Crítica de Gravity

Gravity

Después de pasearse de manera triunfal de la mano de su director, Alfonso Cuarón, por los festivales de Toronto, Venecia y San Sebastián, este fin de semana recibiremos en nuestras carteleras a ‘Gravity’, una obra calificada por el mismísimo James Cameron como la mejor película sobre el espacio jamás realizada. Y después de disfrutar de este ‘tour de force’ espacial protagonizado por Sandra Bullock y George Clooney, uno no puede más que darle la razón al realizador de ‘Avatar’ e incluso sugerirle que vaya un paso más adelante con su valoración e incluya a ‘Gravity’ entre las mejores películas de cualquier género jamás filmadas. Hay incontables motivos para afirmarlo sin paliativos y sin ningún atisbo de timidez al hacerlo.

He leído varias referencias al film que inciden con error (para mi criterio) en que el último film de Cuarón es un buen ejemplo de ciencia-ficción. No es que yo tenga algo particularmente en contra de la inclusión de la obra que nos ocupa dentro de lo que sin duda es uno de mis géneros cinematográficos favoritos, pero la exploración espacial que sirve como base al film dejó de ser ciencia-ficción para convertirse en algo tangible y real en el preciso instante en el que el astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio en Abril de 1961. Si nos atenemos a la definición más extendida y aceptada del término ‘ciencia-ficción’ ésta nos dice que es un “género que relata acontecimientos posibles desarrollados en un marco puramente imaginario” y precisamente uno de los muchos aciertos de ‘Gravity’ es la capacidad de crear en el espectador una firme certeza de que la situación extrema narrada que da pie a la trama podría ser perfectamente real (y por tanto no pertenecer a un “marco imaginario”) y conseguir así que parte de la angustia vivida por los protagonistas traspase la pantalla y llegue de una manera directa a la audiencia para alcanzar en ella un nivel de inmersión en la historia pocas veces visto con anterioridad.

Gravity

La película, escrita a cuatro manos por Cuarón y su hijo Jonás, comienza mostrándonos las labores de mantenimiento en el espacio del telescopio Hubble llevadas a cabo por la especialista Ryan Stone (Sandra Bullock) en la que es su primera misión en el espacio formando parte de un equipo de la NASA. Debido a un inesperado desastre que acaba destruyendo el transbordador espacial del equipo, Stone y el comandante de misión Matt Kowalsky (George Clooney) quedan incomunicados y vagando en la oscuridad del espacio incapaces de encontrar una solución que les permita volver a casa. A cada minuto el oxigeno disminuye, a cada segundo están más cerca de la muerte.

Lo que en el inicio de la gestación del proyecto fue para los Cuarón un film de bajo presupuesto acabo contando con un coste estimado de ochenta millones de dólares, algo necesario para lograr la increíble sensación de verosimilitud que alcanza el film y que nos convence de estar viendo imágenes reales procedentes de una misión espacial real. En este bien medido ejercicio de ofrecer algo creíble, pese a la temática y las situaciones narradas en el argumento, tiene mucho peso la cuidada labor de dirección ofrecida por Cuarón, que utiliza uno de sus planos secuencia ‘marca de la casa’ de 16 minutos en el inicio del film para adelantarnos el tono “real” que mantendrá la película y que invita de una manera muy loable al espectador a no conformarse con disfrutar la obra si no también a sentirse parte de ella, a implicarse emocionalmente con los personajes y a acompañarlos en su desesperación y angustia. A ello también contribuyen los inspirados trabajos de Clooney y sobre todo de Bullock, a la que el realizador de ‘Y tu mamá también‘ regala un “caramelo” de personaje (muy en la línea de los sufridos protagonistas de otras obras de Cuarón) que termina convirtiéndose en la mejor interpretación de la actriz hasta la fecha.

Gravity

En ese propósito de lograr la máxima implicación del público en la historia también juega un importantísimo papel la genial utilización de la cámara subjetiva, que nos pone en el punto de vista de la protagonista y nos permite disfrutar de un soberbio 3D (se nota la mano de Cameron como asesor en el film) que devuelve la confianza en el formato a todos aquellos que empezamos a sentirnos cansados de tanto efecto estereoscopio falso y solo recaudatorio. En ‘Gravity’ el 3D no solo ayuda a disfrutar de la película, si no que se hace indispensable para poder captar todas las virtudes del film de la manera que han ideado sus creadores.

La música del largometraje, creada por Steven Price, es tan desgarradora como efectiva. Perfectamente integrada en la película y cumple con creces su función de resaltar los momentos de más tensión.

‘Gravity’ es una película excelente, con una realización solvente y de calidad, con una magnífica (y muy sorprendente) interpretación de su dueto protagonista y que logra hacer partícipe al espectador de todo lo que se muestra en pantalla gracias a un logrado 3D y a unos efectos visuales al servicio de la historia y no al contrario, algo que desgraciadamente no es habitual.

Maravillosa, inteligente, cuidada y deliciosamente asombrosa. ¿Se le puede pedir algo más a una película?

[xrr rating=5/5]

Escrito por Adolfo Saro

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