, dirigida por el único hombre que, para el aullido de su licántropo, mezcló los sonidos de un lobo y un elefante.
Escrito por P. Borrego
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