Spiderman: La era del traje negro

Portada del tomo publicado por Panini
Portada del tomo publicado por Panini

Muchos de los que crecimos durante los 80, tuvimos nuestro primer contacto real con el mundo Marvel gracias a la legendaria colección de figuras basadas en Secret Wars. El bombardeo publicitario hizo su trabajo, y la muchachada de la época acabó con estos muñecajos en casa, los más jovencitos sin mucha idea de lo que el evento significaba realmente. En aquella época, por supuesto que sabía quienes eran Spiderman o Capitán América, pero más por referencias o el encontronazo casual con uno de sus cómics que por afición o coleccionismo. Lo cierto es que aquella invasión juguetera significó el paso definitivo para una generación hacia el colorido mundo de los superhéroes de La Casa de las Ideas (misión cumplida, chicos de Marvel). Por mi parte, dejé apartado mis Asterix, Mortadelos y Sacarinos para caer rendido a todo un mundo por descubrir de tipos enmascarados y aventuras imposibles. Incluso al poco tiempo, los mismos juguetes que se convirtieron en excusa acabaron en un baúl, sepultados por mi recién adquirida voracidad lectora (y además llegaron los G.I. Joe, con tantos puntos de articulación que las figuras de Secret Wars parecían maniquís… molones, sí, pero maniquís al fin y al cabo oiga). Ya era un fanático de la viñeta para los restos, y empezaba una época en la que aprendimos lo duro que era ser lector de provincias (otro día os cuento la odisea de conseguir material ante la incomprensión del kiosquero de turno. Benditas librerías especializadas, amigos).

Toda esta introducción de abuelo Cebolleta es inevitable si hablamos de la época en la que Spiderman lucía su atuendo negro, ya que las Secret Wars son el origen del cambio de estilismo del trepamuros (aparte de que hoy me he levantado nostálgico). En aquel viaje a los confines del universo perpetrado por el Todopoderoso, Spiderman volvía con un recuerdo de lo más curioso de aquel Mundo Batalla original: un nuevo traje que respondía a sus órdenes mentales y que se adaptaba como un guante al personaje. En su regreso a la Tierra, el bueno de Spidey adoptaría este uniforme como el oficial, ya que con un pensamiento podía adoptar la forma de su ropa civil, además de que lanzaba un fluido muy parecido a sus telarañas de manera orgánica. Todo ventajas.

Pero en la vida del bueno de Spiderman las cosas nunca son tan fáciles.

Revelaciones definitivas
Revelaciones definitivas

En aquella época, los cambios en la colección de Spidey no tenían que ver únicamente con el vistoso cambio de look. A nivel editorial, se producían enormes cambios en las bambalinas de la serie, entre otras cosas la marcha de Rogern Stern, un tipo que había devuelto el dinamismo a las historias de Spiderman en una aclamada etapa. Junto a John Romita JR. marcaron la línea a seguir en el futuro gracias a dos increíbles años en los que pusieron en perspectiva a un personaje que necesitaba algo de frescura. Tras esa recordada estancia al frente del trepamuros, Stern decidió buscar nuevos desafíos al hacerse cargo de Los Vengadores, animado por las diferencias profesionales con el editor Danny Fingeroth. Al final, el sucesor de Stern sería Tom DeFalco, editor arácnido de aquella etapa gloriosa que terminaba. Pasó a primera línea de combate no sin reservas, pero el tiempo demostraría que su conocimiento del personaje tras años como editor era una columna básica para que los excelentes resultados de la época de Stern tuviesen una continuación natural.

El encargado de la parte visual, Ron Frenz, un tipo que, desde mi punto de vista, hizo magia en cada viñeta. Ha pasado a la historia como un secundario, sepultado por el enorme número de leyendas que han puesto su arte al servicio de nuestro amistoso vecino, pero, en mi opinión, se merece un puesto en lo más alto de la historia del trepamuros. Quizá habla un poco la nostalgia, puesto que fue uno de los primeros dibujantes que pasaron ante mis ojos de estrenado lector de tebeo, e hizo mucho por la imagen mental de Spiderman que se formaría en mi mente con los años, pero su labor de recuperación de la esencia básica de este icono del noveno arte bien merece ser reivindicada.

Frenz renunció un tanto a sí mismo por el beneficio de la serie. Sus ojos estaban puestos en Steve Ditko, creador gráfico de Spiderman, en aquel héroe un tanto desgarbado, casi monesco en sus movimientos. El espíritu del trepamuros clásico volvía a las viñetas, dejando de lado el Spiderman más musculado establecido como canónico por Jhon Romita. El personaje se estiliza, acompañado por el espectacular diseño del uniforme negro que acentuaba el impactante aspecto del remozado Spidey, que encontró en Frenz su mejor aliado. El estilo de este dibujante era puro dinamismo, movimiento, acción física. Si bien no podemos decir que fuese el colmo del riesgo en el planteamiento de planos y página, compensaba con la constante búsqueda de sensaciones para el lector, atrapado por esas demostraciones de carisma inconfundible. Hasta en los momentos de calma, su visión de la figura humana y las interacciones entre los personajes resultan muy atractivas por ese punto de encuentro entre lo clásico y lo nuevo. Todas estas virtudes llegaban al paroxismo en los momentos en los que empezaba el intercambio de mamporros, con momentos realmente espectaculares, como los consabidos enfrentamientos con el Duende, que hicieron menos dolorosa la salida de Romita JR. de la colección. Uno de mis dibujantes favoritos de Spiderman, como habéis podido notar (mirad, esa es mi objetividad que se aleja balanceándose en red).

