Batman & Robin (1997) Pezones de goma


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‘Batman Forever’ (Joel Schumacher, 1995) fue un rotundo éxito. Aun no contando en su realización, a diferencia de sus dos antecesoras, con las siempre sorprendentes labores en la dirección del afamado (a veces difamado) Tim Burton que fue relegado en el film a meras tareas de producción debido a las exigencias de diversas marcas comerciales que invertían en la película y que catalogaban a Burton como un director “demasiado oscuro para sus intereses“, el film recolectó a lo largo de su recorrido en taquilla unas críticas dispares (con la balanza inclinada hacia el lado de las negativas) y unos espléndidos 337 millones de dólares que fueron muy bien recibidos por las arcas de Warner Bros. Ese balance económico logró posicionar ese primer film de la franquicia no dirigido por el realizador de ‘Eduardo Manostijeras‘ como el segundo Batman más taquillero hasta esa fecha, superando en casi 70 millones los números que presentó ‘Batman Vuelve’ (1992) al finalizar su periplo comercial.

No es de extrañar, por tanto, que con unos datos tan positivos el estudio no dudara ni un ápice en dar luz verde inmediatamente a una cuarta parte de la saga para que pudiera ser estrenada lo antes posible. Y así, la siempre eficaz maquinaria de Hollywood se puso en marcha de nuevo para concebir un proyecto que devengaría en la aventura más absurda y ridícula que jamás ha vivido el cruzado de la capa: ‘Batman & Robin’. Un film que acabaría haciendo historia por múltiples factores y, a diferencia de lo que planeaban sus artífices, ninguno de esos factores seria positivo.

Estrenada en el verano de 1997 y planeada en el calendario de estrenos para plantarle cara en taquilla a los ‘Men In Black’ de Columbia Pictures, la nueva aventura de Batman y Robin que volvería a ser dirigida por Joel Schumacher (‘Jóvenes Ocultos‘) empezó a notar desde los primeros pasos de su pre-producción una serie de señales de alarma que debieron inquietar hasta al más optimista de los miembros del equipo. Sin duda, el primer y principal inconveniente que se encontró Schumacher a la hora de planificar el rodaje fue con la negativa tajante de Val Kilmer (el actor que interpretó a Bats en ‘Batman Forever‘ y que debido a sus drástico aumento de peso ahora podría perfectamente interpretar, sin necesidad de FX, a ‘la Mole‘ de los X-Men) a volver a calzarse las mallas negras del murciélago. Si bien el actor y sus representantes argumentaron un compromiso previo de este para protagonizar la adaptación a la gran pantalla de la serie televisiva ‘El Santo’, era un secreto a voces que la relación de Kilmer, que goza de fama de ‘divo’ e intratable en sus rodajes, con la práctica totalidad del equipo de ‘Forever’ y en especial con su director, se podría considerar de todo menos buena.

Schumacher vio en la negativa de Kilmer un ataque directo hacia su persona y hacia el proyecto, lo que derivó en años de enemistad y ataques mutuos en los que el director neoyorquino hacía alusión directa al (mínimo) tamaño de los atributos del protagonista de ‘Top Secret‘: “A Clooney (reemplazo de Kilmer en ‘Batman & Robin’) le queda infinitamente mejor el traje de Batman, no necesita relleno para la entrepierna“, y en los que el hoy orondo actor contraatacaba argumentado en entrevistas los motivos por los que consideraba a ‘Batman Forever’ la peor película en la que había intervenido (y viniendo de un tío que ha protagonizado engendros tales como ‘Escuela de Genios’ o ‘Extremadamente Peligrosa’, eso es decir mucho).

Batman Forever

Con Kilmer voluntariamente fuera del proyecto, y sin poder contar así con el que para el creador del personaje, Bob Kane, era el mejor actor que había dado vida a su creación (y pensar que el pobre Kane murió sin ver su criatura en las excelentes manos de Christian Bale y Christopher Nolan), el reto de la producción era encontrar una estrella que resultara creíble tanto ataviado con el traje del justiciero nocturno como vestido con unos de los habituales esmóquines del filántropo y play-boy Bruce Wayne. Después de barajar diferentes nombres de actores en boga por aquellos días, como el de David Duchovny (Fox Mulder en ‘The X-Files’), el elegido finalmente fue el ya mencionado George Clooney, que triunfaba en la televisión con su papel del Doctor Doug Ross en la afamada serie ‘Urgencias’ y que consiguió el trabajo de una manera curiosa: Joel Schumacher ojeaba una revista mientras realizaba un viaje en avión en la que una hoja la ocupaba el cartel promocional de ‘Abierto Hasta el Amanecer’, film protagonizado por el propio Clooney, y el director decidió dibujar encima del rostro del actor la característica mascara del héroe de Gotham. El resultado le convenció y decidió animar a Clooney a que aceptara tomar el relevo de Kilmer como el nuevo Batman.

