Tigana

Empecé a interesarme por la obra de Guy Gabriel Kay tras un par de experiencias muy agradables con la historia alternativa como género, la saga de Temerario de Naomi Novik, sobre la lucha entre Inglaterra y Napoleón en un mundo en el que los dragones son criaturas inteligentes que luchan en el ejército, y Kushiel’s Dart de Jacqueline Carey, una auténtica joya que debería haber sido editada en España a estas alturas. Las novelas y sagas de Kay eran mencionadas a menudo en listas de imprescindibles del género, puesto que se basan en la creación de reinos fantásticos inspirados en escenarios de diversos periodos históricos.

La relación del autor canadiense con la fantasía en su vertiente más primigenia y educativa es innegable, puesto que Kay fue el autor escogido por la familia de Tolkien para la edición del Silmarillion. A caballo entre la fantasía y la novela histórica, el autor ha escrito sobre ambientaciones tan dispares como la Reconquista del Cid (Los Leones de al-Rassan, publicada por La Factoría de Ideas), las incursiones vikingas en Inglaterra y Gales (La Última Luz del Sol) o la dinastía Tang del siglo VII (en forma de saga cuyo primer libro, Los Caballos Celestiales, ha publicado RBA Fantástica).

Guy Gavriel Kay, autor de Los leones de al-Rassan, Tigana, El Tapiz de Fionavar, Ysabel, Los Caballos Celestiales y otras muchas obras
Guy Gavriel Kay, el autor canadiense que combina fantasía y novela histórica

Cuando me topé con Tigana no sabía que la obra había estado descatalogada durante años y que los fans de su trilogía El Tapiz de Fionavar habían llegado a pagar precios estratosféricos por su siguiente novela, el volumen conclusivo conocido como Tigana, escrito en 1990. Editada originalmente por Timun Mas, la novela fue traducida por Teófilo de Loyoza, que en su haber tiene muchas obras históricas y cuyas decisiones lingüísticas sin duda contribuyen a respetar la ambientación del autor. La novela se enmarca en la Colección Fantasía de La Factoría de Ideas, tiene solapas gruesas y una portada un tanto genérica pero de buen gusto.

La acción de Tigana transcurre en la península de la Palma, una suerte de Italia medieval dividida en provincias y gobernada por los tiranos reyes hechiceros Brandín y Alberico, tras una larga y costosa guerra. Apenado por la muerte en combate de su hijo, Brandín condena al país de Tigana a la extinción, eliminando su cultura de la mente de los habitantes de la Palma y haciendo que el mero nombre de Tigana sea impronunciable para sus gentes. Al empezar la novela, conocemos a un grupo de rebeldes dispuestos a recuperar su patria perdida, que inician su viaje en busca de apoyo y en pos de la libertad. Por otro lado, desde el encierro del saishan (serrallo) de la corte de Brandín, Dianora, la favorita del monarca, también hace planes que tienen mucho que ver con el país olvidado. El destino de gobernantes, mercaderes y artistas se entremezcla en una tierra en luto en el que todo el mundo lucha por el poder, bajo las dos lunas del firmamento y la protección de los dioses de la Tríada. Y hasta aquí puedo leer para no destripar nada.

Portada de Tigana de Guy Gavriel Kay para la Factoría de Ideas
Edición de La Factoría de Ideas

La reedición de 2010 a cargo de La Factoría de Ideas cuenta con 503 páginas (novela y mapas, más biografía y bibliografía del autor), con una letra más bien pequeña y con unos márgenes estrechos. Es decir, casi 700 páginas en su versión original inglesa en formato bolsillo. Y a pesar del tamaño, la novela se lee con una rapidez que indica que Kay claramente tiene las herramientas literarias para gustar, que sabe hacer que sus personajes y la trama despierten el interés del lector. Tal vez por ello, choca que una vez terminado el libro la sensación pueda ser de decepción. No es que Tigana sea una mala novela, ni mucho menos, es que a lo largo de sus páginas te das cuenta del potencial perdido y eso puede estropear la lectura.

Tigana es una novela ambiciosa, con un reparto coral de personajes y varias tramas entrecruzadas. Sin embargo, la fluidez de las tramas se ve afeada por la falta de ritmo de la narrativa y muchos los personajes carecen del carisma necesario para llevar el peso de una obra semejante.

A un nivel estructural, la narrativa decepciona cuando el lector repara en que el camino de los héroes no es tan importante para el desenlace de la obra como debería. A menudo parece que el grupo rebelde es llevado de una punta a otra de la península sin ton ni son, alargando demasiado lo que se podría haber llevado mejor en menos palabras y sin unos giros argumentales tan forzados.

