Reseña de ‘La Bruja Escarlata: La senda de las brujas’

Bruja Escarlata por Panini

A estas alturas, Wanda Maximoff necesita pocas presentaciones. Forma parte de la esencia de Marvel casi desde sus comienzos. Aquellos inicios nos presentaban a toda una villana bajo las órdenes de Magneto, como parte de la Hermandad de mutantes diabólicos. El tiempo la puso del lado de los héroes, y protagonista indiscutible de alguna de las mejores épocas de Los Vengadores. La Bruja Escarlata es, por méritos propios, leyenda del cómic de superhéroes.

La llegada de Bruja Escarlata al universo cinematográfico Marvel ha puesto en el ojo del huracán a esta torturada heroína, así que era cuestión de tiempo que se hiciese con una cabecera con su nombre. En la línea alternativa de La Casa de las Ideas se enmarca este viaje mágico emprendido por Wanda a la búsqueda de redención. Y es que la vida de la vengadora no ha sido un remanso de paz. La naturaleza de sus poderes, puro caos, y la personalidad rota de la hija de Magneto (o, por lo menos, esta es la versión oficial de la historia hasta ahora) han puesto en jaque al universo Marvel en más de una ocasión.

La mente fragmentada de Wanda la ha llevado al enfrentamiento en más de una ocasión con sus propios compañeros, cuando abraza la esencia oscura que se esconde en lo profundo de su alma. Incluso llegó a convertirse en la enemigo número uno de los mutantes: empujó a esta especie al borde de la extinción al pronunciar aquellas famosas tres palabras. Los vaivenes han hecho mella en su vida personal, y en el recuerdo queda la tormentosa relación con La Visión, cerrada de un plumazo en acontecimientos recientes (todas las consecuencias en la imprescindible colección del vengador sintético, que reseñamos en su momento).

Todo este pasado es difícil de dejar atrás, y es complicado vivir con la culpa, sobre todo si la protagonista de la historia acarrea un peligroso historial de caídas en el abismo. James Robinson, en otro tiempo guionista estrella del medio, se hace cargo de la azarosa carrera de la Bruja Escarlata en el estreno de su colección. La serie se aleja de los derroteros superheroicos acostumbrados, y se transforma en una especie de recorrido por el reverso mágico del universo Marvel, con el ojo puesto por parte del conocido escritor en las tradiciones mágicas del folclore europeo.

Impresionantes portadas de David Aja

Hasta el momento, los poderes de Wanda Maximoff se han basado en la mezcla entre su entrenamiento mágico y el gen mutante. De esa herencia procede la capacidad de cambiar las leyes de la física alterando las probabilidades. A veces se nos olvida que, efectivamente, lo de bruja es algo más que un nombre de guerra. Wanda es una hechicera con todas las de la ley, más allá de sus capacidades mutantes, y Robinson se ha volcado en esta esencia mágica en la colección que hoy nos ocupa. La Bruja Escarlata abraza un mundo que no le es ajeno, pero paralelo a las aventuras vividas en el seno de los vengadores.

La senda de las brujas presenta a Wanda como parte de ese universo oscuro en el que habitan personajes del estilo del Doctor Extraño, auténtico jefe del cotarro en este aspecto. Los hechizos que usa a lo largo de este cómic beben de la tradición mágica, y menos de su condición de mutante. El viaje de Wanda en La senda de las brujas es el de una mujer que sabe de sus pecados, y entiende que la redención es un imposible. Acepta su pasado y en su presente busca hacer lo mejor posible para el incierto futuro que la espera. Cuando siente que la magia está en pleno cambio (y no para bien), emprende la epopeya a la búsqueda del origen de un mal antiguo ansioso de venganza, sin importar las consecuencias.

La Bruja Escarlata recorre el mundo, descubriendo al lector la leyenda que se esconde tras el velo de la realidad. Criaturas extirpadas de los cuentos y la tradición milenaria son las amenazas a las que se enfrenta Wanda, muy lejos de los villanos al uso de sus correrías vengadoras. El camino de Wanda recorre la historia de la magia, la esencia femenina de la brujería, la confrontación entre lo nuevo y lo viejo. Desde la mitología griega al folclore de las brujas vascas, Robinson coloca a la Bruja Escarlata como estandarte de la faceta mística en la Casa de las Ideas.

