Angela: Asesina de Asgard

El imponente aspecto de Angela
El imponente aspecto de esta Angela asesina

Espera, espera, espera… ¿Angela en Asgard? ¿Angela en universo Marvel? ¿No estaba esta belicosa muchacha partiéndose la cara con Spawn en los años 90? ¿Qué me está contando usted, señor redactor? Muchas de estas preguntas se le pueden pasar por la cabeza al lector maduro que lleve desconectado del mundo del cómic unos lustros, ya que la historia de nuestra protagonista de hoy está llena de vaivenes que van más allá de la viñeta. Y es que su viaje hasta el momento actual es uno de los culebrones más sonados de la historia reciente del cómic. Así que viajamos en el tiempo hacia aquellos polémicos años y ponemos en perspectiva al personaje en cuanto encuentre las llaves de la T.A.R.D.I.S, queridos lectores y lectoras.

Efectivamente, nuestro airado y confundido lector del primer párrafo tiene razón: Angela nació en las páginas de Spawn, aquel engendro infernal surgido de la imaginación de Todd McFarlane, pionero de la debacle que sacudió las grandes editoriales de la época, en especial a Marvel, con la creación del sello Image. En aquellos tiempos oscuros, Marvel era una corporación siniestra dirigida con mano de hierro por gente que en lugar de una expresión artística con identidad propia veía en los cómics una máquina de hacer dinero. Los draconianos intereses de Marvel chocaban con las ideas de una generación de dibujantes que habían alcanzado el estatus de estrellas a base de estilos rupturistas y mucho efectismo. Gente como Jim Lee, Rob Liefeld o Erik Larsen se dieron cuenta de la cantidad de pasta gansa que generaban para la editorial y lo poco que recibían ellos a cambio. El conflicto resultó en peineta sonada por parte de todos estos artistas, que salieron a la búsqueda de pastos más verdes (verdes de color dolar, básicamente) y fundaron el sello propio que los llevaría a ser propietarios de sus propias creaciones, con todo lo que lo conlleva en cuestiones económicas.

El caso es que la cosa no salió tan bien como pensaron los jóvenes emprendedores. La mayoría de las series editadas por Image no eran más que refritos del trabajo que habían hecho en otras editoriales, carentes de imaginación o novedad más allá del espectáculo visual que suponían estos cómics. Entre esas series machacadas por la crítica estaba, por supuesto, Spawn, que contaba con el bueno de McFalane como único autor. Ya había demostrado su punto flojo como escritor en aventuras como Spiderman, pero estaba convencido de que el concepto de vengador infernal funcionaría tarde o temprano. Con la idea de cerrar bocas, el dibujante canadiense tiró de agenda y consiguió que algunos de los guionistas más prestigiosos del mercado acabasen en Spawn aportando su granito de arena. Alan Moore, Dave Sim (en un número genial, pero algo hipócrita por parte de McFarlane visto lo visto) o Frank Miller pusieron su procesador de textos al servicio del engendro infernal de Image. Otro de los que pasaba por allí era Neil Gaiman. Y entonces, surge la polémica.

El arte de Angela
El arte de Angela asesina de Asgard

Para su participación en Spawn, Gaiman se sacó de su genial chistera a Angela, que, efectivamente, era un ángel, de los de toda la vida. Claro que, en lugar de mofletudos querubines, el escritor inglés nos ofrecía a una despiadada y muy eficaz asesina celestial, entrenada para dar caza a los engendros infernales. El enfrentamiento no era especialmente espectacular, pero McFarlane vio el potencial de la creación de Gaiman, y llegó a un pacto con el guionista de obras tan famosas como The Sandman. En juego, los derechos de un caramelo tan deseado como Miracleman. Al final, McFarlane, otrora adalid de los derechos de autor, negó los derechos a Gaiman, ya que consideraba que Angela era producto de un encargo y, por lo tanto, el trabajo del escritor estaba más que pagado y no tenía ningún tipo de propiedad sobre sus creaciones para Spwan. Un amor, el señor McFarlane.

