Zipi y Zape y el club de la canica

 Poster de la pel'iculaAyer pudimos asistir, gracias a la invitación de Buena Vista Internacional, a la presentación de Zipi y Zape y el club de la canica. La película está dirigida por el novel Oskar Santos, que se estrena en la dirección cinematográfica, después de haberse fogueado en las series Hispania y Matadero. La película será distribuida por Walt Disney Pictures y coproducida por Zeta Audiovisual, Antena 3 Films y Mod Producciones.

Permitidme, antes de que empiece con la crítica, confesaros algo: soy un romántico. Un romántico y un nostálgico. De esos que echa de menos sentarse delante de la tele, después del colegio, bocadillo en mano, a ver su serie de dibujos favorita. De los que huelen crema solar o el mar y se acuerdan, con cierta añoranza, de los días de playa. Esos días que pasaba acompañado de sus cómics favoritos de entonces: Súper Lopez (ya apuntaba al género de superhéroes), Mortadelo y Filemón, Botones Sacarino y, claro está, Zipi y Zape. Os cuento todo esto porque ayer mi pequeño corazón de niño, el que está enterrado bajo una gruesa capa de corazón adulto, sintió una pequeña punzada al ver que los Zipi y Zape que él conocía, no eran los mismos que estaba viendo en la pantalla. Y no me refiero, claro, a que no conservasen las mismas formas o que no se parezcan los actores entre sí, pese a que los personajes son gemelos. No, eso es lo de menos. Me refiero a que el espíritu y el rico universo que Escobar creó en torno a los dos hermanos y que marcó a muchas generaciones de lectores, había sido sustituido por otro universo totalmente diferente en esta adaptación. Este nuevo universo, nacido de un afán comercial y alejado de cualquier tipo de añoranza, influirá a una nueva generación de espectadores, que no lectores, que acudan al cine acompañados de sus padres.  Pero es una pena, como os decía, que esta generación no conozca a esos Zipi y Zape que, intentando hacer una buena obra, terminaban creando un estropicio enorme, y muy alejada de los tebeos originales, que no conozcan a Don Pantuflo y a Doña Jaimita, los padres de las criaturas, puesto que no aparecen en ningún momento, o que no aparezca ninguno de los secundarios creados por el autor.

El club de la canica

Además, también me viene a la mente que no es este el primer largometraje que se hace sobre Zipi y Zape, pues allá por el año 1981, Enrique Guevara dirigió “Las Aventuras de Zipi y Zape”, mientras que en 2005, pudimos ver la película de animación “Las monstruosas aventuras de Zipi y Zape”.

Zippi y ZapePero bueno, dejemos aparte la morriña y centrémonos en la versión 2.0. En esta versión de Zipi y Zape se salta directamente a la acción y se deja atrás el ambiente reflejado en los cómics, después de una breve introducción que nos pone en antecedentes, para pasar a un entorno totalmente desconocido para los lectores del tebeo y fácilmente reconocible por los lectores de las aventuras de Harry Potter. Porque los niños serán internados en un colegio que recuerda mucho a Hogwarts y que está gestionado por un director pseudo-fascista (interpretado brillantemente por Javier Gutiérrez) junto a sus acólitos y un equipo de profesores que tiene muy poco peso en la historia. Además, para acercarnos un poco más al universo del conocido mago, el colegio encierra un misterio que los personajes tardarán poco en desentrañar y que el espectador algo avispado desentrañará antes incluso. Muchos efectos especiales, mediocremente realizados, que conseguirán que chirríen los dientes de los más exigentes y unos efectos de sonido que acompañan a todos y cada uno de los objetos que aparecen en la pantalla, lo cual deja bien claro que estos dos departamentos se han desvivido por hacer un buen y extenso trabajo, sin preocuparse de que tanto ruido y tanta magia pueda saturar el oído del público y su sesera. La historia debería contar con más momentos emocionantes y divertidos y no terminar con los misterios con tanta precipitación, para que el que se atreva a entrar en la historia pueda disfrutar de algún momento álgido bien desarrollado que no termine, casi, antes de empezar. Una banda sonora que aparece en las escenas en las que tiene que aparecer, pero que no pasará a la historia y que yo no os puedo reproducir aquí porque no es el lugar y porque, pasadas 24 horas, no recuerdo con claridad.  Además la película se remata con una canción de Cali y el Dandee, que te deja algo desconcertado, porque aunque está muy en la temática del dúo, no tiene mucho que ver con la película.

Falconetti de Zipi y Zape

Voy a destacar, para terminar, la contenida interpretación de Javier Gutiérrez  que se pone en la piel del director del centro. Es convincente, aunque en los últimos minutos se le escapa algo de las manos, sin caer en el esperpento absoluto.

Ahora vuelvo a mi nostalgia y a mi morriña. Voy a desempolvar mis antiguos ejemplares de Súper Humor, para que regrese el olor a playa y el sonido del mar y que se diluyan ahí los recuerdos de unos Zipi y Zape que no me corresponden. Éstos se los dejo a las nuevas generaciones.

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