‘El Juicio del Increible Hulk’ (1989) Esteroides Verdes

La Masa y Bill Bixb

Durante el primer quinquenio de la década de los noventa los aficionados a los cómics Marvel disfrutábamos, en forma de encarnaciones catódicas de nuestros héroes, de una especie de aperitivo de bajo coste que parecía adelantarnos la repercusión mediática que la casa de las ideas lograría durante los primeros años del siglo XXI y que aún se mantiene. Lejos de presentarse ante nosotros, a diferencia de hoy en día, como espectaculares y costosos estrenos cinematográficos, las películas y series de animación que llegaban sobre nuestros héroes favoritos venían en forma de títulos de videoclub (Capitán América), series de televisión (X-Men, Spiderman) y en el caso del personaje que hoy nos ocupa, en un novedoso formato que empezaba a popularizarse en nuestro país gracias a los primeros pasos de las esperadas televisiones privadas: el del telefilme.

Tan habituales hoy en día en las sobremesas dominicales de muchos canales, los telefilmes son obras de corto presupuesto, con un lenguaje más cinematográfico que televisivo, producidos por y para una cadena de televisión (aunque en nuestro país de pícaros hay muchos ejemplos de telefilmes estadounidenses casposos que se estrenaron durante los ochenta y noventa en salas comerciales) y que en muchos casos se utilizan para presentar un personaje o concepto de serie televisiva a la audiencia para utilizarlo a modo de baremo del éxito que podría obtener una hipotética serie continuada entre el público.

Evidentemente, como yo era un imberbe y confiado adolescente en esa época y no conocía la pobre calidad que solían tener por aquellos días esos productos televisivos, no pude evitar emocionarme cuando vi anunciada por Telecinco (conocida en mi casa como TetaCinco, por la inclinación de ese canal en aquellos días por mostrar chicas ligeras de ropa a la menor oportunidad) la próxima emisión de una película sobre Hulk (La Masa para los chiquillos españoles que crecimos en los ochenta) titulada ‘El Juicio de La Masa’.

David Bruce Banner

‘El Juicio de la Masa’…Guau…pedazo de título… Los siguientes días se hicieron realmente largos sufriendo la espera del momento de su emisión. Yo tenía en mi prácticamente vacía cabeza (en la que solo había sitio para superhéroes, películas y, ocasionalmente, alguna de las tetas que salían en TeleCinco) un leve recuerdo de la serie televisiva de Hulk que emitió Televisión Española en los primeros años ochenta; entre las pocas imágenes que mi mente retuvo de aquella encarnación televisiva del coloso esmeralda estaban la de una mole de músculos verdes atizando a los malos y la de la mirada de habitual de la ruta del Bakalao que se le ponía a Banner cuando se cabreaba e iniciaba su transformación en La Masa. Aunque apenas recordara nada de esa serie de televisión, yo tenía un amplio conocimiento del personaje gracias a la primera colección de Hulk publicada por Cómics Forum (La Masa: El Increible Hulk) que completé, no sin esfuerzo, a base de recorrerme todas las ‘librerías de viejo’ de Madrid en las que pagando un triste duro y entregando un ‘Super Mortadelo‘ o un ‘Super Zipi y Zape‘ conseguía un maltratado número atrasado del superhéroe que eligiera de los disponibles. Para mí era todo un negocio, obtenía un cómic que realmente me interesaba y les daba puerta a todos esos tebeos de la editorial Bruguera a los que mi padre trataba de aficionarme:

-Esos tebeos americanos son muy violentos, mucho mejor un ‘Mortadelo‘. Dónde va a parar.

-Llevo solo tres páginas y ya he visto a Filemón golpeado, quemado, doblado, taladrado y aplastado. Sí, dónde va a parar.

