[Sitges 2013] Y eso es to- eso es to- eso es todo, amigos

Esta no será una crítica ni un artículo del tipo al que os tenemos acostumbrados últimamente. Cuando hace un par de semanas nos sentamos a discutir que enfoque queríamos darle a la cobertura de Sitges 2013, acordamos que había demasiado material como para estar pendiente de un corrector y un editor que revisasen el artículo antes de publicarlo, así que durante estos días he tenido libertad total para publicar lo que he querido a la hora que fuese.

Es decir, que ahora mismo podría poner un taco y probablemente pasarían varios días hasta que Jon Sedano asomase su cabeza pidiendo la mía sobre una bandeja. ¿Que haga una prueba? No es necesario, pero sí que voy a escribir un artículo relatando mis experiencias personales a lo largo de los diez días que ha durado el Festival de cine fantástico. Algo más cercano, como lo que hacíamos al principio, y más alejado del “querido lector” que usamos últimamente.

Un bonito amanecer en Sitges, "ventaja" de tener una película a las 8 de la mañana
Un bonito amanecer en Sitges, “ventaja” de tener una película a las 8 de la mañana

Y creedme que esta introducción no es gratuita. Prácticamente cada día durante mi estancia en Sitges echaba la vista atrás y veía lo mucho que ha cambiado la web, desde que era un blog creado entre dos amigos hasta que decidieron coger a alguien de la otra punta del país que no conocían de nada (ese soy yo), a la cantidad de nuevos redactores que somos hoy en día y el enfoque más serio que damos a las noticias y reseñas. Y tras ese pensamiento siempre llegaba a la misma respuesta: yo no siento que haya cambiado nada. Seguimos (sigo) siendo unos novatos en muchas cosas, y algunas de ellas habituales para medio mundo hemos tenido que ir descubriéndolas por nosotros mismos a base de golpes y meteduras de pata. Y la cobertura de Sitges 2013 no ha sido muy diferente.

Tras una costosa preparación el festival arrancó el 11 de octubre, y ahí estaba yo al salir de mi trabajo a las siete de la tarde, con mi camisa y mi cámara de fotos prestada en la estación de tren esperando el que me llevase a la ciudad catalana, en la que nunca antes había estado. Muchos nervios porque eran muchas las cosas que podían salir mal, empezando por la más importante: no tenía ni idea de lo que debía hacer nada más llegar ni a donde ir. Al ser la primera vez que servidor cubría esta clase de eventos, no tenía ni idea de donde debía recoger mi acreditación, ni cómo funcionaba esta. El día antes en la web del festival se habían colgado unas invitaciones a las películas y la mayoría estaban agotadas a los pocos minutos, únicamente pude conseguir una para Grand Piano, algo que ya me valía pues se trataba de uno de los films más importantes del Festival. Gracias a una amiga con buenos contactos pronto descubrí que tenía que dirigirme al Hotel Meliá, que ahí estaba ubicado todo el grueso de la organización. Cuando llegué me estuvieron llevando de aquí para allá pero finalmente lo conseguí: mi pase de prensa.

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Todavía quedaban muchas incógnitas, como por ejemplo averiguar cómo conseguir entrar a la mayor cantidad de películas posibles, especialmente a la lista que había elaborado días antes. Las invitaciones vía web para los dos días siguientes se habían agotado ya, aunque por suerte tenía otros planes por lo que importaba menos. En ese momento estaba eufórico: paseando por las calles de la ciudad poco a poco me iba enamorando del lugar, y así, a las nueve de la noche me senté en una terracita a cenar, con buenas vistas al mar y a las tiendas de merchandasing. Y oye, me gustaba mucho todo.

Luego vino el pase de la película, cuya crítica podéis leer aquí, con la sorpresa (aunque me la esperaba) de contar con el actor Elijah Wood entre nosotros. Ese pequeño instante se convirtió en el más satisfactorio de mi etapa en la web, pero por suerte los próximos días estarían llenos de momentos así.