Con el canoso Clooney a bordo (al que blindaron con una cláusula en su contrato que le comprometía a realizar tres largometrajes con el fin de evitar que se repitiera la situación vivida con Kilmer), Schumacher continuó con la búsqueda de un cast apropiado para personificar ejemplarmente (según el retorcido criterio que demostró este director) el resto de los caracteres novedosos que se incorporaban a la saga; se decidió que los villanos de la función serían tres personajes directamente extraídos del cómic; Mr. Freeze, Hiedra Venenosa (o Poison Ivy) y Bane. El director entabló conversaciones con la estrella del cine de acción de los ochenta, Arnold Schwarzenegger, para que encarnara al gélido villano y científico Victor Freeze, advirtiendo al musculoso actor que renunciaría a dirigir el largometraje ante una negativa a participar en él por parte del austriaco. Según confeso a posteriori Schwarzenegger en una entrevista, ese fue el motivo por el que aceptó pintarse de azul para interpretar al némesis del caballero oscuro en este film: “Sentí que era mucha la responsabilidad, él (Schumacher) confiaba en mí y con una respuesta negativa por mi parte el film se hubiera parado”. Ya podrías haberte mordido tu anabolizada lengua, Arnold.

Arnold-Schwarzenegger-Mr-Freeze

Una vez decidido el actor que se embutiría en el estrafalario y complejo uniforme de Mr. Frío (que visto hoy en día, me recuerda muchísimo a los trajes militares utilizados por los personajes de la saga de videojuegos ‘Gears of War’), la búsqueda de una convincente Hiedra Venenosa se intensificó para los responsables de casting del film. Schumacher admiraba la belleza singular de la reputada actriz Uma Thurman desde que la viera salir de una concha interpretando a Venus en la formidable ‘Las aventuras del barón Munchausen’ (1988) y consideró que el talento de la actriz era el necesario para interpretar el doble papel de la  Doctora Pamela Isley y su alter-ego malvado y extremadamente ecologista. La actriz ya atesoraba un gran prestigio internacional gracias a su trabajo bajo las órdenes de Quentin Tarantino en ‘Pulp Fiction’ en 1994 (cuenta la leyenda que Tarantino atormentaba a Thurman, durante el rodaje de Kill Bill, recordándole su participación en la saga ‘Batman’) y aceptó, sorprendentemente para quien esto escribe, colaborar en el film justificando su participación (como siempre tratan de hacer las estrellas cuando cobran suculentos cheques por participar en subproductos como el que hoy nos ocupa) en lo inteligente que le resultaba la idea de una supervillana que tan solo utilizara la manipulación y no el confrontamiento directo para lograr sus malvado fines.

Para interpretar a Bane, un personaje menor en la historia, se escogió a Jeep Swenson, un luchador ultra musculado de la WCW (y fallecido al poco del estreno del film), que caracterizó a un Bane muy diferente al visto en las viñetas  y que queda relegado en la trama a mero secuaz del personaje de Uma Thurman.

El cast lo completaban el actor inglés ganador de un premio Tony Michael Gough, repitiendo el papel del fiel mayordomo Alfred por cuarta vez en la franquicia y los jóvenes Chris O’Donnell y Alicia Silverstone (¡vaya dueto de ‘fueron famosos’!) interpretando a Robin y Batgirl respectivamente. Con esta multitud de actores y personajes, y con una fecha decidida para el estreno, el 20 de junio de 1997, dio comienzo la filmación de la película que enterraría al Batman fílmico durante casi una década.

El inicio del rodaje coincidió con el nacimiento de un fenómeno que hoy en día conocemos bien; el uso de Internet por parte del ‘fandom‘ daba en aquellos días sus primeros pasos y ya empezaban a darse casos de filtración de información y contenido sobre varios films (hoy en día es mucha la  falsa filtración que proviene de los mismos estudios con el fin de generar expectación en sus productos). Los usuarios vieron en ‘Batman & Robin’ un suculento filón que había que explotar. Las paginas web que trataban temáticas concernientes al cómic o al cine comenzaron a hacerse eco de todo lo relacionado con la producción; como las fotografías robadas que lograron tomar algunos de los extras que participaron en la película en las que se veía a los tres Bat-protagonistas ataviados con unos ridículos trajes plateados que, lejos de darles una imagen seria y cercana al cómic en el que se basaba la producción, parecían más propios de alguna parodia.

