Batman y Robin, de Peter J. Tomasi

Desde hace años, el canon de Batman gira alrededor de la idea del sacrificio de Bruce Wayne en su cruzada personal, en la que ha sacrificado al hombre tras la máscara para dotar de identidad a la leyenda del Caballero Oscuro. Desde que lanzó su definitivo juramento ante la tumba de sus padres, el que estaba destinado a ser uno de los príncipes de Gotham por el peso de su apellido, dejó de lado ese sino y centro cada paso de su vida en ser algo más.

Damian reclama el manto del murciélago
Damian reclama el manto del murciélago

A lo largo de todos estos años, son muchos los autores los que han incidido en esta realidad por la que Bruce Wayne es poco menos que la necesaria coartada social que Batman necesita para mantener su batalla por el alma de Gotham City, y que es la identidad enmascarada el auténtico rostro del héroe. Wayne es el auténtico disfraz, la personalidad fingida y forzada de playboy frívolo y ausente, que mantiene atado al mundo real al analítico y frío héroe. A pesar de que prevalezca esta tesis, hay otros escritores que prefieren ahondar en el hombre tras la máscara, o, por lo menos, el viaje por emociones que nos recuerden a los lectores que tras el manto del murciélago hay un ser humano. Batman es capaz de bajar el muro; incluso en ocasiones puede perder el control, algo demoledor para un obseso como él. Es más, a su manera, es capaz de amar.

El Caballero Oscuro se vio obligado por las circunstancias a los experimentos con esta emoción casi desconocida a niveles nunca vistos en el momento que descubre la existencia de, nada más y nada menos, del hijo que concibió con la peligrosa Talia Al Gul. La sorpresa formaba parte del titánico esfuerzo de Grant Morrison para dotar de coherencia interna a toda la historia del personaje, incluidos todos esos episodios que habían quedado fuera del canon oficial u olvidados por los numerosos cambios de continuidad en DC. En la cabeza del genial (y a veces desquiciado) guionista escocés, cualquier episodio, por muy absurdo que fuese, formaba parte de un todo que a veces rozaba el delirio, muy del gusto de Morrison, claro. Así que aquella trama en la que se insinuaba que una noche de amor entre la hija del diablo y Batman terminó con el nacimiento del batretoño se transformó en una de las grandes bazas de la larga etapa presidida por el creador de Los Invisibles. Nacía Damian Wayne, y con él llego la revolución.

Damian era un reto complicado para Batman, tan expeditivo en sus métodos. Criado bajo los auspicios de la siniestra Liga de Asesinos comandada por su abuelo, el chico era un polvorín, que no tenía ningún remordimiento si la sangre salpicaba más de la cuenta. Orgulloso, incontrolable y movido por un extraño sentido del honor, su llegada a la Batfamilia resultó de todo menos cómoda, enfrentamiento con sus “hermanos” incluido. Pero el tiempo demostró que detrás de toda aquella ira homicida había algo más; en el fondo, Damian era un niño que necesitaba la atención de su padre, al que respetaba por encima de todo. Batman, a su vez, aprendió mucho sobre sí mismo, al convertirse con todas las consecuencias en esa figura paterna que Damian reclamaba. Un viaje extraño, lleno de altibajos, que incluso pasó por la aparente muerte de Bruce Wayne, que resultó en la aparición del curioso dúo dinámico formado por Dick Grayson en el papel de Batman y Damian heredero del manto de Robin.

Batman lo da todo por recuperar a su hijo
Batman lo da todo por recuperar a su hijo

Morrison se las apañó para que entre padre e hijo viviesen momentos especiales, y es que el disparatado guionista también tiene su corazoncito. A pesar de sus nebulosos e inamovibles principios como escritor, entiende que sus personajes necesitan cierto bagaje emocional para llegar al lector, y más cuando se trata de colecciones comerciales de grandes editoriales. Así que los lectores pudimos ver la evolución de un vínculo que estaba destinado a ser parte de la historia de Batman… hasta que la trágica muerte del joven truncó los anhelos de los fans.

