Next Men Volumen 3

Portada del tomo 4 de Norma
Portada del tomo 4 de Norma

Continuamos la trayectoria de la gran obra del maestro John Byrne en su aventura independiente. En los anteriores tomos hemos visto el origen de este extraño grupo de mutantes y sus primeros enfrentamientos con amenazas superhumanas, al mismo tiempo que Byrne hacía gala de su excelencia narrativa rompiendo los presupuestos y clichés del cómic de superhéroes.

El célebre autor sumergía a sus protagonistas en un juego de espejos, en el que su ignorancia ante el mundo real se transformaba en su peor enemigo. Envueltos en una conspiración que superaba con mucho la consciencia de los implicados, los Next Men parecían marionetas en manos de los engranajes de poder empeñados en reconstruir la humanidad a partir de su retorcida imagen. En el punto de mira, el futuro del planeta Tierra, del que ya vimos un perturbador atisbo en la serie prólogo a Next Men, 2112, en el que conocimos al villano que mueve los hilos en la sombra, el maquiavélico Satanás.

En este nuevo tomo, los Next Men son unos fugitivos huidos de la justicia, y son considerados una amenaza pública. Aquellos que pretenden controlar su poder pondrán a disposición de esta cacería todos los recursos imaginables. No importa quién se ponga en el punto de mira. Incluso aquellos que en su momento se presentaron como aliados de estos jóvenes, se sitúan al otro lado de la línea, en un punto clave en el que las máscaras empiezan a caer y nadie es quién decía ser en un principio. Perseguidos y odiados, Byrne se centra de nuevo en la gran pregunta que sustenta su apuesta desde el principio: ¿Hay lugar para los superhéroes en el mundo real?

La respuesta a esta pregunta se descubrirá como dramática en las sagas Fe y Poder, incluidas en este tomo, que lleva el riesgo narrativo de Byrne a un nuevo nivel.

Para situar esta saga y su importancia en el contexto que la corresponde, hay que hablar de un autor que, a finales de los 80, rompió todos los moldes con Animal Man. Hablamos de Grant Morrison, nuestro escocés chiflado favorito. En aquella etapa al frente de las aventuras de Buddy Baker, Morrison certificaba la validez de su visión respecto al medio en el que trabajaba, y comenzaba su particular viaje a la esencia misma de la creación, en el que sigue enfrascado hoy día (como muestra su trabajo en la iconoclasta Multiverso, donde retoma todos su temas clásicos y da una vuelta de tuerca a la mitología de DC). En la parte final de su estancia en Animal Man, Morrison sorprendía a propios y extraños al enfrentar al protagonista de la colección con el autor mismo de sus aventuras y desventuras. En un proceso de catarsis pocas veces visto en el cómic, Morrison se presentaba a sí mismo como una especie de demiurgo todopoderoso y obligaba a Baker a tomar conciencia de su propia identidad como héroe de ficción.

¿Qué me pasa, doctor?
¿Qué me pasa, doctor?

El impacto de esta revolucionaria concepción de las aventuras de un superhéroe segundón como Animal Man iba más allá de las viñetas del cómic. Morrison daba el pistoletazo de salida para una nueva identidad del medio, y daba un paso de gigante que continuaba la labor de autores como Alan Moore (que ya había trabajado conceptos metaficcionales antes, como por ejemplo en la gigantesca Watchmen), Frank Miller o Neil Gaiman, por poner los ejemplos más sonados. Gracias a la apuesta de Morrison, el cómic americano se ganaba el derecho a pasar a la edad adulta de manera definitiva. Podía transgredir sus propias normas, transcender su propia esencia como entretenimiento, hablar de sí mismo dentro de sus propios términos con un discurso tan serio y elaborado como el de los medios de expresión artística más encumbrados por lo crítica y los estudios culturales.

Hablar de lo que significó Animal Man daría para una tesis doctoral, y no es el caso, pero teniendo en cuenta el despliegue de Byrne en este tomo de Next Men, era inevitable hablar de la influencia de esta época en el que el cómic cambiaba para siempre.

El cómic americano, en general, pasaba una crisis creativa y económica pocas veces experimentada, de la que  ya hemos hablado en anteriores entregas, y que propició, entre otras cosas, la llegada de firmas muy importantes al mercado alternativo e independiente. Esto significaba que los autores, encorsetados en las normas de las grandes editoriales, en un periodo de intransigencia desastrosa (sobre todo en Marvel. DC todavía tenía cierto sentido del riesgo, que ha mandado al garete desde hace unos pocos años), buscaban con desesperación nuevas formas de romper los moldes. Entre medias de la complacencia y la repetición de esquemas desde el concepto comercial más aburrido, es donde ganan enteros las apuesta arriesgadas como la de Byrne.

