Reseña de ‘Los hijos del Crepúsculo’: En recuerdo de Darwyn Cooke

El tomo de ECC que recopila Los Hijos del Crepúsculo
El tomo de ECC que recopila Los Hijos del Crepúsculo

Hace apenas una semana conocíamos la triste noticia de la muerte de Darwyn Cooke. La muerte de alguien que ha dado tanto por este medio que amamos siempre es un mazazo, pero todo se torna más trágico si hablamos de lo relativamente joven que era este personalísimo autor. Cooke había llegado a un momento fabuloso de creatividad y madurez, y no queda más que sentir rabia ante todas esas obras perdidas, arrebatadas a los lectores por una muerte prematura. Nuestro consuelo, en estos casos, es recuperar el excepcional trabajo que ha dejado para el recuerdo, por ejemplo ‘Los hijos del Crepúsculo’, una de los últimos acercamientos del genial dibujante y guionista al mundo de la viñeta.

‘Los hijos del Crepúsculo’ nos deja también el retorno del sello Vertigo, otrora refugio de lo mejor del cómic estadounidense. Ahora no luce con el mismo brillo que tuvo a finales del siglo XX, pero de cuando en cuando nos presenta algún ejemplo de diferencia y riesgo, con cómics que no tendrían mucho recorrido fuera de estas experiencias editoriales. La obra de Gilbert Hernández y Darwyn Cooke parte como historia de ciencia ficción, pero la trama se enriquece con elementos costumbristas y de misterio. El aspecto coral que luce el desarrollo de esta aventura se mantiene por el trabajo con los personajes, base primordial del guión de Hernández. El guionista sitúa a sus excéntricas creaciones en un brumoso ambiente de misterio, normalizado por las piezas del día a día, por la importancia de lo cotidiano. El contraste entre ambas caras de la realidad, lo misterioso y lo mundano, sostiene el relato que a veces parece una combinación bastante loca de Expediente X con Paul Auster o incluso Gabriel García Márquez (salvando las imposibles distancias entre las intenciones de Hernández y el genio del escritor colombiano). El realismo mágico es, desde luego, influencia indiscutible de ‘Los hijos del Crepúsculo’, y el trabajo de Cooke se aferra a esta tradición literaria para dar rienda suelta a todo un despliegue de diseño de personajes y ambientes.

Las fabulosas portadas de la serie
Las fabulosas portadas de la serie

Cooke era un dibujante especial. Algo que me fascina de su estilo es la capacidad de adaptación a cualquier estilo sin perder un ápice de personalidad. El trazo de este genial dibujante es reconocible como pocos, y sin embargo su arte estaba al servicio de la historia o del personaje a tratar. Si la historia era de Batman, el Caballero Oscuro resultaba reconocible a pesar del estilo casi caricaturesco de Cooke; si trataba la Liga de la Justicia, todo era brillante épica. El respeto reverencial es sello indiscutible en el trabajo del desaparecido autor, el amor por el cómic plasmado en cada viñeta. En ‘Los hijos del Crepúsculo’, además, puede jugar con las posibilidades de la historia sin ningún tipo de límite.

El relato nos cuenta los misterios y fenómenos paranormales que sacuden la vida de un pequeño pueblo costero, habitado por personas de lo más mundano que han de afrontar lo imposible. Las particularidades del lugar llaman la atención de la comunidad científica, y es un joven investigador el encargado de desvelar los secretos de las misteriosas esferas de luz que han dejado ciegos a algunos niños del pueblo. La llegada de una extraña y perturbadora joven significa un punto de inflexión entre las gentes del lugar, obligados a afrontar sus propias miserias.

El aspecto emocional es básico para entender ‘Los Hijos del Crepúsculo’; las difíciles relaciones establecidas por Hernández en su historia dan el aspecto humano a un relato que podría caer con facilidad en las trampas de la ciencia ficción menos trabajada. En este cómic, los hechos no se suceden sin ton ni son por las necesidades del guionista de avanzar a trompicones. Las cosas acaecidas a los personajes son importantes, afectan de manera sensible la vida serena de un pueblo anclado en la rutina. Pero la fuerza real de este relato está en el despliegue de Cooke, de eso no cabe duda. Sin la aportación del artista, el impacto de ‘Hijos del Crepúsculo’ sería bastante menor.