En los incipientes foros de la red los lectores de cómics clamaban al cielo y discutían sobre la autenticidad de aquellas instantáneas, intentando convencerse a sí mismos que ese no sería el aspecto final que lucirían sus héroes en el largometraje. Tras este incidente, que creó un serio malestar en Warner debido a las indignadas reacciones de su público potencial ante la imagen de los protagonistas en el film, se reforzaron las medidas de seguridad en el rodaje hasta extremos nunca vistos con anterioridad, llegando a confiscar quinientas cámaras fotográficas a doscientos extras contratados para una escena. Sí, has leído bien amigo lector. A más de dos cámaras por cabeza.

Batman-BatGirl-Robin

Todo lo que estaba relacionado con ‘Batman & Robin’ era noticia en la novedosa red. Se conoció la exigencia de Arnold Schwarzenegger de incluir su nombre como cabeza de cartel en el film pese a tratarse del villano de la función, se hicieron públicas unas declaraciones de George Clooney en las que hacía gala de su conocida sinceridad y argumentaba que los dos actores anteriores que habían interpretado al caballero oscuro en la saga (Michael Keaton y Val Kilmer) habían realizado un estupendo trabajo y que el “solo podía cagarla” (literal), y lo que más ampollas levantó entre los seguidores del personaje: Schumacher había reconocido en una entrevista su intención de desprenderse del aire oscuro y atormentado que caracterizaba al personaje, y que Burton había logrado trasladar a la pantalla perfectamente, para acercar al héroe al espíritu que desprendía la serie televisiva de los sesenta protagonizada por Adam West sobre la que mi compañero Carlos Mérida realizó hace poco un estupendo artículo.

Imaginaos la indignación desmedida de los fans, Joel Schumacher pretendía desligarse del alma del personaje en la nueva película y convertir a Batman en un dicharachero aventurero con facilidad para la sorna. Algo así como si convierten a Spiderman en un prepotente amargado, ególatra y creído (mmm… esperad, eso ya se ha hecho, ¿verdad?)

Años más tarde, y con esa facilidad para mostrarte honesto con las manchas de nuestro pasado que da el paso del tiempo, el director reconoció que ese cambio tan radical en el leitmotiv del personaje le fue obligado por la productora con el fin de contentar a las marcas comerciales patrocinadoras del film, que si bien querían aprovecharse del tirón entre el público que tenía (y aún mantiene) el hombre murciélago, no estaban interesados en que sus productos estuvieran ligados a un personaje tan “oscuro y siniestro”. De hecho, este film es un buen ejemplo de cómo se realizaba una gran superproducción en la década de los noventa, donde los intereses comerciales anexos a la película tenían mucho más peso para las majors que los intereses artísticos de los directores. Sé lo que estás pensando lector, que la situación hoy en día no ha cambiado mucho y muchas películas de gran presupuesto presentan un eterno desfile de marcas comerciales en pantalla. La diferencia es que hoy en día un largometraje se realiza por la productora de una manera inalterable (en la mayoría de los casos) y buscan patrocinadores interesados en aparecer en el film.

En ‘Batman &  Robin’, y a modo de ejemplo, el consenso creativo sobre la película entre Warner y la multinacional Kenner (que fabricó la línea de juguetes basada en el film) permitió que esta última tuviera acceso desde el minuto uno a todos los entresijos de la producción y contara con control sobre el equipo de diseño, con el fin de crear una serie de aparatos, vehículos y personajes que les fueran comercialmente viables para el público infantil. El propio Chris O’Donnell (Robin) ha reconocido que no tenía la sensación de estar rodando un film, sino más bien un comercial de juguetes. La historia al servicio del producto. El dinero por encima de todo.

Villanos-Batman-y-Robin

Hablando de Chris O’Donnell, que arrebató el papel de Robin en ‘Batman Forever’ a Christian Bale (inmensamente agradecido debe de estar el galés por este hecho a estas alturas), sus declaraciones y las de Clooney son las más jugosas cuando los partícipes de este film hablan sobre lo que les supuso su trabajo en él. O’Donnell ha llegado a declarar que lo mejor de su trabajo fue viajar alrededor del mundo durante la promoción del film y que no compartió un solo plano con Schwarzenegger durante todo el rodaje, indicando que Arnold tan solo vestía el traje de Mr.Freeze en las escenas en las que este personaje tenía algún dialogo. Las escenas de acción del villano fueron interpretadas por un doble, que llega así a tener más minutos en pantalla que el actor que fuera ‘Governator’. Por su parte, Clooney siempre ha ironizado con el hecho de que su labor en la saga de ‘Batman’ estuvo a punto de destruir para siempre la franquicia y ha admitido varias veces lo débil de su actuación y su parte de culpa en el fracaso de la cinta.