Invitados de lujo
Invitados de lujo

En un concepto muy parecido al de Morrison, Byrne enfrenta a los Next Men a la aparición en su propio mundo “real” de toda una horda de personajes escapados de las viñetas del cómic. Una sociedad confusa y acostumbrada a la normalidad más absoluta ya lo tenía bastante complicado para aceptar en su mundo a los mutantes de Next Men, así que imagina como afecta el hecho de que criaturas como Hellboy o Concrete (Señores de Norma Editorial…¿Reedición, porfa?) se paseen por las calles.

Byrne aprovecha su arco narrativo para dejar muy clara su postura ante el mercado del cómic. Com valentía y sin polémica de baratillo, deja patente su postura en una época de cambios rotundos respecto a al poder de las grandes marcas y el concepto de autoría. Lo hace a través de la metaficción más traviesa, ya que se sitúa a sí mismo como un personaje real dentro de este mundo fantástico creado por él mismo. Ya no es que el cómic se llene de criaturas de ficción dentro de otra ficción válida por sí misma, es que autores como Mike Mignola aparecen como secundarios de lujo en la narración de Byrne (y al mismo tiempo es dibujante invitado en uno de los números de este tomo, cerrando el círculo de manera brillante).

Cómo no, uno de estos personajes escapados de las viñetas, se enfrenta en el mundo de los Next Men a su creador, y le exige un trabajo de redención, asqueado de su propia condición de villano y dolido por venir impuesta de la imaginación de un escritor que, por primera vez, toma conciencia de sus acciones como creador.

Las soluciones escogidas para solucionar este viaje metaficcional no son del contenido metafísico que trabajó Morrison en su Animal Man, pero son muy válidas desde la perspectiva usada por Byrne. El afamado guionista está muy alejado en intenciones del escritor escocés, y decide aterrizar en el mismo punto en el que partía, sin la trascendencia de Animal Man. La historia de Byrne no lo necesitaba, y sí que sirve para que los Next Men descubran más terribles secretos sobre sus propios poderes y de las consecuencias de su contacto con la gente normal.

Aparte de estos magníficos experimentos narrativos, Byrne continúa sus tramas de espionaje, traiciones y mentiras ocultas. Los protagonistas siguen a merced de enemigos invisibles, y Byrne juega con el lector de manera magistral. Aunque parece que ofrece información más que válida que pone al espectador muy por delante de los protagonistas, los acontecimientos se precipitan y nada es lo que parecía. Aunque, por supuesto, Byrne es un escritor amable y ha dado suficientes pistas para que la anticipación del lector ponga las fichas en el lugar correcto del puzle. Sin caer en lo previsible, las cosas se sitúan en un nuevo punto de partida, sorprendente pero esperable y lógico con lo que el autor ha estado gestando desde el número 1.

Los Next Men
Los Next Men

En este momento, llegamos al parón de la serie que Byrne se tomó como un descanso. Lo que iba a ser un periodo breve de reflexión duró la friolera de 15 años en el dique seco. Una auténtica patada a los fans, desde luego, que se quedaron en un punto de la serie muy interesante, con una gran parte de las tramas cerradas, pero con un buen puñado de nuevas incógnitas en la cabeza.

Por suerte, vosotros no tendréis que esperar otros 15 años. En unas semanas, tendremos por aquí la despedida y cierra de esta gran colección en el análisis del tomo 4 editado por norma, y que da fin al gran viaje de Byrne por el concepto del superhéroe.

El tercer tomo de las aventuras de los Next Men recopila los números del 19 al 30 de la edición original americana. Como en anteriores ocasiones, hablamos de un volumen editado en cartoné con sobrecubierta de aspecto bastante elegante. 332 páginas a todo color que se traducen en un precio de venta al público de 27 euros.

[Review]

NO TODO ES LO QUE PARECE.

El mundo acaba de conocer la existencia de los Next Men , humanos con poderes increíbles que parecen salidos de las páginas de los cómics. Pero lo más sorprendente es que literalmente han empezado a aparecer personajes de cómic por la ciudad de Nueva York. Mientras, los Next Men vuelven a ser perseguidos y el único refugio que encontrarán será en el oscuro mundo subterráneo bajo Manhattan.

Pero su huida es en realidad el camino hacia su destino: una conspiración para cambiar el futuro y el pasado.

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