El regreso de las Secret Wars
El regreso de las Secret Wars

Otra de las cosas que recuperó Ron Frenz del estilo Ditko es la simpática manera de cambiar la expresión facial de la máscara de Spiderman. Puede que se pierda realismo con el recurso, pero desde luego gana en humor y emoción, dos factores imprescindibles para entender al personaje.

DeFalco era un tipo inteligente e intuitivo, y comprendía las líneas a seguir en la colección. Optó por un modelo de continuidad, que evolucionaba las tramas planteadas por Stern, pero con una buena cantidad de novedades que hacen de esta etapa tan imprescindible como su predecesora, aparte del consabido traje. Para empezar, desarrolló la evolución de este elemento hasta que quedó confirmada su identidad como el famoso simbionte que acabaría tomando el nombre de Veneno, transformado en uno de los enemigos por excelencia del trepamuros durante un par de décadas. El ente vivo amenazaba con insertarse en el cuerpo de Peter para siempre, aunque gracias a la intervención de los 4F consiguen que el organismo alienígena se separe de su confundido huésped. El posterior paseo por New York de nuestro héroe con un uniforme de los 4F y una bolsa de papel en la cabeza, a cuenta de la enésima broma de la Antorcha Humana, forma parte de los momentos más humillantes (y divertidos), de la historia del personaje.

Además, introdujo en el universo Spiderman a Puma, uno de los mejores villanos que han pasado por la colección, y que realmente puso en jaque al trepamuros. Hacen apariciones villanescas ilustres como Marta Plateada, Kingping, el Señor del Fuego, y, cómo no, El Duende, convertido en el maloso de referencia de la época. El enfrentamiento casi definitivo que protagonizan es absolutamente espectacular; a vida o muerte se torna en verdad absoluta cuando la vida de los amigos de Peter Parker está en peligro.

DeFalco, junto con todos estos momentos para el recuerdo, no olvidó la otra gran faceta de las historias de Spiderman: la vida personal de Peter Parker. A estas alturas, estaba claro que el personaje e dirigía sin posibilidad de marcha atrás hacia la vida adulta. Las decisiones acerca de su vida serán motivo de los atribulados vaivenes a los que nos tiene acostumbrados, pero el aporte de los secundarios en estos números es algo especial y definitorio para muchos de ellos. En especial, es importante el regreso de Mary Jane Watson a la vida de Peter. El reencuentro traerá grandes revelaciones, y conoceremos a fondo el trasfondo de esta chica que, hasta el momento, no pasaba de ser la alocada vecinita de al lado. DeFalco construye el pasado de la joven y la humaniza hasta el punto de que desaparece todo lo que se había dado por sentado alrededor de ella y su mundo. Tras esa fachada despreocupada de eterna sonrisa, MJ escondía sus propios secretos y fantasmas. El momento de sinceridad con Peter al revelar su historia está en mi colección personal de grandes momentos de la historia del trepamuros. De repente, MJ tenía un trasfondo y profundidad como personaje de la que nunca había gozado, por ejemplo, Gwen Stacy, el gran amor de Peter, que a estas alturas era un recuerdo sublimado por los fans más que otra cosa. Spiderman, MJ, los amigos de Peter como Harry Osborn, crecían y se enfrentaban a  decisiones y responsabilidades adultas.

El cerilla, siempre tan gracioso
El cerilla, siempre tan gracioso

Los autores de esta época de Spiderman (me atrevería a decir que la mejor que ha vivido el cabeza de red) consiguieron que todo fuese nuevo y brillante y, al mismo tiempo, la colección permaneciese afín a su esencia. Todos reconocemos a Peter y su entorno, al mismo tiempo que observamos como las cosas cambian en un momento en el que al personaje no le quedaba más remedio que enfrentarse a ese episodio tan difuso en la vida que es hacerse mayor. Todo desembocaría en el evento por antonomasia en la vida de Spiderman, su polémica boda con MaryJane (de la que hablaremos en otro momento, chicos y chicas), pero, desde luego, el viaje no podía ser mejor de la mano de estos autores que dieron una identidad fabulosa a un personaje que se merecía este momento en una época dorada para Marvel. Imprescindible, MarvelZombies.

Mención especial al episodio mítico de la visita de Spiderman a las urbanizaciones residenciales fuera de la ciudad, escrito por Peter David. Descacharrante variación con telarañas al clásico pez fuera del agua. De aplauso.

Panini recupera en un voluminoso tomo esta aplaudida etapa dirigida por Tom DeFalco y Ron Frenz. En su interior encontraréis Amazing Spider-Man 252-274, Annual 18 y 19, Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 111 y What If? 46 USA, aparte de una buena colección de extras e interesantes artículos que descubren todos los pormenores de la época en la que se publicó en origen, a mediados de los 80. Un libro de tapa dura y 728 páginas a todo color, que se traducen en 48 euros de precio recomendado de venta al público. 

El espectacular volumen que continúa las aventuras del trepamuros tras Marvel Héroes: El Asombroso Spiderman de Roger Stern y John Romita Jr. La etapa a cargo de Tom DeFalco y Ron Frenz en la que tuvo lugar el nacimiento de un mito: ¡El traje alienígena! Después de las Guerras Secretas, Spiderman vuelve a casa, con un nuevo y alucinante traje, capaz de realizar cosas asombrosas… Pero pronto descubrirá que el traje es más de lo que parece: es un alienígena capaz de regenerarse y aumentar las habilidades del trepamuros. Además, el debut de La Rosa y El Puma, el regreso del Duende, la boda de J. Jonah Jameson, el pasado nunca antes contado de Mary Jane y la alucinante batalla entre Spidey y el Señor del Fuego, entre otras míticas historias. El volumen se completa con un relato en el que Ron Frenz rehacía los orígenes del trepamuros, bajo una sugestiva premisa: ¿Qué hubiera ocurrido si tío Ben nunca hubiera muerto?

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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