Embassytown

 

Portada de Embassytown
Portada de Embassytown

Lo he repetido ad nauseam, lo sé. Me gusta la ciencia ficción clásica, la que tiene tintes de antropología, de filosofía, de religión, de todo aquello que nos hace humanos. Me gusta la ficción especulativa, los ensayos sobre nuestra naturaleza camuflados de historias fantásticas. Lo he dicho también muchas veces, pero tengo mucho por leer, en este y muchos otros géneros. Me da un poco de vergüenza reconocer que Embassytown es la primera obra de China Miéville que tengo el placer de leer. Y sólo lo he hecho después de recibir recomendaciones casi fervorosas de mucha gente cuya opinión respeto. Gente, como yo, amante de las letras. Y es que esta novela que hoy reseño me apela en tantos sentidos que me cuesta ordenar mis ideas a la hora de expresar la fascinación que he sentido al leerlo. Lo empecé hace unos días y, al ver hasta que punto me estaba gustando, decidí racionármelo, como una droga, leyendo pausadamente, disfrutando de cada frase, sabiendo, en cierto modo, que me costaría desengancharme de tal placer una vez se terminara. Paradójicamente, el mismo libro me ha dado la clausura necesaria para terminarlo sin tener que sentir síndrome de abstinencia. Brillante. Sigamos con la reseña:

Embassytown, la ciudad embajada, está situada en medio de la Urbe, la capital del planeta Arieka. Este mundo, en los límites del espacio conocido, es donde viven los Ariekei, conocidos como Anfitriones, que tienen un lenguaje, llamado el Idioma, que sólo les permite expresar la realidad, la verdad pura. En el Idioma el significado y el significante son la misma cosa, la lengua es sólo un medio para expresar la realidad. A nivel de fonación, hablan con dos bocas a la vez, cada una diciendo una cosa diferente, y solo la unión de ambas voces produce un sonido reconocible como lenguaje para ellos. Solamente pueden comunicarse con un grupo de humanos, llamados Embajadores, parejas de clones, o gemelos monocigóticos, cuya conexión neuronal les permite hablar con dos voces, pero una sola mente, como lo haría un Anfitrión. Los Ariekei y los humanos conviven pacíficamente en este planeta.

"Bailaora Española", uno de los Ariekei
“Bailaora Española”, uno de los Ariekei

A este planeta vuelve, años más tarde, Avice Benner Cho, una “immersora”, una persona capaz de viajar por el Immer, una especie de auténtica realidad de la que nuestro universo, llamado Manchmal, es sólo un mero reflejo, un poco como en el mito platónico del Demiurgo. Recordemos que Immer es “siempre” en alemán, mientras que Manchmal se traduce por “a veces”. En esta realidad pura, el tiempo y el espacio funcionan de forma diferente, lo que permite viajes interestelares mucho más cortos. Avice es una protagonista renuente que pasa de ser mera observadora a ser motor de un cambio profundo en el mundo que la rodea. Pero basta de argumento.

Mucha gente ha mencionado que China Miéville es un autor difícil y, en ese sentido, hay que reconocer que la introducción en su novela es una bofetada de conceptos, neologismos y mitologías totalmente alienantes. Pero la bofetada no escuece tanto, y pronto se vuelve en extraño placer. Los conceptos se explican o se acaban entendiendo por el contexto sin necesidad de darles más vueltas. Los neologismos son intuitivos y ostia, a mí me encanta la etimología, un gustazo. Creo que China Miéville entiende muy bien lo que hace falta explicar y lo que puede ser obviado. ¿Qué no entiendes exactamente cómo funcionan los días en Arieka? No importa. ¿Qué no sabes exactamente qué forma tiene esta raza alienígena? No es relevante para la historia. Todo lo que necesites saber, tarde o temprano lo sabrás. En ese sentido, la información que el lector recibe siempre es la suficiente como para entender pero no tanto como para abrumar.

Ilustración de portada para la edición americana de Subterranean Press
Ilustración de portada para la edición americana de Subterranean Press

Para mí, traductor de vocación y amante de los idiomas, lo que más me ha apelado ha sido todo lo referente al Idioma de los Anfitriones. Y es que no se queda en el simple hecho de ser un idioma que se expresa con dos bocas y una sola mente o en que no pueden expresar mentiras. Ni mucho menos. Embassytown, además de ser un relato fascinante, es todo un tratado sobre lingüística, sobre la relación del hablante con lo que le rodea y sobre cómo lo describe. Y yo no empecé a leer Ursula K. Le Guin por los dragones, empecé Terramar porque Ged hablaba en el idioma de los nombres auténticos, un idioma que daba poder al hablante sobre la cosa hablada. Entenderéis que me haya fascinado una novela cuyo núcleo central sea la lengua. No voy a revelaros nada sobre el tema, porque creo que gran parte del sense of wonder de la historia se encuentra en este aspecto.

De China Miéville se ha dicho mucho durante todos estos años en los que no ha dejado de ganar premios y reconocimiento del público y de la crítica especializada. El autor británico bebe de muchísimos autores de lo que consideraríamos ciencia ficción y fantasía, pero lo que él produce está más allá, lo que ahora algunos llaman slipstream, que transciende esa clásica diferenciación entre lo fantástico y el ci-fi. Eso no quita que Embassytown sea ciencia ficción pura y dura. Se ha llegado a decir que Miéville ha ido tan lejos que ha vuelto a los orígenes. Yo prefiero no embarcarme en estrambóticas definiciones de este autor sin antes haber leído algo más. Está claro que Embassytown me ha abierto una puerta, iré explorando lo que hay detrás cuando el tiempo me lo permita.

China Mieville
China Miéville

Antes de terminar, hablemos un poco de la edición de Fantascy. Como viene siendo costumbre en la editorial, el libro tiene el mismo formato que los del resto de la edición, aunque un diseño que lo caracteriza. Tapa blanda con buenas solapas, 448 páginas, ligero y llevable. Hay que ir con cuidado con el transporte, eso sí, si no queremos que sufra mucho. Hay que hacer mención de honor a la traducción de Gemma Rovira, cuyo trabajo en un libro con estas peculiaridades es espectacular. Ya hablamos en su día de su trabajo con Alif el Invisible, también de Fantascy. Los fans apreciamos que se apueste por ediciones cuidadas con buenas traducciones y correcciones, algo de lo que podrían tomar nota otras editoriales.

En resumen, ya lo he dicho muchas veces. Me gusta lo que está haciendo Fantascy y Embassytown es una obra maestra que además ha llegado con una edición cuidada y una traducción excelente. No tengo dudas a la hora de ponerle la máxima nota. Embassytown hay que leerlo, se disfruta de principio a fin. 5 estrellas.

Más información sobre esta obra en la página de Fantascy.

[xrr rating=5/5]

Os dejo, para los que queráis saber más, con una excelente reseña que la mismísima Ursula K. Le Guin hizo para The Guardian, en inglés, claro está: Embassytown by China Miéville, The Guardian.

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