Reseña de ‘Matar a mi madre’, de Jules Feiffer

El excelente volumen editado por Sapristi
El excelente volumen editado por Sapristi

Jules Feiffer es toda una leyenda del cómic americano, maestro de maestros, pero que apenas es conocido fuera de las fronteras de sus Estados Unidos natales. Salvo para estudiosos del cómic, el nombre de este veterano escritor y dibujante es bastante complicado de situar en la historia del medio. Yo mismo he tenido que hacer mis investigaciones a la hora de situar Matar a mi madre en su contexto, puesto que me faltaban toneladas de referencias sobre la obra de este aplaudido escritor. Y es que Feiffer no es tan sólo un dibujante de historietas; su nombre aparece ligado al teatro y al cine, además de tener en sus vitrinas premios tan reconocidos como el Pulitzer. Por suerte para los lectores, llega a las librerías Matar a mi madre, la internada de este autor en la novela gráfica con la mirada puesta en el género negro puro y duro.

Obra de madurez, puesto que sale a la luz con el escritor en sus venerables 85 años, esa edad que le permite a uno hacer lo que le da la gana todos los niveles creativos. Eso es lo que se ve en las páginas de Matar a mi madre, identidad gráfica y homenaje sincero y honesto a todas esas referencias inevitables del género, desde la mirada del fan irredento.

Jules Feiffer se muestra como gran conocedor de los trucos y mañas de la novela negra. recoge todos sus tópicos y los usa para la construcción de esa clase de historias repletas de giros de guión y personajes que nunca son lo que parecen. Historias oscuras de venganzas, celos, traiciones, los sentimientos que conforman el lado oscuro de personajes límite, a medio camino entre la supervivencia y la desesperación.

Matar a mi madre tiene mucho de historia coral, centrada en varios personajes que cruzan sus vidas de las maneras más rocambolescas o dramáticas. Pecados del pasado, secretos y la búsqueda de redención, clásicos temáticos del género, son los argumentos usados por Jules Feiffer para construir unos personajes que nos recuerdan a esos caracteres tan recordados de las novelas de Hammet o Chandler, referentes indispensables. Las páginas de Matar a mi madre se llenan entonces de detectives en horas bajas , mujeres fatales, miembros de la alta sociedad decadente o matones cuyos únicos escrúpulos son la cantidad de ceros del cheque.

Detectives de libro y mujeres fatales
Detectives de libro y mujeres fatales

Quizá, presentado así, de la impresión de que Matar a mi madre no es más que una sucesión de tópicos y clichés, pero la propuesta de Jules Feiffer, aunque es un homenaje continuo, está muy dejos de ese resultado tan simple. Maneja esas evidencias y lugares comunes para beneficio de sus intenciones, y es que Matar a mi madre es, sobre todo, la búsqueda constante del sabor clásico de los años de oro de la novela negra. No hay una revisión del género a lo Frank Miller en Sin City; hay espíritu y honestidad, el buceo en las sensaciones de un amante de las novelas y películas que dieron identidad a estas turbias historias.

Matar a mi madre es la historia de desencuentro entre una madre, entre el fuego cruzado de una oscura trama de venganza, y su rebelde hija. A partir de esta realidad familiar, Feiffer se adentra en las partes oscuras del ser humano, de la locura a la simple maldad. Dota a sus personajes de realismo, de aspectos y detalles que hacen que, a pesar de la naturaleza de cliché de muchos de estos caracteres, nos resulten humanos. Sus pesares y lastres personales no son forzadas escusas para el avance de la trama. Feiffer pretende que nos importen, nos sorprendan, nos hagan dudar de sus intenciones, e incluso lleguemos a juzgarlos por sus acciones.

En especial, Matar a mi madre es una historia de mujeres. Feiffer hace especial hincapié en el desarrollo de sus personajes femeninos, sobres los que recae la mayoría del peso de la trama. Tanto en el apartado de las trágicas heroínas como en los villanos de la historia, Jules Feiffer se descubre como un gran creador de personajes, sin olvidar el decoro y el contexto histórico en el que sitúa su obra. Mujeres fuertes en una época de cambios, en una América que se recupera de años de crisis y ley seca, el amplio espectro temporal que maneja Feiffer conduce la obra a un entorno tan exótico como el frente del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Entre medias, el consabido relato de tintes policíacos se mezcla con una mirada al Hollywood dorado de los años 30 y 40, sin perder de vista las miserias humanas protagonistas de esta tragedia luminosa.