Bill-Bixby-el-juicio-de-Hulk

Con apenas trece años, ya sabía todo lo que había que saber sobre los cómics Marvel (bueno, aún no sabía que Norman Osborn continuaba vivo) y mis conocimientos sobre los personajes de la editorial, sobre su mundo y sus aventuras, superaban con creces mi conocimiento sobre cualquier materia didáctica, o simplemente sobre cualquier cosa útil, que mis desesperados profesores trataban de inculcarme. Mientras a medida que pasaban los cursos las matemáticas cada vez se me hacían más tediosas y desconocidas, sobre Hulk lo sabía todo; Bruce Banner, un inteligente científico que asistía a un experimento con una bomba gamma que él mismo dirigía, quedó expuesto a una fatal dosis de radiación al salvar a un joven de la explosión de la bomba. Sorprendentemente la radiación no acaba con su vida, pero más tarde comprobaría para su horror cómo en situaciones de pánico, ira o estrés se convertía en una gigantesca mole verde sin rasgo alguno de su inteligencia. Reconozco que  no son las mejores trazas para crear un personaje exageradamente interesante, pero había algo en la tristeza de Banner, que se veía obligado a ser un alma solitaria para no dañar a sus seres queridos, que me atraía fuertemente. Me parecía un gran personaje. Y poder disfrutar de un film sobre Hulk (aun siendo una película para televisión) colmaba mis aspiraciones para esa semana.

Hulk-la-masa-series-tv

En clase convivía con tres clases de compañeros bien diferenciados: los que me insultaban, los que me pegaban y los que me pegaban e insultaban. Supongo que no te hacía muy popular el llevar tebeos de Spiderman y Superman a clase mientras tus compañeros empezaban a fumar, quedar con chicas y pintar garabatos en las paredes con aerosoles. El único momento de paz que encontraba en el recreo era cuando no castigaban a Jorge, un chaval que estudiaba en el aula de al lado, enorme, bruto y maleducado pero con buen corazón, al que yo le había caído en gracia y me otorgaba su protección. Cuando no representábamos en el patio nuestra particular versión de ‘El Guardaespaldas’ (yo era una pálida Whitney Houston y él un Kevin Costner brutote apartando a mano abierta a los que trataban de tocarme) encontrábamos momentos para hablar sobre los temas que nos interesaban. Principalmente sobre cine y cómics.

-Tío, ¿has vito que este finde ponen una peli de La Masa?

-¿Otra? Ya pusieron una la semana pasada.

Me quedé helado. ¿Que la semana anterior habían emitido una película de un superhéroe de cómic y yo sin enterarme? La semana anterior había sido Semana Santa; motivo por el cual yo no me percaté de la emisión de tamaña joya fílmica al estar en mi pueblo, una aldea en Santander, donde las privadas aún eran una quimera y tan solo se podía disfrutar de las dos emisoras estatales de televisión, las popularmente conocidas como ‘La Uno‘ y ‘La UHF‘. Pero ¿quién era el genio al que se le había ocurrido programar una película de La Masa en plena Semana Santa? En Semana Santa se emiten películas de romanos o de barbudos que pueden separar con un solo gesto las aguas del Mar Rojo. ¿Pero un film sobre un tipo gigantesco y verde semidesnudo que gruñe? Pasado el shock inicial, y después de calmarme con un bocado de mi Tigretón, que aún conservaba gracias a la compañía de Jorge durante el recreo, atosigué a mi amigo con un sinfín de preguntas sobre la película, que fueron contestadas de manera algo ininteligible al provenir las respuestas de una boca llena de trozos de un mastodóntico bocadillo de fuagrás.

Daredevil-hulk

Jorge me explicó que la peli se titulaba ‘El Retorno de Hulk‘ y que además de la obvia aparición del gigante de jade, el telefilme también incorporaba en su trama a otro personaje del Universo Marvel: el mítico Thor. Mi amigo no eran tan fan de los Comics Marvel como yo; él compraba habitualmente los tebeos Zinco que publicaban en España el material de DC (gracias a él me aficioné a los cómics de la Distinguida Competencia) y pocas veces adquiría Cómics Forum con contenido Marvel, así que no conocía muy bien al nórdico dios del trueno. Tal vez por eso me hablaba entusiasmado del Thor que había contemplado en la pequeña pantalla la semana anterior; Jorge me comentaba jocoso cómo le impresionó ver a un Thor tosco y mujeriego consumiendo una enorme cantidad de cerveza. Me hablaba de un personaje que por la definición que de él me hacía, tenía poco en común con el héroe de las viñetas.

Reconozco que mi ilusión sobre el film que emitirían ese sábado bajó unos cuantos enteros tras los comentarios de mi guardaespaldas personal, además tenía fresco el recuerdo de la decepción que me causó la película del ‘Capitán América’, de la que ya os hablé con detenimiento en otra divagación mía. Pero mi optimismo siempre salía a flote en aquella época inocente y tras releerme prácticamente de una sentada los cuarenta y nueve números que formaban la colección de La Masa publicada por Forum entre 1983 y 1986, mi esperanza e ilusión se renovaron ante la posibilidad de disfrutar de una digna versión de Bruce Banner y su alter ego verde en la pantalla.

