Capitán América (1990) O cómo acabar con la esperanza de un Marvel Zombie

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Hubo un tiempo en el que los héroes de la editorial Marvel no llenaban en masa las salas de cine. Hubo una época en la que ver una película de superhéroes de la casa de las ideas que tuviera calidad y espectacularidad era poco menos que una quimera. Durante mucho tiempo los aficionados a los cómics tan solo encontrábamos cierto consuelo en las primeras adaptaciones a la gran pantalla de las aventuras de Superman y Batman (algo sonrojantes al visionarlas hoy pero todo un acontecimiento en aquel entonces), personajes que pertenecían a la Distinguida Competencia, que generaban múltiples beneficios a Warner Bros (propietaria de DC comics) y cuyos mediáticos y publicitados estrenos lograban que esos personajes fueran conocidos hasta por nuestros padres, que incluso nos llevaban al cine a ver en imagen real unos personajes que habían nacido en esos tebeos que, en la mayoría de los casos, ellos denostaban y trataban como pseudo-lectura.

Pese a que un servidor disfrutaba muchísimo de los comics DC que nos brindaba la añorada editorial Zinco (descubrir el Superman de Byrne fue uno de los momentos álgidos de mi pre-adolescencia), siempre sentí una especial inclinación por los cómics Marvel, cómics que descubrí gracias a un Pocket de Ases de ‘Los Defensores’ de Bruguera que me regalo mi hermano y a los que me enganche debido a los tebeos Forum que me regalaba mi madre cada vez que fingía estar enfermo y que me compraba de camino al médico en el kiosco del barrio (aunque con la sobreactuación que llevaba a cabo cada vez que simulaba los síntomas de una indigestión, aún me extraña que mi pobre madre no me llevara directamente a urgencias… o a un exorcista).

Esa predilección por los cómic que presentaba Stan Lee (que en mi imaginación infantil era el hijo nacido en Nueva York de la unión entre una inmigrante china y Stan Laurel, el de El Gordo y El Flaco) me llevaba a sentir cierta envidia hacia los seguidores de DC por la repercusión que obtenían los personajes de esa editorial entre el gran público gracias a sus megataquilleros films. Ellos, aún siendo víctimas de mi odio y rencor infantil, disfrutaban de muchísimo merchandising relacionado con su héroe favorito… los cómics de esos personajes se multiplicaban en los kioscos coincidiendo con los estrenos de sus contrapartidas del celuloide, las jugueterías y centros comerciales se llenaban de ‘action-figures’ (o muñecos, como los llamábamos antes de obtener el diploma ‘Friki’) de la película, en la tele emitían a mediodía una serie animada chulísima sobre el héroe de moda y lo que mas me reventaba…¡de repente mi madre sabía quién era Batman!:

-Lo que no entiendo es por qué lleva un murciélago entre las tetas.

-Llevas comprándome todas las semanas las aventuras de un tío que lleva una araña entre ellas y jamás te habías percatado de ello.

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Tanta frustración vivió mi Marvel Zombie interior infantil que me resigné, a medida que pasaron los años, a aceptar que jamás vería una adaptación al cine decente de un héroe Marvel. Me cabreaba conmigo mismo al hacer balance y recordar que la única película con el sello Marvel que había disfrutado era la de ‘Howard el Pato’, personaje que conocía por haber aparecido como invitado estelar en uno de los primeros números del Spiderman de Forum. Pero, quién podría culparme: ¿Acaso alguien disfrutó con ese Spiderman televisivo en pijama de los años 70 que llego a España en forma de largometraje? ¿Qué mente retorcida llegó a pensar que Dolph Lundgren era un Punisher creíble? ¿Y dónde estaba la calavera en esa película, símbolo reconocible del personaje? Eh… me comentan que apareció brevemente  en la empuñadura de un cuchillo, entonces me callo… Ejem.

"Daisy... Esto no es lo que parece"
“Daisy… Esto no es lo que parece”

En ese desolador panorama me encontraba en el verano de 1990. Pepsi, ‘Golominas’ y tebeos. Abro un cómic recién adquirido y ante mis ojos aparece, dentro de la recordada sección ‘Marvelmanía’, una pequeña imagen publicitaria en blanco y negro que muestra a un Capitán América de carne y hueso portando su escudo en una pose muy característica del personaje. A los pies de la fotografía, la leyenda: ‘El próximo año… ¡Película del Capitán América!

