La Patrulla-X: Los Años Perdidos

La Patrulla-X: Los años perdidos, por Byrne, Palmer y Wright. Edición Extra Superhéroes de Panini
La Patrulla-X: Los años perdidos, por Byrne, Palmer y Wright. Edición Extra Superhéroes de Panini

Hablar de John Byrne en relación a La Patrulla-X son palabras mayores. No sólo porque el dibujante y guionista sea una leyenda viva del comic USA, habiendo dibujado con asombrosa calidad y un estilo perfectamente definido a personajes de la talla del Capitán América, crear una colección fabulosa a partir de la nada como Alpha Flight, haber relanzado exitosamente a Superman o firmar una de las más brillantes etapas (que aún hoy se muestra como difícilmente superable) en Los Cuatro Fantásticos. No. John Byrne, es, en parte quién es debido a su estancia durante un buen puñado de números en la colección que definiría a partir de entonces el devenir de los mutantes, es decir, La Patrulla-X (The Uncanny X-men) de Chris Claremont.

Es de sobra conocido por todos que el tandem Claremont-Byrne (a la sazón guionista y coargumentista/dibujante), sin querer menospreciar el enorme talento de Terry Austin como entintador, forjaron la mejor etapa de todos los tiempos en la familia mutante, convirtiendo una colección que empezaba tímidamente a despegar tras estar prácticamente moribunda durante años en una de las más seguidas y vendidas. La aportación de Byrne no fue, desde luego, menor. Al margen de aportar un dibujo vibrante y de ser un magnífico narrador, su labor como coargumentista (con mucho peso) permitió a personajes como Lobezno crecer exponencialmente hasta ser el miembro más popular de la extraña banda internacional de mutantes en que se había convertido La Patrulla-X. Sin duda, el enorme logro de la pareja ha sido, visto en perspectiva, el poder aunar una creatividad y calidad artística sublime con un gran respaldo en las ventas. No siempre fue así.

La Patrulla-X original, dibujada por Jack Kirby
La Patrulla-X original, dibujada por Jack Kirby

Ya desde los tiempos fundacionales de Stan Lee y Jack Kirby, La Patrulla-X fue una colección inestable. A pesar del gran trabajo gráfico de El Rey, los guiones no resultaban tan atrayentes como los de Los Vengadores o Los Cuatro Fantásticos, repitiendo con cierta frecuencia el esquema “aparece un mutante y la Patrulla-X lo visita/combate intentando que no se una a Magneto”. La simpleza de sus esquemas (teniendo como máximo exponente la autodenominación que se impone al grupo de Magneto, La Hermandad de Mutantes Diabólicos, nombre más bien ridículo) y las dificultades para que el lector se viera reflejado en estos jóvenes talentos que residían en la Escuela de Xavier marcaron a una colección que aguantaría el tipo, aún sin destacar en ventas, hasta el abandono de Kirby. La descomposición de la serie comenzaría poco después, hasta que Stan Lee encargó a Roy Thomas, su “chico para todo”, que hiciera lo que pudiera con una colección que en aquellos momentos no vendía absolutamente nada. Pocos números después de que Thomas comenzara a escribir se le uniría a los lápices uno de los mejores talentos que ha tenido la industria del cómic: Neal Adams. Como tantas veces ha ocurrido en La Casa de las Ideas, la libertad creativa que proporcionó una colección al borde del abismo a autores de talento acaba conformando una etapa para el recuerdo; así es en el caso que nos ocupa. Si bien los guiones de Thomas mejoraban el tono general de las aventuras, no eran algo especialmente destacable, sobre todo por la nula capacidad para recrear la personalidad individual de los personajes más allá de los tópicos establecidos desde Lee: Cíclope como el líder circunspecto; el Ángel y el Hombre de Hielo como los jóvenes impulsivos; la Bestia, insufrible con sus largos monólogos y la Chica Maravillosa como un bonito florero con el que no sabían muy bien qué hacer. Lo que sí es absolutamente sobresaliente es el dibujo de Neal Adams, innovando en todos los sentidos y participando, gracias al “método Marvel“, en la narración de las historias. Sólo cuando Adams se incorporó la colección despegó absolutamente desde un punto de vista artístico, pero no así en ventas, en parte debido al sistema de medición de ventas de entonces que, según parece, no supo recoger el aumento de lectores a tiempo. Así las cosas, a pesar de constituir uno de los referentes visuales del comics USA, el The X-men #66 USA fue el último número que se publicó de la colección en que se narraban aventuras nuevas de la Patrulla. A partir de entonces, se publicaron reediciones hasta el archiconocido Giant Size The X-Men #1 USA, en el que Len Wein y David Cockrum traían de vuelta a una renovada Patrulla-X. Lo que nos lleva de vuelta a Claremont y a Byrne, sustitutos de los anteriores y que elevaron la colección a lo más alto del Olimpo comiquero con el tratamiento de personajes, la puesta en valor de Lobezno o Mente Maestra y sagas como la de Fénix Oscura o Días de un Futuro Pasado.