Morrison cerraba su propio círculo, dando un final épico y apropiado al personaje, que acababa sis días convertido, por fin, en héroe. Esto ocurrió en Batman INC, estertores finales de la presencia de Grant Morrison como ideólogo principal de Batman, aunque dentro del renacido universo DC, provocando una de esas incoherencias internas que tango gustan en DC. Si bien es cierto que Batman no fue un personaje golpeado con fuerza por estos cambios editoriales, la línea entre la continuidad y la tomadura de pelo era muy delgada. Se necesitaba una buena dosis de fe para entrar al trapo en la propuesta de la famosa editorial, pero, por suerte, la etapa iniciada por Scott Snyder tenía el suficiente valor por sí misma como para ignorar los vaivenes de los señores de los despachos.

Al mismo tiempo, se iniciaba otra colección (sí, otra más) dedicada a Batman. En principio, lo que esperábamos era un relleno dirigido a que los fanáticos del personaje nos dejáramos nuestros buenos euros hipnotizados por los cantos de sirena de las aventuras inéditas de este nuevo título. Por supuesto, muchos fuimos los que caímos en las redes, y 40 números después, con la colección ya cerrada, tengo que decir que no me arrepiento de ninguno de los minutos que he pasado leyendo este cómic. Porque quizá no es la mejor colección de Batman, pero seguro que es la más entrañable de las editadas en los últimos años, envuelta en un sabor clásico que hará que los lectores veteranos sientan cierta emoción que, con los nuevos modelos narrativos, ha quedado un poco en el olvido. Si Snyder escogía el poder de sus tramas como gancho en la colección principal de Batman, Peter J. Tomasi elegía a los personajes sin olvidar que, por encima de todo, los cómics son un entretenimiento de primer orden. Fue en Batman y Robin donde se continuaron las ideas expuestas por Morrison de manera más clara, ahondando en la difícil relación de Damian con su padre y los antiguos Robin. La evolución personal del explosivo muchacho se convertía en el centro neurálgico de la narración, desde el inestable polvorín lleno de ira al joven que aprendía la importancia de su herencia como hijo de un mito. Como decíamos, este camino del héroe se truncó con el sacrificio del joven, lo que daba un giro total a la colección.

El dúo dinámico del siglo XXI
El dúo dinámico del siglo XXI

El cerebral Batman perdía su famoso autocontrol, y Tomasi aprovechaba para llevar a Batman a nuevos límites, aturdido por emociones que nunca antes había experimentado. La pérdida del hijo transformaba al inescrutable héroe en algo diferente, más vulnerable, dramático e impredecible que nunca. Obsesionado con la idea de resucitar a Damian, el Caballero Oscuro traspasó muchos límites en un viaje de destino incierto, que acabó en los fuegos de Apokolips. Apuesta por todo lo alto de Tomasi, que dejaba muy claras las diferencias con lo que el resto de escritores estaban haciendo con el personaje, anclado en una visión más realista y urbana. Tomasi reivindicaba la épica cósmica de los clásicos, y resolvía la papeleta con el regreso de Damian a la vida. Quizá a muchos esto del eterno retorno no es más que una molestia, y que estos regresos de la muerte no hacen más que frivolizar el concepto en el mundo del  cómic. Esta queja tiene base sólida, pero también es cierto que el propio Morrison, armado de esa ambigüedad que a tantos molesta, fantaseó con la idea de un Damian adulto, heredero del manto de su padre, y rodeado de un trasfondo genial que muchos soñamos con ver desarrollado algún día. Tomasi parte de esta fantasía para devolvernos a un personaje que, le pese a quien le pese, no había dicho todo lo que tenía que decir.

Los chicos salen de marcha
Los chicos salen de marcha

El cierre de colección ha sido tan sincero y entrañable como el resto de la colección, revestido de ese aire clásico que ha sido la gran baza de Tomasi como director de orquesta. Aventuras en la luna, acompañados por la Liga de Justicia (magnífico el trabajo con Damian, intentando no chillar de la emoción ante la presencia de auténticas leyendas, camuflado tras el falso aire de indiferencia agresivo pasivo que ha sido su seña de identidad. Enorme), una mirada nostálgica a la ingenuidad de antaño. Un fin de fiesta que ha mantenido la coherencia interna y la misma pasión que hemos saboreado desde la primera viñeta de hace ya 4 años.