La capacidad narrativa de Darwyn Coke en acción
La capacidad narrativa de Darwyn Coke en acción

Por muy entrañables que sean los habitantes de esta mínima parte del mundo, la responsabilidad de dar sentido al relato está en las manos de este hábil artista. No es sólo su capacidad para crear personajes tan atractivos, es su habilidad para dotarlos de movimiento, de credibilidad dentro del espacio. El pasado de Cooke como animador se nota en cada decisión gráfica tomada. El ritmo cinematográfico que imprime a la acción tiene sentido por la intuición de este genial artista a la hora de plantear la relación entre viñetas. No es tanto la composición de página, que es bastante sencilla en este caso. Hablamos más bien de la sensación para el lector del perfecto encaje de la propuesta visual. Cada plano se corresponde con su imagen anterior y posterior de manera orgánica, un auténtico regalo para el ojo. El color de Dave Stewart significa el acabado perfecto de los juegos con la luz planteados por Cooke, que juega con el concepto temporal a base de contrastes entre la luz crepuscular, la noche estrellada y el día brillante. Cooke da sobradas muestras de ser un autor sensible, cuidadoso, detallista, implicado en su trabajo para dar el mejor resultado posible al lector. ‘Los hijos del Crepúsculo’ es de esos cómics que entran por los ojos, convencen por su autoridad gráfica.

Mención aparte a las portadas. Son una auténtica preciosidad.

Es una gran oportunidad para despedir a este gran autor. Está muy lejos de ser una obra perfecta. En lo literario, Hernández juega con demasiada picaresca en la dosificación de la información; los fanáticos de las tramas bien cerradas vais a sufrir con las soluciones del escritor. Pero el trabajo de Cooke compensa la lectura, por su capacidad de traslado a las viñetas del fascinante mundo pequeño planteado por Hernández.

Los hijos del Crepúsculo ha sido recopilado por ECC en este vistoso tomo, que recoge los cinco números de la edición en grapa original en USA. Encuadernado en cartoné, os esperan 128 páginas a todo color, al precio de 14,95 euros.

Gilbert Hernández, californiano pero de raíces latinas, nació en 1957. Desde muy joven sintió una fuerte atracción por el cómic, en todas sus facetas, desde los cómics de superhéroes a la escena underground. A principios de los 80 fundó la revista Love And Rockets, toda una leyenda del cómic independiente, donde aunó todas esas influencias para ganar voz propia. Las historias situadas en el pueblo ficticio de Palomar se han ganado el aplauso de la crítica y ha sido distinguido con alguno de los premios de más prestigio del medio.

Darwyn Cooke nació en 1962, y nos ha dejado de manera manera inesperada en este 2016, víctima de un cáncer muy agresivo. Cooke se hizo un nombre a las órdenes de Bruce Timm, en aquella época gloriosa de principios de los 90, que establecía las bases de la animación de Warner/DC. Series como Batman: La serie animada o Batman del futuro son parte de la historia. Con el tiempo, Cooke se decidió por el cómic como medio de expresión, y nos ha dejado para el recuerdo obras tan personales como Batman: Ego, la reinvención de Catwoman junto a Ed Brubaker en El gran golpe de Selina o su acercamiento a la Liga de la Justicia en The New Frontier. también pudimos ver su arte en el retorno por parte de DC a la mitología de Watchmen en las series Espectro de Seda y Minutemen.

Los hijos del crepúsculo representa la primera colaboración entre dos referentes del noveno arte: Gilbert Hernández (Palomar) y Darwyn Cooke (Batman: Ego). En este proyecto tan especial, ambos historietistas combinan realismo mágico, misterio y suspense para dar forma aun inolvidable drama coral, íntegramente recopilado en el presente volumen.

Una esfera de luz blanca quiebra la paz de un pueblecito costero, provocando cegueras, parálisis, huracanes instantáneos y desapariciones colectivas. Fenómenos extraños que comienzan a ser investigados por un joven científico y por agentes de la ley. Pero el misterio escapa a los límites de la razón, adquiriendo un cariz dramático cuando una enigmática joven irrumpe en la aldea. 

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