Batman: Ciudad rota y otras historias

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Existe eso que se llama química. El encuentro aparentemente fortuito de dos autores que, en uno de esos extraños momentos de complicidad perfecta, convierten su obra en referente. Las estanterías se llenan de premios, sus oídos de aplausos, y sus nombres quedan escritos con letras de oro en la historia del medio. El encontronazo perfecto entre fondo y forma, la mezcla de factores que transforman una idea en la perfecta ejecución de talentos compartidos.

Se da en ocasiones contadas, esa química, esos momentos en lo que nos resultan inseparables los implicados, por la excelencia que resulta de la suma de las partes, por la experiencia definitiva que hemos vivido como lectores. El guionista perfecto para el dibujante perfecto y viceversa, un regalo para nosotros, devoradores de historietas. Ese es el caso de los protagonistas de hoy. Creo que con Brian Azzarello y Eduardo Risso sobran las presentaciones.

Ambos son autores de marcada personalidad, reconocibles e impactantes. Juntos, han decidido adentrarse en las sombras de un mundo podrido y sin esperanza, donde las bajas pasiones y las ansias de poder son los hilos en manos de descarnados marionetistas, a los que poco les importa las consecuencias que sus actos tienen sobre el común de los mortales. Juntos, definieron los estándares de la serie negra en el cómic americano gracias a “100 Balas”, recordada colección de la antigua linea Vertigo de DC. Azzarello dejaba claras sus preferencias dramáticas, y construía una historia sobre conspiraciones y venganza que, gracias a la mezcla de géneros y a su cuidado trasfondo y construcción de personajes, trascendía los clichés de la novela negra, y traducía al lenguaje del lector actual la parafernalia propia de las historias de crimen. Acompañado por Risso, que se enfrentaba a su primer trabajo de importancia en el mercado americano tras una larga carrera en Argentina, no dejó indiferente a nadie de los que se introdujeron en el sangriento viaje al que nos invitaba el escritor americano.

Pero todo viaje tiene su final, y había que plantearse el futuro dentro de la editorial, que, evidentemente, quería explotar el potencial de una pareja creativa en plena ebullición de popularidad. El problema es que ambos autores se mostraban bastante reacios a formar parte del colorido universo de héroes enmascarados de DC. Su idea de cómic se alejaba de los consabidos puntos autoreferenciales de los tipos en pijama combatientes del crimen. Pero siempre hay una excepción. De igual a qué género dediques tus esfuerzos, de donde vengan tus referencias, o qué espera el público de ti; me da la impresión de que no hay autor en este planeta que no sueñe con escribir a Batman.

Siempre de dice que Batman da mucho juego porque es más humano que el resto de los héroes clásicos. No tiene poderes, es menos imposible que seres poderosos llegados de las estrellas. Pero creo que, por encima de esa idea, está la capacidad de mutabilidad del propio personaje. Tras años de historia a sus espaldas, las interpretaciones acerca de su torturada psique han dado para que decenas de autores jueguen con alegría casi infantil con sus motivaciones y personalidad. Si bien es cierto que siempre existen una serie de constantes inalterables en el personaje, lo enorme de Batman es que permite que lo lleves a tu terreno.

Batman Risso

Azzarello y Risso aceptan el reto, y se escudan en la faceta más reconocible de Batman desde sus inicios, la del detective perspicaz e infalible, contexto ideal para que el escritor saque todo su arsenal narrativo, lleno de referencias a los clásicos como Raymond Chandler. Ciudad Rota, la primera de las historias recopiladas en este tomo, nos pasea por los callejones de Gotham, recreada con un extra de sordidez aplastante. La depresiva urbanidad que describen los autores pesa como un lastre en la vida de sus ciudadanos, empujados a convivir con la cara despreciable del ser humano. Azzarello se recrea al construir el ambiente reconocible de esas historias de detectives en blanco y negro del Hollywood clásico, en perfecta mezcla con la violencia desatada del justiciero que está por encima de la ley. Cómo no, tenemos una voz en off que nos arrastra a la melancolía destructiva de una noche lluviosa, escenario revelador con sabor a crimen. Los ingredientes son la búsqueda de un criminal de poca monta metido en una historia más grande de lo que pensaba, la eterna Fenme Fatale sin la cual no se sostiene una buena historia de detectives, el paseo habitual de pintorescos malosos que nutren los bajos fondos de Gotham, y la muerte de una familia que Batman se toma como algo personal.

