Ted 2: Crítica

Ted 2: Crítica

Vuelve a nosotros ese sueño convertido casi en pesadilla gracias a Seth McFarlane, en el que nuestro juguete favorito, compañero de juegos, adquiere vida y se convierte en nuestro mejor amigo.

Teddy Bear, que es como normalmente se llama a los “ositos de peluche” en norteamérica, más conocido por todos como TED, vuelve en una secuela que estaba obligada dado el grań éxito de público (y de taquilla, por tanto) que tuvo su predecesora.

En esta historia volvemos a tener más de lo mismo, una serie casi interminable de chistes, algunos más afortunados que otros, y o muy bien hilados. Y es que la trama en este caso es lo de menos, un McGuffin puro que sirve como vehículo del ingenio del guionista y director Seth McFarlane.

Comenzamos con la boda de Ted, lo que sirve para hacernos idea de por dónde va a ir el resto de la película: algunas escenas más o menos tiernas rematadas por otras con un tono irreverente(truco fácil pero resultón): Es el día más feliz de Ted y, a la vez, señal de que en EE.UU. a nadie e importa nada tan esperpéntico como una boda entre un ser humano y un oso de peluche.

Ted 2: Crítica

Esta va a ser la premisa de la película ¿Un juguete, con sentimientos y personalidad, es una persona o una cosa?. Esta pregunta será la trampa para que creamos estar viendo una comedia con un fondo algo serio, dando la sensación de que quiere mostrar el dilema moral, ético y sociológico de tal situación. Nada más lejos de la realidad.

Los que conocen la obra de McFarlane ya estarán advertidos de sus temas favoritos, así como de su manera de exponerlos: nombrar famosos para ridiculizarles, sexo y marihuana, con un intento de provocación bien vendido a los medios (que le consideran hace tiempo un “enfant terrible”, pero que en cuanto a soez y escandaloso no le llega ni a la suela de los (sucios) zapatos de nuestro Torrente. Ni siquiera el chiste visual con semen llega a ser incómodo, quedando en un un fútil intento de parecer transgresor.

Tras un año de boda, el matrimonio de Ted es un infierno y deciden tener un hijo. Adoptarlo, más bien, dada la imposibilidad de que un oso de peluche pueda tenerlo. Esto se complica por la burocracia, que no permite que una “cosa”, un juguete pueda tener derechos civiles. Así tendremos una pequeña parodia, también, de las películas de tribunales en la que se debatirá de un modo ligeramente absurdo el dilema, supuestamente, central de la película.

Ted 2: Crítica

Eso sí, algunos chistes son realmente divertidos y, tal vez, la mayoría de ellos estén reunidos en la parte casi final cuando los protagonistas visitan la ComicCon de Nueva York, donde encontraremos escenas plagadas de guiños a nosotros, los aficionados al mundo del cómic, las series, etc .

Sin embargo, los momentos de dulzura que salpìcan la historia están totalmente fuera de tono, apagando el tono divertido y sarcástico del resto. Una triste concesión para una película que no debía haber perdido su tono irrespetuoso.

Dicho esto, la película cumple con lo que muchos espectadores esperan de ella tras haber visto la primera. Con algunas escenas “moñas” alargadas más de la cuenta, encontraremos los mismos chistes, burlas y cameos que en la entrega anterior. Y eso no es ni bueno ni malo…. mientras no pretendan mientras no pretendan hacer una tercera, claro.

 

Ted 2

Escrita y dirigida por Seth McFarlane (‘Padre de familia’, ‘American Dad’) y coescrita por Alex Sulkin y Wellesley Wild, ‘Ted 2’ llegará a los cines de EEUU el 26 de junio de 2015 (aún no hay fecha confirmada para España). Mark Wahlberg volverá a repetir papel protagonista en esta secuela, y junto a él veremos a Amanda Seyfried, quien tendrá el principal papel femenino en lugar de Mila Kunis, y a Morgan Freeman, interpretando a un abogado experto en derechos civiles que tiene que ayudar al oso Ted. La película se está grabando actualmente en la ciudad de Boston.
Reseña
Previsible
Del amanecer de los tiempos vengo, he visto cosas que muchos no recordáis y ni siquiera habéis vivido. Nadie jamás ha sabido que estaba entre vosotros… hasta ahora. Culturalmente disperso, soy un bicho raro: me gusta la literatura, el cine, la música, los cómics, la tecnología... Debo ser el único ¿verdad?

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