La pistola de rayos

La pistola de rayos de Minotauro, del autor Philip K. Dick‘La pistola de rayos’ (The zap gun) se publicó en 1967, tres años después de ser creada, en una época de gran esplendor creativo para el escritor. Esta novela forma parte de la exhaustiva colección “Biblioteca Philip K. Dick” de Minotauro, que busca recuperar la obra del aclamado autor americano, y trata de la carrera armamentística desde un punto de vista irónico.

En el año 2004, el Bloque-Occidente (a grandes rasgos, Estados Unidos) y Pío-Oriente (la Unión Soviética) siguen en plena guerra fría. La élite humana formada por los cog gobierna a la masa de boquiabiertas que se limitan a ser entretenidos y la carrera armamentística pasa por su mejor momento. O lo pasaría, de no ser porque, tras el Protocolo del Arado firmado por ambos bloques, las armas de alta destrucción se han convertido en objetos de consumo, poco más que complejos juguetes inútiles. Los diseñadores de esas armas son individuos con habilidades psiónicas que pueden entrar en trance y volver con un boceto de la siguiente gran arma de moda. Lars Powderdry es uno de ellos y, como diseñador del Bloque-Occidente, tiene todo lo que podría desear: amantes, lujo y atención. Sin embargo, Lars vive con el miedo a que sus trances dejen de funcionar. Cuando en el cielo aparece un satélite que no pertenece a ninguno de los dos bloques y que amenaza a la humanidad, Lars tendrá la ocasión de encontrarse con su homóloga en Pío-Oriente, la intrigante Lilo Topchev. Y, ajeno a todo esto, Surley G. Febbs recibe una gran noticia: este ciudadano común obsesionado con las armas podrá colaborar con el gobierno… si le dejan.

A pesar de su corta extensión, del tono cómico y del ritmo rápido, ‘La pistola de rayos’ no es una novela sencilla de digerir. Las primeras páginas están plagadas de nombres, siglas y terminología propia rara vez aclarada y solo intuida. Con todo, si se supera la opacidad de las primeras páginas, a partir del segundo tercio ‘La pistola de rayos’ encuentra su tono y acaba funcionado. En contraposición a la temática y a la narrativa algo “fría” propia del marketing, hay sutiles cambios de estilo para caracterizar. Por ello, los capítulos protagonizados por Lars Powderdry (más directos, con pocas concesiones literarias más allá de los diálogos) contrastan con la narrativa más ampulosa de los capítulos de Surley G. Febbs, que encaja con el carácter pretencioso del personaje.

Febbs es una joya de personaje y es una pena que aparezca relativamente poco durante la narración. Solo su presentación promete, en la página 25:

<<¡Me han considerado normal!>>, se dijo. Sólo de pensar en ello se sintió normal. Se sintió hinchado y poderoso y algo ebrio,  y tuvo dificultades para levantarse. Le temblaban las piernas y anduvo tambaleándose a través de la sala de estar en miniatura, hasta sentarse en el sofá de fnoolfur jónico de imitación.

‘La pistola de rayos’ recorre muchos lugares comunes de la ciencia ficción: la colonización alienígena, los viajes temporales, la conciencia de los robots, la banalización de los medios y el dominio de una clase “superior”. Esta obra pasaría por cyberpunk, de no ser porque sus personajes juegan a favor del sistema y no contra él. Con todo, ‘La pistola de rayos’ apenas juega con sus elementos de género, aunque los homenajee constantemente (destaca el cómic El Cefalópodo Hombre Azul de Titán, una suerte de superhéroe alienígena camuflado similar a Superman, que acaba teniendo gran peso en la trama).

La pistola de rayos (Philip K. Dick)Tampoco es una novela que se detenga excesivamente en los personajes, aunque la caracterización de estos es buena. Aunque se ha insistido mucho en proyectar la vida de Philip K. Dick en su obra, es cierto que en este caso vuelve a tratar algunas de sus obsesiones habituales: personajes depresivos/histriónicos que a menudo entran en estados alterados de conciencia, con una relación compleja con el sexo y las drogas. Sin embargo, a pesar de que el miedo al fracaso sea una constante en ‘La pistola de rayos’, hay poco tiempo para la reflexión y mucho para divertirse.

No sé si es el libro adecuado para iniciar a un profano en la obra de Dick (confieso que ha sido mi caso). Los elementos propios de la prosa del autor son reconocibles por cualquier aficionado a la ciencia ficción, que habrá sido previamente expuesto a la obra del prolífico escritor americano mediante homenajes, adaptaciones y referencias apasionadas. Con todo, parece una novela algo apresurada, que cojea por sí misma pero encaja bien en el universo de Dick. La guerra fría no es un tema fácil de trasladar al presente y por ello quizás ‘La pistola de rayos’ no figure entre sus obras más memorables. No ha envejecido bien y su 2004 deslustrado no impresiona especialmente. Con todo, gustará a los que ya conocen al autor.

A favor de ‘La pistola de rayos’ vale destacar que trata sobre temas militares de manera desapasionada, sin enfangarse en muchos de los tópicos que suelen plagar la ficción sobre gobierno y guerra: en ‘La pistola de rayos’ no encontraréis ni arengas de moralidad ni patriotismo exacerbado. Muy al contrario, el tono por lo general será paródico y ligero y, si se supera ese primer tercio de novela algo más opaco y confuso, se puede disfrutar de la lectura.

La edición de Minotauro se ha publicado en tapa blanda con solapas. Ha sido traducida por Miguel Antón (de cuya bibliografía, que incluye obras de Ursula K. Le Guin y John Scalzi, ya os hablamos en la reseña de su traducción de Nación de Pratchett). El libro tiene 240 páginas y cuesta 17 €. Podéis leer el primer capítulo de la ‘La pistola de rayos’ a través de este enlace.

[review]

Traductora y asidua a bibliotecas. La ficción me entra mejor con sagas familiares, cabezología, juegos de palabras y relatos de venganza. Disfruto al leer fantasía épica, ver ciencia ficción, rolear fantasía urbana y escribir realismo mágico.

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