Batman: Gritos en la noche. Archie Goodwin en el recuerdo

Archie Goodwin es historia del cómic americano. Fue un escritor de marcada personalidad, un editor visionario y arriesgado, y maestro de maestros que dejó su impronta en muchos de los grandes nombres del medio. Pocos hay en la industria que no reverencian el trabajo y la personalidad de Goodwin, pero, más allá del eterno recuerdo de aquellos que trabajaron con él, es su obra la que dejará la huella imborrable de una vida dedicada al cómic.

BatmangritosEn 1992, Goodwin regresaba a DC tras una larga temporada en Marvel, en una época tan convulsa como la de Jim Shooter al frente de la Casa de las Ideas,  llena de luces y sombras. Con el retorno al hogar de Batman y compañía, Goodwing dejó su sello de identidad en las labores de guionista y, sobre todo, de editor. Pero, sobre todo, significó el reencuentro de dos leyendas, al hacerse cargo de uno de sus personajes fetiches: el señor de la noche de Gotham. Años atrás, Goodwin firmó una memorable etapa como editor de la cabecera Detective Comics, que los aficionados recordamos como fundamental para entender la evolución de Batman. Para tan memorable ocasión,  se planteó algo especial, solemne y definitivo, tanto en forma como en fondo. Este proyecto cobraría forma en Batman: Gritos en la noche, la obra de la que hoy hablamos.

Goodwin aunó en este trabajo sus talentos como creador de historias y editor. Conjugaba un guión cuidado y crudo con una presentación de lujo, alejada de los formatos de comic book tradicionales que imperaban en la industria. De hecho, en su etapa en Marvel, experimentó con diferentes presentaciones, incluso dando salida a las recordadas Marvel Graphic Novels. Estas historias en vistosos formatos al filo de la continuidad de sus personajes, supusieron un soplo de aire fresco para el público y, sobre todo, para los artistas, que veían una fórmula de escape y experimentación gráfica y narrativa.

Algo de esto hay en este Batman de Goodwin, ya que, en el momento de su edición original en 1992, fue una apuesta importante por un tipo de obra gráfica con intenciones claramente diferenciadoras. El formato elegido era el tomo de tapa dura, cuidadosamente encuadernado y con una calidad de papel sobresaliente. La evidente sensación de perdurabilidad daba empaque a una obra que mostraba con claridad al lector su identidad y personalidad respecto a lo que podía encontrar en las estanterías de las librerías especializadas.

La apuesta visual de Gritos en la noche no se quedaba en el vistoso envoltorio. Su interior rompía también con lo esperado en un cómic de la época, alejado de la espectacularidad sobredimensionada de aquellos primeros 90, en los que empezábamos a atisbar la decadencia de años posteriores.

Gritos en la noche se transformaba en una declaración de principios del propio Goodwin, en la que defendía su idea de obra completa. Además, aprovechaba la ocasión y se enfrascaba en una historia dura y adulta, sin pintorescos enemigos ni artificios. La realidad más cruda y sórdida tomaba las calles de Gotham, al puro estilo de la serie negra que tan bien sienta al personaje cuando se topa con un escritor de habilidad.

En ese sentido, Goodwin es algo más que un perro viejo, o un escritor con oficio. Fueron años al frente de muchas cabeceras, tomando decisiones arriesgadas, momentos en los que escribió con oro su nombre en la historia del cómic USA. A la hora de afrontar su historia, toma partido, denuncia y reflexiona, convencido de lo que quiere contar y armado con años de experiencia y buen hacer.

La historia que propone está extirpada de las triste realidad, de la nauseabundas bajezas del ser humano. La violencia que se esconde en los rincones oscuros de nuestro cerebro, que explota de manera silenciosa, es el concepto base de este relato. Desde los callejones de los barrios desfavorecidos a las luminosas estancias de las mansiones de Gotham, el horror se abre paso.

Lo que parece una guerra por el territorio entre bandas de traficantes, se descubre como una muñeca rusa de secretos tras los secretos, de pequeñas pistas que conducen al cruzado de la capa hacia un enemigo que no se puede vencer a puñetazos. El miedo, el odio, la impunidad y el silencio se alían, y los más débiles son los que sufren. Como bien dice el propio Goodwin en este trabajo, la primera víctima de la guerra es la inocencia.

BatmanCriesBatman ha de aplicarse a fondo en su faceta de detective para descubrir quién se encuentra detrás de los terribles asesinatos que sacuden Gotham. Ayudado por el recién nombrado comisario Jim Gordon, aprenderá que bucear en los secretos de una ciudad sin alma no sale gratis.

Goodwin lanza su denuncia, su desesperado grito de alerta, y se centra en un tema difícil y sensible; el maltrato y los abusos infantiles. Sin polémica, desde una perspectiva inteligente y sensible, el escritor plantea una historia acerca de monstruos cotidianos y terrores urbanos. Reflexión sin tapujos acerca de la espiral de la violencia, el horror que genera más horror, y lo complicado de luchar contra enemigos tan arraigados, Goodwin usa su narración para ahondar en la naturaleza de los conflictos de sus protagonistas. Gordon y Batman aparecen como víctimas, atrapados ellos mismos en un círculo infinito de violencia y vacío, consecuencia precisamente de traumas infantiles. Historia llena de matices, la tragedia es la nota dominante en esta seca y oscura obra.

Como aliado, Goodwin encontró en Scott Hampton al mejor traductor de sus intenciones al tablero de dibujo. Hampton es un dibujante de intenciones claras, que no renuncia en ningún caso a su narrativa. Quizá por eso se prodiga tan poco por el cómic mainstream, pero lo cierto es que cada uno de sus trabajos es reconocible y especial. Hace poco hemos visto lo que es capaz de hacer en Simon Dark, la malograda serie del Nuevo Universo DC escrita por Steve Nails.

En Gritos en la noche leva su estilo pictórico al paroxismo, y cada página es un cúmulo de decisiones artísticas destinadas a convertir este cómic en una experiencia visual para el lector. Un estilo calmado, sin estridencias desagradables, acertando en el tono que Goodwin imprime a su historia. Gotham es la ciudad apagada y gris carcomida por los secretos, en la que apenas hay lugar para un atisbo de luz, como el alma de sus protagonistas, esclavos de los fantasmas del pasado. La página es rota y reconstruida al gusto, siempre adecuado al momento, un juego entre sombras y tímidas luces, entre oscuras esquinas y pequeños resquicios luminosos que se abren paso por las ventanas.

Auténtico espectáculo, la lectura de Gritos en la noche es un regalo para el aficionado, que podrá disfrutar de una excelente historia pensada para el lector maduro, que busca algo más que la enésima demostración de músculo por parte del enmascarado de turno. Si a eso añadimos el arte de Hampton completamos la ecuación de un excelente trabajo, que se convertiría en el colofón perfecto a la inabarcable obra de Goodwin, que moriría unos años después de la publicación de Gritos en la noche.

La edición que ofrece ECC es un cuidado tomo de 96 páginas, que respeta la edición original en tomo de tapa dura. Una acertada edición, complementada con las consabidas biografías de los autores y un texto introductorio a cargo de David Fernández. El precio de venta al público es de 12,95 euros.

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