Comics-forum-La-Masa-numero-uno

Por fin llegó el día. Durante la mañana, le pedí dinero a mi padre para una cinta virgen de VHS en la que poder grabar el film y disfrutarlo cuantas veces quisiera. Mi padre aceptó a regañadientes y me recordó que me había asegurado que no me compraría ningún VHS virgen más a causa de la última (y clandestina) grabación de televisión que realicé y que descubrió mi progenitor para mi desgracia. Supongo que mezclar viernes noche, adolescente solo en casa y Canal Plus recién estrenado no era del todo aconsejable (no me culpéis, TetaCinco empezaba a parecerme insuficiente). Con la flamante cinta VHS dentro del reproductor/grabador de vídeo y con la misma expectación y nerviosismo que aún conservo cuando me encuentro ante una adaptación de un personaje del cómic al cine, me senté al lado de mi padre en el sofá para disfrutar junto a él del juicio a Hulk que prometía el título. Y el ‘espectáculo’ dio comienzo:

Durante los créditos iniciales, en los que sonaba la canción más cursi que jamás he oído en un film superhéroico, mi padre se percató de que el protagonista del film era el mismo que interpretó al Dr. Banner en la antes mencionada serie televisiva de los ochenta: Bill Bixby.

-¡Ahí va!, ‘Bil Bisbi‘… El de la serie. Pues como la peli sea tan cagarro como la serie prepárate.

Pocas palabras provenientes del extenso e inteligente vocabulario de mi progenitor me causaban tanto pavor como el termino “cagarro” cuando lo oía referente a un film que yo esperaba con ganas. Ya os lo he comentado en otras ocasiones, si mi padre decía que tal o cual película sería un ‘cagarro’ había muchísimas posibilidades de que así fuera. Normalmente mi padre necesitaba echar un vistazo al cartel o carátula de un film para emitir su juicio de valor, pero otras veces se guiaba por un puro instinto que rara vez le fallaba. Y esta vez no sería una excepción.

Hulk-película-televisión

Lo primero que me pareció discordante fue encontrarme con un Banner de cincuenta y cinco años (edad real que tenia Bixby en el momento de rodar el largometraje televisivo), no quiero con esto difamar la labor del finado Bixby, que por su talento fue nominado hasta en tres ocasiones a los Emmy, pero ver a un Banner maduro, canoso y barbudo me dejo frío en el primer momento. Aunque no tan frío como escuchar y contemplar a lo largo de la trama cómo se refieren a él como David Banner. Años más tarde descubrí el motivo de ese cambio de nombre para la versión televisiva del personaje; en palabras del mítico y grandísimo Stan Lee (todos en pie al leer su nombre, por favor) la inclusión de David en el nombre de nuestro monstruo/héroe, relegando Bruce a segundo nombre, se debió a la idea que tenían los productores de que Bruce era un nombre (y cito textualmente) “demasiado gay“. ¿Algo que alegar a eso, Batman?.

Podría haber perdonado sin problemas el cambio de nombre si al ver a Hulk hubiera tenido la sensación de que en pantalla estaba La Masa y no un travestí con peluca hipermusculado y pintado de verde. Ya me chocó que en el proceso de transformación de Banner a Hulk la barba de Banner desapareciera en su versión cabreada y esmeralda, pero contemplar a un Hulk con una peluca cutre cuya máxima demostración de fiereza y brutalidad es sacar músculo como si estuviera en un certamen de ‘Mister Olimpia’ me demostró que los recuerdos que mi mente manejaba de la serie de los ochenta no se ajustaban a la realidad y que por muy cachas que estuviera Lou Ferrigno (el encargado de interpretar a Hulk) jamás se acercaría al aspecto colosal que nuestro verdoso amigo lucía en los cómics. Y por algún motivo no dejaba de preguntarme qué clase de individuo aceptaría un trabajo que consistiera en untar de pintura verde todos los días a Ferrigno y repasar su maquillaje durante el rodaje. Yo diría que alguien así:

