Reseña de ‘Hombre-Cosa: El monstruo del pantano’

Portada de la edición limitada de Hombre Cosa
Un formato de lujo para un clásico

Que tiempos aquellos 70, ¿Verdad? El cómic se enfrentaba a una auténtica crisis de identidad, y la experimentación fue la tónica dominante. Las grandes editoriales buscaban nuevos contenidos y daban el visto bueno a obras que, en otras circunstancias, jamás hubiesen visto la luz. Fue una época convulsa, consecuencia del duro despertar del letargo de los 60. En el mundo del cómic, los lectores habían crecido y distaban mucho de ser los niños que buscaban vivamente sus colecciones favoritas en los kioscos. Una generación que había crecido leyendo tebeos exigía que el medio madurase, se adaptase a los nuevos tiempos. Los setenta se transformaron en una época de transición para la industria. Mezclaba enormes aciertos con algunos palos de ciego a la búsqueda de ese resorte para conectar con sus lectores. El Hombre-Cosa fue una de esas creaciones tan características de la época, entre lo trágico y lo lisérgico.

Mezcla de las películas de monstruos más clásicas con el espíritu de la época, el personaje se ha ganado con los años el título de “de culto”. De hecho, en su principio más básico, la historia de esta criatura del pantano bebe de las mismas fuentes de Hulk. Adornada la tragedia del científico devorado por su creación con un personaje aún más triste que el alter ego del doctor Banner, el Hombre-Cosa es, en muchos aspectos, un ejemplo de atrevimiento e independencia.

El monstruo fue creado por Roy Thomas y Gerry Conway para una historia de Savage Tales, una revista armada con un contenido más adulto de lo normal en las publicaciones Marvel. El terror, la fantasía o la espada y brujería eran los temas reconocibles de aquellos cómics con sabor añejo. La presentación de la criatura entraba en los cánones de la ciencia ficción y el terror. Heredera de las pesadillas científicas que poblaron la narrativa americana desde los años 50, tenía la vista puesta en el horror de Frankenstein como semilla. En aquella historia dibujada en un blanco y negro lleno de contrastes, conocíamos al doctor Ted Sallis, oculto en los pantanos en plena investigación de un nuevo suero para crear supersoldados. Traicionado por la mujer que ama, Sallis acaba sumergido en el pantano, donde la mezcla del ecosistema y el suero transforman al científico en una pesadilla viviente, apenas humano.

El éxito de este tratamiento inicial propició el regreso de la criatura como enemigo de Ka-Zar en el magazine de este Tarzán marvelita. Este encuentro con el señor de la Tierra Salvaje lanzó al Hombre-Cosa como protagonista absoluto de otra de las revistas de la época, Adventure into Fear, a partir de su número 10. Es en este momento cuando se produce el feliz encuentro entre el monstruo y el que se convertiría en el escritor más recordado de la etapa clásica del Hombre-Cosa, Steve Gerber.

¿De qué me suena este pato?
¿De qué me suena este pato?

Gerber se ha ganado con el paso del tiempo el título de leyenda de los cómics, por su trabajo como guionista, pero también como pionero en la lucha de los derechos de los creadores. El litigio entre el escritor y Marvel a cuenta de la “paternidad” de Howard el pato es parte de la historia del medio. De hecho, el pato de marras hizo su primera aparición en las páginas de Hombre-Cosa (en una historia que podrás leer en este tomo, por supuesto), antes de convertirse en un auténtico fenómeno. Otro personaje digno de su época, mezcla de valentía y algo de chifladura.

En Hombre-Cosa, Gerver se saca de la chistera un universo donde todo vale, desde la crítica social al horror cósmico, pasando por la fantasía y la magia, en pasajes que poco tendrían que envidiar a la mejor época del doctor Extraño. Es precisamente esta diversidad de historias y tramas lo que enriquece este puñado de magníficos cómics, más allá de la tragedia personal de Ted Sallis. El tono melancólico de la naturaleza del monstruo está presente en cada viñeta, pero queda en segundo plano por el despliegue de Gerver como genial creador de tramas imposibles y mezclas de géneros.

En las páginas de Hombre-Cosa encontraremos hechiceros de cultos demoníacos, magos atlantes, espadachines bárbaros, patos parlantes (¡Por supuesto!) e incluso encontronazos bastante brutos con los héroes de La Casa de las Ideas. Al fin y al cabo, a pesar de su condición monstruosa y algo outsider, esta criatura del pantano pertenece con pleno derecho al universo Marvel. compartía un ruidoso intercambio de opiniones con La Cosa a costa de la aparición estelar del Hombre Molécula. Incluso tenemos la primera aparición en este tomo del Exterminador de Tontos, una extravagancia de Gerver que los fans de Masacre conocen bastante bien. Este pirado de primera clase forma parte del equipo capitaneado por el mercenario bocazas en su colección post Secret Wars.

