Ciclo Lovecraft, En las montañas de la locura y otros relatos

H.P. Lovecraft
H.P. Lovecraft

Tiempo llevaba yo queriendo sumergirme en los misterios y terrores que creó el escritor de Providence, pues tiempo llevaba escuchando las historias de oscuridad, sectas que adoraban a seres venidos de más allá del universo, y personas que descubrían una realidad que enloquecería hasta la persona más cuerda.

Tres fueron los relatos que escogí para empezar este ciclo y lo que en sus páginas encontré a punto estuvo de hacerme perder el oremus. Así pues, está en mi obligación moral, avisar de que quizá esto que os desvelaré, las horrendas experiencias que encontré en sus palabras, os puedan afectar de tal manera que seáis incapaces de salir a la calle sin pensar que en cualquier momento, algo pueda venir de más allá de las estrellas para reclamar el mundo que accidentalmente crearon. O tal vez, encontréis las explicaciones a los extraños sucesos que tienen lugar en las casas abandonadas de vuestros pueblos. Si pese a mis advertencias queréis seguir adelante, si sois lo suficientemente osados para jugaros vuestro entendimiento, adelante pues. No seré yo quién os lo impida.

En las montañas de la locura

Si estás leyendo esto, quiere decir que sientes la misma curiosidad por el misterio que conlleva lo desconocido que sintió la expedición del profesor Lake, al descubrir un yacimiento con seres orgánicos pluricelulares, que llevaban enterrados, bajo el hielo de la Antártida, mucho más de lo que los estudiosos en el campo de la biología habían datado la aparición del primer ser unicelular.

El relato nos narra el descubrimiento de lo que fueron nombrados como: ‘Los Primordiales’ o ‘Ancianos’, 

Ilustración de un Primigenio.
Ilustración de un Primordial o Anciano.

seres que navegaban por el vacío del universo y que colonizaron nuestro planeta, construyendo ciudades, enfrentándose a otros terrores cósmicos y finalmente extinguiéndose, mucho antes de la avenida de los dinosaurios.

Tras la desaparición, en misteriosas circunstancias, de la expedición del profesor Lake, el narrador, junto con otro compañero, se adentran en los páramos helados ubicados en la cordillera helada, que como ellos mismos describen, estaba completamente llena de maldad.

Lo que allí descubrieron fue tan absolutamente aterrador, que años después, cuando la universidad de Miskatonic pretendía retomar la expedición abandonada, el narrador tuvo que revivir aquellas oscuras pesadillas, para evitar que almas insensatas acabasen torturadas, como la de su compañero Frank H. Pabodie.

Ahora, siendo más técnico, si mi razón lo permite, decir que el relato que reseño es el más largo que H. P. Lovecraft (Providence 1890 – Providence 1937) escribió, aunque sin dudarlo no es el que produce más tensión. Esto se debe a que el concepto de terror ha cambiado bastante desde que se escribió allá por el 1931, y que se publicó en 1936, en tres números, en la revista Astoundig Stories.

Ilustración de un Soggoth
Ilustración de un Soggoth

Para lograr una mayor inmersión, el escritor usó, a mi entender, demasiada terminología geológica, algo que a días de hoy, puede resultar contraproducente, pues llega a costar imaginarse o saber de lo que está hablando. El ritmo de su lectura es algo inconstante, pues hay fragmentos del relato sumamente densos, como la descripción de la ciudad de los Primigenios, pero otros mucho más ágiles y que generan una tremenda sensación de intranquilidad.

Por ello, si tuviese que puntuarlo individualmente, le daría unas tres estrellas y media (casi cuatro), porque es indudable la excelente técnica de narración, y la magnifica idea de la trama, pero contiene fragmentos algo tediosos.

La Casa Maldita

La Casa Maldita
La Casa Maldita

Tras leer este relato me viene a la mente aquel verano que pasé en Ponferrada. Frente a la ventana del hotel donde me hospedaba había una casa vieja, de descuidado jardín salvaje, vigas carcomidas de madera que a duras penas podían sostener el peso de la construcción. Nada más verla sabía que algo terrible debía haber sucedido allí, pues hasta su sombra era siniestra. Quizá tú, que estás leyendo mis palabras, también conozcas algo parecido a lo que te acabo de describir, alguna casa tan antigua que no se le recuerdan habitantes y que únicamente permanece en pie porque nadie es lo suficientemente insensato como para acercarse a ella.

