Reseña: King of New York

Reseña: King of New York

Cuando creíamos que solo los japoneses eran atacados por seres monstruosos, llega Richard Garfield con su nueva creación y tira por tierra nuestra teoría: Nueva York se ha convertido en el nuevo campo de enfrentamiento. Homoludicus (ahora perteneciente a Devir) presenta al público ‘King of New York’ bajo un lema muy simple, “Destruye la Gran Manzana”. Inspirándose en las clásicas películas orientales en las que seres gigantescos asolan ciudades mientras se enfrentan entre sí, nos llega esta nueva entrega que toma el relevo del ‘King of Tokyo’.

Con la salida de este tipo de juegos los poseedores de versiones anteriores siempre se preguntan: ¿realmente merece la pena el desembolso? En este caso podemos contestar con un sí rotundo, ya que no se trata de una simple expansión, sino de un juego completo que mejora las pocas deficiencias del primero.

El planteamiento es el mismo, ser el último monstruo que quede en pie, pero las reglas han cambiado. Ahora, para convertirse en el ‘rey’ de la ciudad no solo tendremos que lidiar con el resto de jugadores, sino que además a la fórmula se le suma el ataque del ejército y la división del mapa en diferentes distritos. Los dados también han cambiado, pasando ahora a tener en lugar de números, estrellas, edificios destruidos y calaveras. Las primeras nos permiten alcanzar puntos de victoria al sumar varias, los segundos se utilizan para elegir qué edificios destruimos a nuestro paso y las últimas se convierten en ataques del ejército.

Reseña: King of New York

Al igual que en el primer juego, hay una zona central desde la que un monstruo (o dos, dependiendo del número de jugadores) puede atacar al resto o viceversa, solo que ahora esta zona, Manhattan, permite que nos movamos por ella y adquiramos mayores premios cuanto más tiempo aguantemos en ella. A su vez, el resto de distritos (Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island) permiten que haya dos monstruos como máximo en cada uno, lo que obligará a elegir bien nuestros movimientos.

Una de las grandes novedades son las fichas de edificio, donde se muestra un número y un beneficio (victoria, energía o vida). El número corresponde al número de ataques que puede aguantar el edificio, por lo que tendremos que sacar ese valor de edificios rotos en nuestra tirada de dados. Así, si obtenemos 4 por ejemplo, podemos romper un edificio de vida 3 y otro de 1, logrando el beneficio que en ellos aparecía. Eso sí, una vez destruido un edificio debemos voltear su ficha, desvelando así un tipo de unidad militar, que puede ser avión, tanque o jeep. Estas unidades, que pueden ser destruidas de la misma forma que los edificios, nos atacarán cada vez que saquemos en los dados una calavera, aunque dependiendo del número de estas, puede que las unidades de otros distritos ataquen a los jugadores que allí se encuentren.

Reseña: King of New York

Además de esto, también se han incorporado dos cartas especiales: ‘Ídolo de masas’ y ‘Estatua de la Libertad’. La primera la obtiene un jugador cuando saca un mínimo de 3 estrellas en los dados, otorgándole un plus de estas mientras la conserva, y la segunda la logra cuando saca 3 calaveras o más, ganando directamente 3 estrellas mientras la posea, aunque también pierde 3 cuando se la quitan.

El resto del juego se mantiene sin apenas cambios. Nuestro objetivo es acabar con todos los monstruos rivales o lograr 20 estrellas, y para ello contamos con cartas que podemos comprar con fichas de energía que iremos ganando a lo largo del juego. Estas cartas aprovechan los nuevos cambios incorporados al juego, por lo que no se pueden utilizar en ‘King of Tokyo’ ni viceversa. Tampoco podemos usar dados de entregas anteriores, aunque sí que podremos hacer uso de sus personajes. El número de jugadores y el tiempo de juego aproximado se ha mantenido intacto, siendo el primero de 2 a 6 y el segundo en torno a los 40 minutos.

Reseña: King of New York

Los componentes de ‘King of New York’ mantienen el mismo nivel de calidad que su predecesor: tarjetas y contadores de cartón grueso, dados con relieve y fichas verdes translucidas, además de las mencionadas cartas. El juego contiene en su interior un tablero que dobla en dimensiones al original, aunque a su vez, tal vez la doblez de este pueda verse afectada con el uso. Se incluyen también 64 cartas y 2 cartas especiales, 46 contadores (divididos en 13 de telaraña, 13 de maldición, 5 de recuerdo y 15 de caparazón), 8 dados (6 negros y 2 verdes), 45 losetas de edificio/unidad, 50 cubos de energía, 6 tableros de monstruo y 6 figuras de cartón con peana.

Estamos así ante un juego dinámico, sencillo y tremendamente adictivo, que mejora en todo a su predecesor, que ya de por sí era muy bueno. Las escasas carencias de este se ven suplidas en esta nueva edición que añade mejoras suficientes como para que el grado de entretenimiento crezca, manteniendo la sencillez que hizo del primero un juego apto para todo el mundo, ya sean veteranos o neófitos de los juegos de mesa.

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