‘La tercera cara de la luna’ de Ángel Luis Sucasas

La tercera cara de la luna angel luis sucasas 2La tercera cara de la luna‘ que hoy tengo entre manos es la apuesta de Nevsky por una regeneración del fantástico español, de la mano de la avezada pluma de Ángel Luis Sucasas. Puede que no comparta del todo el panegírico exaltado en forma de prólogo con el que Félix J. Palma nos presenta la obra, pero hay que decir que ‘La tercera cara de la luna’ rebosa sentido de la maravilla y el estilo de Sucasas es excelente, como ya había constatado en obras como ‘Presencia Humana Magazine 5‘ o ‘Retrofuturismos‘ (por poner ejemplos recientes). De ahí a establecerse como nueva obra de referencia del género español va un trecho, el tiempo lo dirá. Dicho esto, considero que ‘La tercera cara de la luna’ es una gran antología de relatos, muy por encima de la media, de eso estoy seguro.

Otra cosa que me pareció muy curiosa del prólogo de Félix J. Palma es lo siguiente:

Leer a Sucasas es como oír a Clive Barker o Neil Gaiman contar un cuento junto a la lumbre una noche de tormenta.

Con estos dos exactos referentes se promocionaba hace apenas unos meses ‘El libro de Ivo‘, de Juan Cuadra, que poco tiene que ver con ‘La tercera cara de la luna’, quitando quizás un uso extremo del sexo y la violencia como ‘shock value’ que, a nivel personal, me conduce al hastío. No quiero ahondar demasiado en el asunto pero, cuando en trece relatos se menciona al menos tres veces lo de convertir a alguien en una pulpa sangrienta a golpes, el efecto previsto en el lector se diluye. No sé si es que la “sopa mental” del autor español contiene mucho ‘gore’ o que se abusa de las imágenes chocantes para tapar otras carencias, pero considero que mis relatos favoritos de ‘La tercera cara de la luna’ son aquellos que no necesitan de violencia explícita para funcionar. Y atención, no estoy diciendo que odie las escenas crudas, su uso moderado consigue resultados, es su abuso que hacer perder fuelle a la narración.

Por otro lado, creo que el estilo de Sucasas bebe de muchísimas fuentes y es mucho más que una inocua combinación de Barker y Gaiman. Porque si algo tiene Sucasas es una voz propia muy particular, que juega muy sutilmente con las expectativas del lector, que coge aquello que forma parte de nuestro imaginario colectivo y lo retuerce y destila en unos cuentos que resultan fascinantes porque van más allá de lo acostumbrado. Hay ejemplos como “El ocaso de los sueños” y “Más allá”, que me han dejado absolutamente anonadado por lo transgresores, imaginativos y sorprendentes que resultan. Debido a las obvias limitaciones del cuento, me temo que no he podido comprobar hasta qué punto es Sucasas capaz de hilar una trama compleja, para ello tendría que echarle mano a ‘Savanna‘, por ejemplo. Todos los cuentos tienen en común una ambientación sublime, con unas imágenes vibrantes y sobrecogedoras pero, si intento encontrarle una pega a estos cuentos, diría que algunos adolecen de una historia muy sencilla, con algunos personajes cuyas motivaciones no resultan del todo creíbles.

El primer relato de ‘La tercera cara de la luna’ es el más largo y el que tiene una trama más compleja. “Un cuento de la Dama Blanca” es una vuelta de tuerca a los cuentos de hombres lobo, con una ambientación muy conseguida (me encanta Rusia). Nos adentramos en una historia familiar de amor y odio, cargada de violencia, con un final excelente. Si bien la trama funciona de maravilla, no acabo de entender las motivaciones de Kolia, el protagonista, a partir de cierto descubrimiento.

“El último amanecer” es una recopilación de pequeñas escenas (muy cinematográficas) sobre el fin del mundo a medida que el último amanecer va sucediendo en varias franjas horarias. Historias mínimas y retorcidas que se devoran con avidez, una gran demostración de lo que da de sí el pequeño formato.

