Reseña del tomo integral de ‘Hombre’

El integral de Panini
El integral de Panini

El hecho de que Hombre esté de nuevo en las librerías es un regalo para los lectores. Además, si lo hace en este formato de lujo es un acto de justicia para uno de los clásicos olvidados del cómic español. Un recuerdo a una época distinta, los años de los últimos estertores de la industria que había estado en lo más alto de la pirámide del entretenimiento de niños y jóvenes. A estas alturas, resulta extraño entender que, en España, el tebeo tuvo presencia notable en la sociedad, en tiempos en los que era extraño el niño que no hubiese tenido en sus manos un número de Hazañas Bélicas o Capitán Trueno. Las revistas de historietas llenaban los kioscos, y para la historia quedaban personajes tan legendarios como Mortadelo, el Guerrero del Antifaz o Jabato.

El lector crecía, y, como en otros mercados internacionales, aparecieron revistas a finales de los 70 repletos de contenidos más adultos, al estilo de la revolucionaria revista franco belga Metal Hurtlant, donde se desató el genio creativo de imprescindibles como Moebius. En nuestro país nacían clásicos como Cimoc o Zona 84, perdidas en las nebulosas del tiempo, pero indispensables para entender la época dorada del tebeo español para adultos a principios de los 80.

Hombre nace de la imaginación de José Ortiz y Antonio Segura a principios de los 80, precisamente en las páginas de la mencionada Cimoc. Desde los inicios de la obra dejan muy claro el tono y las formas que caracterizan este clásico del cómic patrio, un auténtico puñetazo en la cara que no ha perdido impacto a pesar de los años. Ortiz y Segura aprovecharon las posibilidades de el formato de Cimoc al máximo, entendiendo de manera bastante literal el sello “para lectores adultos” que solía hacer acto de presencia en las portadas de estas publicaciones. La violencia, el salvajismo tanto moral como gráfico y los retazos eróticos son la esencia de este western post apocalíptico, que más de 30 años después de su primera aparición no deja indiferente al lector.

Ortiz y Segura presentan un mundo devastado por la guerra, producto de una serie de desastres consecuencia de los intereses políticos y estratégicos de diversas potencias. Después de usar el planeta como un tablero de ajedrez, las revueltas sociales y la escasez de alimentos y materias primas conduce a la sociedad al colapso. El resultado es un infierno construído sobre las cenizas del viejo mundo, donde sólo sobreviven aquellos dispuestos a pisar cabezas para salvar el pellejo propio. De entre toda esta escoria sobresale Hombre, auténtico superviviente, que sigue vivo gracias a su desconfianza, cinismo, falta de escrúpulos y tendencia al gatillo fácil.

Nada es gratis en el mundo de Hombre
Nada es gratis en el mundo de Hombre

Hombre se mueve como una sombre entre las ruinas de las ciudades, invadidas por la miseria y las ratas, y por el mundo fuera de los muros urbanos, donde prima la ley de la selva. Mientras algunos tratan de empezar desde cero, otros se aprovechan de los más débiles igual que lo hacían en el viejo mundo, pero sin ningún tipo de ley moral o jurídica que amenaza su impunidad. Entre el fuego cruzado, está la gente como Hombre, que no pretende cambiar el mundo. Lo único que preocupa a estos caminantes del yermo es llegar al día siguiente, de la forma que sea.

El contexto de Hombre es producto de su época, pero al lector de hoy, sumido en la convulsa época que nos ha tocado vivir, encontrará un entorno terrible, precisamente por lo plausible de la propuesta. En aquellos primeros 80, se condensaba el duro despertar del sueño que había supuesto la década anterior. El mundo en blanco y negro consecuencia de la Segunda Guerra Mundial era puesto en entredicho por una nueva generación, crítica y desencantada, más contestaria si cabe en la sociedad española, inmersa en aquel proceso histórico conocido como la Transición, tras décadas de dictadura. La amenaza atómica de la Guerra Fría y las crisis económicas que ponían en entredicho el, hasta el momento, incuestionable sistema, era caldo de cultivo para el nacimiento de todo un género, que proyectaba en la cultura popular los miedos de un mundo en constante tambaleo.

De la distopía se pasó, como orden lógico, al caos absoluto del horror post apocalíptico. Sin esperanza, sin atisbo de humanidad, sin redención, la condición del ser humano se quitaba las máscaras de la civilización y quedaba reducida a su imagen primitiva y animal. Comer o ser comido es el espíritu que alimenta estas obras que establecen una mirada recurrente al futuro del planeta como espejo del convulso presente. Por esto, Hombre continúa con una vigencia incuestionable en nuestros días.

La página según José Ortiz
La página según José Ortiz

Ortiz y Segura presentan un personaje que está en las antípodas del héroe. Hombre está interesado en exclusiva en su propio pellejo, y esto de forma a un carácter que en ningún momento está pensado para que el lector aplauda a un tipo de esta calaña. Es lo genial de una creación como Hombre: puede que te caiga bien, que comprendas sus decisiones, que te repugne su indiferencia, o incluso que odies a un ser tan repulsivo en ocasiones. Esto indica la poca complacencia de sus creadores a la hora de perfilar al protagonista, que permite al lector lidiar con el mundo de Hombre desde su propia perspectiva personal.

Al mismo tiempo, no hay intenciones destructivas en el cómic de Ortiz y Segura, y Hombre queda definido por la gran cantidad de contrastes establecidos en la presencia de un enorme plantel de secundarios. Si Hombre es el centro de gravedad de la narración, son aquellos que se topan con él la auténtica rueda que hace girar las historias de este tomo. Ya sea porque en estos encuentra cierto motivo para la esperanza, o porque son animales que hacen que el protagonista parezca un monaguillo, los secundarios son el gran motor de este universo, ya que si este aporte, el carácter principal se quedaría anclado en el cliché de tipo duro sin escrúpulos.