Sentí a mi pre-adolescente corazón a punto de salirse del pecho. Mis plegarias a Odín habían sido escuchadas. Ante mis ojos podía ver lo que durante lustros mi mente había imaginado… Un capi convincente, real, con un traje exactamente igual al que había visto en miles de viñetas. Al año próximo llegaría mi revancha. Mis compañeros del colegio que seguían a Batman y Superman verían lo que es bueno. La gente acudiría en manada a los cines a ver las aventuras y desventuras de Steve Rogers, las jugueterías recibirían cada semana miles de figuras del Capitán América, de Cráneo Rojo, de Modok… ¡De Bucky! que se agotarían a las pocas horas, la gente iría por la calle luciendo camisetas azules con una estrella blanca en el pecho y todo el mundo hablaría de la película del año… ya casi podía oír a mi madre decir:

-Lo que no entiendo es por qué lleva esas alitas en la cabeza.

La ‘Capimanía’ era un hecho, estaba llegando, lo sentía dentro de mí. Solo tenía que esperar.

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Y esperé, esperé tanto que casi desespero. 1990 acabó y dio paso al nuevo año. En los siguientes meses la única información que recibía sobre tan esperada película (por mí) provenía de los correos al lector y las secciones de consulta que ofrecía Cómics Forum en sus publicaciones: Un tal Ramiro llamó a  ‘Línea Directa’ y le contestaban que no había nuevas noticias sobre la fecha de estreno en nuestro país, Cels Piñol comentaba en un correo que había visto unos minutos de la película en un salón del cómic y que le impresionó el efecto del lanzamiento del escudo. Una impresión tan positiva de quien era uno de los baluartes de Forum no era moco de pavo, y me reafirmó en mi idea de que esa película acabaría con la maldición que Marvel padecía cada vez que intentaba dar un paso más y adentrarse en el séptimo arte.

1991 llegó a su fin… y ni rastro para mí del triunfal paso del Capitán América por las pantallas de cine. No vi ni una señal de que la película fuera estrenada, ni publicidad ni reportajes en ningún canal de televisión… absolutamente nada. Mi compañero de pupitre me aseguraba que ya la habían estrenado, que la había visto junto con sus padres y su hermana en un ‘cine de barrio’. Yo no lo creí ni por un segundo porque era un mentiroso de cuidado y, por cierto, hoy en día mi compi se dedica a la política. Lo único que me convencía de que no había sido un sueño perpetrado por mi fanatismo era refrescarme de vez en cuando la memoria consultando en los Cómics Forum los artículos en los que a la película se hacia referencia.

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1992. Cobi y sus Olimpiadas. Curro y su Expo. Felipe y su crisis. Adolfo y su ‘Capitán América: The Movie’. Aún me quedaba un añito para que mi obsesión por la película maldita diera paso a otro tipo de obsesión más frecuente entre los adolescentes (el tipo de obsesión que ocasionalmente lleva faldas) y ante la tesitura de pasar otro sábado entero pintando figuritas del ‘HeroQuest’, acepté la amable oferta de mi padre de acudir al videoclub a alquilar unos estrenos que nos hicieran más ameno ese largo fin de semana de Junio:

-Te vas a intoxicar con tanta pinturita, leches. Vamos al videoclub, que se te va a quedar más cara de pasmado de la que ya tienes si sigues respirando eso.

Éramos socios del ‘Video-Club Lucas’ desde el año 1983. Lo único que habían cambiando allí durante esos años eran los títulos que poblaban sus estantes, Lucas siempre tenía una sonrisa amable para nosotros cada vez que entrábamos en su establecimiento. No así su hija, una arpía quinceañera obligada a trabajar en la tienda  por su padre ante su pasotismo estudiantil y a la que le gustaba reírse de mi mostacho puber (yo pensaba que con mi pelusilla floreciente lucía como Tony Stark) y de la cara de interesante de mi padre cuando sacaba sus gafas ‘de leer’ para repasar rápidamente la sinopsis de las películas que me interesaban antes de valorar si me convenía su visionado o no (algo que jamás entendí, en casa vi ‘Terminator’, ‘Depredador’, ‘Porkys’, ‘Robocop‘ y ‘Despedida de Soltero’ entre otras muchas películas ‘no apropiadas’ sin que mi padre rechistara, así que aun no entiendo cuál era su criterio y no recuerdo si alguna vez me denegó alguna sugerencia fílmica).

De tal manera que me encontraba con la cabeza agachada intentado ocultar mi bigote de la vista de la dependienta cuando vi una imagen familiar entre las novedades del mes. Me acerqué lentamente, como temiendo que mi paso acelerado hiciera huir a mi presa. Alargué mi brazo tembloroso, aun no podía creerlo… el Santo Grial en mis manos por fin. Allí estaba, esperándome a tan solo dos manzanas de mi casa el objeto de mi deseo desde hacía un par de años. La película del Capitán América. El éxtasis puro materializado en una carátula de VHS.

