Análisis de Batman: Arkham Origins

Batman Arkham Origins
Batman Arkham Origins

¿Qué clase de monstruo te obliga a matar un ser querido?

Hacer un videojuego de un superhéroe no es fácil. Muy pocos pueden presumir de contar con un juego a la altura de sus cómics o películas, cuando no directamente llevan años sufriendo por conseguir una fórmula divertida y funcional (que se lo digan a Superman). En la época de las máquinas arcades era más o menos sencillo conseguirlo, copiando hasta la extenuación el patrón del Beat’em up en el que sencillamente cambiabas el personaje principal por el protagonista de turno, y desde entonces poco más a destacar, hasta que muchos años después saliese a la venta Spider-man 2. Un juego basado en una película que sorprendió a los jugadores pero sobre todo a la crítica, demostrando que la clave para seguir presentes en el mundo de los videojuegos pasaba por adaptar la jugabilidad al personaje en sí. Por eso el entorno sandbox le sentaba como un guante a Peter Parker y que muchos intentaron copiar sin éxito.

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De nuevo tuvieron que pasar varios años hasta volver a experimentar otra vez una grata sorpresa, esta vez de de mano de Batman, alguien que gozaba de buenos videojuegos a sus espaldas pero que necesitaba encontrar su fórmula y género del mismo modo que lo hiciera el trepamuros. Y sin película que lo apoyase (al menos no directamente, pues en cartelera estaba El caballero oscuro) salió a la venta Batman: Arkham Asylum. Y decimos que es una grata sorpresa pues aunque con cada noticia dejaba ver que se trataba de un juego de mucha calidad, nadie esperaba que contase con un argumento tan interesante, una jugabilidad divertida y una ambientación más que correcta captando a la perfección los personajes y escenarios del universo de Batman. Con semejante éxito era cuestión de tiempo que “la sorpresa” se convirtiese en saga, siendo la continuación Batman: Arkham City, un juego con la simple premisa de ofrecernos “más y mejor”, cambiando el escenario por uno más grande y aumentando el número de supervillanos a los que debíamos plantar cara. Con un desenlace en su argumento que se convertía en su propia maldición, el único paso a seguir si se quería mantener uno de los pilares de su encanto (la interacción entre Batman y El Joker) era realizar una precuela, una suerte de Año Uno en el que nos contasen los primeros pasos de Batman bajo la capucha, y de cómo se inició una compleja relación entre dos de los personajes ficticios más populares de la historia.

El argumento es, en un principio, simple. Batman lleva un tiempo en activo, por lo que los principales líderes mafiosos empiezan a movilizarse. Máscara Negra es el primero en mover ficha de manera más ambiciosa: ofrece una recompensa de cincuenta millones de dólares para aquel que mate al Murciélago, contratando para ello a seis asesinos. Así durante el juego deberemos buscar a Máscara Negra para “cancelar la oferta”, mientras nos enfrentamos por primera vez (cronológicamente hablando, se entiende) a personajes como Bane, El Pingüino, Enigma… y por supuesto El Joker.

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Miento. He dicho que la historia es simple, pero en realidad esconde un par de giros impresionantes y muy bien llevados, siendo el primero de ellos el que nos dejará con la boca abierta siempre y cuando no hayamos prestado mucha atención, pues las pistas estaban ahí. Se convierte pues en un juego que se disfruta al máximo sabiendo lo mínimo posible sobre su historia, aunque no solo por lo bien llevada que es esta, si no porque el resto de apartados deja bastante que desear.

La jugabilidad se mantiene intacta de las dos entregas anteriores. De ese modo, aquellos que ya hayan jugado a un juego de la saga Arkham pronto se harán con el control pues las novedades se antojan escasas salvo un par de herramientas nuevas para Batman (que no dejan de ser variedades de algunas ya existentes). La ciudad que recorremos es el doble de grande que en Arkham City, literalmente hablando: dos islas, una de las cuales es la misma que en City aunque al tratarse de una precuela se encuentra en mucho mejor estado y algunas de sus zonas parecen totalmente nuevas, mientras que la otra forma se siente como una extensión. Se crea así una sensación de estar ante una ciudad muy bien recreada y buena ambientación pero que no sorprende y en cuestión de poco tiempo empieza incluso a aburrir, haciendo que nos decantemos pronto por la opción de traslado automático y evitar así los encuentros contra los repetitivos y genéricos matones que inundan Gotham.