Uno de mis relatos favoritos de ‘La tercera cara de la luna’ es “Por ti…”. Lo es por lo sutil de su narración, por la ambientación típica del realismo mágico y por lo bien que fluyen los diálogos. El relato transmite una cercanía, una familiaridad que hace que simplemente te dejes llevar como lector. Melancólico y poético, “Por ti…” es un relato precioso, que ahonda en la parte más humana de la magia.

“El ocaso de los sueños” y “Más allá”, que ya he mencionado arriba, son relatos en forma casi de mito fundacional, de protohistoria más allá del tiempo o del espacio. La primera con una ambientación más de fantasía medieval clásica y la segunda como una teogonía lisérgica desatada. Sorprenden por lo ajenos que resultan, y me temo que serán los que más vívidamente recuerde de todo el libro.

En “La sonrisa y el reflejo” nos encontraremos con el clásico tema del dualismo del bien y el mal, del protagonista y el antagonista y de cómo ambos forman parte de lo mismo, en un cuento bien escrito pero que podría haber dado un poco más de sí.

“La ofrenda” es un relato con una ambientación fantástica muy interesante, con unos personajes bien definidos y una historia bien trabada. Sería uno de mis favoritos sino fuera porque la trama avanza con las acciones de un personaje (la elfa) cuyas motivaciones no tienen sentido, como ya pasaba con el primer relato.

“El día que dije no a un imperio” es un curioso relato en primera persona sobre un viejo que halla un tesoro en forma de chica plateada entre los escombros. Hay que destacar una voz narrativa atípica y una ambientación que combina lo fantástico con la ciencia ficción sin baches ni costuras. La trama no es que sea para tirar cohetes, pero el final es muy llamativo.

Un relato especialmente bien hilvanado es “La despedida”, otro de mis favoritos. Por algún motivo que queda en suspenso, en el relato solo vemos que hay niños y adolescentes, en un mundo que combina el optimismo de las aventuras y lo fantástico con la amargura de lo postapocalíptico. Con un tono melancólico y una ambientación genial, este relato pone muy alto el listón del relato de género patrio.

El que le sigue, “La llamada del cazador”, es también una absoluta genialidad. La ambientación, de corte fantástico, sutilmente nos presenta un mundo en el que los límites entre la vida y la muerte están menos definidos. Los personajes bullen de vida y el elemento mágico es muy atractivo. La trama fluye de maravilla y el final, de nuevo, es perfecto. De principio a fin, suena a poesía.

“Omeyocán” es un relato muy interesante que pierde fuerza por el abuso de la violencia, a mi parecer. Narrado en primera persona y en español de México, al principio puede resultar extraño, pero luego es un condimento agradable al paladar. Pese a su crudeza, el imaginario que se desarrolla en el cuento tiene una belleza sutil nada desdeñable.

Los dos últimos cuentos, “El mago de doble cuerpo” y “Máscaras”, son los más cortos de la antología y quizás por eso no llegan a ser tan fascinantes como el resto. Un final un tanto aguado tras la explosión de maravillas que el lector ha experimentado durante ‘La tercera cara de la luna’.

angel luis sucasas la tercera cara de la luna

En definitiva, no puedo juzgar si esta antología de relatos va a ser el próximo libro de referencia dentro del fantástico patrio, pero ya os puedo asegurar que Ángel Luis Sucasas es un autor destacado en este panorama y que seguramente seguirá asombrándonos con obras maravillosas en el futuro. ‘La tercera cara de la luna’ es una gran demostración de lo que puede hacer el autor y espero seguir leyendo cuantos tan bien escritos como “La despedida”, “Por ti…” o “La llamada del cazador”. Considero que hay que pulir algunos elementos, como las motivaciones de algunos personajes o la extrema violencia como ‘plot device’, pero no dudo de que veremos más y mejor de Sucasas próximamente.

La edición de Nevsky – Fábulas de Albión tiene 272 páginas, con buenos márgenes y tamaño de letra, en una edición en rústica con solapas. La portada de Zuri Negrín es otra de sus maravillas minimalistas, y me encanta. La corrección ortotipográfica y la maquetación son perfectas. Por 19 € podéis llevaros a casa este portento del sentido de la maravilla, cuya lectura recomiendo a todos los que tengan interés por explorar más allá de los límites de lo fantástico.

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