Superman: El último hijo de la Tierra

Superman: El último hijo de la Tierra

¿Quién no conoce a estas alturas la historia de Superman? Creo que a menos que se haya estado viviendo en un búnker desde su primera aparición en 1938, quien más o quien menos sabe algo acerca del último hijo de Krypton. Este personaje, que se ha convertido en todo un icono y que bebe claramente de multitud de referencias bíblicas, debido sobre todo al origen judío de sus creadores, Joe Shuster y Jerry Siegel, ha tenido presencia en todos los medios de comunicación. Es por esto que a día de hoy, por mucho que nos cuenten nuevamente su historia variando pequeños ápices o con un nuevo aspecto, apenas somos sorprendidos. Salvo, y aquí es donde entra en juego el cómic ‘Superman: El último hijo de la Tierra’, que esta sea contada variando totalmente su fundamento.

Superman: El último hijo de la TierraSteve Gerber y Doug Weatley conocían esto y por ello idearon una historia que fuera capaz de romper con los cimientos del héroe. Lógicamente para ello tuvieron que salirse de la continuidad y publicar esta bajo la línea ‘Elseworlds’ (‘Otros mundos’ en nuestro país), donde se recopilan diversas historias concernientes a los principales héroes de DC Comics, con la salvedad de que todas ellas nos plantean mundos y situaciones muy diferentes a su trama común. Así, en el año 2000 lanzaban al mercado americano una historia llamada ‘Superman: Last son of Earth’, donde a diferencia de todo lo visto hasta el momento, nos hablaban de un Clark Kent que había nacido en nuestro planeta. Su padre, Jonathan Kent, era un científico que vaticinaba el fin de la Tierra, pero tras ver que la humanidad se negaba a confiar en sus propuestas, decidía enviar a su hijo al espacio, llegando este a un planeta llamado Krypton. Después de esto somos testigos del crecimiento del joven en un mundo para el que su cuerpo no está preparado, necesitando así hacer uso de un traje especial que le permita subsistir.

La mitología utilizada por los autores no es otra que la ideada años atrás por el célebre John Byrne, quien en su serie ‘Mundos de Krypton’ nos hablaba de un planeta en el que sus habitantes apenas se demostraban ningún tipo de afecto, algo que claramente se puede observar en las páginas de este cómic, donde veremos incluso las consecuencias de adoptar un ser ajeno a Krypton.

Superman: El último hijo de la Tierra

El buen planteamiento de este cómic, donde además de conocer más acerca del planeta natal de Jor-El nos muestran una vuelta de tuerca a la clásica historia de Superman, tuvo muy buena repercusión entre los lectores, lo que llevó a sus creadores a publicar una segunda parte tres años después, en 2003, bajo el nombre de ‘Superman: Last Stand of Krypton’.

En esta, que también se incluye dentro del volumen que la editorial ECC ha publicado, nos cuentan lo que sucede años después de la conclusión de la primera entrega, creando un nuevo giro de acontecimientos y concluyendo con un épico final cuyas influencias tomadas del universo Marvel son totalmente plausibles.

Steve Gerber idea así una de las obras más frescas del momento. A diferencia de otros ‘Elseworlds’, donde sitúan a sus personajes en lugares o épocas imaginarias, él hace uso de la mitología ya creada y le da un vuelco, logrando así crear una historia fantástica y llamativa.

Superman: El último hijo de la Tierra

Por otro lado, esta no podría gozar de tanta calidad si no es por el gran trabajo de su compañero a los lápices, Doug Wheatley. Con un trazo de estilo realista, un gran énfasis en el sombreado y un selecto uso de tonos apagados, Wheatley consigue transportar al lector desde la Tierra a Krypton y conseguir sumergirle en sus paisajes y decorados.

A España ha llegado por primera vez gracias a la editorial ECC, que ha editado ambos números dentro de un solo tomo en formato rústica que tiene un precio recomendado de 15,5€. Sus 168 páginas a color incluyen además de un artículo, la biografía de Stever Gerber en la parte final, ambos textos escritos por un servidor.

Stephen Ross Gerber (1947, Misuri; 2008, Nevada) comenzó su afición por los cómics creando a los 13 años uno de los primeros fanzines, el Headline. Durante esa época conoció a Roy Thomas, quien más tarde le permitió hacer una prueba encargándole una historia de Daredevil. Tras pasarla, entró a trabajar como editor asociado y escritor para Marvel. Después de numerosos trabajos, entre los que destacan lo que hizo con Man-Thing, creó al personaje Howard el pato. Estos trabajos los fue complementando con otros para la editorial DC Comics, donde años después publicó las miniseries ‘Superman: Last Son of Earth’ y ‘Superman: Last Stand of Krypton’. Su último trabajo fue en el cómic ‘Countdown to Mistery: Doctor Fate’, que no finalizó debido a su prematura muerte a los 60 años de edad.

Doug Wheatley es un dibujante canadiense que ha destacado sobre todo por sus trabajos en diversos cómics de Star Wars para la editorial Dark Horse, como son ‘Star Wars: Empire’, ‘La Venganza de los Sith’, ‘Star Wars: Republic’ o ‘Star Wars: Dark Times’, además de varios tomos únicos como ‘The Bounty Hunters: Kenix Kil’ y ‘Star Wars: Purge’. En el universo DC también se ha dado a conocer gracias a sus obras ‘Superman: Last Son of Earth’ y ‘Superman: Last Stand of Krypton’ que publicó junto a Steve Gerber entre el año 2000 y el 2003.

[review]

Superman: El último hijo de la TierraOlvida todo lo que sabes sobre el origen de Kal-El. ¿Y si en lugar de ser enviado desde Krypton a la Tierra sucediese al revés? ¿Y si Jonathan Kent es un científico que prevé una catástrofe y quiere salvar a su hijo?

Superman: El último hijo de la Tierra
 ofrece una visión contraria del origen del héroe, donde este, en lugar de aterrizar en Kansas, lo hace en el desértico paraje de Krypton. Profundizando en la sociedad de este planeta, Steve Gerber y Dough Wheatley crean una historia épica cuya continuación, incluida también en este volumen, es capaz de revolucionar la mitología del Universo DC. Este cómic, perteneciente a la línea Otros Mundos, reconstruye la leyenda de Superman de forma espectacular.

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