Superior Foes of Spider-Man

Es estupendo el mundo de los cómics de supertipos, ¿Verdad? Lleno de héroes de brillante armadura, de principios irrompibles y sistemas morales inquebrantables, que los convierten en un referente. Aunque todo cambia, claro, y la fina linea que separa al justiciero del loco de atar cada día es menos identificable. Los protagonistas del mundo de la viñeta son oscuros, psicóticos, han perdido el norte o están por encima del bien y del mal. Salvo honrosas excepciones, por supuesto.

La evolución del medio, y tal, pero si hay una figura que define a los héroes de papel es, sin duda, la presencia del villano. Los pintorescos enemigos a los que se enfrentan son, en ocasiones, tan importantes para la historia del personaje como el propio enmascarado de turno. En tiempos más inocentes, la némesis implicaba el eterno principio algo maniqueo de bien y mal, luz y oscuridad, la certificación de que el héroe está de nuestro lado.

Yo antes molaba
Yo antes molaba

Pero esa imagen tan clara de posiciones en el espectro moral, como decía, se ha desdibujado hasta el imposible. La figura del villano se ha visto sometida a revisiones y definiciones de nueva factura. Ya en Watchmen, Alan Moore se encargaba de cuestionar la figura del malo de la película, ya no sólo por el sorprendente final de la historia. Incluso las relaciones entre los héroes y sus antiguos enemigos era algo extraña, tanto que a veces parecían antiguos compañeros de trabajo más que enemigos acérrimos. desde entonces, hemos visto interpretaciones de la psique del villano, intentos de comprender sus motivaciones, e incluso divertimentos de crueldad salida de madre como “Wanted” o “Nemesis”, ambos de nuestro gamberro favorito, Mark Millar.

Hoy os traigo la enésima historia de villanos. Pero creo que es una historia especial. No habla del mal como absoluto, ni hay exaltación de la violencia gratuita. En el fondo, Superior Foes of Spider-Man es una historia sobre perdedores. Así que, encima, me sirve para alimentar mi propio universo de segundones y olvidados. No sabéis lo que estoy disfrutando esta serie.

Spiderman, desde hace un tiempo, se ha convertido en una oda al villano. Las circunstancias a las que se ha visto sometido nuestro no tan amistoso ahora mismo vecino, trabajan una idea básica en la que las personas son lo que son, con independencia de sus intenciones. Aunque el actual trepamuros esté empeñado en ponerse del lado de la ley, sus métodos y sus resultados acercan a este Spiderman superior a la figura del dictadorcillo de medio pelo, obsesionado con el control. A cualquier precio, impone su voluntad, y es que quizá ese superior de la portada no hace referencia a la realidad del personaje, sino a como se ve este endiosado Spiderman respecto a los demás.

Como ramificación simpática de esta colección, surge Superior Foes of Spider-Man. Una colección pequeña, sin pretensiones, divertida a más no poder, y con una cantidad de mala uva nada contenida que hace su lectura un respiro ente tanta grandiosidad.

Efectivamente, protagonizada por villanos. Pero nada de triunfadores, de señores del crimen, de genios destructores de mundos. Superior foes trata sobre todos esos fulanos de tal que tienen el peor sastre y el don de la oportunidad para que les partan la tibia y el peroné. Siempre en el lugar equivocado en el peor momento, para que el héroe de turno baile un chotis sobre sus costillas. Encima, aparte de la humillación física, tienen que aguantar la retahíla de chistes horribles e improvisaciones que dejan a los chistes de Lepe como Olimpo del humor. Esos malos.

Pobres.

Quizá vivieron tiempos mejores, incluso puede que trabajaran para los grandes, pero han quedado como recuerdo de épocas pretéritas; tipos hechos de otra pasta muy distinta a la de los destructivos malosos que pueblan las páginas de los cómics de hoy. Quedan para la anécdota, para que los buenos hagan bromas crueles sobre ellos cuando están tomando una caña después del trabajo de salvar el universo conocido. El problema es que ellos, a lo mejor, no lo saben.

Malos pensamientos
Malos pensamientos

Nuestra historia comienza el día en que Búmerang vuelve a las calles con la intención de formar su propia banda. Para eso, nada mejor que recuperar el estilo clásico, y se monta una versión 2.0 de los Seis Siniestros. Bueno, aunque sean sólo cinco. Esta nueva encarnación del  mítico grupo criminal cuenta entre sus filas con alguno de los más ilustres perdedores que jamás han desfilado por las páginas de Spiderman. Los aires de grandeza de Búmerang y sus secuaces, pronto encontrarán un muro infranqueable, el enemigo definitivo: La realidad.

Agentes de la condicional, golpes nefastos, situaciones surrealistas, puñaladas traperas, planes suicidas, mentiras y humor negro de lo más canalla, son los ingredientes de esta tragicomedia comedia urbana, con un pie en el universo Marvel y otro metido hasta el fondo en el género negro. Nick Spencer, viejo conocido de la casa, establece un tono sacado de estas historias de eternos perdedores, anclado a la voz en off del protagonista. El triste presente de Búmerang contrasta con la esperanza que pone en su carrera criminal, y es esta capacidad de permanecer ajeno a la realidad lo que empuja sus acciones. Todos y cada uno de los personajes de esta historia venderían a sus madres y un cachorrito lloroso en una oferta de dos por uno con tal de alcanzar un pedacito de gloria. Si tienen que estafar, o dejar algún daño colateral por el camino, gajes del oficio. Incluso si es alguien que entraría en la extraña definición de amistad que se gastan estos tipos. Son escoria, en todos los sentidos de la palabra. No están aquí para caernos bien, son lo que son, y nos convertimos en espectadores de lujo de lo que ocurre al otro lado, en los callejones malolientes debajo del brillante cielo por donde se balancea Spiderman.

Con los nuevos Seis Siniestros no salen las cuentas
Con los nuevos Seis Siniestros no salen las cuentas

Lo bueno de estas series pequeñas es que no se han creado para vender toneladas de tebeos. Al contrario, se transforman en laboratorios narrativos para que autores inteligentes se den un paseo por esa cara oculta de Marvel. Spencer establece un baile entre géneros sin perder el norte, dejando los espectaculares combates y la acción a raudales a las hermanas mayores. Aquí hay planos cortos, largas conversaciones, mucha introspección delirante y momentos en los que no sabrás si reír o preocuparte por la clase de gente que puebla las viñetas de esta colección.

Como compinche de Spencer, Steve Lieber, un tipo que se lo pasa en grande, jugando con algunas de las soluciones creativas más originales e ingeniosas que se pueden ver en un cómic. No es espectacular, no es un tipo al que llamaría para dibujar una batalla cósmica entre Los Vengadores y el primo feo de Tchulu, pero con su estilo y forma de entender su trabajo, convierte una historia tan literaria como la que ofrece Spencer en una lectura nada tediosa, amena, ágil, muy televisiva. Entiende perfectamente el tono que rige la acción, así que cada viñeta está destinada a dibujar una sonrisa. Y lo consigue.

Entre otros muchos aciertos de la actual Marvel, ofrecer cosas muy bestiales e inabarcables, junto con pequeños oasis de experimento narrativo. Equilibrio que se agradece como lector, que permita cosas tan interesantes como esta pandilla de escombros humanos.

Superior Foes of Spider-Man se publica como complemento de la colección regular del trepamuros desde su número #87, cosa inteligente, porque de esta forma podemos disfrutar de esta serie que, de otra forma, me temo que nunca se hubiese publicado en España.

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