Puro dinamismo
Puro dinamismo

A pesar de esa identidad clara de género negro, Feiffer se adentra en otros registros para enriquecer su estilo y la capacidad de atracción de Matar a mi madre. El humor, el retrato familiar, toques de género bélico en su último acto, y la presencia constante de la música, en recuerdo a los musicales de la época, hacen de esta novela gráfica una curiosa mezcla de géneros que funciona a las mil maravillas por el talento para la cohesión y control de todos los aspectos narrativos de un autor que es perro viejo.

El dibujo de Jules Feiffer se sirve de esa musicalidad para dar sentido a su dinamismo contagioso. En contra de las intenciones realistas del relato, el escritor y dibujante nos deslumbra con un estilo premeditadamente barroco, expresionista y exagerado, que escapa de manera premeditada de lo evidente y esperable. Como dibujante, se esmera en el diseño de personajes, estirados y rozando la caricatura, sumergidos en ambientes lúgubres y brumosos gracias al increíble uso de una prodigiosa paleta de grises. Los cambios de planteamiento en la página, el uso de la viñeta, de la ruptura con la constante gráfica, convierte a Matar a mi madre en una obra de gran identidad gráfica, de hermoso contraste entre el aspecto literario y su atrevida presentación visual. El retrato de una época se plasma en los pequeños detalles, tanto en el dibujo como en los inquietos personajes, que parecen moverse dentro de la viñeta.

Un trabajo visual extraño, valiente, que no gustará a todo el mundo, pero que es tan actual y moderno como lleno de gusto clásico. Toda una demostración de un tipo que, como decía, ha pasado holgadamente los 80 años, y se permite dar lecciones de narración gráfica.

Que no pare la música
Que no pare la música

Historia diferente, contada de manera magistral, con una elegancia protagonista en cada viñeta, que además rememora sin complejos obras emblemáticas como El Crepúsculo de los Dioses, ¿Qué fue de Baby Jane? o Perdición, al mismo tiempo que aporta toques de comedia alocada en según que momentos. Lectura de esas que aportan al cómic algo más, por parte de un maestro a descubrir.

La editorial Roca se adentra en la publicación de novela gráfica con la creación de Sapristi, sello creado para estos menesteres. Matar a mi madre es un libro que clava los aciertos de la edición original, y nos ofrece un lujoso libro de 160 páginas editado en tapa dura. Excelente presentación que hace todavía más atractiva la compra de este cómic, que encontrarás en tu librería favorita al precio de 26,90 euros.

Jules Feiffer es un autor todo terreno que ha plasmado su talento en tiras cómicas, obras de teatro y guiones de película. Ha trabajado con directores de renombre como Robert Altman o Alain Resnais, y en su vitrina tiene premios de tanto renombre como el Pulitzer. Además de toda su producción artística, ejerce como profesor de escritura humorística en Southampton, Nueva York, donde reside.

Cinco mujeres formidables de dos familias no emparentadas se encuentran ligadas por el destino y la fatalidad a través de un detective privado de capa caída y borrachera diaria.

Annie Hannigan, una adolescente descontrolada que vive la década de 1930 a ritmo de swing, sueña con liquidar a su madre, Elsie, a quien culpa de abandonarla por un trabajo poco después del asesinato a sangre fría de su padre policía. Empleada por el mejor amigo de su marido, un decrépito sabueso perennemente ebrio, Elsie se ve encubriendo los deslices de este jefe y arrastrada por el caso de una cliente misteriosa que la conduce a un drama de una década de engaños e identidades dobles, desde la época de la Depresión hasta el Hollywood de la Segunda Guerra Mundial y las selvas del Pacífico Sur. Además de tres femmes fatales, una hija obcecada y una heroína solitaria, en el reparto de Matar a mi madre aparecen también un púgil reconvertido en bailarín de claqué, un matón de tres al cuarto que sueña con ser asesino a sueldo, un taxista que ve actrices por doquier, un comunista que regenta una licorería y una atractiva estrella de cine con un secreto inconcebible. Esta dispar banda de viejos enemigos se dará por fin cita en una gira de las USO por una isla del Pacífico asolada por la guerra, donde saldarán sus cuentas pendientes.

Ver en Whakoom

Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

¡No te vayas sin comentar!