El tomo es un auténtico lujo, que recoge por primera vez en un único volumen toda la obra completa. Desde las aventuras en blanco y negro de apenas unas páginas, a los cuadernos en color que ofrecían aventuras más largas en su etapa final. En mi opinión, por lo menos a nivel visual, me resultan más interesantes aquellas historias iniciales, donde el trabajo de José Ortiz, uno de los grandes dibujantes españoles, quizá injustamente olvidado. El trabajo del blanco y negro es, sencillamente, espectacular. El juego de luces y sombras, la cantidad de técnicas de entintado que podemos distinguir a lo largo de esos años, la fabulosa lección de diseño de página y elección de planos y perspectiva; el dominio absoluto de la figura humana, tanto en el diseño de personajes como a la hora de dotar de movimiento y dramatismo a sus dibujos… Un trabajo majestuoso, lleno de detalles y que certifica la calidad de genio de Ortiz.

Las aventuras a color no desmerecen del resto, y permiten un desarrollo literario de personajes y situaciones más trabajados, pero me encanta la inmediatez del relato corto. En ese aspecto, Antonio Segura ofrece claros referentes literarios, aunque, sobre todo, la mirada del escritor está puesta en el western. En especial, el tono de la obra me recuerda a los hiperviolentos espectáculos de Sam Peckinpah, como Grupo Salvaje (pandilla de escoria humana en la que Hombre no desentonaría ni un poco, por otra parte).

Las cenizas de la civilización
Las cenizas de la civilización

A partir de ese punto de partida, Segura ofrece historias de todo tipo, desde dramas morales, aventura pura y dura, historias fronterizas e incluso algún relato con toques de horror. Variedad estilística y temática, pero siempre con tono firme y seguro, gracias a una forma de escritura que bebe de manera evidente en la serie negra de Raymond Chandler o Jim Thompson.

Pura historia del cómic español, este tomo recupera en todo su esplendor un trabajo que no debe caer en el olvido. Aquellos con recuerdos del personaje por fin pueden disfrutar en orden y al completo. Para los nuevos lectores, una oportunidad de oro de vivir la intensidad de una obra que no ha envejecido nada mal, y que demuestra la libertad de los autores españoles en una época para el recuerdo. Puede que, con las barreras de lo políticamente correcto, una declaración de principios tan contundente como Hombre no hubiese visto la luz hoy día. Así que disfrutemos de cada viñeta de un tomo que es un lujo para los lectores.

Panini son los encargados de editar este volumen integral de Hombre, a través de su sello Evolution Cómics, que hace ya un tiempo también rescataron la indispensable Torpedo en un volumen similar. Tomo en tapa dura de 568 páginas, Hombre es la clase de recopilación que demuestra cariño por la obra y ganas de dar al lector un producto en el que merece la pena gastar el dinero. Eso sí, preparad los bolsillos, porque el tomo cuesta 60 euros. A pesar del precio, la relación calidad precio es bastante equilibrada.

Antonio Segura fue uno de los guionistas más prolíficos de la industria del cómic español. A pesar de su predilección por las historias de ciencia ficción, a lo largo de su carrera tocó todos los géneros, desde la capa y espada al relato de terror. Esa capacidad de generar tal cantidad de ideas lo convirtió en uno de los favoritos de alguno de los dibujantes españoles más señalados, como Luis Bermejo, Jordi Bernet o José Ortiz, con el que escribiría las memorables páginas de Hombre. Tras el coplapso de la industria española, el escritor puso rumbo a la italiana Bonelli, donde se encargó de la mítica serie del oeste Tex. Murió a los 64 años tras una carrera jalonada de grandes personajes.

José Ortiz dedicó toda su vida al cómic. Hijo y hermano de artistas, a partir de los años 50 comienza a trabajar en la, por entonces, bollante industria del tebeo español, gracias a un concurso en la revista Chico. Ese sería el primer paso de una carrera prolífica que le llevó a colaborar con los editores más importantes del país, como Bruguera o Toray. En el mercado extranjero, Ortiz trabajó durante los 60 para el cómic inglés, donde encontraban cierto alivio económico gran cantidad de dibujantes españoles de la época. En los 70, Ortiz llegó a dibujar para la mítica editorial Warren y sus cabeceras Creepy y Eerie. Durante los 80, con la explosión del cómic para adultos, se reencuentra con el mercado español, y dibuja para todas las grandes publicaciones de la época, en una de sus mejores etapas. Tras la desaparición de todas estas revistas, Ortiz regresa al mercado internacional, y se hace cargo del dibujo de la popular Tex, entre otras colecciones. Nos dejó en 2013, un año después de recibir el gran premido del salón del cómic de Barcelona.

En un planeta destruido por una crisis ecológica, un hombre lucha por sobrevivir en el cruel caos de un nuevo mundo. Cruel y tierna a un tiempo y con antihéroe inolvidable, el universo sin ley de Hombre, situado en una sociedad arrasada donde el estado del bienestar es sólo un recuerdo, esta obra está más de actualidad que nunca.

Hablar de José Ortiz y Antonio Segura es hablar de lo mejor del cómic patrio. Y, sin duda, su obra más emblemática es Hombre, una de las sagas de cómic más memorables de los años ochenta. Por primera vez se ofrece Hombre en un único libro que recopila la saga completa, tanto la parte en blanco a negro como las historias a color. Un tomo de lujo para no perderse.

Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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