Batman: Fundido en negro

BatmanJonesBatman está de cumpleaños y, aunque con 75 castañas a las espaldas ya debería tener algún que otro achaque, lo cierto es que luce gallardo y lozano como siempre. Por obra y gracia del enésimo reinicio de las franquicias DC, hay cuerda para rato, ahora que un rejuvenecido Bruce Wayne patrulla las calles de Gotham.

Antes de apretar el botón de reseteo, Batman llevaba a sus espaldas años de aventuras, interpretaciones para todos los gustos, pintorescos e imposibles enemigos, etapas inolvidables y el trabajo de autores legendarios de la historia del cómic. El tomo del que hoy os hablo nos lleva a uno de esos momentos de cambio en la vida del murciélago, a mediados de los 90, de la mano de Dough Moench y Kelley Jones, equipo creativo de inolvidable alquimia.

Hablar de Doug Moench es historia de Batman. Estuvo al frente de sus cabeceras la friolera de 150 números, un bagaje importante que pone de manifiesto la influencia e importancia que este escritor ha tenido en el desarrollo del personaje. Y, aunque su nombre está ligado al del vigilante de Gotham, su aportación al mundo de la viñeta no se queda en esta recordada labor; su paso por Marvel, por ejemplo, se tradujo en la creación del Caballero Luna (personaje que siempre estará en mi top ten personal) en la colección que la Casa de las Ideas dedicaba al Hombre Lobo. En esa clase de historias de ambiente macabro se curtió Moench, ya que sus primeros trabajos se publicaron en la mítica editorial Warren. De ahí que, en cuanto cruzó la puerta de las oficinas de DC, dejó bien claro que sus intenciones pasaban por escribir las aventuras de Batman. A pesar de los puntos de vista que se puedan aplicar a su figura, en esencia es un ser de la oscuridad, al que Moench podría llevar a su terreno.

En esa dilatada estancia al frente de las cabeceras del murciélago, llevó al personaje a cotas nunca experimentadas y a cambios rotundos en su realidad, como, por ejemplo, en la mítica La caída del Murciélago, donde el bestial Bane quebraba al hasta entonces invencible Batman, y lo postraba en una silla de ruedas.

Su labor como escritor de Batman no se redujo a las colecciones habituales del personaje. Su aportación a la imponente mitología de el vigilante de Gotham se enriquecía con proyectos paralelos, entre los que destaca un tenebroso encuentro: Batman/Drácula. Enmarcado en Otros Mundos, Moench nos narraba el inevitable enfrentamiento entre el rey de los chupasangre y Batman, de evidentes connotaciones vampíricas. Además, este aspecto gótico y nocturno, se veía potenciado por el trabajo de un artista que, con posterioridad, daría mucho que hablar: con todos ustedes, Kelley Jones.

Así se producía el primer contacto de este equipo creativo, que en muy poco tiempo unirían sus caminos de forma definitiva en la cabecera Batman. Jones venía de el unánime aplauso que había cosechado tras su paso por The Sandman, colección ideal para su estilo exagerado y oscuro, de potentes influencias cinematográficas. De hecho, su versión de Batman había llamado la atención a propios y extraños, debido a la imagen terrorífica y nada amable que se imprimía en las páginas ideadas por este dibujante. El impacto no pasó desapercibido para los editores de DC. Después de una etapa como portadista de la colección de Batman, Jones se hacía cargo de los lápices. Comenzaba una época magnífica para el Caballero Oscuro, que podemos disfrutar de nuevo gracias a esta recopilación.

Batmanjones1Moench relata las aventuras de un Batman que ha vuelto de la pesadilla de la derrota. Los hechos de La caída del Murciélago han pasado factura, y el alter ego de Bruce Wayne paga el precio enorme de sus decisiones y errores. El manto de Batman ha sido mancillado por la furia asesina de Jean Paul Valley (el artista anteriormente conocido como Azrael), sustituto de Wayne durante su convalecencia. El extremo sentido de lo que es justicia, y su programación como asesino, convirtieron al nuevo Batman en un vigilante justiciero al que no importaba el derramamiento de sangre.