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La misma imagen que había visto en los Cómics Forum, esta vez a todo color, servía como cartel del film y al ser la imagen más grande pude observar lo que sin duda era una señal de aviso que mi mente no quería ver: La estrella del escudo no era metálica, estaba realizada de un material parecido al felpo y se intuía pegada al escudo de mala manera. Se veía hasta algo despegada por uno de los lados. Pero no importaba, ni siquiera importaba ya que el común de los mortales no conociera esta obra de arte. Ni me pregunté el motivo de no haberla visto estrenada en salas comerciales. Yo la iba a disfrutar en mi casa, sería testigo de la primera gran superproducción protagonizada por un personaje de Marvel.

Busqué a mi progenitor entre los pasillos del videoclub como alma que lleva el diablo. Le supliqué que si tan solo tenía pensado alquilar una película, que por favor fuera esa. Le expliqué mi entusiasmo, lo que el Capitán América significaba para mí y los años de espera que llevaba sobre mis hombros. Mi padre tomo la carátula de mis manos, la escrutó atentamente y demostró que era un  hombre sabio donde los haya pronunciando tres palabras que hicieron estremecer mi alma:

Parece un cagarro.

Pese al dictamen jurídico de mi padre y sin duda conmovido por mi relato sobre el entusiasmo con el que esperaba ver esa película, accedió a pagar las doscientas pesetas que costaba el alquiler y llevárnosla a casa.

Me preparé para ver un acontecimiento único y exigí que nadie en casa me hablara durante el transcurso de la película. Mis sentidos estaban entrenados durante meses para no perderme ninguno de los matices de esta gran obra de arte. Y el espectáculo comenzó:

Primera secuencia.

Portovenere, Italia (¿Italia?) 1936. Los Nazis secuestran a un niño superdotado (demuestra en la escena que tiene una inteligencia superior tocando el piano… así que más respeto por el teclista que salía en la tele con Parada) con el que van a experimentar para convertirlo en Cráneo Rojo. La doctora Vaselli (alma máter del proyecto) se niega a experimentar con el joven y escapa lanzándose por la ventana de un torreón. El salto es asombroso, salta al vacío desde la ventana y hay unos veinte centímetros hasta el suelo. Un primer plano del rostro de la fugada evidencia el enorme esfuerzo que ha realizado para escapar de los Nazis con los que colaboraba hasta que se percató de que eran muy malitos y no les importaba hacer sufrir a un niño.

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La ¿acción? nos transporta hasta el año 1943 en la soleada California, a la residencia de Steve Rogers (¿Que? ¿Stever Rogers no era un chaval de Brooklyn?) un joven que padece poliomielitis (aunque se le ve sanote y fuerte como un toro comprobamos que realmente padece la enfermedad al verle cojear en alguna escena). Allí observamos la tierna despedida entre Rogers y Bernie, el amor de su vida, a la que abandona para presentarse voluntario a un experimento científico del gobierno de los EEUU que no solo le curará la polio si no que le convertirá en prácticamente un superhombre.

En este punto solo llevaba 1o minutos de película y ya comprendí que algo fallaba. ¿Craneo Rojo italiano? ¿Steve Rogers vecino y natural de Santa Mónica? Demasiadas licencias creativas en unos pocos minutos para que esto terminara bien. Y ese impresionante hedor a telefilme barato…Y ese Steve Rogers fortachón antes de administrarse el suero de supersoldado y con un aire a Poli Díaz (nariz machacada incluida). Diez minutos de interpretaciones lamentables en las que ya me había quedado claro que Matt Salinger, el mozalbete escogido para hacer del Capi (hijo del autor de ‘El Guardian Sobre el Centeno‘, J.D Salinger) tenía más futuro despachando BigMacs en un McAuto que como actor.

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El montaje se acelera. Vaselli es la directora del proyecto renacimiento (¿Dr. Erskine?) y en una emotiva escena (es un decir) se sincera con Rogers y le explica que en él ve una forma de remediar en parte el error que cometió hace años al trabajar para los de la esvástica. El experimento es un éxito, a Rogers se le cura la pierna y observa como un espía acaba con la vida de la Doctora Vaselli. Al intentar detenerle, Steve recibe un disparo. Le vemos en el hospital y en un segundo ya está solicitando el alta para ir a Europa a cazar nazis. Le dan su traje (el mejor ejemplo de que lo que vemos en las viñetas no funciona casi nunca en imagen real) y un paracaídas y lo suben a un avión. En Europa se enfrenta a un Cráneo Rojo con nariz que le vapulea, le ata a un misil balístico y lo manda de camino a Washington para hacer volar la ciudad del capitolio por los aires. Todo esto en unos quince minutos.

-Te dije que sería un cagarro

-Espera, que en los títulos de crédito ha salido Ronny Cox, el malo de Robocop, y un actorazo así no sale en cualquier peliculilla.

