Reseña de Silvio José, Destronado

Portada de Silvio José Destronado

Adentrarse en el mundo de Silvio José tiene sus riesgos. Habitualmente los lectores de la revista El Jueves pueden disfrutar de pequeñas dosis semanales del personaje y, a lo mejor, como en mi caso, su presencia pasa algo desapercibida entre el resto de tiras cómicas de la revista. Pero recibir un tratamiento concentrado en forma de tomo de este neurótico ser, puede provocar muchos y muy diversos efectos entre los lectores. Entre ellos el más preocupante, ya que corre serio peligro la vida del usuario, es el ataque de risa descontrolado, acompañado de anegación de las cuencas oculares y de bloqueo grave de las vías respiratorias. Si pese a estas advertencias, el osado lector estima poner en riesgo su integridad física y mental, sobre todo esta última, le invito a que siga leyendo.

Para todo aquel que no lo conozca, Silvio José es un engendro despreciable de 45 años, capaz de hacer la vida imposible a su padre y a todo aquel bicho viviente que, con menos dedos de frente que él, se atreva a cruzarse en su camino. Devorador incansable de salchichas “Chisparrita” (¡No son carne, son salchichas divertidas!) y de Panteras Rosas, adicto a los videojuegos de la Segunda Guerra Mundial y admirador de todo lo que esté relacionado directa o indirectamente con Steven Seagal, este señor, por decir algo, sólo es capaz de relacionarse con otros perturbados mentales de su talla. Entre otros, Federico Tejada, el pusilánime y chaparro amigo de Silvio que vive sometido a las exigencias de su Geyperman de la suerte; Sebastián Cubero, profesor de autoescuela, escritor de poemas infantiles (desternillante el episodio de Cubero y el peluche Fermín el enfermín) que utiliza de forma reiterada las alcantarillas de Madrid para moverse a su antojo; Berta, la madre de Silvio, una pobre mujer que no ha conseguido superar con éxito su fracaso matrimonial e intenta encontrar el amor en los brazos de cualquier hombre que pasa más de dos segundo a su lado y se enamora de cualquier hombre que pase más de dos segundos a su lado; o Máximo Satrústegui, el déspota y dictatorial dueño del zoo que cumple a rajatabla la desconcertante y ultra-secreta “Ley del Zoo” y que trata a sus empleados y a cualquier persona como poco más que basura.

Página de muestra 1 de Silvio José Destronado

Si piensas que la vida de Silvio, acompañado por esta caterva de despropósitos humanos, no puede ser peor, estás muy equivocado. La situación se vuelve totalmente demencial e hilarante cuando el padre de Silvio descubre que el tiempo de seguir compartiendo cobijo con su vástago ha llegado a su fin después de reencontrar el amor. De hecho, será la nueva pareja del padre quien decida que ha llegado la hora de que Silvio abandone el nido. Esto daría lugar a un viaje por el crecimiento y el desarrollo personal si se tratase de una persona normal, pero al tratarse de Silvio la travesía irá del esperpento a la degradación más absoluta. En esta odisea hacia la demencia, sobre todo para el lector, nuevos personajes se irán sumando al pequeño universo creado por Alcázar: Gerardo Hidalgo, arquitecto del ayuntamiento que sustituyó las cortezas de cerdo por la heroína pero no de forma definitiva; Isabel, la eterna candidata a actriz con la estima lo suficientemente baja como para admitir a Silvio como compañero de piso; Octavio, un octogenario skater que no deja de usar una jerga totalmente desfasada y ridícula; el asustadizo Profesor Hermoso, que conjuga sus clases de plástica con su afición por el mundo paranormal; o el Sr. Yoyoyowitz y su familia, unos gitanos portugueses amantes del canibalismo. Todos estos nuevos sujetos darán lugar a las situaciones mas delirantes e hilarantes e incluso conseguirán que Silvio obtenga su primer trabajo más o menos estable: portero de finca.

Paco Alcázar ha conseguido crear uno de los personajes más despreciables, ineptos, repulsivos e inolvidables de la historia del cómic español. Sin duda este autor posee una facilidad envidiable para crear situaciones estrambóticas y divertidas incluso de los momentos más simples y anodinos del día a día. Además cumple a la perfección con la máxima, dentro del mundo del noveno arte, de contar una historia perfectamente trazada con su presentación, nudo y desenlace en cada página, e incluso, si me apuráis, en alguna de las viñetas. Algunas de las expresiones de los personajes también son en sí “un poema” y son más efectivas que muchos de los chistes. Merecen una mención especial las caras de arrogancia e indiferencia de todos y cada uno de los niños que aparecen en el libro, que son más maduros e inteligentes que todos los adultos.

En un principio abrí las páginas de Silvio José Destronado con cierto recelo y cierta pereza, pero me desapareció después de un par de historias y la desconfianza dio lugar a la risa desenfrenada. Ir conociendo poco a poco al protagonista, a sus conocidos y amistades y las situaciones más divertidas que he leído nunca en un tebeo ha conseguido que me enganche a su alocada forma de vida. Tardaré tiempo en olvidar alguna de las historias como, por ejemplo, la del peluche Fermín, el paso por las chabolas de la familia Yoyoyowitz o algunas de las tramas del zoo, que rozan la psicodelia. Pero es difícil elegir algún momento sobre el resto cuando todos son excelentes. Lo malo de este volumen, por poner alguna pega, es que sólo cuenta con 100 páginas y no tiene 500. Si te dejas enredar en esta madeja, verás que es difícil escapar de ella y necesitarás más y más.

Página de muestra 1 de Silvio José Destronado

Astiberri nos trae en este nuevo tomo a uno de los nuevos iconos del panorama actual del cómic español. Atrévete a reflejarte en el espejo que ofrece este autor en forma de viñetas. Un espejo con formas, como el de las ferias,  que ofrece un reflejo distorsionado de nosotros mismos y de la realidad que nos está tocando vivir. Un reflejo que nos hace reír.

 

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