Crispin-Clander

La trama era descabellada e irrisoria, pero te lo parecería más aún si eras conocedor de los cómics del personaje. Debido a un incidente que David Banner padece en el metro de Nueva York (la película transcurre en Nueva York pero estaba rodada en Vancouver) este se transforma en su particular versión de Mr Hyde. A causa de ello, Banner acaba apresado y a la espera de juicio. Durante la estancia en prisión recibe la visita del abogado invidente Matt Murdock (¡toma!-pensé-¡Va a salir Daredevil!) que le ofrece sus servicios al creer en su inocencia (no sé en qué es más difícil creer, si en un ciego con poderes que es un justiciero enmascarado o en la idea de un abogado de prestigio que trabaja gratis para clientes inocentes). Es improbable que Banner aguantara más de media hora en prisión sin convertirse en Hulk (menuda sorpresita se llevaría quien intentara “cortejarle” en las duchas), pero en la historia aguanta unas jornadas hasta que una noche sufre una pesadilla sobre su futuro juicio, en la que se ve asediado ante las preguntas del juez y el fiscal. A causa de la angustia que le produce ese sueño se transforma en Hulk bajo la atónita mirada de su compañero de celda y escapa de la cárcel.  A modo de curiosidad, comentaros que Stan Lee (de nuevo en pie) aparece como miembro del onírico jurado, con lo cual se puede considerar a ‘El Juicio de Hulk’ como la primera película de un personaje Marvel en la que disfrutamos de un cameo del rostro más representativo de Marvel Comics.

Stan-Lee-pelicula-hulk

Después de recibir toda una lección de geografía al ver una Nueva York que muestra montañas en su horizonte (si quieres hacer pasar Vancouver por Nueva York en un film ten cuidado con los planos que empleas) volvemos a sorprendernos con la primera aparición de Matt Murdock como Daredevil (al que en su versión en castellano llamaron ‘El Temerario‘) en la que vemos al héroe de la Cocina del Infierno con un traje de ninja de todo a cien completamente negro (prescindiendo de los emblemáticos “cuernecitos” de su máscara y de la doble ‘D’ de su pecho) ¡Y con los ojos totalmente tapados!. Vamos, para que cualquier idiota se dé cuenta de que se trata de un ciego. No contento con eso, y por si no era suficiente pista para Ben Urich, el actor que le da vida se dedica hacer de ciego también con el traje de justiciero puesto; es decir, moviendo la cabeza en plan Stevie Wonder incluso cuando está luchando contra los malos. Y además nos muestran el poder más característico del personaje, su sentido del radar, de una manera ridícula que nos quiere hacer creer que Matt Murdock ve la vida como si fuera una pantalla de un videojuego de 8-Bits mostrada en un monitor monocromo.

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La película nos muestra la inevitable asociación entre los dos héroes, haciendo fuerza común contra el criminal Wilson Fisk (¡sí amigos!, ¡El mismísimo Kingpin del crimen!) que en el telefime queda reducido a un burdo planea-atracos muy alejado del mafioso todopoderoso de quinientos kilos que maneja todo el hampa de Nueva York en los cómics. El actor elegido para interpretar a Kingpin ni es calvo, ni está lo suficientemente gordo y además tiene barba. Eso sí que es un error de casting y no lo de Ben Affleck como Batman.

Kingpin

Un Banner viejuno, un Hulk encogido y con peluca, un Daredevil con los ojos tapados evidenciando que es ciego, un Kingpin de baratillo, una Nueva York en las montañas y unas actuaciones de obra escolar. Mi padre había acertado de nuevo. Estábamos viendo un genuino y auténtico cagarro. Ni siquiera esperé a que acabara la película, pulsé el botón stop del vídeo y dejé de grabar tamaña afrenta al Bruce Banner de los cómics. Me negaba a conservar ese engendro en mi videoteca.  Y más aún con los excelentes films de culto que emitían en el Plus los viernes por la noche y que podrían formar parte de mi selecta variedad de títulos.

¿Sabéis lo más triste de todo? Que contaba con quitarme la espinita de esta película cuando acudí en el año 2003 al cine para ver el Hulk de Ang Lee. Y lo que ocurrió es que salí de la sala preguntándome por qué Hulk era un ’emo’ verde y enorme en lugar de la bestia parda de los cómics.

Escrito por Adolfo Saro

3 Comentarios

    • Gracias! De verdad crees que ‘DareDevil’ es tan patética como para dedicarle un artículo de este tipo? A mi no me lo parece tanto. 😉
      Un saludo!

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