Años de batalla legal y mucha tinta en medios especializados se saldó con una sentencia favorable a Gaiman, y el retorno de los derechos de Angela a su creador literario, que no tardó mucho en ceder esos derechos a Marvel. Las intenciones de Gaiman nunca fueron económicas, y sí de caracter intelectual, puesto que se consideraba víctima de un fraude e incumplimiento de la palabra del dibujante canadiense, así que no tenía ninguna intención de mantener a un personaje por el que no tenía ningún interés.

Y así, llega Angela a La Casa de las Ideas y además, por la puerta grande, ya que es incluida en la continuidad de la editorial de manera rotunda. La vimos por primera vez en la miniserie La Era de Ultrón, donde es transportada a la realidad Marvel por culpa de los daños en el espacio tiempo que causó esta historia. No tardó en encontrar acomodo en Guardianes de la Galaxia, donde se sentía muy cómoda entre estos descastados al límite del universo. La confusión sobre su propio origen era la tónica dominante de estos primeros compases, pero lo cierto es que conectó con sus compañeros de grupo, en especial con Gamora. Podían hablar de cosas de chicas, como formas divertidas de romper tibias o secretos de destrucción y muerte. Lo normal.

Skottie Young se une a la fiesta
Skottie Young se une a la fiesta

Pero la presencia de Angela en el universo Marvel tomó un rumbo inimaginable cuando descubrimos el auténtico origen de la beligerante guerrera cósmica. Pecado Original, el evento en el que salieron los secretos más oscuros de los héroes de la casa (o eso es lo que nos prometieron. Luego la cosa era más de secretillos y cotilleos). Nuestra pelirroja celestial procedía de Heven, el décimo reino, conectado con las historias de Asgard, pero condenadas al olvido por orden del propio Odin. La cosa no quedaba ahí, porque la revelación venía con extra: Angela era la hija perdida de Odin y Freya, hermana de Thor, secuestrada por las guerreras de Heven y dada por muerta por sus familia. Toma drama familiar.

Los ángeles de Heven poco tenían que ver con lo que nos contaban las baladas heavies. Las habitantes de este reino son un grupo de asesinas al servicio del que tenga los bemoles de contratar sus servicios. Nada por nada es su lema, y basan su existencia en el respeto máximo por su código de honor y el odio absoluto a Asgard. Angela se encontraba de repente entre dos mundos; uno que desconoce y ha aprendido a detestar junto a otro que es una mentira. En esta tesitura encontramos al personaje cuando se acomoda en su propia serie, capitaneada por un escritor que me suele gustar mucho por su elegancia y personalidad, Kieron Guillen. Para la ocasión, el escritor se ha decantado por una historia de redención y búsqueda, en la que Angela se encuentra todavía dividida entre dos mundos. A pesar de su origen asgardiano, la cultura que impera en la personalidad de la protagonista de este cómic es la aprendida en Heven, fría, despiadada y sin más motivo en el interés. No hay altruismo, ni honor, tan sólo beneficios o deudas que zanjar. Guillen comienza su aventura al estilo in media res, siguiendo el camino de una Angela perseguida por las huestes de Asgard. Ha robado algo muy preciado por Odin, y el resto de fieros dioses no han dudado en partir tras los pasos de la ahora considerada traidora. Pero, claro está, hay un motivo para los, en apariencia, violentos actos de la protagonista.  Las deudas contraídas por la asgardiana a lo largo de su vida deben ser saldadas para que pueda saborear por primera vez la libertad absoluta. Y lo conseguirá, aunque Asgard y Heven tengan que arder en el conflicto.