Pues de esto se trata el relato de ‘La Casa Maldita’, de una casa antigua, lejos de los fríos y yermos parajes de la Antártida, donde nos había situado en el anterior relato, en la ciudad natal de Lovecraft.

¿Y qué es lo que tenía de especial esa casa para que la hubiesen bautizado como la casa maldita? Pues sencillamente que la gente moría. No de un día para otro, pero sí lentamente, como si hubiese algo que se alimentase de la vida de los que allí residían. Esto fue lo que llevó al protagonista de la historia, junto a su tío, el que llevaba años investigando los fenómenos que allí ocurrían, a pasar una noche en el sótano, acompañados de moho resplandeciente y raíces de árboles que tomaban extrañas formas, con la intención de desvelar y terminar de una vez por todas con las muertes que atemorizaban a la población.

Aquí, Lovecraft, no usa tanto terminología científica que pueda desorientarnos, pero sí que juega con prácticamente todos los nombres del linaje familiar de los habitantes de la casa en cuestión. Aún así, creo que era necesario para saber la magnitud de la maldición que asola la casa. Es un relato ameno a la par que intrigante y sobra decir que exquisitamente ambientado.

Puntuándolo individualmente le daría unas cuatro estrellas porque consigue lo que pretende. No puedes evitar leer ‘La Casa Maldita’ sin pensar en alguna de las que probablemente conozcamos, algo que atrae al lector.

Sueños en la casa de la Bruja

No penséis pues que cuando dormís estáis a salvo de los horrores que Lovecraft reveló. Ni mucho menos, porque existen criaturas que nos esperarán en nuestros sueños y que sabrán atacarnos usando nuestros propios miedos.

Brown Jenkins
Brown Jenkins

Walter Gilman, sabía perfectamente que el ático que había alquilado había sido la residencia de una mujer a la que condenaron a la hoguera por brujería, y que escapó de su condena usando una extraña magia de líneas rectas y curvas, con las que se podía transportar a otra dimensión. Pero aquello no hizo más que alimentar sus fantasías y decidió mudarse allí, hasta que terminase la universidad, porque como buen estudiante de matemáticas, creía que en aquellos símbolos geométricos se escondía la habilidad de viajar a otros mundos, pretendiendo desentrañar sus secretos.

Pero entonces llegó la fiebre, y con ella los extraños sueños. Aunque nunca se supo si los sueños fueron provocados por la fiebre, o al revés, y a medida que iba descubriendo más cosas sobre las líneas y las curvas, lo que vivía en aquellos reinos oníricos se hacía más aterrador.

Sueños en la casa de la Bruja
Sueños en la casa de la Bruja

Este relato, de los tres que he reseñado, es sin duda el más escalofriante. Aquí se ha logrado generar una auténtica atmósfera de terror, pues Lovecraft jugó con la inevitabilidad del destino y de como nuestros propios actos, incluso dormidos, pueden llevarnos a una oscuridad de la que es imposible salir.

Encuentro el mito que describe de Keziah Manson, la bruja, y su familiar Brown Jenkin, una especie de rata gigante con cara aparentemente humana, sumamente atractivo y por ello debería puntuarlo con cuatro estrellas y media, porque como dije al inicio con ‘En las montañas de la locura’, el concepto de terror era bastante diferente a principios del siglo veinte, al actual, pero en este último relato, la ambientación es sublime, al igual que la forma de generar tensión y la profundidad tanto de trama como de los personajes.

Por último añadir, que si habéis llegado a leer hasta estas palabras, y vuestra cordura no se ha resentido, es que sois seres de notable entereza, por lo que os recomiendo que sigáis adentrándoos en los mitos que H.P. Lovecraft tejió para nosotros.

Reseña
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2 Comentarios

  1. Esa es la mejor parte, pero para llegar a ella tienes que pasar por la descripción de la ciudad, aguantar todo el tostón geológico… Que para mi gusto le resta mucho al relato, porque empieza muy bien, y termina genial, pasando por el momento pingüino, que cuando lo leí me quedé Ô_o

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