Val Mayerick se atrevía con locuras así
Val Mayerick se atrevía con locuras así

La libertad creativa de aquellos años de experimentación se respira en cada historia perpetrada por Gerver y sus compinches. Estos cómics trascienden la esencia del personaje como icono del género de terror, y se adentra en un fértil terreno repleto de imaginación. De esta forma se demuestra la versatilidad de la tragedia del Hombre-Cosa. Para el funcionamiento de la propuesta de Steve Gerver, hace falta algo tan fundamental como la creación de secundarios que enriquezcan al monstruo, que den forma a un mundo casi sin límites. El escritor recrea ambientes de forma magistral, pero no serían nada más que humo y espejos sin todos los protagonistas acompañantes del Hombre-Cosa en su peregrinar místico.

En el terreno artístico, vamos a encontrar nombres consagrados del medio en las páginas de este recopilatorio. Leyendas como John Buscema, Howard Chaykin, Jim Starlim o Gil Kane tienen su porción de gloria en estos primeros pases de la historia del Hombre-Cosa. Pero lo cierto es que el peso del dibujo recae sobre Val Mayerick, autentico encargado de dar identidad gráfica al universo descrito por Gerver, junto con el que formó un equipo de leyenda.

Lo cierto es que Mayerick es un dibujante irregular. Es un grandísimo creador de ambientes y escenarios imaginativos, es un narrador más que competente, al mismo tiempo que despliega todo su talento para el dibujo de criaturas infernales. Su forma de dibujar al Hombre-Cosa es atemporal y sigue siendo el canon a seguir, pero hay ciertos aspectos de su propuesta que descolocan. Su forma de entender la figura humana es bastante pobre, y sus personajes pecan de estáticos. Además, impresiona que abuse tanto del recurso del primer plano, cuando se nota a la legua que no es precisamente su fuerte los detalles y expresiones del rostro.

Espada y brujería
Espada y brujería

Sin embargo, se muestra audaz y habilidoso cuando abre plano, o afronta una de esas historias donde prima la imaginación y los destellos mágicos. Una de cal y otra de arena, gracias a un dibujante que parece un punto de inflexión entre la vieja escuela y todo lo que estaba por llegar a mediados de los 70.

En los últimos números de este tomo tenemos la presencia de Mike Ploog, un artista curioso y extravagante, que dota de estilo casi caricaturesco a las páginas de Hombre-Cosa. Mezcla de manera bastante vistosa el estilo de la animación de Hanna-Barbera, donde se curtió como artista, y el siniestrismo que la colección pide. Muy al estilo del humor negro que veíamos en muchas de las historias de la editorial Warren (sello en el que Ploog también colaboró), su estilo encaja con la esencia terrorífica del personaje.

Hombre-Cosa tiene sabor a clásico, a producto de esa época loca y arriesgada. Es el terror/espectáculo al estilo Marvel, apoyado por un equipo creativo que otorgó identidad al monstruo para la posteridad. Al final, sería otra criatura del pantano, la de la Distinguida Competencia, la que cambió la forma de ver el cómic. Por desgracia para Ted Sallis, ningún Alan Moore se cruzó en su vida para transformar la colección en un laboratorio narrativo. No nos hace falta; Hombre-Cosa juega en otra liga.

Nos quedamos pues con esa imagen icónica con la que suelen acabar las historias protagonizadas por esta criatura: la del ser solitario, adentrándose en las aguas del pantano, que apenas puede recordar lo que un día fue. Hay mucha poesía en esas viñetas, donde se lee con amargura la palabra fin. Es por cosas así que los clásicos reciben ese nombre.

Este primer tomo dedicado a la etapa clásica de Hombre-Cosa pertenece a la iniciativa conjunta de Panini y SD distribuciones para rescatar en formato de lujo algunos clásicos algo olvidados del noveno arte. Esto implica un tomo de lujo, limitado a 1.500 copias, presentado como libro de tapa dura. Una oportunidad de oro para descubrir un clásico. Incluye Savage Tales 1, Astonishing Tales 12 y 13, Adventure Into Fear 10-19, Marvel Two-In-One 1, Man-Thing 1-8 y Monsters Unleashed 5 USA 

Steve Gerver es conocido por haber sido el creador del mítico Howard el Pato. De hecho, la batalla contra Marvel por la propiedad de este deslenguado plumífero se convirtió en pionera de la eterna pugna entre autores y editoriales. Además, es recordado por su recordada etapa al frente de Hombre-Cosa. Ha trabajado para casi todas las editoriales punteras del gremio, e incluso ha sido guionista de series de animación.

Val Mayerick es recordado por haber sido creador gráfico de Howard el pato durante su estancia como dibujante de Hombre-Cosa. Además, ha colaborado con publicaciones míticas como las de la Editorial Warren o la conocida revista de cómic de ciencia ficción Heavy Metal. Tambien ha sido diseñador e ilustrador, por ejmplo para empresas tan conocidas como Wizards of the coast.

Por fin en castellano, a todo color y en una edición de lujo imprescindible, uno de los grandes cómics de culto de la Marvel de los setenta. Primero de los tres volúmenes dedicados a ofrecer el nacimiento del personaje y toda la etapa de Steve Gerber como guionista.

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición

Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

1 Comentario

  1. La noche del muerto hilarante es una de las mejores historias de la época. Ted Sallis no necesitó de Alan Moore, pues el segundo bebe mucho del primero.

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