Crítica de ‘Turbo’

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Con ‘Turbo’, Dreamworks Animation continúa exprimiendo las fórmulas típicas y exitosas que pueblan el grueso de las producciones infantiles de animación que llegan a los cines. En esta ocasión, la productora fundada por Steven Spielberg nos plantea una nueva aventura protagonizada por animales con conducta e inteligencia humanas (un concepto que parece ser muy atractivo para los niños y que tan buenos resultados le dio a la productora en cintas como ‘Hormigaz’ o ‘El Espantatiburones’) y aderezada con una historia de superación y aprendizaje personal en la línea de películas del género como la sobrevalorada ‘Cars’ o la brillante ‘Cómo entrenar a tu dragón’.

La historia nos narra la rutina diaria de Theo, un  soñador caracol de jardín, seguidor de las carreras automovilísticas y obsesionado con la velocidad pese a su lenta naturaleza, que vive una tediosa existencia como recolector de tomates en un pequeño huerto. Pese a la insistencia de su hermano Chet y del resto de su comuna para que abandone sus ridículas ilusiones velocistas y se centre en su labor diaria, Theo tiene la determinación necesaria para demostrar que no es un caracol común. Sus aspiraciones se verán cumplidas gracias a un inesperado accidente que le otorga la velocidad propia de un coche de carreras. Después de adoptar el muy apropiado sobrenombre de ‘Turbo’ y contando con la ayuda de unos nuevos amigos humanos, ve cómo su sueño de correr en las quinientas millas de Indianápolis puede hacerse realidad.

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‘Turbo’ no deja de ser una más de las numerosas propuestas de su género que los grandes estudios nos ofrecen. Pero aun sin sorprender en nada, quizás tan solo con el inesperado carisma de su personaje protagonista, la película cumple sobradamente con su intención de ofrecer un digno pasatiempo. Si bien es cierto que a lo largo del metraje el espectador no dejará de sentir una asentada certeza de que lo que sucede en la historia ya ha pasado miles de veces ante su retina con anterioridad, hay algo en la factura de ‘Turbo’ que termina por convertirla en una obra divertida y reivindicable. Puede que la historia adolezca de cierta simpleza, incluso para las expectativas de los infantes que forman el público primordial para el que se ha creado el film, pero los acertados momentos cómicos (perfectamente disfrutables para los adultos incluso, os puedo asegurar que nunca he oído en un pase de prensa de un largometraje infantil tanta carcajada en la sala) y la lograda emoción que se transmite durante el último acto del film, aun con el previsible final (el dictado por las normas no escritas de este tipo de producciones),  logran generar cierto interés en el espectador.

También es un remarcable acierto la forma de mostrarnos cómo Turbo logra adquirir sus extraordinarios poderes, en una secuencia que bebe directamente de la “fórmula Marvel” en la que un individuo adquiere capacidades sobrehumanas después de pasar por un rocambolesco y grave accidente que, lejos de acabar con su vida como sería esperable, le otorga tales dones. Incluso se intuye en la escena de la transformación un guiño a la forma en la que Sam Raimi plasmó esa secuencia en su ‘Spider-man’.

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El apartado técnico se mantiene en la pulcra línea que Dreamworks establece en sus producciones, con unos personajes de diseño sencillo pero efectivo y unos fondos y escenarios repletos de detalle y calidad. La carrera final en Indianápolis es el mejor ejemplo de este punto y nos sorprendemos con un excelente trabajo de los animadores que nos muestra lo que perfectamente podría pasar en muchos momentos por una competición automovilística real. Los avances en el campo de la animación no dejan de sorprendernos título a título y ‘Turbo’ es un ejemplo más de las cotas de excelencia que el sector esta logrando en cuanto a espectacularidad visual y factura técnica. Sin aportar nada al film, el 3D puede resultar recomendable para disfrutar más de ciertos pasajes de la cinta, pero no es ni mucho menos indispensable como sí lo es en otros largometrajes.

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La versión en inglés cuenta con las voces de reconocidos actores como Ryan Reynolds, Paul Giamatti, Luis Guzmán, Michelle Rodriguez o Samuel L. Jackson. En la versión española, que fue la que pude disfrutar en Fox el pasado viernes, se han respetado las voces habituales en nuestro país de la mayoría de esos actores y se agradece sinceramente que Fox España continué en la buena senda, al igual que con ‘Epic’, de contar con profesionales del doblaje y no con famosos del momento o personalidades deportivas para dar voz a los personajes de sus producciones animadas. Tiemblo al pensar lo que habría sucedido si algún directivo lumbreras hubiera decidido dar unos “takes” a Fernando Alonso en la película animado por la temática de la misma. Ya vimos cómo su breve intervención empañó el doblaje de ‘Cars’.

‘Turbo’ no es en definitiva una obra maestra de la animación como si lo es el antes mencionado ‘Cómo entrenar a tu Dragón’, otro film de Dreamworks, pero sí es una satisfactoria carta de presentación en el sector del largometraje para su director, David Soren, que hasta la fecha tan solo había dirigido dos cortometrajes ambientados en el universo de ‘Madagascar’ aunque su nombre lleva años ligado a las producciones animadas digitales. Se trata de una película sencilla, poco original y muy previsible, pero que gracias a su excelente comicidad y al carisma de su protagonista puede hacernos pasar, si entendemos lo que vamos a ver, un rato muy agradable. A veces es bueno plantarse ante un entretenimiento ligero como ‘Turbo’ y dejar de lado las exigencias cinéfilas para disfrutar sin complejos de una horita y media de pulcra diversión. Además… ¿cuándo fue la última vez que visteis a un caracol competir en Indianápolis al ritmo del ‘Eye of the tiger’ de los Survivor?.

[xrr rating=3/5]

Escrito por Adolfo Saro

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