El murciélago versión Azzarello es tan astuto como expeditivo, y no se corta a la hora de romper tibias para conseguir lo que busca. El escritor suelta la correa del personaje y lo transforma en el equivalente enmascarado de esos tipos duros con gabardina que pueblan la cultura popular. Como ellos, el caso se transforma en una cruzada obsesiva en la que su propia integridad física es puesta en peligro. Este Batman reparte nudillos como de costumbre, pero también recibe lo suyo; sangra, se rompe, acaba la historia con la cara hecha un mapa tras un intercambio de “impresiones” con la bestia parada de turno. Azzarello encuentra ahí el punto para entrar en la esencia de Batman: el símbolo está por encima del hombre que lleva la máscara. No importa el dolor, da igual el castigo. La idea vale más que los músculos agarrotados y la sangre que brota de un labio partido.

KILLER CROK BATMAN BROKEN CITYUna historia que deja un Batman muy cómodo en su papel de detective, la faceta de héroe urbano que vive en un mundo de blancos y negros morales, a pesar de la cantidad de tonos de gris que colorean la triste silueta de Gotham. Un viaje hacia un final demoledor, donde queda claro que no hay nadie inocente. Sorprendente por clásica, por el tratamiento inédito de algún villano clásico, por el alegre desparpajo de ambos creativos en un mundo de ética tambaleante.

El tomo recopila además el interesante punto de vista que Azzarello y Risso introdujeron en Flashpoint. Como los seguidores de DC recordarán, fue el punto de inflexión que sirvió para introducir el Nuevo Universo DC, a costa del enésimo conflicto temporal, que cambió la realidad hasta lo imposible, como bien demuestra esta sobrecogedora historia. El enfrentamiento entre Joker y Batman llega  a su cenit en un contexto donde nada es como te lo habían contado. De nuevo, el dúo se adentra en la sordidez dramática de la tragedia urbana, gracias al humo y espejos que la realidad alternativa de Flashpoint ofrece para enfrentarnos de nuevo a la demoledora historia de la familia Wayne. El dolor y la locura van cogidos de la mano.

Para completar la presencia de Azzarello y Risso al frente de Batman, este tomo nos presenta el curioso experimento que resultó en Wednesday Comics, una especie de homenaje a las antiguas tiras de  prensa semanales que aparecían en los periódicos. Otra historia de serie negra pura y dura, el contexto en el que los autores mejor se desenvuelven, en la que Bruce Wayne cobra un protagonismo poco habitual en la recreación de estos creativos. Un caso de herencias familiares y mujeres fatales.

Cierra nuestro paseo por la interpretación de estos dos artistas al mundo del murciélago con su aporte para Gotham Knights, una historia breve en blanco y negro que, aunque cierra el recopilatorio, en realidad fue el primer acercamiento de la pareja creativa a Batman. Gran demostración del talento de este dúo en cualquier contexto, en apenas unas páginas construyen un relato de gran intensidad y dramatismo. Sin aspavientos, sin acción a raudales, sin necesidad de llamadas de atención improductivas, el peso de la historia recae en el tenso diálogo que establecen Batman y el asesino serial Victor Zsasz, villano recurrente desde los años 90. En plena escena del crimen, Batman intenta comprender las motivaciones de una mente perturbada, si la locura homicida tiene una explicación. El blanco y negro luce brillante en manos de Risso, que en esta propuesta visual lleva sus influencias a un llamativo resultado, con un referente visible en los claroscuros de Frank Miller.

Pingüino

Un excelente encuentro con dos autores de ideas muy claras y un mundo propio extrapolable a los oscuros y traicioneros callejones de Gotham. La idea de Azzarello y Risso sobre como contar una historia encuentra en Batman un aliado excepcional, gracias a las innumerables posibilidades de este personaje singular entre sus iguales. Batman invita a la libertad creativa, a dar pasos en la visión personal sobre un tipo que ha decidido dedicar su vida a que la tragedia que marcó su vida para que no vuelva a repetirse. En cierto modo, hay más determinación que venganza en esta cruzada, y es esa la marca de la casa de este caballero oscuro en Ciudad Rota. Inquebrantable, decidido, directo y tenaz.

El recopilatorio Batman: Ciudad rota y otras historias se encuentra enmarcado en la línea Grandes autores de Batman. Recoge los números de la colección regular de Batman del 620 al 625 USA, Batman Gotham Knights 8 USA, Batman: Knight of Vengeance 1-3 USA y Wednesday Comics 1-12 usa. Se presenta en tapa dura y se acompaña de las biografías de los dos autores implicados, además de un interesante artículo escrito por David Fernández. Su precio de venta al público de 23 euros.

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