Sin Título

sintitulo1Si os hablo de Cameron Stewart, posiblemente necesitáis un paseo rápido por Google para tener referencias. A mí, por lo menos, me pasó en su momento, cuando llegó a mis manos la obra de la que hoy hablamos. No es una megaestrella del negocio, ni ha participado en eventos definitorios de las editoriales más punteras. Sí que hay en su biografía algún trabajo para DC, claro. Pero Cameron Stewart es de esa clase de artista especial, de personalidad marcada e ideas que se alejan de manera radical de lo que podemos esperar del cómic de tipos enmascarados. Por eso, un tipo inquieto y atrevido, se atreve a publicar su propio Webcomic. Nuevos medios para gente imaginativa, que encuentra la libertad en la red para contar historias que, quizá, no tengan cabida en formatos tradicionales.

Por supuesto, cuando se trata de autores de esta casta, es de esperar que el experimento se acabe convirtiendo en un éxito. Tanto, que se hace con un premio Eisner al mejor cómic publicado en la red. Ahí es nada. Y, no podía ser de otra forma, aparece una editorial que decide la publicación en papel de la dichosa invención de Stewart. Dark Horse, nada más y nada menos, es la encargada del formato físico de una obra pequeña, diferente, inquietante y juguetona.

Alex Mackay es un tipo normal, en todo lo amplio de la palabra. Acude a la residencia donde su abuelo languidecía desde tiempo atrás, a recoger las pertenencias del anciano tras su muerte. Entre esos recuerdos, Alex encuentra una extraña foto en la que aparece su abuelo, extrañamente feliz, al lado de una joven desconocida. Es entonces cuando nuestro protagonista, obsesionado con la historia que se oculta detrás de la fotografía, se adentra en un mundo confuso y sórdido, donde las propias reglas de la realidad quedan en entredicho.

Esta es la premisa que Stewart nos ofrece como cimientos de su narración, desconcertante viaje hacia un desenlace que supera, con mucho, las aspiraciones aventureras de un tipo tan corriente que asusta. Por supuesto, hay un misterio que desentrañar, aunque mucho me temo que lo importante de veras es el proceso que arrastra a Alex al camino destructivo que emprende el protagonista, incapaz de controlar las fuerzas que ha desatado con su obsesión. El relato se agarra al realismo urbano con desesperación, lo que produce perplejidad y desconcierto cuando el relato dinamita sus propias reglas y entra de lleno en el surrealismo más agudo y visceral, ficción autoconsciente y rupturista. Acompañamos a Alex con ansia voyeur, deseosos de conocer que se esconde detrás de todos y cada uno de los extraños pasos en falso del joven en la búsqueda de imposibles. Eso sí, arropados en la cómoda sensación de estar muy lejos del horror cambiante e inclasificable al que se enfrenta Alex. Pocas veces vamos a sentirnos tan agradecidos de estar detrás de la barrera, rodeados del ambiente brumoso y agobiante, definidos durante el rato que tengamos “Sin Título” en las manos por la incomodidad que construye mirar de frente al abismo. Nos haremos mil preguntas, y si queremos conocer las respuestas. Ahí está la magia angustiosa de la obra de Stewart. Sintitulo

Un narrador excepcional, por otra parte. Entre otras cosas, porque conoce sus límites; sabe lo que quiere contar, y maneja las herramientas de las que dispone de manera eficaz. El dibujo de Stewart es simple (con todas las connotaciones positivas que encierra esta palabra, no tengamos equivocaciones), pero detallista, ligero y rudo al mismo tiempo. Enseña una realidad palpable y reconocible por cualquiera, y la desmonta a base de escenarios imposibles y encuentros definitivos con un plantel de secundarios de lujo, que dan sentido a las difusas líneas de la existencia de Alex. El poderoso color ocre que protagoniza la obra se transforma en referente del opresor ambiente de la serie negra. Y, sobre todo, Stewart demuestra que sabe contar una historia con el planteamiento de la narración secuencial. La estructura de página es constante, sin ningún tipo de experimento estético (excepto en un momento de especial trascendencia, donde el autor abre plano por primera vez en todo el libro), armado de planos medios y cortos, planteando la historia desde los personajes. Las emociones de los implicados quedan patentes por el ágil manejo del espacio mostrado por Stewart. Comprende que en cualquier narración visual prima la acción. Hay diálogos, por supuesto, y de trascendencia fundamental para entender ciertas partes de la historia, pero el movimiento es protagonista. La norma es, si lo puedes mostrar, no lo cuentes. Encontraremos enormes espacios de relato sin ningún tipo de apoyo literario excepto la imagen. Y funciona a las mil maravillas.

Entre medias del esperpéntico viaje a ninguna parte que propone “Sin Título”, el autor refleja lo que entendemos son retazos de su propia autobiografía, el usar a Alex como sosias literario de sí mismo. Secretos de familia y desnudez existencial ante un pasado que define el trastornado presente del protagonista. Ingredientes que forman un intenso relato mezcla de géneros, en los que el tiempo y el espacio son maleables, producto de percepciones enajenadas. Nuestro mundo queda reducido a un espejo deforme, en el que las obsesiones de Alex se transforman en un lugar físico.

Stewart bebe de potentes referencias, creo que bastante reconocibles. Hay mucho de Paul Auster, en cuanto a que un tipo ordinario se enfrenta a lo extraordinario gracias al azar, regado con fuertes dosis de realismo mágico. También se le ha comparado con Murakami, escritor de referencia en cuanto a esa capacidad para jugar con lo imposible, e incluso se le ha emparentado con David Lynch, aunque me temo que el afamado director desprecia con mucha más alegría los convencionalismos del relato. Yo añadiría otra referencia más en esta línea, y es que hay algo en esta obra que me recuerda, por intenciones y forma, a “Un guante de seda forjado en hierro”, de Daniel Clowes. Al fin y al cabo las dos obras nos hablan de un viaje que lleva por extraños parajes de ensoñación y pesadilla a un tipo gris arrastrado por una obsesión.

Stewart2En todo caso, es una experiencia distinta, brillante y que proporcionará gasolina a vuestras propias neurosis personales. Un repaso de miedos y traumas que mutan en excusa para hablarnos del poder mismo de la creación artística, de la naturaleza del autor como algo cercano a un dios dador de forma a los sueños y ambiciones de la humanidad, acerca de la metaficción, la difusa orilla entre el mundo material y el onírico.

Estimulante. Como mirar por un agujero imposible al interior de una pesadilla.

Sin Título recoge el Webcomic que se editó en USA en formato físico por Dark Horse. La edición española corre a cargo de Astiberri, lo que es sinónimo de calidad. Un atractivo tomo en cartoné, de 168 páginas, recopila la totalidad de la obra original. Su precio de venta al público es de 16 Euros.

[xrr rating=4/5]

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