Supurbia #1

Supurbia

Es curioso ver, con propuestas como esta, cómo ha llegado a cambiar el mundo de los superhéroes en los cómics. En su origen, el propio concepto ya era sorprendente, solo había que darle una razón de ser al ‘súper’ de turno (en el 99% de los casos un villano) y el lector se maravillaba. Magia. No obstante, con el paso del tiempo, la fórmula se agotó. Incluso hubo un tiempo en el que los lectores de Marvel apreciaban ver a algún superhéroe vestido con ropa normal, tejanos y camisa, ¿qué lector de Action Comics preferiría seguir a Clark Kent antes que a Superman? El cambio empezó a hacerse patente presentando personajes más redondos, un pensamiento más subjetivo, una escala de grises en torno a sus acciones y las amenazas a las que hacían frente. El Joker siempre fue un buen referente.

En todo caso, miremos el mercado actual y veamos cómo esta necesidad de cambio, de adaptación del superhéroe clásicamente americano, ha copado todas las expectativas. Tenemos The Boys, la parodia por excelencia; Kick-Ass, el metasueño de todo lector; Ojo de Halcón, el triunfo de lo ordinario en el terreno de lo extraordinario; Supercrooks, la vuelta a la tortilla y la trilogía del Caballero Oscuro de Nolan, una de las adaptaciones cinematográficas más arriesgadas del mundo del cómic. Que haya triunfado de la manera que lo ha hecho no hace sino confirmar este cambio de rumbo hacia la mente del superhéroe.

Supurbia

Y ahora tenemos entre nuestras manos Supurbia, un ejemplo más de este redescubrimiento del mundo privado de los superhéroes. La propuesta es clave, algo muy original, ¿qué pasa en el seno de una familia superheroica? ¿Y si esta familia vive en un barrio destinado a familias de superhéroes? Algo a medio camino entre Los Increíbles y Mujeres Desesperadas, pensará alguno. No del todo, como apunta Newsarama en la contraportada, Garth Ennis y su The Boys también tienen su granito de influencia. Así pues, la historia se centra, como hemos dicho, en las familias de los integrantes de La Metalegión, que viven en un barrio acomodado de los suburbios, donde tendrán lugar intrigas y subtramas al margen de los peligros que combata el susodicho supergrupo.

La edición española la ha editado Norma Editorial en un volumen de tapa blanda. En éste se reúnen los dos primeros volúmenes de la serie, de cuatro números cada uno, llegando a un total de doscientas páginas. A lo largo del cómic, entre capítulos, se adjuntan un seguido de portadas alternativas, dibujadas por diferentes artistas, que harán las delicias de los fans. En territorio estadounidense la obra ha sido editada por Boom! Studios, una editorial algo desconocida para algunos, aunque también sea la que edita la magnífica serie de Hora de Aventuras.

Nos encontramos ante la primera gran historia de Grace Randolph, una guionista conocida, en un primer momento, por su canal de Youtube Beyond the trailer; entre otras cosas ha escrito cómics sobre el mundo de Warcraft y Starcraft así como algunos números especiales para Marvel y DC. De 2010 a 2011 fue la encargada de presentar y escribir la sección The Watcher para la web de Marvel. Por otro lado, Russell Dauterman también goza con Supurbia de su primera gran obra. Anteriormente, el artista había servido como ilustrador conceptual de vestuario para la industria cinematográfica. Uno de sus últimos trabajos fue Capitán América: El Primer Vengador. Además, hace unos días se anunció su participación como dibujante principal de la serie Cyclops, escrita por Greg Rucka.

Supurbia

Pero, ¿qué nos encontramos exactamente en las páginas de Supurbia? En primer lugar, una sensación al más puro estilo Front Line o Marvels: El Ojo de la Cámara, de Marvel. La mayoría de las peleas las vemos desde el salón de sus hogares, retransmitidas por el telediario de turno, junto a sus familias. Este enfoque original dentro de la industria pero, como vemos, tampoco único, provoca una reacción, esta sí, más original para los lectores. Me refiero a temer por las vidas de los héroes, preocuparse por su integridad en una batalla que podríamos catalogar de “cualquiera”. Es algo para lo que el lector de cómics no está preparado, los superhéroes no mueren. Bien, pues cuando la acción se ve desde un televisor al lado de sus hijos lo que transmite, al menos a un servidor, es algo muy diferente y novedoso. Y de la misma manera una trampa creativa. En algunas ocasiones el high concept de la historia es tan potente que elevar los diálogos y las tramas a ese nivel cae en un despropósito constante.

Desde el principio, los diálogos son totalmente planos y explícitos. No esconden ningún matiz ni subtexto más allá de brindarnos la información necesaria en el bocadillo de turno. La simbiosis entre guionista y dibujante se hace patente cuando estos son capaces de transmitir una información sin explicitarla mediante el diálogo. El guionista debe desaparecer de sus viñetas, dejando hablar únicamente al personaje. Aun así, cada uno de los capítulos goza de un buen desarrollo vertical, de acuerdo que no se busca el cliffhanger absoluto, pero funcionan muy bien de cara a pasar la página rápidamente. Ahora bien, dado que el volumen editado por Norma Editorial engloba los dos primeros, y hasta el momento únicos, volúmenes, el final de estos queda totalmente diluido en la narración general, descafeinado, no consigue despuntar o funcionar tan satisfactoriamente como para “obligarnos” a salir corriendo y comprar el siguiente volumen.

Supurbia

Viremos ahora hacia el segundo hombre de a bordo: Russell Dauterman. Todos sabemos que el dibujo es quizá uno de los ámbitos más polémicos del cómic. Nombres como Mike Allred o John Romita Jr. podrían sumar el mismo número de detractores que de aficionados. En el caso de Supurbia, como trampolín para Dauterman, no sé decir con seguridad hacia qué lado oscilará la balanza. Si bien es cierto que se aprecia una curva de perfección a lo largo de los dos volúmenes, su trazo sencillo peca de simplista. Recordemos que el artista se había profesionalizado, en un primer momento, como ilustrador infantil. Podríamos fijarnos en las expresiones faciales, por ejemplo, un claro punto flaco a lo largo de todo el primer volumen y en cómo el dibujante parece perfeccionar su técnica a lo largo del segundo. Si le echamos un vistazo a las paginas que tiene preparadas para la serie Cyclops, me atrevería a decir que su futuro pinta muy bien.

En definitiva, nos encontramos ante una muy buena idea, con un muy buen enfoque pero llevada a cabo a la mitad de la potencia de la que serían capaces ambos artistas. Les falta ritmo, tanto al escrito como al dibujo; en ocasiones, parece estar viendo una película a doce fotogramas por segundo en vez de a veinticuatro. No obstante, falta por saber si ambos autores seguirán hacia delante con Supurbia, porque de ser así ambos se encontrarían en facultades de superarse a sí mismos y traernos una verdadera historia de superhéroes sin superhéroes.

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