El secreto, la continuidad. El equipo de Peter J. Tomasi y Patrick Gleason ha sido constante a lo largo de estos años, con alguna aportación de artistas invitados. El resultado es, como digo, una colección diferente y entrañable, que no será vuestra favorita de todos los tiempos, pero que dentro de unos años todavía recordareis con una sonrisa en la boca, por esos momentos tan especiales que ha dado a los lectores. Ahora, decimos adiós, a la espera de lo que nos ofrecerá sus sustituta en los próximos meses.

El viaje ha sido emocionante, y a pesar de los malabares narrativos, estamos contentos de que Damian esté de nuevo entre nosotros. A ver que aventuras le esperan en el futuro.

Batman y Robin ha sido editado por ECC a lo largo de 12 cuadernillos que recogen al completo los números de esta colección, incluyendo especiales y cruces con los eventos recientes de la colección principal de Batman. El precio de la publicación ha variado a lo largo de su historia editorial, pero ha rondado los 8,95 euros por cuadernillo. A pesar de su reciente cierre, no os será dificil encontrar números atrasados en vuestra librería favorita, y así uniros al viaje de Damian.

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4 Comentarios

  1. No he tenido oportunidad de leer ninguno de los cómics relacionados a Damián, pero éste artículo está muy bueno y felicito a quien lo escribio porque me llevo a recordar todis aquellos cómics que asiduamente leía en mi niñez y juventud. Batman se merecía un hijo y demostrar todo ese amor que siempre quiso recibir de sus asesinados padres. Al fin y al cabo, Bruce Wayne ( o Bruno Díaz, como lo conocí originalmente) es humano también.

  2. Lo cierto es que tiene mérito que en una colección de las de “No Tocar”, donde el guionista debe jugar con pocos juguetes, no ser demasiado inventivo y que el status quo del personaje permanezca inalterado, porque los enfants terribles de siempre son los que pueden toquetearlo todo a su antojo (véase Grant Morrison y otros así), tiene mérito, repito, que el guionista sepa hacer cositas interesantes con las pocas cartas que le dejan jugar. Y Tomasi ha demostrado que es un maestro. Por supuesto, en una serie cuya colección es Batman y Robin, todo se va a la mierda en cuanto uno de los dos personajes del título se muere (por capricho del enfant terrible de siempre antes citado) y el guionista no tiene más remedio que meter invitados del mes hasta que la cosa vuelve al cauce que debe. Es una pena que Grant Morrison haya jodido una colección que ni siquiera guionizaba. Con todo, la primera etapa de este título ha resultado ser de lo mejor de los New 52.

  3. En este caso, no estoy tan seguro de que el responsable de las descordinación sea el propio Morrison, porque ha sido una constante en estos nuevos 52 a todos los niveles. El tema de la falta de comunicación dentro de la misma franquicia ha sido uno de los mayores tropiezos de la historia de DC (Snyder a su bola, Detective Comics sin encontrar el rumbo a expensas de las megatramas del guionista principal, colecciones innecesarias como Batman Eterno…). Morrison tenía unos planes muy claros respecto a Damian, y la pregunta que debemos hacernos es si era necesaria esta colección dedicada a Batman y Robin según fue planteada y sabiendo lo que el escocés tenía en mente. Estos últimos años en DC han estado dirigidos por gente que pensaba más en el rédito económico que en la coherencia y la creatividad, y aún así hemos tenido a gente como Tomasi que ha peleado con las armas que le han dado para dar identidad a una colección que, como tú bien dices, estaba llena de dificultades. Es más, si la primera etapa de la colección debería ser considerada un clásico, efectivamente, la segunda, por sus circunstancias y evolución debería estudiarse en las escuelas de guión como ejemplo de lucha contras los elementos y, aún asi, no perder la esencia.

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