El Día del Juicio (Cómic)

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Youngblood tiene algo de icónico. El número 1 de Youngblood fue el primer cómic que lanzó la editora Image al mercado, allá por el 1992. Como recordaréis Image fue fundada por un grupo de autores que no estaban de acuerdo con el trato que sus entonces compañías editoras -Marvel y DC principalmente- les brindaba en relación a la gestión de los derechos de autor. Rob Liefeld era uno de aquellos autores, y él fue el creador esta serie.

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Portada del número 1 de Youngblood

La serie comenzó fuerte y era uno de los buques insignia de Image. Posteriormente, por desacuerdos entre Rob Liefeld y el resto de sus compañeros de la recién creada compañía, Liefeld abandonó Image y en 1997 creó su propia compañía: Awesome. Y precisamente dentro ya de esta firma es donde se engloba la serie argumental que tenemos entre manos: El Día del Juicio. La colección de Youngblood estaba dando síntomas de agotamiento y Rob Liefeld pensó en una renovación. Para ello acudió a uno de los más reputados guionistas: el afamado creador de Watchmen: Alan Moore. Con ello conseguía por una parte atraer a los fans de Moore a su colección, y por otra parte asegurarse un guion de calidad para su nuevo relanzamiento. En cualquier caso, el Día del Juicio no supone un reinicio de la colección, sino que es una continuación de todo lo que se había publicado hasta entonces.

Este volumen supone un buen punto de partida para leer Youngblood para alguien que no los conozca. Yo tenía los diez primeros números de la colección de hace ya casi 20 años, cuando salieron en España. Antes de ponerme a leer el cómic me los traje de casa de mis padres, donde los tenía hasta ahora, para volverme a poner al día de las aventuras de estos personajes, pues hacía tiempo que no los releía. Pero realmente no llegué a echar mano de ellos, pues me puse directamente con el tomo y pude comprobar cómo no hay una verdadera necesidad de poner en contexto la historia. La saga está pensada para poder ser leída sin necesidad de conocimientos previos. Además, a ello también ayuda el hecho de que al final del volumen, al menos en la edición española, nos encontramos con seis páginas adicionales con fichas de los principales personajes que intervienen en la historia. Aparte de los personajes del equipo Youngblood, en las páginas de este tomo también podremos ver a otros invitados de excepción, como son Savage Dragon o Supreme, el equivalente a Superman en el Universo Extreme.

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En el Día del Juicio, Alan Moore quiso crear algo nuevo, algo que apenas hubiera sido tratado antes en el mundo del cómic. Para ello, contando ya con un equipo previamente creado como el que le había proporcionado Liefeld, los Youngblood, tiró de sus características particulares. A saber, se trataba de un equipo joven de superhéroes que en su mundo imaginativo eran tratados como si de estrellas del cine o del deporte se tratara, y además despertaban la suspicacia de otra parte importante de la población, lo que hacía que dado su enorme poder, estuviera supervisado por el gobierno.

Aunque el título induce a pensar en un día de destrucción, o en una gran batalla, lo cierto es que se refiere literalmente a un juicio legal, con todo lo que ello implica: una víctima, un acusado, una jueza, una fiscal, un abogado defensor y un tribunal, con la peculiaridad de que todos los implicados tienen relación con la comunidad superheroica, porque la historia que se reproduce trata del juicio a un superhéroe: Knightsabre, por el supuesto asesinato de su compañera de equipo Riptide. Era algo novedoso, porque nunca antes un superhéroe había matado a otro. Los buenos mataban a los malos, los malos a los buenos, o bien los malos se mataban entre ellos. Eso era algo asumible por la sociedad. Ahora bien, que un superhéroe de los considerados como buenos matara a otro de los suyos, ya era algo difícil de digerir. Era la primera vez que un cómic de superhéroes abordaba una trama judicial con tanta profundidad. Además, suponía una historia valiente y rompedora, pues socavaba los mismos cimientos de la colección y comenzaba con la muerte de Riptide, quien había formado parte del equipo desde su creación, desde el mismísimo número 0 de la misma.

