Crónicas Birmanas

cronicas birmanas astiberri ediciones guy delisleDe los 4 “cómics de viaje” que Guy Delisle ha publicado, de este tercero es del que menos sabía. Myanmar, nombre oficial del país anteriormente conocido como Birmania es uno de esos misteriosos países del sudeste asiático del que el español/europeo medio no sabe apenas nada. En una franja que va desde el altiplano del Tibet hasta la zona subtropical de la península de Indochina que comparte con países como Tailandia, Laos o Camboya, Myanmar es una ex-colonia británica cuya estabilidad política lleva colgando de un hilo desde sus orígenes. Es ahí donde entra nuestro narrador-protagonista, el mismo Delisle observador e irónico de siempre, aunque un poco más maduro y sosegado. Corre el año 2005 y el país sigue en plena dictadura militar. Nadège, su mujer, que trabaja en Médicos sin Fronteras, es destinada a Myanmar. Los 3, Guy, Nadège y el pequeño Louis (el mismo que luego veremos en la Guía del Mal Padre) hacen un larguísimo viaje hacia el país en el que pasarán un año entero de sus vidas. Así empieza el que para mí es el mejor de los cómics de Guy Delisle hasta la fecha (a falta de leer las Crónicas de Jerusalén).

cronicas birmanas astiberri ediciones guy delisle localizacionNos encontramos de nuevo en una dictadura asiática, con lo que no faltarán los mordaces comentarios políticos y sociales a los que nos tiene ya acostumbrados Guy Delisle. Pero un año en el país da para mucho más, y se nota. Crónicas Birmanas está estructurado en pequeñas historias temáticas, con cierto orden cronológico; algunas de ellas reflejarán su aburrimiento de ama de casa o su frustración como extranjero en un país en el que las cosas se hacen muy diferente, sobre todo al principio, cuando acaba de llegar y no acaba de encontrar su lugar. Pero pronto empiezan a surgir historias de lo más interesante, como el funcionamiento interno de una ONG como Médicos sin Fronteras, sus variopintas interacciones con vecinos y amistades o su interés creciente por el noveno arte Birmano. Lo he leído con una mezcla de carcajadas, indignación y sana curiosidad que, una vez terminado, me han hecho mirar con avidez Las Crónicas de Jerusalén, a las que pronto echaré el guante. A medida que avanza el cómic, las historias se van volviendo más interesantes y variadas, culminando en un final muy potente: la visita a una zona en la que la adicción a la heroína está generalizada, luego la visita a un templo para meditar y finalmente la despedida. Este cómic habla sin tapujos además de muchos temas controvertidos como el pánico a la gripe A y la obsesión por conseguir Tamiflu o el uso mezquino que hacen los gobiernos dictatoriales de las ONG y las ayudas internacionales.

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En la parte del dibujo se aprecia una mejora considerable. Al hacer los juegos de sombras sin usar el lápiz, esta obra tiene una apariencia mucho más limpia. Esta nueva manera de jugar con las sombras es especialmente eficaz para transmitir la sensación de calor extremo que se vive todo el año en Birmania. Por lo demás, sigue siendo el mismo trazo simple al que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, eso no significa que no pueda retratar con eficacia los paisajes, los ambientes, las calles del país.

Esta edición de Astiberri que tengo entre manos (la cuarta) sigue la misma línea de los dos primeros “cómics de viaje” de Guy Delisle: edición en tapa blanda pero con buenas solapas, portada con predominancia por un color, hojas gruesas y de calidad, en conjunto una obra resistente. Su precio, 20€, se hace especialmente atractivo si tenemos en cuenta el número de páginas (272) y lo comparamos con las 152 o las 184 de Shenzhen o Pyongyang, respectivamente, vemos que por un precio casi idéntico nos llevamos unas 100 páginas extra de material de lectura. Aparte queda la última y más larga de las 4 obras, Crónicas de Jerusalén, que ya sube a los 26€, pero su extensión, el color y el formato en tapa dura justifican su precio. Pero de las Crónicas de Jerusalén ya hablaré próximamente.

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 De las tres grandes obras de viaje de Guy Delisle que he leído, esta es, por las razones que he expuesto, la mejor. Técnicamente, el dibujo está mucho más pulido y facilita la lectura. A nivel de guion, se nota como Delisle ha madurado en su discurso y en el modo de estructurar las historias. Hay que reconocer que un año en Myanmar da para mucho más: habla con más propiedad y se adentra en detalles muy interesantes, le da tiempo a pasar de ser un outsider a entender los entresijos de cómo funciona el país en el que se encuentra, y eso se aprecia positivamente en la lectura. A nivel de calidad-precio, ya lo he dicho: es el que sale mejor de los 3, ya no solo por su sobradísima calidad sino también por rato de lectura a cambio de nuestro dinero. Tendremos que ver si con Jerusalén consigue superar a estas Crónicas Birmanas, que han dejado el listón muy alto. No tardaré en volver con la respuesta.

Tras Shenzhen y Pyongyang, Guy Delisle cuenta en Crónicas birmanas su vida cotidiana en Rangún. Acompañando a su pareja, miembro de Médicos Sin Fronteras, durante un año en Birmania, Guy Delisle regresa con un documental gráfico apasionante. Testigo curioso y de mirada aguzada, el autor mezcla su propia historia con la del país. Con una buena dosis de ironía confronta sus insignificantes preocupaciones de occidental con las dificultades que atraviesan los habitantes de un país pobre bajo el yugo de una dictadura militar.
Tras la aparente tranquilidad de las calles de Rangún despuntan las injusticias y carencias impuestas por la junta militar, los efectos de la censura, las zonas prohibidas, los rumores, la desinformación y el miedo permanente. A través del relato de Delisle se puede apreciar mejor la realidad de la pequeña comunidad internacional que trabaja para las ONG y las tremendas dificultades que encuentra para llevar a cabo su misión. Un retrato emotivo y comprometido de Birmania.

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