Algunos de los mejores momentos de Byrne en Uncanny X-men y homenajes a la portada de DUFP

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Quizá por eso, cuando en 1999 Byrne le comentó a Bob Harras (por entonces Director Editorial de Marvel) que quería escribir una serie que abarcara el periodo entre el The X-men#66 y el Giant Size The X-Men #1, éste aceptó tan arriesgada propuesta. Sin embargo, hay que contextualizar adecuadamente el momento artístico de Byrne y la situación editorial de Marvel hace más de una década, porque ni Byrne era el de los tiempos de Claremont (ni siquiera el de los tiempos de Vengadores Costa Oeste) y la colección de la que se iba a encargar, esta vez como guionista y dibujante no era, ni mucho menos, puntera; más bien un producto menor para lectores nostálgicos. Lo cual no tenía porqué ser malo, ya que le daría a Byrne la libertad creativa que necesitaba. Así arrancaba La Patrulla-X: Los Años Perdidos, siguiendo la estela de Las Historias Jamás Contadas de Spiderman.

Ilustración de John Byrne, que ya había dibujado y mostrado interés en La Patrulla-X original
Ilustración de John Byrne, que ya había dibujado y mostrado interés en La Patrulla-X original

Byrne retoma la historia justo donde lo dejó Thomas en el #66 USA, con un Charles Xavier recién recuperado del coma producido al enfrentarse a la invasión Z’Nox, tomando como referencia absoluta la etapa a la que antes hacíamos referencia. El afán por asemejarse a lo definido por Thomas y Adams es evidente y el esfuerzo que hace Byrne es notabilísimo, pero lo que podía ser un gran homenaje y un guiño a los veteranos es, sin duda, un arma de doble filo.

Por un lado, en cuanto al argumento, Los Años Perdidos sufre de una cierta esquizofrenia que le lleva a perder de vista cuál es su público objetivo. Continúa la trama dando por hecho que el lector conoce (e incluso admira) la etapa a la que referencia, aunque incluya pequeños remakes de lo publicado en los 70 para situar al que esté desubicado (pero que no conseguirán ubicarle, salvo que, como decíamos, se trate de un lector veterano); pero al mismo tiempo, visita lugares comunes y recientes de la etapa Thomas-Adams, como Magneto en la Tierra Salvaje, los Centinelas… con lo que el lector desconocedor de la etapa clásica no podrá disfrutar plenamente por ignorar el contexto y lo acontecido anteriormente con cierto detalle y el lector veterano sentirá que vuelve a ver la misma película, aunque esta vez dibujada por Byrne. Ahora bien, no todo es repetición, pero allá donde Byrne no toma prestado situaciones, estructuras y paisajes, naufraga introduciendo personajes poco carismáticos o forzando apariciones de personajes X únicamente válidas en un contexto fan service.

