Reseña de Kick-Ass

Kick-Ass 1

A lo largo de la Historia del Séptimo Arte hay infinidad de películas que se han convertido en el placer culpable de muchos espectadores. Películas que, con muy pocos medios pero rodadas con mucho oficio, han quedado en la retina y en el recuerdo del fandom cinéfilo. Un ejemplo paradigmático puede ser Robocop (Paul Verhoeven, 1987): un presupuesto ajustadísimo de 13 millones de dólares y un guión plagado de tópicos no impidieron que la dirección de Verhoeven y el diseño de Rob Bottin convirtieran lo que pudo ser un film vulgar en todo un ejercicio de estilo, caracterizado por su extrema violencia y un humor que, aunque minimizado, es muy negro. Películas que dan lo que prometen y que si por algo se caracterizan es por su falta de pretenciosidad y su honestidad con el espectador. En ese mismo grupo puede catalogarse Kick-Ass: Listo para machacar (Kick-Ass, Matthew Vaughn, 2010).

No obstante, antes de poner en alza los valores cinematográficos de Kick-Ass, conviene, como señalaba nuestro compañero Adolfo Saro en su crítica de la secuela, calibrar, aunque sea superficialmente, su calidad como adaptación (si bien es algo que, personalmente, me resulta poco relevante). La película adapta con cierta libertad y un buen puñado de licencias el cómic del mismo nombre (Kick-AssMark Millar -guión-, John Romita Jr -dibujo-, Tom Palmer -entintado, 2008). Justo por esas licencias podría abrirse un intenso debate sobre la fidelidad a la obra original, pero realmente es algo que no me parece tan importante como a priori pudiera parecer. Primeramente, hay que tener en cuenta que cuando se proyectó la idea de la película y se esbozó el guión de la misma, el primer número en papel aún no se había publicado y el final de la historia aún no había salido de la pluma del experto en blockbusters en el Noveno Arte, Mark Millar. Seguidamente, hay que recordar por enésima vez que el lenguaje y ritmo cinematográfico no pueden compararse con su contrapartida en papel, por lo que muchas veces hay que hacer concesiones en busca de una mejor película. Por último, pero no menos importante, el film es muy fiel al espíritu del material original (compuesto por una inteligente amalgama de humor paródico y violencia extrema). Además de todo esto, personalmente diría que la película mejora algunos aspectos del cómic, sobre todo la caracterización de ciertos personajes. Frank D’Amico, interpretado por un Mark Strong en estado de gracia, resulta mucho más interesante en la película que el personaje que adapta, John Genovese; o los amigos nerds de Dave, de los que sabemos más, por poner sólo un par de ejemplos. Por todo ello, creo que las concesiones y divergencias respecto al material original están justificadas y contribuyen a una película más dinámica y accesible. Más allá de ello, cada cual valorará si prefiere una adaptación más fiel en los hechos (porque, como decía, en espíritu sobresale su fidelidad) a cambio de una película más difícil de visionar.

Portada del nº 2 USA de la serie original
Portada del nº 2 USA de la serie original

Ya centrando el objetivo en lo estrictamente cinematográfico, no puede analizarse Kick-Ass sin mencionar un nombre: el de su director, Matthew Vaughn. Lejos de hacer una película impersonal o de encargo, algo habitual en el catálogo del género, el habilidoso director británico se involucra completamente desempeñando labores de producción y de guionista, escribiendo junto a Jane Goldman un libreto ágil muy coherente con el resto de elementos.  Su mano se nota en cada fotograma y si algo puede alabarse de este realizador es su implicación en cada película que hace, supervisando concienzudamente cada aspecto de la misma. Pero más allá de alabar el amor o pasión que pueda poner en cada proyecto, hay dos características en el hacer fílmico de Vaughn que, como no podía ser de otra manera, se encuentran en Kick-Ass: 1) Es un director ingenioso y capaz de ofrecer productos dignos dotados de escaso presupuesto (28 millones de euros en el caso que nos ocupa). 2) Es especialista en captar el tono que debe dar a cada película.

Profundizando en el punto 2), es algo que se aprecia echando un vistazo a su filmografía reciente. En Stardust (2007), lo que la hace funcionar es la mezcla de humor blanco con un sentido de la aventura notable, en un perfecto equilibrio; en X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011), la profundidad de los personajes principales y, de nuevo, un acertado toque de humor. Kick-Ass no es el éxito de una gran historia, es el éxito de una gran narración, salpicada de un humor autoconsciente, de una acción muy bien rodada y de una violencia exagerada. Asistimos a escenas tremendamente dramáticas que se las arreglan para no perder un ápice de dramatismo pero ser al mismo tiempo cómicas. Un gran ejemplo de esto pudiera ser la primera aparición de Hit-Girl: impactante, rodada de forma impecable, molona, pero al mismo tiempo, notabilisíma a un nivel cómico, fruto de la interpretación de una espléndida Chloë Grace-Moretz, que no deja de ser una niña en ningún momento. Es ese perfecto equilibrio entre un drama contenido, un humor socarrón bordado a una violencia exagerada y una cuidada puesta en escena el auténtico triunfo de Kick-Ass y de Vaughn como realizador.

