Reseña de El signo de los cuatro

Siguiendo la estela de mi anterior artículo, paso ahora a comentaros la siguiente obra que han pasado de la letra escrita al dibujo más actual.

De nuevo repite el mismo equipo creativo, Conan Doyle (obvio), el guionista Ian Edginton y a los lápices el capaz I.N.J. Culbard. Repiten con lo de poner al autor de las novelas como coautor de la novela gráfica.

En este caso concreto, nuestros héroes se enfrentan a una misteriosa desaparición. Cuando la guapa joven Mary Morstan visita el 221B de Baker Street, tanto Holmes como Watson quedan fascinados. El primero con el misterio que la señorita les propone y el segundo con la belleza de la que hace gala. El misterio se inicia con la desaparición de un oficial militar e implica a un hombre con pata de palo, las colonias británicas extranjeras y una extraña marca que lo anuda todo: “El signo de los cuatro“. La historia es bastante buena y mantiene en vilo durante toda la lectura hasta que, al final obviamente, se revela toda la historia.

Con estas premisas volvemos a las andadas con misterios irresolubles, aventuras y, sobre todo, un nuevo despliegue de inteligencia y sagacidad a cargo del mejor detective del mundo (con permiso de Batman y Frank Miller).

La novela sigue con el estilo que ya gustó tanto en el anterior tomo (“Estudio en escarlata”) y ahonda más en la relación Holmes/Watson, y en cómo el buen doctor trata de que el detective asesor no juegue con su salud. Como muestra de la madurez de este tomo, diré que nada más empezar, la primera viñeta se ve a Holmes inyectándose una sustancia que más tarde se confirma como cocaína al 7%.

Lo dicho, otra gran novela gráfica del más grande, el inigualable Sherlock Holmes.


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