Portadas y páginas interiores de The X-men, por Neal Adams

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Por otro lado,  los diálogos suenan pretendidamente anticuados. La pluma de Thomas era adecuada y notable en el momento de la publicación de los números clásicos, pero ese estilo de dialogar personajes ha quedado ampliamente superado por el tiempo, por pretencioso y poco relacionado con el hablar normal de personas normales, por muy mutantes que sean.  A todo el mundo le suena a viejo que el Ángel proteste una orden de Cíclope señalando que éste no puede hablar así a alguien que “se llamaba a sí mismo El Ángel Vengador”. El logro de Byrne en lo que tiene que ver con la emulación de esa forma de escribir los diálogos es magnífico; a cambio, Los Años Perdidos es un comic duro de leer, habiendo envejecido demasiado antes incluso de ser publicado. Debía quizá haber tratado de mantener la esencia clásica de los personajes pero habiendo retocado, al menos, los diálogos, aunque fuera por cambiar la percepción que dan sus guiones de viejo a añejo, que no es lo mismo.

;agneto en la Tierra Salvaje
Magneto en la Tierra Salvaje

Otro elemento alterado con la intención de emular la etapa precedente (argumentalmente hablando) es el dibujo. Sin perjuicio del hecho de que Byrne ya no estaba en la forma en que estaba antaño, todavía tenía un buen nivel. Lo disonante es el efecto que en sus lápices provoca el entintado de Tom Palmer, quien pusiera las tintas a Adams en la etapa clásica. El problema es que Tom Palmer, leyenda viviente en la colección de Los Vengadores, tiene un estilo muy marcado, tanto que consigue que dibujantes de estilos dispares acaben asemejándose mucho. Palmer, como Klaus Janson, sólo es apto para determinados artistas. A Byrne, por descontado, no le favorece.  Al final, el intento de ser un Byrne que quiere parecer Neal Adams sale, en ocasiones, muy mal. A esto hay que agregar, por enésima ocasión, otra decisión perjudicial a la calidad del trabajo de Byrne, que es la intención del canadiense de dibujar a personajes invitados como, en esos tiempos, eran dibujados y no como realmente los plasmaría. Así por ejemplo, como podemos ver en la galería siguiente, Byrne dibuja a Los Cuatro Fantásticos (con la ayuda en las tintas de Joe Sinnott) con un estilo a caballo entre Kirby y Rich Buckler, ambos dibujantes de la Primera Familia de Marvel. Es algo absolutamente buscado, pero no por ello es más problemático, al insertarse elementos kirbyescos en un contexto netamente byrneano. Para rizar el rizo, en el #22 USA modifica de nuevo el trazo asemejando más al cuarteto fantástico al suyo propio que al de Kirby y Buckler, pero sin ser tampoco el esperable de Byrne, al enmascarar el dibujo el entintado de Palmer.

Cambios en el dibujo de John Byrne

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Estamos, por tanto, ante una obra concebida y desarrollada por Byrne con mucho cariño por los personajes y mucho más respeto por los autores precedentes e incluso posteriores, porque apenas introduce elementos nuevos mediante la retrocontinuidad en la que trabaja. Pero ese respeto es quizá malentendido por el canadiense que hace un quiero y no puedo de simulación de una etapa que brilló en su momento, de la que rescata algunas de sus virtudes pero todos sus defectos. Si eso lo traducimos en la poca relevancia de las historias que narra, la poca fluidez con que discurren las tramas, los diálogos con sonoridad propia de los años 70 y un dibujo irregular, no podemos sino decir que es una obra difícil; dificultad que tampoco es recompensada con una historia interesante o profunda, haciendo prácticamente el esfuerzo vano e insatisfactorio. Un tomo sólo apto para aquellos que disfrutaron enormemente de la etapa clásica de Thomas y Adams y estén dispuestos a perdonar todos los desaciertos antedichos con tal de poder leer más aventuras de La Patrulla-X propias de otros tiempos más simples. Ellos sí podrán disfrutar plenamente deun tomo cargado de cariño y mimo por parte de un autor que ya no brillaba como en tiempos pretéritos.

[xrr rating=2/5]

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