El reparto principal de Kick-Ass: Aaron Johnson, Chloë Grace Moretz, Nicolas Cage y Christopher Mintz-Plasse Mark Strong
El reparto principal de Kick-Ass: Aaron Johnson, Chloë Grace-Moretz, Nicolas Cage y Christopher Mintz-Plasse

Otro gran acierto de Vaughn, que es otro pilar de las bondades de Kick-Ass, es la dirección de actores. Con un reparto ciertamente limitado, con el amortizado Nicolas Cage como única estrella, consigue, en general, unas interpretaciones más que dignas, sobresaliendo por encima del resto Chloë Grace-Moretz y Mark Strong. La primera consigue una actuación natural y muy fluida, algo bastante extraño en el ámbito de la interpretación infantil; es la que hace creíble el personaje de Hit-Girl, conservando perfectamente la dualidad guerrera mortal/niña, que es lo que define a la perfección a la hija de Big Daddy (con infamia llamado “Big Papi” en la versión española). Perfecta en el drama, perfecta en la acción y no menos buena en la comedia. El segundo contribuye tanto o más a que el tono de la película del que hablábamos antes se mantenga firme a lo largo de toda la película. Strong dota a su personaje de una credibilidad inusitada en los dos ambientes en que se mueve Frank D’Amico y que de forma recurrente hace la película: el drama y la comedia. Su jefe mafioso funciona tanto en los momentos en que se comporta sin piedad (con esa presencia física contundente y poderosa) como en los que participa en alguno de los gags de humor absurdo o paradójico. Sencillamente fantástico.

Además de un guión bien trazado y a unas actuaciones correctas, cuando no sobresalientes, sumamos un apartado técnico notabilísimo. Si algunos directores flojean lo indecible en las escenas de acción (véase el horrible trabajo de Christopher Nolan en The Dark Knight Rises en este sentido), Vaughn mantiene el tipo huyendo del tembleque exorbitado pero manteniendo el dinamismo. De nuevo, un concepto: equilibrio.

Big Daddy y Hit-Girl
Big Daddy y Hit-Girl

Quisiera, en este momento, dedicar unas líneas a un elemento fundamental en Kick-Ass, por su contribución inestimable en la creación de la atmósfera y tono al que hacíamos referencia más arriba: la música. De nuevo, podemos citar unas cuentas películas del género superheróico que tienen una música impersonal, simplemente correcta y funcional, pero nada destacable; por ejemplo, Iron Man 2, de John Debney; Thor, de Patrick Doyle o Capitán América: El Primer Vengador, de Alan Silvestri. Sin embargo, Kick-Ass posee una personalidad sin comparación posible. Doblemente reseñable es esa personalidad cuando uno atisba que la música original ha sido compuesta a ocho manos: John Murphy, quien aporta el tema de Big Daddy y algunos pasajes de acción; Henry Jackman, que compone el tema principal de Kick-Ass ; Marius DeVries e Ilan Eshkeri -que ya había trabajado con Vaughn en Stardust-, que aportan música adicional. A pesar de ello, el sentido de unidad musical se mantiene en todo momento. Pero esa unidad sonora no impide una gran variedad temática, ya que la banda sonora recorre casi todos los registros del género, desde el sonido más superheroico clásico johnwilliamsiano, pasando por Danny Elfman (compositor de películas como Batman, Batman Returns, Dick Tracy, Spider-Man o Darkman) – que compone incluso el tema de Bruma Roja-, hasta el sonido más moderno estilo Hans Zimmer y sus Remote Control. Por destacar algunos ejemplos, podemos citar los temas Roof Jump – que es un perfecto ejemplo de esa mezcolanza de elementos que deviene en el tono de Kick-Ass– o el clásico automático Flying Home. Sin embargo, a pesar del gran trabajo de Henry Jackman (que repetiría con Vaughn en X-Men: First Class, componiendo una de las mejores bandas sonoras de la última década), hay que decir que el tema que John Murphy pergeña para Big Daddy es un ¿autoplagio? del que compusiera para la película 28 días después (28 Days Later, Danny Boyle, 2002). Aquí tenéis ambos temas, comparad vosotros mismos.

A pesar de todo, la verdadera nota de cuidado musical es el uso de la música no original. Lejos de acudir a un mismo estilo, Vaughn utiliza música tan distinta como el punk ( como Banana Splits, de The Dickies), el pop (Starry Eyed, de Ellie Goulding), o la música electrónica (Omen, de The Prodigy), sin descuidar clásicos (Por un puñado de dólares, de Ennio Morricone). Todos los temas tienen el denominador común de la eficacia en pantalla.

Por todos esto, Kick-Ass acierta con el tono perfecto para ser una cinta muy entretenida. Lejos de las alambicadas propuestas pretenciosas de otros directores que se quedan en metáforas vacías sobre salir de un pozo arrastrando problemas de guión más que notables con la intención de ser considerado cine “adulto”, Vaughn apuesta por la sencillez y por dar aquello que ofrece. Ni más ni menos. Si además lo hace muy bien, como es el caso, es como para felicitarse.

[xrr rating=4/5]

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