Crítica de “WALL·E”

wall-e-ojosAlguna vez tenemos la suerte de acompañar a nuestros pequeños al cine y encontrarnos con una película que nos entretiene e incluso divierte. Un producto diseñado desde el principio para satisfacer a toda la familia, normalmente utilizando bromas o referencias a la vida adulta que los niños difícilmente entenderán pero que perfectamente nos hacen sonreír a los más adultos e incluso nos arrancan un par de carcajadas. Sin embargo muy pocas veces la satisfacción se da en que se trata de una película muy bien realizada, con una historia original y divertida, sin caer en la necesidad de tratar a los niños como seres tontos que solo se ríen con golpes y chistes malos. Pero hubo una vez en que muchos adultos salieron del cine con sus menores sabiendo que acababan de ver una obra de arte. Poco a poco asimilaban que la película que habían visto no era una simple “película de dibujos”, era algo más. Fue en 2010, momento en el que PIXAR tocó el cielo y confirmó algo que ya se sabía hacía años: son unos genios, y acababan de crear una de las mejores películas de animación de la historia moderna, Wall·E.

La historia nos sitúa en torno al año 2700, y la Tierra lleva quinientos años sin nosotros. ¿El motivo? La contaminación era insostenible, y la basura se amontonaba en toneladas por las calles. La humanidad, que finalmente había cedido a su lado más consumista y egoísta se dejaba gobernar por una cadena de supermercados, los cuales idearon un plan: un viaje por la galaxia mientras una serie de robots se quedaba en el planeta limpiándolo todo.

Pero quinientos años son muchos años, e incluso la mayor parte de los robots al cargo de la limpieza de La Tierra se estropearon hace ya mucho tiempo. Únicamente parece quedar uno, una unidad pequeña que tras tanto tiempo sola rodeada de objetos y basura de los humanos que ha desarrollado una personalidad propia, probablemente la más humana que queda ahora mismo en la galaxia, y su nombre es WALL·E.

Su vida es una rutina día tras día, en el que se dirige a su puesto de trabajo dispuesto a seguir amontonando basura mientras va recolectando objetos que le parecen curiosos, desde un mechero, una raqueta de tenis o películas antiguas, que más tarde ve en su propia casa mientras añora algo de compañía… algo que pronto llega como caída del cielo.

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Wall·E es el protagonista absoluto de la función, y uno de los personajes más carismáticos y humanos creado jamás mediante animación, algo que no deja de ser irónico al estar hablando de un robot, y que encima lo consigue sin articular casi palabra alguna. Es gracias al inteligente uso de los sonidos y sus ojos que nos transmite a la perfección lo que esta adorable unidad de limpieza siente o piensa. Su contraparte femenina, EVA, también consigue emocionar a su manera, viendo una progresión en su carácter a lo largo de la película al ritmo que va desarrollando su relación con WALL·E, con una química entre ambos que muchos actores de Hollywood rara vez consiguen. Una vez que la película entra en su segundo acto se nos presentan más personajes, que si bien no llegan al nivel de la pareja protagonista contamos con algún secundario como el pequeño MO o El Capitán capaces de arrancarnos alguna que otra carcajada. Curiosamente una vez que los humanos hacen acto de aparición la película se convierte en una profética crítica a la sociedad actual, con algunas escenas impagables como la de dos personas hablando a través de su ordenador, a pesar de estar el uno al lado del otro, o la capacidad de ignorar los problemas reales mientras tengamos objetos a la última moda.

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Los primeros cuarenta minutos de la película son una genialidad constante, casi un poema visual, con una Tierra abandonada y triste y con el pequeño WALL·E dando color y alegría a la escena, como un pequeño mensaje de optimismo queriendo recordar lo que de verdad importa y que todavía estamos a tiempo.

Parte del encanto de la película es su apartado artístico (se hace casi obligado disfrutarla en alta definición), pero la música no le va a la zaga. Compuesta por Thomas Newman y con algún tema clásico como La vie en Rose de Louis Armstrong, en la película veremos algunas escenas prácticamente mudas con el único acompañamiento de un maravilloso tema musical. A destacar los intentos de WALL•E para “seducir” a EVA, o la definición de “bailar”. El tema principal de la película “Down to Earth”, interpretado por Peter Gabriel, fue nominado a los Oscars como “Mejor Canción Original”, premio que no ganó pero sí que se llevó el de “Mejor Película de Animación” muy merecidamente.

Como puede observarse, me encuentro entre las personas que salieron maravillados del cine, en mi caso con mi hermano pequeño el cual disfrutó mucho de la película, cierto. Pero yo, a pesar de que ya iba predispuesto a encontrarme con una buena historia como me tenía acostumbrado hasta el momento PIXAR, salí convencido de que había visto una de las mejores películas de los últimos años. Es cierto que en el segundo acto el ritmo cambia y parte de la maravillosa ambientación creada en la Tierra se pierde, pero incluso esos momentos de parón argumental siguen estando muy por encima de la media a la que nos tiene acostumbrados esta clase de cine. Una película sobresaliente en todos sus apartados y un clásico del cine desde el mismo momento de su estreno, convencido de que se seguirá hablando de ella muchos años después.

[xrr rating=5/5]

Cuentista. Aficionado a muchas cosas, experto en pocas. Quizá algún día la suerte esté de mi lado y engatuse alguna editorial para que me paguen por una de las cosas que más me gusta: escribir. De momento lo hago gratis, pero las donaciones en forma de patatas fritas y un helado ocasional se agradecen.

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