Y si, salía Ronny Cox interpretando al mismísimo presidente de los Estados Unidos. En su primera escena ya me dejó claro que lo que mi padre y yo estábamos “disfrutando” se alejaba de las películas de super-héroes al uso y nos mostraba una especie de fusión de géneros acercándose a la más pura ciencia-ficción: El presidente de los Estados Unidos llevaba a cabo medidas tajantes a favor del medio ambiente y recortaba en un 90% el presupuesto armamentístico del país. ¡Muy bien, Ronny! y además… ¡los malos le pinchaban el teléfono al mismísimo líder del mundo libre! ¡El mundo al revés!

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Los despropósitos se sucedían. Empecé a sentir cierta vergüenza ajena (o propia, por prácticamente obligar a mi padre a alquilar semejante bodrio) al ver a un Cráneo Rojo que cual Belén Esteban se ha sometido a multitud de cirugías estéticas para hacer su desfigurado rostro calaveríco algo más humano sin conseguirlo del todo. El resultado de tanta operación es un cruce entre Mario Conde y una abuelita arrugada de esas que antes vendían dulces en pequeños kioscos. Penoso.

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Y el ingenioso argumento nos deparaba aun más emoción: Cráneo es el líder de una asociación de malosos formada por líderes políticos, militares y empresarios que dominan el mundo en la sombra (un punto de realidad para la película) y que han estado durante décadas detrás de cada complot y magnicidio. En una escena, con los villanos sentados alrededor de una mesa fumando puros y felicitándose unos a otros por sus maldades, Cráneo echa cuentas de lo que les costo matar a J.F.K y a Martin Luther King (ahí es nada). Esta organización criminal decide secuestrar al presidente de los Estados Unidos (recordad que en la peli el presi era de los buenos, si habláramos de la vida real estaría sentado en una silla presidiendo la mesa) para después matarlo.  Se ve que lo de Kennedy les aburrió y quieren torturarlo un poco antes de darle el tiro de gracia. Afortunadamente el Capitán se despierta de su criogenización con el tiempo suficiente de rescatar a su jefe antes de que aparezcan los marines en escena para realizar la misma labor (seis marines aparecen, seis).

Sí me encontré en la película un momento que estaba esperando ver y que, según mi criterio, debería verse en cualquier adaptación al cine del Capitán América: El reencuentro de los enamorados que llevaban décadas sin verse y se encuentran de nuevo tan solo para comprobar que, mientras Rogers continúa lozano y apuesto gracias a la congelación, Bernie es un vejestorio que recuerda a la abuela de ‘Cuéntame’. Pero no nos preocupemos, Bernie ha tenido una hija con un gran parecido físico a ella misma que le sirve a Steve de reemplazo. Mención aparte para el marido de Bernie, que no dice ni una sola frase en todas sus escenas y se limita a mirar con cara de pocos amigos a nuestro héroe. No sabemos si por los celos que le causa el que reaparezca el gran amor de la vida de su mujer o porque sospecha lo que Steve y su hija hacen en el apartamento de esta.

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Al director de tamaña desfachatez (Albert Pyun, que ha dirigido otros clásicos como Cyborg o Kickboxer 4) le debía parecer que la jugada no había terminado de salirle lo suficientemente redonda y decidió aderezar la trama con una par de momentos musicales. Encontramos así dos suertes de videoclips en el largometraje. Uno de ellos, protagonizado por Cráneo Rojo, parece sacado de un spot de TV de “Música para Amar Volumen II” con el villano tocando un triste tema en piano en lo alto de un castillo. El otro, protagonizado por su némesis el Capi, es algo más marchoso y nos trae a la cabeza recuerdos de aquellos cutre-videoclips de los años ochenta que popularizara la cadena MTV.

Lamentablemente no he podido encontrar el ‘Music Moment’ de Cráneo en Youtube. Pero os dejo aquí el del Capitán para que os peguéis un buen trago de vergüenza ajena:

No hace falta que os comente cual fue mi sensación y desazón al acabar de ver la película. No solo me enfrenté a los comentarios despectivos de un padre hacia un personaje al que yo adoraba y que ni lejanamente apareció en la hora y media que duró el film, también tuve que aceptar la supremacía de DC en el ámbito de los largometrajes, tuve que asimilar que posiblemente jamás vería una película digna de Marvel y que nunca contemplaría al gran público llenando los cines para ver las aventuras del Capi, ni las de Spiderman, ni de la Patrulla X, ni las de Iron Man

Esperad…¿Que es eso? ¿El año 2000? ¿X-Men?

                                                                                                                                                                                                                                                Por Adolfo Saro

3 Comentarios

  1. Me ha encantado, aunque me gustaría saber cuales fueron tus sensaciones después de ver X-men y hasta las pelis de la actualidad, me ha quedado esa espinilla.

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