A la hora de leer el tomo hay que tener en cuenta que se trata de un cómic con ya muchos años, con lo que tanto el estilo de narración como el dibujo que nos encontraremos corresponde con lo que se hacía en aquella época. La impresión que nos causará será chocante, si no lo contextualizamos en aquella época. La verdad es que fueron unos años peculiares, los 90, en lo que a cómic se refiere. Hay muchos detractores de lo que en aquel momento se hacía, pero también hay auténticos amantes nostálgicos de aquella época. Nos entusiasme más o menos, lo cierto es que el Día del juicio es una de una de las mejores obras que se publicaron en la década.

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El trabajo fue todo espectáculo, tanto por la parte del guion como por la del dibujo. En aras de promocionarlo, Liefeld contó un amplio elenco formado por un montón de dibujantes, más de 20, que colaboraron con él, en un despliegue sin precedentes de dibujantes para los tan solo tres números que comprendían la miniserie original.

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Como obra de Liefeld que es, el dibujo es tremendamente exagerado y extravagante, pero muy impactante. Con su peculiar estilo, Liefeld cuenta con sus propios adeptos, muchos de ellos incondicionales. Se puede describir como violento, colorido, de un fuerte impacto visual. Las viñetas de acción son tremendas, con muchísimo movimiento, y en las viñetas en “reposo” los personajes, en su particular coquetería, parecen ser conscientes de que van a ser retratados y se colocan como si de una foto se tratara. Ellos tremendamente musculosos y ellas despampanantes, Liefeld fue uno de los principales impulsores del cambio de estilo de dibujo que se impuso desde comienzos de los 90, cuando se comenzó a pensar que si alguien era un superhéroe, también debía notarse en su aspecto físico, concretamente llevando al máximo humano su desarrollo atlético, ampliamente perceptible por el lector.

Aparte de Liefeld, como hemos indicado hay muchos otros dibujantes de apoyo. Sobre Liefeld recae la historia principal, y el resto de dibujantes colaboran encargándose de otras historias secundarias, generalmente narradas en forma de flashbacks.

La edición española nos la presenta Aleta en un tomo autoconclusivo con un precio de 19,95€. Se nos presenta en una cuidada edición en tapa dura y con buen papel. El tomo incluye los tres números de la miniserie original (Alpha, Omega y Final Judgement), un pequeño prólogo a Youngblood en forma de cuarto capítulo y un quinto capítulo con las consecuencias, titulado Secuelas.

Es una obra que merece la pena tener. Cuenta con dos pesos pesados: Moore y Liefeld, junto con el despliegue de un nutrido grupo adicional de artistas de apoyo. Cuenta con una narración prodigiosa tanto en el campo escrito como en el visual. Los diálogos están muy labrados y la historia está bien hilada y veremos cómo las diferentes microhistorias que va relatando cobran coherencia con el paso de las páginas y al final todo encaja como en un engranaje bien diseñado. El contar con tan amplio abanico de dibujantes, muchos de ellos de primer nivel, como podría ser Gil Kane, por citar tan solo a uno de ellos, le da un valor especial. Más al ver como se ha sabido colocar a cada dibujante en su nicho, ofreciéndole un espacio de dos a cuatro páginas para relatar un suceso del pasado. Así, lo que de otro modo habría sido un auténtico desastre, el mezclar a veinte dibujantes en tan solo tres números para relatar una misma historia lineal, aquí es posible gracias a la figura de los flashbacks, la cual permite que la mezcla de estilos pase más desapercibida. Un tomo imprescindible tanto para los aficionados a Youngblood como para los fans de Moore y de Liefeld, pero aparte también gustará al lector de cómics en general que quiera contar con una obra de referencia de los años 90.

[xrr rating=3.5/5]

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