Trillium: Jeff Lemire juega con la realidad

Muchas de las grandes historias de nuestras mitologías, antiguas y modernas, tienen como punto de partida una búsqueda. A lo largo de los siglos, la imaginación humana se ha nutrido de objetos imposibles, rodeados de un aura de misterio y leyenda. Desde la búsqueda del vellocino de oro por parte de los tripulantes del Argos a los dramas de sueños rotos de poder y riquezas tras un espectro como El Dorado, la fantasía humana da forma física a sus anhelos y esperanzas.

Trilium 3Jeff Lemire ha escogido este gran tema para una de sus obras más ambiciosas hasta la fecha. En esta, ocasión Lemire se lanza en solitario a la aventura creativa, y se encarga él mismo, con bastante visión y valentía, de todos los aspectos de Trilium. El oficio conocido de este autor es el de guionista, y es ahí donde conocemos la mayoría de sus trabajos, al frente de Animal Man, Constantine o Green Arrow (sin duda, tres de las mejores colecciones del Nuevo Universo DC), pero también ha dado pasos como artista completo, como por ejemplo en la laureada Essex County.

En Trillium, Lemire se embarca en una aventura de ciencia ficción, con tantos matices y mezcla de géneros que, aunque sus premisas huelen a clásico, el resultado final es emocionante y novedoso. Se nota la planificación, el hecho de que la historia encajaba perfectamente en la imaginación de su autor, y tenía muy claro el camino que recorren los protagonistas de este viaje a través de realidades múltiples y búsquedas místicas.

Trillium nos cuenta la crónica de los últimos estertores de la especie humana, en el siglo XXXVIII. La Cuña, un extraño virus inteligente, a masacrado a los humanos y los ha empujado a los confines del universo conocido. Con apenas tiempo, los últimos hombres y mujeres buscan por toda la galaxia el Trillium, la flor que puede curar la devastadora enfermedad. Pero quizá la planta sea sólo el desencadenante de algo mucho más increíble y poderoso, cuando Nika, una científica del futuro, y William, un ex combatiente de la primera guerra mundial, se encuentren entre las ruinas de un templo en el Amazonas, mientras la realidad misma se desmorona.

El escritor canadiense maneja con habilidad una historia compleja en apariencia, pero muy sencilla y orgánica; una vez dentro de la trama de Trillium, avanzaremos sin miedo hacia un universo en metamorfosis, de la mano de dos personajes que se ganan nuestros corazoncitos desde el minuto uno. Ambos son obstinados, aferrados a la idea de que algo más grande que la vida espera en su interminable búsqueda. Una cruzada que quizá los conduzca a la nada más profunda, que los hace dudar de su cordura, que pone en peligro los cimientos mismos sobre los que se sostienen el tiempo y el espacio. Pero hay algo que los empuja, quizá el destino, quizá el hecho de que el aquí y el ahora sean sólo una ilusión.

Trillium2Lemire tiene como herramientas una buena colección de influencias, que van desde 2001 de Kubrick, las fantasías espaciales de la ciencia ficción dura de revistas europeas como Metal Hurtlant, planteamientos bastante alucinógenos sobre el multiverso y las realidades paralelas, e incluso aspectos del Avatar de James Cameron. La creación de una cultura extraterrestre coherente y atractiva es uno de los aciertos de Lemire, que incluso ha desarrollado junto con el diseñador Chris Cross un sistema de comunicación sencillo y fácil de traducir, que da mucho empaque al conjunto de la narración.

Con todo este arsenal, Lemire monta una historia que muta y se adapta, que puede ser casi cualquier cosa, desde una aventura en la selva a un descarnado relato de las trincheras en la primera guerra mundial. Pasa de la tragedia del futuro a una aventura colonial con toques steampunk, siempre sobre la base de personajes atrapados en un continuo tiempo destrozado, que abre la mente de los protagonistas a un universo desconocido, temible e impredecible.

Pero si escarbamos detrás de toda la parafernalia argumental de Trilium, lo que se esconde detrás de el despliegue narrativo de Lemire es una historia de amor, más allá del chico conoce a chica o a los clichés del género. Esta historia maneja conceptos más elevados y trascendentes, sin caer en pretenciosas demostraciones de humo y espejos. La historia no esconde sus cartas, no engaña, a pesar de los cambios de escenario y las volteretas cósmicas. Lemire siempre da un poso de melancolía a sus historias, el tono trágico y pesado que personajes con mucho peso sobre los hombros necesitan. Pero este toque lóbrego no es lo mismo que Lemire no crea en sus personajes y sus posibilidades, y maneja los aspectos emocionales con la sensibilidad del que, en el fondo, cree en los finales felices.

TrilliumComo artista, Lemire conoce sus limitaciones, pero no se cierra ni se censura. Es bueno que una historia tan compleja visualmente tenga en guionista y dibujante al mismo autor. Cuando se juega con elementos tan impactantes en la trama, puede ser que el dibujante no acabe de captar las intenciones de tal o cual decisión narrativa, y el resultado final se vea mutilado (cosa que ocurre en multitud de ocasiones con, por ejemplo, Grant Morrison). Aquí, cada decisión visual está tomada a conciencia respecto a las necesidades plásticas de la historia, y el resultado final es un cómic variado, elegante, coherente y extrañamente hermoso.

Trillium es una bella alucinación, que bebe de tradiciones importantes, que cuenta con trascendencia cosas pequeñas, y las cosas pequeñas se trasforman en una historia más grande que la vida, donde el destino de la humanidad está en juego. Héroes que no quieren serlo tienen la última palabra.

El Trillium es la planta mística, el Árbol de la Vida (de hecho, hay más de una similitud con la magnífica película de Darren Aranofsky), esa sustancia definitiva que abre las puertas de la percepción. Leyendas que tienen referentes tan extraños como el mismísimo William Burroughs, que en las últimas páginas de esa pesadilla alucinógena que es “El Almuerzo Desnudo”, anunciaba que partía hacia la búsqueda de una droga que propiciaba la telepatía y no provoca adicción (propiedades que no andan muy lejos de las que observamos en el Trillium).

En todo caso, una aventura en mayúsculas, en la que no dejan de pasar cosas emocionantes, y contada con emoción. Una obra especial, que ha visto certificada su calidad con una nominación a los premios Eisner.

Ecc son los encargados de traernos Trillium en una ediciónen rústica que recoge toda la serie limitada en un único volumen. Os esperan 192 páginas a todo color y con una buena calidad de papel, que, aparte d ela obra original tiene los consabidos artículos relacionados con la oba, y un útil y curioso “traductor” del idioma de los atabithianos. El precio recomendado de venta al público es de 17,95 euros.

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