Patria, de Nina Bunjevac

Es curioso leer obras como Patria en días como los que nos toca vivir. Mientras que muchos usan la historia y las fronteras como hechos inamovibles para sustentar posiciones, resulta que ahí está nuestro pasado para refutar esas ideas con más base en los mitos que en la realidad de los pueblos. En esta novela gráfica de Nina Bunjevac revisitamos un país que ya no existe, cuyas fronteras se desdibujaron de los mapas de manera bastante sonora hace ya unos años. Es posible que muchos de vosotros, lectores, ni siquiera habíais nacido cuando en los Balcanes estallaba un conflicto que acabó por encender todas las alarmas en el continente. Desde la Segunda Guerra Mundial no se conocía un estallido de violencia de la envergadura de este conflicto en la antigua Yugoslavia, que terminó con la desmembración del país y muchas heridas sin cerrar. Duran

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El tomo presentado por Turner

te toda la década de los 90, los conflictos entre territorios que un día compartieron fronteras se sucedieron ante el espanto de la comunidad internacional, pero, claro está, aquella catástrofe tenía sus antecedentes, que implica un complicado proceso de odio y desencuentros.

Lo que aparece en los libros de historia suele dejar de lado a los pequeños momentos protagonizados por la gente pequeña, por aquellos que fueron arrastrados por la fuerza arrolladora de las circunstancias. Después de las bombas llega el silencio, el olvido, el esfuerzo por recuperar una vida normal más allá de las imágenes del horror tan difíciles de borrar. También queda el peso de la derrota, de la impotencia y el arraigo del sentimiento de venganza. De toda esa humanidad en estado puro, con sus luces y sus sombras, es de la que habla Bunjevac a través de su pintoresca historia familiar.

La autora se sumerge en este género dentro de la narración gráfica que tantos aplausos ha despertado a nivel de crítica y público, ubicada en la búsqueda de la identidad a través de la reconstrucción de un pasado turbio. Es necesario caer en las comparaciones de esta obra con la célebre Persépolis, de Marjane Satrapi, o la excepcional (y recomendadísima) Fun Home, de Alison Bechdel.

En Patria, Bunjevac usa su presente para trasladarnos a los años 70 en la antigua Yugoslavia, con la idea de reconstruir la difusa figura de su padre, un violento fanático anticomunista que acabó sus días como parte de una célula terrorista en Canadá. Espantada por la realidad de su marido, la madre de la autora escapó con sus hijas a la antigua patria europea de su familia, donde creció bajo los auspicios de su abuela, que odiaba todo lo que su padre representaba. En la edad adulta, y tras regresar a su Canadá natal, Bunjevac comienza un viaje interior a la búsqueda de respuestas ante lo que ocurrió en su infancia.

Un mundo en conflicto
Un mundo en conflicto

La búsqueda de esa realidad familiar es también la de la identidad de un país en una época determinada, punto de origen de muchos de los horrores posteriores. Todos los odios en plena fermentación se desatan en el cotidiano mundo de la familia de la autora, donde las viejas rencillas chocan con el sueño de una vida mejor.

Bunjevac construye su historia sobre tres partes diferenciadas. En la primera, recuerda su huida, desde la perspectiva adulta y la complicada relación con su madre, marcada por el enfrentamiento con el padre .En la segunda parte nos sitúa históricamente en la difícil realidad de la Yugoslavia de post guerra. Para el acto final, Bunjevac comienza el viaje hacia el reencuentro con su padre, del que apenas tiene recuerdo, a través de los retazos de su historia; sus desgracias e insípidos pasos hacia el exilio dibujan los motivos de las terribles decisiones que le llevaron al posicionamiento fanático. Bunjevac busca al hombre tras el monstruo, en un catártico viaje personal a través de la pérdida y desarraigo, metáfora intensa de una nación.

Bunjevac se enfrenta a su historia con honestidad bestial, dispuesta al desnudo total de su búsqueda. Para ello hace valer el fabuloso y obsesivo uso del blanco y negro, íntimo y expresivo, basado en los planos medios, los espacios sencillos, la poderosa presencia de la sencillez cotidiana. El mundo infantil de la pequeña Nina es el contraste de al tensa realidad adulta. La autora saca a relucir su arsenal visual, y deja al lector una puerta abierta a aquellos días en una nación que ya no existe. Con sencillez pero con una personalidad única, el trabajo sobre el tablero de dibujo de esta autora es apabullante. Para los que buscan algo más que espectáculo, Bunjevac se recrea en los detalles, en los rostros, en lo pequeño. También hay sitio para la experimentación, y es en esos momentos cuando la artista brilla con su mirada sensible y directa.

Un paseo por la historia
Un paseo por la historia

Quizá, lo único que se puede achacar a la propuesta de Nina Bunjevac es, precisamente, el peso de sus ilustres precedentes. Nadie duda de la honestidad introspectiva de la búsqueda de esta autora, pero todas sus intenciones quedan un poco indefinidas por que ya hemos leído la reconstrucción histórica de Persépolis y el duro enfrentamiento con el padre en Fun Home. Aunque el trabajo de Bunjevac rebosa personalidad propia, es inevitable la comparación, y en ese sentido, el relato de esta autora es mucho más frío y menos implicado de lo esperado en un viaje de connotaciones tan personales. Aún así, es una voz propia, que absorbe las influencias, la historia y su propio bagaje personal para recordarnos que, a pesar de los mitos, de las endebles ideas de eternidad o la historia común, todo cambia. A veces, de manera dramática y dolorosa.

Una obra a tener en cuenta, narrada con excepcional belleza hacia el corazón de un país que, quizá, nunca existió más allá de las fronteras dibujadas en un mapa.

Patria está editado por Turner Libros en su colección El Cuarto de las Maravillas. 160 páginas encuadernadas en una lujosa tapa dura, la edición es de un gran cuidado visual. Podrás encontrar esta obra en tu librería al precio de 19 euros.

Arrastradas por una madre que huye atemorizada del marido, Nina Bunjevac y su hermana abandonan Canadá y se instalan en la Yugoslavia de mediados de los años setenta. Un viaje extraño, el regreso a una tierra de la que la familia ya se había exiliado, un lugar marcado históricamente por el odio y los fanatismos políticos; otra vuelta a la rueda de dolor que siempre azotó los Balcanes.

Al cabo de muy poco tiempo, el padre de Nina, anticomunista radical, morirá mientras prepara una serie de atentados contra embajadas y simpatizantes de Tito en Canadá y Estados Unidos. Y unos cuantos años más tarde, Nina acabará dibujando lo que no puede decirse. Porque Yugoslavia fue y es todavía la gran metáfora europea, la del intercambio y el rechazo, la mezcla y la pureza, la religión y la política, el espíritu de revancha y el espíritu de redención.

En la estela de clásicos como Persépolis, de Marjane Satrapi, Patria da cuenta de lo eterno y lo personal, de cómo el peso de lo primero a menudo lastra irremediablemente lo segundo. Y podría compartir estantería con rigurosos volúmenes de historia o con novelas realistas y libros experimentales. Pero su lugar está, sin duda, entre las joyas de la narrativa gráfica de no ficción.

 

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