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El juego cuenta con los tradicionales modos de juego de desafío Depredador y Combate, exactamente igual a los que ya jugábamos en Asylum, aunque su número se ha multiplicado siendo conscientes por parte de Warner de que se trata de un modo en el que es fácil sacar un dinero extra al sufrido consumidor. Incluye del mismo modo un modo Online en el que encarnaremos a o bien unos matones genéricos o a Batman y Robin, en los clásicos modos de juego tradicionales como captura de objetivo, deatmatch y demás. Una idea que deja constantemente la sensación de tratarse de un añadido, y en el que además se hace difícil encontrar gente jugando según la hora a la que lo intentes, algo muy decepcionante siendo conscientes de que estamos hablando de un juego publicado hace dos semanas.

Técnicamente es un despropósito. El apartado gráfico es el mismo que en City, con las animaciones más fluidas pero poco más, aunque tampoco se esperaba una revolución en este campo pues ya era un juego más que correcto en ese sentido. Lamentablemente lo que no se puede justificar son las numerosas ralentizaciones que nos tocará sufrir de manera aleatoria cuando iniciamos un combate contra muchos enemigos o en zonas muy abiertas, y que una vez empiezan la única solución pasa por reiniciar el juego.

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Hola, soy un edificio a medio cargar

Y es que los bugs están más que presentes en Batman: Arkham Origins. Por poner un ejemplo, en última partida antes de empezar a escribir este análisis hemos tenido que reiniciar el juego dos veces, una de ellas incluso teniendo que volver al dashboard de nuestra Playstation 3 y cargar de nuevo el juego. En una ocasión en medio de un combate ni Batman ni nuestros enemigos hacían nada más que andar mientras mantenían la posición de pelea, pero nada más: pulsáramos el botón que pulsáramos nada ocurría en el juego, y los matones tampoco hacían nada salvo increparnos y moverse a nuestro alrededor. Otro de los fallos ha sido que el edificio al que debíamos dirigirnos no terminaba de cargar, y si intentábamos escalarlo simplemente lo atravesábamos, con lo cual la misión no empezaba.

El apartado sonoro es el único que se salva. La música sigue el tono de las dos anteriores entregas, mientras que las voces cuentan con un cambio de actores en la versión original. En la versión doblada por suerte seguimos disfrutando de las mismas voces, con Claudio Serrano como un estupendo Batman y un increíble José Padilla, que demuestra una vez más que es uno de los mejores actores de doblaje de nuestro país, controlando y haciendo suyo un personaje tan complicado como lo es El Joker. A pesar de que las voces secundarias no están tan cuidadas como en el caso de estos dos, por lo general es un trabajo más que notable y con un buen nivel.

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Resumiendo, aunque cuenta con una mejor historia que Arkham City, se trata de un juego que por lo demás peca de continuista y plagado de graves bugs que en ocasiones lo hacen injugable. Si te gustaron Asylum y City probablemente quieras darle una oportunidad, pero por momentos da la sensación de ser un producto sin ambición alguna, confiando en vivir de su propio nombre (y sacar el máximo dinero posible con dlc’s de trajes y packs de mapas, como te recuerdan constantemente en todos los menús del juego), solo por eso recomendable cuando baje de precio o de segunda mano. Un mal cierre de lo que hasta ahora es la trilogía de Batman: Arkham.

[xrr rating=2.5/5]

Cuentista. Aficionado a muchas cosas, experto en pocas. Quizá algún día la suerte esté de mi lado y engatuse alguna editorial para que me paguen por una de las cosas que más me gusta: escribir. De momento lo hago gratis, pero las donaciones en forma de patatas fritas y un helado ocasional se agradecen.

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