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Sitges está llena de simpáticos gatos callejeros

Al día siguiente mi objetivo era ignorar las películas (que remedio, las invitaciones se agotaban nada más colgarse en la web) y centrarme en la Zombie Walk, además de reunirme con varios redactores de La casa de El que habían decidido ir ese día también a Sitges y a los que no conocía en persona todavía. Y es que eso es algo importante, ponerle cara a la gente, así cuando los maldices online pues es más satisfactorio porque te imaginas sus expresiones. Pero tengo que decir que eso es algo que no ha sido necesario hasta el momento, y que disfruté de una buena tarde rodeado de buenos compañeros que me recordaron el buen equipo de gente entregada que tenemos aquí, en la web.

Los días pasaban y mi descontento aumentaba… no conseguía ninguna invitación para acceder a los pases de películas, y me limitaba a dar vueltas por la ciudad sacando fotos a los gatos y las gaviotas. Planteándome recogerlo todo y volver a casa, me dirigí al mostrador de información y ahí se hizo la luz. Una chica muy amable me explicó por fin para que servía la acreditación, me entregó una lista con todas las películas a las que podía acceder únicamente enseñándola, además de explicarme que las invitaciones eran para el resto de películas que no estaban incluidas.

Sintiéndome como un tonto por los días perdidos, elaboré una nueva lista de películas que podía creer interesantes de reseñar, además de modificar mi planning inicial. Un desastre todo, pero bueno, con lo que quedaba intenté hacerlo lo mejor posible. Ya el resto de días fueron rodados, entrando a casi todas partes enseñando mi acreditación como si fuera del FBI y llegando a convertirlo en un juego. Eso sí, tardé dos días más en descubrir que muchas veces había dos colas, una de ellas especiales para prensa. Lo dicho, errores de novato.

La ciudad catalana se entrega por completo al festival
La ciudad catalana se entrega por completo al festival

Así que aquí estamos, con el festival finalizado, la sensación de que podría haber ido todo mejor y convencido de que si el año que viene repetimos todo irá, esta vez sí, sobre ruedas. A pesar de todo me llevo una muy grata impresión del Festival, pero sobre todo de la ciudad. En la presentación un periodista le preguntó a Ángel Sala, director del festival, si se habían planteado trasladar parte de las proyecciones y eventos a Barcelona para facilitar el acceso a aquellos que es un inconveniente el trasladarse a Sitges, a lo que le contestó que aunque no lo descartaban, la gracia del Festival era hacerlo en la propia ciudad de Sitges. Y tuve que estar ahí y pasear por sus calles para entenderlo: la ciudad entera se vuelva por completo en el Festival como si de un gran disfraz se tratase, y estés donde estés todo te recuerda al cine y a lo que durante estos días se está celebrando ahí, además de ser una ciudad encantadora y muy bonita.

Y también agradecer evidentemente a los organizadores del Festival. Y esto es importante, ojo, porque de no haber sido por ellos mi impresión general sería muy distinta, pero tras casi diez días en ningún momento he tenido el más mínimo problema o inconveniente con alguno de ellos, al contrario, sus atenciones y explicaciones me han sacado más de una vez de un apuro, siempre abiertos a toda clase de preguntas. Me acuerdo de muchos de ellos, desde la chica con el pelo rizado y largo, casi a lo afro, que fue la que me explicó el funcionamiento de la acreditación y que por lo tanto arrojó luz a mi vida, al chico que durante varios días contaba a quien quisiera escucharle la película Open Grave, supongo que le gustó tanto como a mí. Pero sobre todo, si se da la casualidad de que alguno de ellos lee esto (cosa que dudo), quiero agradecer a la chica que tras ver mi cara de pena apareció con una entrada para ver The Wind Rises, Paula. En ese momento me quedé sin palabras porque no me lo esperaba y ya me había dado por vencido, así que siento no haber sabido agradecérselo suficiente, pero ese fue el mejor momento de todo el festival: no las películas, ni ver a gente conocida de Hollywood y el cine, no. Que una chica que no me conocía de nada decidiese regalarme una entrada a una de las películas más esperadas solo por la ilusión que me hacía.

Te das cuenta de que estás rodeado de desconocidos pero que no lo son tanto, que todos compartimos la misma pasión por el cine y que de eso trata el Festival de Cine Fantástico de Sitges: una fiesta del cine.

Cuentista. Aficionado a muchas cosas, experto en pocas. Quizá algún día la suerte esté de mi lado y engatuse alguna editorial para que me paguen por una de las cosas que más me gusta: escribir. De momento lo hago gratis, pero las donaciones en forma de patatas fritas y un helado ocasional se agradecen.

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