Aunque culpar a George Clooney de la suerte del film en taquilla y crítica (pese a que fue un nefasto Batman y solo un pasable Bruce Wayne) sería injusto y desmedido. Si tenemos que buscar culpables en este  relativo descalabro comercial (el film contaba con un presupuesto cercano a los 125 millones y amasó 200 en su trayectoria mundial) podríamos encontrarlos en los directivos de la propia Warner, más interesados en contentar a sus patrocinadores y llenarse los bolsillos que en ofrecer un entretenimiento de calidad. Y en la labor ineficaz como director de Joel Schumacher, dado que fue incapaz de dirigir la película que él pretendía. También hay que destacar el papel de los usuarios de Internet en este merecido fracaso, puesto que la primera crítica demoledora sobre la película fue publicada en la red tan solo unas horas después de la première celebrada en Los Ángeles e inició un espectacular boca-oreja que acabó con las ganas de muchos espectadores por acudir al cine a ver el film. Muchos consideran a esta película la primera gran víctima de la amplia información que Internet puede ofrecer sobre un estreno, y cambió en gran medida el proceder de los estudios de cine en muchos aspectos.

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La realidad es que la película merecía incluso peor suerte de la que obtuvo. El film cuenta con un argumento estúpido pensado para niños de seis años que nos muestra una sucesión interminable de irrisorios momentos y actuaciones lamentables como la de Alicia Silverstone (Batgirl), una chica que actúa con la misma intensidad que un ladrillo y que habla como si acabara de salir del dentista y tuviera anestesiado el labio superior. Todos los secundarios y extras sobreactúan y gritan de tal manera que uno se pregunta si los estridentes colores de los decorados no estaban provocando un ataque epiléptico en masa. Las coreografías de las peleas son de tebeo (no de Batman precisamente) y observar a Batman deslizándose por el lomo de un dinosaurio al más puro estilo Pedro Picapiedra y sacar una Bat-creditcard para pagar los favores de Hiedra Venenosa es algo lamentable. Tan lamentable como ver la Batcueva convertida en una discoteca ibicenca que alberga el Batmovil más hortera de toda la historia del personaje. Por no hablar de ese Arnold Schwarzenegger que tiene tanta apariencia de biólogo molecular ganador del Premio Nobel como Carmen de Mairena. Y por si todo esto fuera poco, ver esa secuencia inicial en la que los héroes se preparan para la batalla y nos ofrecen generosos primeros planos de sus falsos pectorales con pezones y de sus sugerentes y apretadas nalgas, llevaron a más de uno a creer que se había confundido de cine y se encontraba por error en la sala gay del barrio.

Tarjeta-Credito-Batman
“No salgo de la Batcueva sin ella”

Lo único salvable de la función (siempre hay algo salvable) fue la contenida interpretación de Alfred Pennyworth que nos proporcionó el ya fallecido Michael Gough, en la que nos muestra de forma creíble a un Alfred enfermo y a punto de morir debido a una extraña enfermedad (el síndrome de MacGregor, enfermedad que también padece la esposa de Victor Freeze y que actúa como hilo conductor de la trama). Ya podría jubilar Bruce Wayne a este hombre, que entre las faenas del hogar y el soporte superheróico lleva años sin un merecido descanso. Normal que enfermara en esta cuarta parte.

Una película para olvidar por muchos y variados motivos. Pero el motivo principal esta más que claro: ‘Batman & Robin’ no es una película. Es un despropósito pensado como catálogo de juguetes y un producto publicitario para vender  Happy Meals con juguetitos. Es la película de Batman en la que el caballero oscuro deja de ser oscuro para volverse violeta, en la que Batman se pelea con Robin por los favores de una mujer (rompiendo el mito que siempre ha rodeado a los dos iconos) y que nos muestra a un señor de la noche que sonríe con cara de idiota. Esto no es Batman. Batman no sonríe. Esto no es cine. Esto es Bat-sura.

Escrito por Adolfo Saro

3 Comentarios

  1. No tengo más que palabras de desengaño para este filme, la anterior funcionó porque Tim Burton salía en los créditos, y rebañó el éxito brindado por sus dos anteriores películas, qué duda cabe. En esta cuarta encarnación sentí vergüenza ajena al verla, algo me hizo sospechar, ya que mi novia y sus amigas tenían mucho interés en verla, y eso no podía ser buena señal. Un gran reportaje sobre una pésima película, en la que el caballero de la capa queda relegado al papel de comparsa de guapos/as que le acompañaban, ridiculizándose con esas peleas malísimas y esos chascarrillos pésimos.
    Mención aparta el “efecto especial” de Robin entrando y saliendo del agua mientras le “ahogaban” unas plantas de plasticucho barato. Se nota que usaron “moviola” o algo así, para crearlo.

    • Gracias! realmente lo de la ‘moviola’ en una película de este presupuesto evidencia la desgana con la que se rodó. Una película olvidable sin duda, pero que nos permite a los frikis de todo el mundo marcarnos unas risas a su costa.

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