Guillen tiene el ojo puesto en el fabuloso mundo que Jason Aaron ha construido en su andadura al frente de Thor, dando cancha a todo el universo mítico de los reinos. La construcción de la historia a través de la mitología ya conocida es todo un acierto, y es en ese aire de leyenda del clasicismo más puro lo que sustenta la historia perpetrada por Guillen y compinches. Bien es cierto que no encontraremos una de esas historias que cambian nuestra concepción del noveno arte; de hecho, el tratamiento y ejecución son bastante simples, pero muy efectivas. Angela es un cómic que hará las delicias de los amantes de la fantasía épica, lleno de colosales enfrentamientos entre criaturas que se consideran dioses, sostenido por la sensación de estar ante un relato que bebe de las fuentes adecuadas en cuanto a su contexto mitológico. Guillen enfrenta su relato con los flashbacks y recuerdos, en forma de canto épico, en la subhistoria dirigida por Marguerite Bennet, estrella rutilante de Marvel que se está haciendo un nombre, sobre todo por su participación en la fenomenal Fuerza-V. Bennet aprovecha su espacio para dar sentido a las acciones de Angela, que, como decía hace unas líneas, tienen sentido más allá del aparente odio por su nueva familia.

Aquí, unos amigos
Aquí, unos amigos

En el apartado artístico tenemos a Phil Jimenez, un viejo conocido con una trayectoria que habla por sí misma. Ha trabajado con autores tan importantes como Grant Morrison o Warren Ellis, y personajes como los X-Men, o Wonder Woman como autor único. En Angela pone todo su talento en dotar de belleza a un relato en el que el entorno en fundamental. Para hacer creíble el viaje de Angela por este universo tan amplio, Jimenez construye a base de equilibrio entre lo mágico y lo tecnológico el rico contexto que da personalidad a las páginas de Angela. Es cierto que en ocasiones le puede el sentido del espectáculo y se mete en camisa de once varas con ciertas posturas imposibles de los personajes que no sientan anda bien a su estilo, pero en la mayoría de las ocasiones muestra un gran nivel, y, sobre todo, conciencia sobre las necesidades de este trabajo entre la leyenda y la aventura cósmica.

Los hijos de Odin tienen sus más y sus menos
Los hijos de Odin tienen sus más y sus menos

Las partes escritas por Bennet, sin embargo, están a cargo de Stephanie Hans. Aunque el estilo es muy distinto al de Jimenez, ambos han centrado sus esfuerzos en plasmar el mismo mundo hermoso y complejo a base de impacto visual. Hans escoge el estilo más pictórico y preciosista, cercano a la ilustración más que al cómic al uso. Las viñetas de esta artista son, sin duda, más estáticas y frías que las de Jimenez, pero al mismo tiempo dotan de un extraño lirismo casi onírico al relato épico de la escritora.

Angela es un cómic que no gustará a todo el mundo. Es más, no tiene ningún tipo de trascendencia más allá de lo que pueda gustarte el personaje. Pero a mí me ha dado un buen rato de lectura, simple y directa, con el sabor del viaje del héroe clásico, presentada con mucho talento visual por dos artistas diferentes que dejan muy buen sabor de boca. Quizá no sea la colección más importante de Marvel, pero, quizá por su falta de pretensiones, es de las más entretenidas. En vuestra mano está dar la oportunidad a esta chica, prisionera de dos mundo.

Angela está editado dentro de la colección 100% de Panini. Se trata de un libro con solapas que consta de 136 páginas. En su interior encontrarás los números de la colección original USA del #1 al #6, además de todas las portadas dibujadas por Hans, y las alternativas creadas por diferentes autores. El precio recomendado de venta al público, 12,50 euros.

Durante toda su vida, Angela, la mayor guerrera de su reino, ha sido educada en el odio a Asgard. Pero recientemente Angela ha descubierto que, en realidad, es la hermana de Thor, una auténtica asgardiana. Lejos de su antiguo hogar y sin intención de acercarse a su lugar de nacimiento, ahora debe encontrar su propio camino a través del Universo.

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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