Wanda cambia su papel habitual y transmuta en una especie de John Constantine a la Marvel. Robinson construye un gran personaje, mujer poderosa pero consciente de sus debilidades, enfrentada a fantasmas personales. Irónica sin caer en el cinismo, consciente de la cantidad de cosas que debe solucionar y, sobre todo, valiente en una senda que ha de recorrer en solitario.

Robinson consigue otro tanto en su carrera, llena de irregularidades. Este guionista es capaz de lo mejor y de lo peor. En su momento, emocionó a crítica y público con su maravillosa oda al superhéroe, Starman, su mejor obra. A cambio, ha dejado bastantes guiones intrascendentes o cosas directamente intragables, como el guión de ese descalabro que fue la traslación al cine de La Liga de los Caballeros Extraordinarios. En Bruja Escarlata encontramos al escritor equilibrado, culto, elegante y libre de sus mejores trabajos. En sus propias palabras, la inspiración está en el Ojo de Halcón de Fraction y Aja, pistoletazo de salida para esa cara diferente y experimental de Marvel.

La Bruja Escarlata desatada

El apartado artístico de La Bruja Escarlata es variado, explosivo y, por su mezcla, confuso. Diferentes dibujantes se hacen cargo de cada episodio de la serie, y esto produce un amalgama de estilos e intenciones que rompe la coherencia visual a cambio de la constante experimentación narrativa. Gente tan discordante como Vanesa del Rey o Marco Rudy ofrecen visiones muy diferentes del mundo mágico en el que se mueve Wanda. Se pasean por las páginas de La Bruja Escarlata clásicos, el recordado Steve Dillon, e incluso tenemos algo de sabor patrio con la aportación del original y expresivo Javier Pulido (al que vimos en Hulka). Para todos los gustos, pero siempre con el espíritu de libertad experimental que exige el resurgimiento de la Bruja Escarlata.

Wanda Maximoff se reivindica como personalidad única, compleja, protagonista. Capaz de llevar a sus espaldas el peso de una colección que grita a los cuatro vientos su diferencia dentro del universo Marvel. Alejada del ruido de las explosiones, pero sumergida en las profundidades de la tierra, en el viento que susurra recuerdos en los campos de irlanda, en las catacumbas, cárceles de pecados muy lejanos. Un cómic que habla del pasado, de secretos, de venganza, de la búsqueda de la paz esquiva, de la importancia de nuestra herencia. Cómic que elige la madurez por encima del efectismo. La Bruja Escarlata es de esas colecciones pequeñas, qe no buscan romper las listas de ventas. Y por eso funcionan, porque de la falta de presión surgen cosas tan sencillas y satisfactorias como estas nuevas aventuras de Wanda Maximoff.

La Bruja Escarlata: La senda de las brujas, está publicada en nuestro país por Panini, en su colección 100%. Libro con solapas, recopila los cinco primeros números de la serie. Como extras, se incluyen las portadas, magníficas, realizadas por David Aja, así como todas las alternativas que se publicaron en USA. El precio final del producto es de 11,50 euros.

James Robinson es un guionista británico, flamante ganador de tres premios Eisner. Comenzó a hacerse un nombre en la industria en DC, en títulos como JSA, Legends of the dark knight y, sobre todo, Starman. En Marvel se ha hecho cargo de etapas al frente de Cable, Los 4 Fantásticos o Los Nuevos Invasores. También ha trabajado para el mundo del cine, encargado de escribir el guión de la adaptación de The League of Extraordinary Gentlemen de Alan Moore.

Wanda Maximoff se embarca en un viaje a lo largo del globo con el objetivo de arreglar la brujería. De los callejones de Manhattan a la serenidad de las islas griegas, pasando por las calles de Hong Kong, Wanda debe luchar contra enemigos y descubrir quién está detrás de esta conspiración.

 

Reseña
Dibujo
Guión
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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