La leyenda de Hawkman

HawkmanVolvemos al terreno de los eternos segundones. Personajes que no cambian las reglas del juego, ni la historia del cómic, pero que siempre están ahí, a la espera de su momento. Ese instante de gloria que, puede, jamás llegue, aunque permanezcan eternamente en la reserva, en un hueco destinado a decenas de invenciones que, las más de las veces, caerán en el olvido.

Nuestro protagonista de hoy es uno de esos héroes que aguantan el tipo contra viento y marea, situados en ese limbo donde sobreviven los fuertes, a la sombra de las leyendas que se transforman en los favoritos de los lectores, copan las listas de ventas y llenan escaparates con miles de productos dedicados a sus carismáticos diseños.

Hawkman, nuestro súper de hoy, ha sido maltratado de mil y una maneras, víctima de los propios estereotipos creados alrededor de su figura, incomprendida y vapuleada por guionistas y lectores. De hecho, su fama en nuestro país es prácticamente inexistente, y el contacto que los lectores de este lado del mundo podemos tener, a grandes rasgos, es la participación del Thanagariano en una u otra encarnación de la Liga de la Justicia. Es en este supergrupo por excelencia donde ha brillado el alado policía extraterrestre, pero a nivel individual, apenas hemos tenido contacto con un personaje destinado al banquillo.

El baile con los orígenes de Hawkman y su imagen de duro y cuadriculado policía, han reducido el complejo mundo interior de un héroe obstinado, sí, pero movido por principios tan poderosos como los que pueda esgrimir cualquiera que escriba una historia de Superman. Al final, quedó reducido a una especie de salvaje e impenitente justiciero, aferrado con fanatismo a unas reglas inquebrantables. Es más, tan marcada es la identificación con esta forma de identificar al personaje que el actual Hawkman del Nuevo Universo DC tiene mucho de este bestial e implacable guerrero. Una fama de la que Giffen y DeMatteis se aprovecharon para las intermitentes apariciones de Hawkman en su mítica interpretación de La Liga de la Justicia, llevado a la caricatura como adicto a las normas y al control, al borde de la histeria ante el caos organizativo que era ese circo incontrolable.

Por suerte, estos personajes, de cuando en cuando, encuentran a autores sensibles y con amplitud de miras, capaces y llenos de inventiva, que conducen a momentos notables en la previsible continuidad de nuestros segundones. Ya sea por un cariño especial hacia el héroe, ya sea porque la naturaleza de este tipo de colecciones invita a la experimentación, siempre hay motivo para la esperanza si este encuentro mágico se produce en algún momento de las dilatadas aventuras de nuestros chicos en la reserva.

Algo así ocurrió a principios de siglo, cuando Ben Raab se hizo cargo de este proyecto. Si lo miramos en perspectiva, el planteamiento para La leyenda de Hawkman era una locura anacrónica, que poco tenía que ver con el modelo editorial que primaba en las grandes compañías del mundo del cómic. La industria todavía sufría los estertores de las tendencias esquizofrénicas protagonistas de los convulsos años 90, llenos de relatividad moral, héroes impersonales e hipertrofiados, simpleza, efectismo y un extraño sentido de la violencia-espectáculo, que arrancó cualquier atisbo de seriedad que el medio se había ganado durante años de atrevimiento y valentía narrativa. No todo fue un desastre, claro, pero el exceso de comercialidad y la deriva de ideas era la tónica dominante.

Así que en plena recuperación, cuando las editoriales de cómic mayoritarias aún intentaban recuperar un poco de dignidad e identidad (en especial Marvel, que había hecho malabares con resultados nefastos en la mayoría de sus colecciones), aparece una obra como La leyenda de Hawkman. Un personaje que no era precisamente un estandarte de DC, enfrascado en una aventura centrada en el regreso a la esencia de los cómics de la edad de plata; así, a priori, sonaba a suicidio comercial.

Hawkman3Como decía, hay autores con una sensibilidad especial, capaces de tratamientos inspirados, capaces de recordarnos que es lo genial de leer cómics. Obviando tendencias y modas, apuestan por su historia, y el talento unido a la fe en algo que contar, da como resultados pequeñas maravillas como la que hoy traigo.