Pese a la gran cantidad de personajes de Tigana, apenas unos pocos están realmente perfilados y no hay grandes arcos evolutivos. Por ejemplo Devin, un joven músico de gran atractivo y bella voz, parece el héroe principal de la novela en los primeros capítulos, pero me temo que más que evolucionar, el joven seductor y con talento que lo deja todo por la lucha pierde fuerza a medida que pasa la novela. Los personajes secundarios a menudo son demasiado cerrados, lacónicos y llenos de secretos, un poco planos o clichés extremados. En general, encuentro poco creíbles a todos estos personajes impulsivos, luchadores y sacrificados, movidos por el patriotismo de una tierra que en algunos casos ni siquiera conocieron. En ese sentido, en mi ficción prefiero las pequeñas pasiones y las intrigas que mueven a la gente corriente, como los soldados que se alistan por necesidad más que convicción de otras obras de fantasía.

Hay cierta torpeza en las relaciones humanas: Tigana tiene algunas de las relaciones amorosas más forzadas que he encontrado jamás en la ficción. A menudo se ha mencionado que Tigana trasciende la fantasía clásica por ese elemento tan aparentemente actual como son las escenas subidas de tono. Sin embargo, cabe recordar que Tigana es un libro del 1990 y que, para entonces, autores como Sapkowski ya estaban haciendo de la sensualidad un elemento “marca de la casa”. Por no decir que este tipo de escenas pueden resultar demasiado efectistas y vacías. En Tigana a menudo sobra sensualidad y falta cariño, con la notable excepción de los capítulos de Dianora y Brandín.

Tigana portadas inglés Guy Gavriel Kay

A menor escala, Tigana tiene un mundo muy coherente y bien construido, con una mitología bellísima. En este sentido, Guy Gavriel Kay no es excesivamente original pero lleva sus ideas al papel con gran éxito. La ambientación italiana es creíble, con descripciones de paisajes intensamente mediterráneos y un cierto aire de languidez que impregna la acción. Hay escenas preciosas como las profecías de la riselka, ninfa acuática tomada del folklore eslavo, o como la lucha con espigas de Los Caminantes de la Noche contra Los Otros. Como punto positivo, a diferencia de otros mundos de fantasía que usan la religión como excusa, en el mundo de Tigana la Tríada es omnipresente y las fiestas marcadas por el culto a las deidades, como La Noche de los Rescoldos, son relevantes para el calendario de la obra. La Tríada —Eanna de las luces, su hijo/hermano Adaón y la hija de ambos, la oscura Moriana de los portales—, responde a relaciones clásicas de mitologías reales. Sin ser una invención particularmente original, sí es una idea muy bien ejecutada por su credibilidad y la relación entre deidades marca profundamente la acción de la novela. Por ejemplo, la imagen recurrente de Adaón siendo despedazado por las sacerdotisas de su madre/hermana/hija/esposa es un eco de lo que el huérfano Devin sentirá respecto a diferentes personajes femeninos de la obra.

La corte de Brandín es otro de esos ejemplos en los que se ve el potencial intrínseco de la novela a menor escala, con capítulos de emociones encontradas y traiciones de palacio. Mucha atención a la figura remarcable del bufón, que pone los pelos de punta, puesto que el bufón de un rey-hechicero ocupa una posición prominente en la corte.

Ilustración de Igor Kordey, artista de cómic croata, para Tigana
Ilustración de Igor Kordey, artista de cómic croata, para Tigana

Tigana me pareció dos novelas en una, de muy diferente calidad. La primera, la Tigana de Devin y los rebeldes, un tanto mediocre y lejana para el lector, en la que acción y personajes se desdibujan. La segunda, la Tigana de la corte de Brandín, mucho más humana y más trágica, que podría ser excelente si no llegara siempre como una interrupción del ritmo de la trama principal. Sin esta dualidad, Tigana podría haber sido una gran obra maestra del género. Y sin embargo, carece por igual de la moderna cercanía de personajes humanos y con defectos y de la grandiosidad clásica de dar prioridad a la trama respecto a los personajes.

Tigana transmite la sensación final de que, aunque Kay es un buen escritor con muchísimo que aportar a la literatura de género, la novela podría considerarse un experimento fallido. Pero ojo, que Tigana no cautive no impide que esté bien escrita: incluso en su “mediocridad”, Tigana es muy superior a la mayoría de obras fantásticas del mercado. Es decir, sin duda Guy Gavriel Kay merece una segunda (e incluso una tercera) oportunidad. Leería con mucho gusto otra novela ambientada en ese mundo, pero arreglando todo aquello en lo que Tigana falla.

[xrr rating=2.5/5]

Traductora y asidua a bibliotecas. La ficción me entra mejor con sagas familiares, cabezología, juegos de palabras y relatos de venganza. Disfruto al leer fantasía épica, ver ciencia ficción, rolear fantasía urbana y escribir realismo mágico.

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