Batman ha perdido la confianza, entre otros, del comisario Gordon, y mientras trata de recuperar su posición como el protector de Gotham, el héroe se enfrenta a sus fantasmas y la colección de psicópatas que pueblan las calles de su ciudad.

Moench escribe un Batman equilibrado entre el héroe y el inteligente uso de los secundarios. Moench hace hincapié en la vertiente enmascarada de Wayne, más taciturno y solitario que nunca, abandonado por sus aliados y enfrentado a la culpa. Sin nadie que le sirva de agarre con su identidad mundana, se aferra a la cruzada que le define. A pesar de esta situación, Moench no cae en la introspección excesiva, y es a base de detalles, perfectamente encajados en la acción, cómo introduce estos elementos de la batalla interna de Bruce Wayne. En el Batman de Moench prima la acción urbana, los enemigos sacados de los callejones más oscuros y mortales de Gotham. Moench es un perro viejo, que sabe moverse por el universo de Batman para que resulte reconocible al lector, al mismo tiempo que dota de profundidad a las tramas gracias al excelente trabajo con los secundarios. En estas páginas, asistimos a los juegos de poder tras bambalinas, y los atribulados miembros del cuerpo de policía tienen tanto que decir como el propio Batman.

Ni que decir tiene que los enemigos del murciélago son parte esencial de estos episodios, con la aparición estelar de viejos conocidos como Máscara Negra, Espantapájaros o Killer Crock, protagonista de una brillante historia que conduce a Batman a un paraje tan desconocido como los pantanos. Cómo no, cierta criatura ligada al verde hará acto de presencia.

De acuerdo, el talento narrativo de Moench es la base de estas historias, pero, seamos sinceros; si por algo ha pasado a la historia esta etapa es por la aportación de Kelley Jones. Su Batman de orejas puntiagudas y aspecto monstruoso se ganó de inmediato a los lectores. A pesar de lo extremo de esta representación, los seguidores de Batman reconocían al personaje, ya que en cierto modo retrotrae a las versiones primitivas del Caballero Oscuro dibujadas por Bob Kane, un ser nocturno y gótico de raíces pulp.

Jones trabaja con influencias que van más allá del cómic. Juega con la anatomía, con el diseño de personajes, con el movimiento y la luz. El uniforme de Batman es exagerado y fantasmagórico, sus poses parecen inspiradas en una pesadilla. Recuerda más al Nosferatu de Murnau que al estilizado héroe de los 70 o los 80.

BatmanJonespantanoLas figuras estiradas y el intencionado feismo se contraponen a un colorido entorno, que parece arrancado de los clásicos de terror de la Hammer, regalando al lector una experiencia tan atractiva como contradictoria, inteligente y adictiva.  pesar de que Jones no es precisamente un gran innovador en el diseño de página, no necesita grandes rupturas con lo clásico para que su propuesta sea de gran calidad narrativa, gracias a la excelente selección de planos, que beben de nuevo de referencias cinematográficas, dejando protagonismo a los personajes. A pesar del oscuro barroquismo en sus diseños, Jones renuncia a los excesos en la viñeta, y es el movimiento, la luz y la acción los que construyen un cómic que es una delicia visual.

Una etapa para el recuerdo, Batmaniacos, que nos llevan a una época en la que el cómic pasaba por múltiples revoluciones. Pero Batman permanecía fiel a su esencia, a pesar de los vistosos experimentos de Kelley Jones. Una propuesta narrativa de primer orden que sorprenderá a los que nunca han leído este periodo, y que despertará gratos recuerdos a los viejos conocidos de Batman.

El tomo publicado por ECC recoge los números de la colección regular de Batman del #516 al #524 USA, publicados originalmente en el año 1995. La presente edición se enmarca dentro de la colección Grandes Autores de Batman, esto es, un tomo de tapa dura que se complemente con las biografías de los autores y las portadas dibujadas por el propio Kelley Jones, que son una gozada. El precio recomendado de venta al público es de 21,50

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