Raab no reescribe nada, se aferra a lo clásico con el hambre del lector que un día fue. Amable con el personaje, con su historia, y con auténtica pleitesía por los clásicos, el escritor recrea el mundo de Hawkman desde toda su dimensión; entendiendo al hombre detrás de la máscara, fabrica el espectro humano y emocional que evita la caricatura sanguinaria a la que se ha visto abocado Hawkman en la mayoría de sus interpretaciones modernas.

Con la simpleza de una buena historia de buenos y malos, Raab navega por la raíz de la idea de cómic, con sus orígenes en el pulp, al mismo tiempo que construye una estructura digna del siglo XXI. El secreto de Raab es equilibrio, la llave para conectar al lector de hoy con todos esos conceptos que hicieron grande al cómic en una época para el recuerdo.

El Hawkman de Raab es un cruzado, sí, con unas ideas casi inamovibles. Pero algo que sería definitorio y unidimensional para un escritor menos hábil, es parte de un todo más complejo para el escritor de esta serie. Katar se aferra a su ideología, sí, pero también es un hombre enamorado, capaz de poner en duda sus principios por el futuro de su relación con Shayera, su mujer. Ahí reside una de las grandes bazas de esta colección, el tratamiento de personajes, que evolucionan, aprenden y tienen un fin y una lógica como identidades individuales. Sin introspección de opereta, nos creemos a los héroes de esta aventura.

Raab, bajo la aparente inocencia de una historia clásica, presenta una trabajada reflexión acerca del concepto de fe, de la definición que hacemos de nosotros mismos en base a nuestras creencias, en el peso de los mitos y la tradición. Escribe sobre el sacrificio, el valor, sobre ideas muy humanas. Sin polémicas innecesarias, sin sentar cátedra, invita al lector poner en duda sus posicionamientos, como hace el mismo Hawkman. Una historia que nos llevará desde una exploración arqueológica en el Tibet a planetas lejanos más allá de nuestra galaxia, bajo la constante amenaza del pasado de Thanagar, que ha extendido sus sombras sobre el planeta que Katar y Sahayera han jurado proteger: La Tierra.

En el apartado artístico, tenemos a uno de esos dibujantes que ha sido alabado y aplaudido en todos y cada uno de sus trabajos, y varios de los premios más importantes de la industria certifican su calidad. Michael Lark es un especialista en serie negra, armado de un trazo ágil y equilibrado. El manejo de la luz y de la creación de ambientes le abrió la puerta a colecciones de ese sabor noir, y triunfó sin dejar dudas en Gotham Central. Su estilo poco o nada tiene que ver con algunos de los excesos que pueblan los cómics de superhéroes, y cada viñeta de Lark pone en duda lo que esperamos de un tebeo de tipos enmascarados. Es directo, obsesivo con su propio estilo; autor de reconocible estética y habilidades narrativas, Lark conduce al lector por la historia con fluidez, capaz de dar intensidad en todo momento, desde los combates galácticos a esos instantes de intimidad de pareja que comparten los protagonistas. Aunque es comedido y mide muy bien los tempos de acción, puede ser espectacular cuando abre plano y nos muestra la amplitud destructiva de la guerra, especialmente en el poderoso climax que sirve de nexo común de todas las tramas abiertas. En la mente de todos, creo, aparecerá el nombre del legendario David Mazzucchelli, por su diseño de personajes y la forma de entender la página.

Hawkman4Un gran sabor de boca me ha dejado mi encontronazo con Hawkman, un personaje al que nunca he seguido la pista, aparte de sus participaciones en la Liga de Justicia. Y me gusta este personaje humano, falible, sacrificado y sensible. Pero nos tendremos que conformar con esas reduccionistas versiones modernas donde prima el derramamiento de sangre y los gruñidos de personajes con pretensiones de  oscuros y adultos, pero que son simples, planos y repetitivos. Disfrutemos, entonces de joyas pequeñas como esta leyenda de Hawkman, una historia que no defrauda.

La leyenda de Hawkman se compila en la colección DC Essentials de ECC ediciones. En un cómodo tomo de 160 páginas de tapa blanda, se recoge la serie completa que se publicó en USA en el año 2000. Como es habitual en esta línea, el tomo no se completa con gran cantidad de extras, pero se compensa con un precio ajustado de 14´95 euros.

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1 Comentario

  1. En efecto, una lástima que este artículo no tenga ningún comentario. Me dan ganas de checarlo. Me agrada variar siempre que puedo y más si es algo con lo que puedo asegurarme su calidad.
    Gracias por la recomendación.

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