Reseña de ‘Patrulla Condenada: Camino al paraíso’

 

El nuevo volumen de Patrulla Condenada

Continúa el viaje a través de lo imposible de la mano de Grant Morrison y su encarnación de La Patrulla Condenada. Hace un par de meses comentamos el primer volumen de este retorno del extraño grupo a las librerías, tras convertirse en un auténtico clásico de culto desde su publicación a principios de los 90. Ahora toca un vistazo por el siguiente tomo de estas aventuras desquiciadas, donde el espíritu de innovación y atrevimiento es la constante.

Ya os contamos el origen del grupo, y las circunstancias que llevaron a Morrison al frente de la colección. Sin duda, el escocés era el hombre indicado para la reconstrucción de este manicomio superheroico, sobresaliente oda a la rareza a todos los niveles. El primer paso es la naturaleza de sus protagonistas, relegados a las fronteras de la sociedad por su aspecto físico o sus taras mentales. A partir de la esencia marginal de los miembros de la Patrulla Condenada, Morrison construye un universo extraño, caótico, pero siempre coherente con las líneas maestras de la narración morrisoniana. Tras el aparente galimatías que supone el encontronazo directo con la locura, el escritor escocés se aferra con devoción a unos supuestos ficcionales que serán marca de la casa a través de toda su obra hasta el presente.

En el anterior volumen ya vimos en qué términos se moverá Morrison en esta obra, su entrada por todo lo alto en el mercado americano. Al mismo tiempo que manejaba el destino de Animal Man, Patrulla Condenada sentaba las bases del futuro de DC, que tenía acento del otro lado del charco. El gran desembarco de autores provenientes de las Islas Británicas daba forma a Vertigo, la gran apuesta por el cómic adulto de la casa de Batman y compañía. Morrison enfrentaba a su Patrulla Condenada a ciudades inexistentes o bandas de malhechores surrealistas, mezcla bizarra de extraño humor, heterodoxia narrativa y homenaje constante a los clásicos del cómic de superhéroes. El contexto de los personajes y sus miserias era tan apasionante como el despliegue de imaginación del famoso guionista, deslumbrante en un mundo con sus propias reglas.

Camino al Paraíso demuestra el imparable pulso de la colección, caleidoscópica y mutante, a la búsqueda, siempre hacia delante, de la sorpresa para el lector. Las barreras de la realidad son reventadas en cada página, recorrido por el universo de lo absurdo, auténtico desafío a mentes aletargadas. Alicia en el país de las maravillas choca frontalmente con El almuerzo desnudo de William Burroughs, provocando un incendio alimentado por episodios de la mitología clásica y la ciencia ficción más disparatada. Morrison, con un respeto reverencial por los supuestos básicos del cómic de superhéroes, lanza  el cerebro del lector hacia un terreno desconocido y delirante, pero que resulta extrañamente familiar. Como andar sobre la cuerda floja, sin red, mientras alguien nos susurra recuerdos de infancia al oído.

Una calle cualquiera

Comienza esta entrega con un viaje a los infiernos de la locura, visita demencial al interior de la fracturada mente de Jane. Revisión posmoderna del clásico viaje al inframundo, casi paródica de narraciones inmortales como el Infierno de Dante. El siguiente paso es una especie de episodio salido de madre de Hellblazer, donde se mezcla el estilo noir con la magia. El resultado es una nueva visita a otros de esos no-lugares de los que tanto gusta el autor escocés, parecido a los universos infernales de Clive Barker, con extra de perversa diversión.

El tomo finaliza con una especie de epopeya cósmica, donde los miembros de la Patrulla Condenada se ven en medio de una confrontación que se pierde en el tiempo y el espacio. Entre medias, el regreso de personajes transmutados en entes superiores, la constante búsqueda de la identidad, la imposibilidad de lo normal en un mundo caótico, dentro de esa construcción mágica que es nuestra realidad para Grant Morrison.

El lenguaje como arma, como principio de toda existencia y lógica, como pieza fundamental del juego erudito y salvaje del escocés, es el motor de Patrulla Condenada. La construcción de este universo sin fronteras depende, en todos los sentidos, del ingenio de Morrison, cuya única herramienta real para transcender es el lenguaje, las ideas transformadas en concreciones, por muy inverosímiles e imaginativas que esta sean. Sus monstruos, sus héroes, lo son porque han sido imaginados, pero han encontrado la entrada a nuestro mundo a través de las palabras.

Richard Case es el gran compinche de esta gamberrada magnífica de Morrison. Como el propio escritor, Case se agarra a la libertad creativa que emerge de la idea tras Patrulla Condenada, y avanza en su propio estilo, cada vez más onírico y extravagante. Sin salirse ni un ápice de los esperado en el apartado gráfico de un cómic de superhéroes, domestica los clichés, pervierte las exigencias visuales del género, y vuelca su estilo hacia lo barroco, lo siniestro o lo místico.

Las criaturas, los páramos yermos, las ciudades monstruosas, los contrastes entre lo real y lo inimaginable, encuentran su forma en el trazo de Case, poseído por la magia hipnótica del relato de Morrison. extravagante, a veces forzado, en ocasiones superado por la enormidad visual que intenta representar en la viñeta, el trabajo de Richard Cae en Patrulla Condenada es el único camino posible hacia la mente de Morrison. Es el mapa y el territorio del delirio.

Esperados retornos

Grant Morrison se adelantaba a su tiempo con un cómic adulto, exigente, terriblemente divertido, confuso con premeditación. Más allá de la autorreferencia, de la broma privada, Morrison pretende que todos entendamos el chiste. La complejidad de nuestra propia imaginación, el absurdo que es imponer límites a la mayor herramienta de las que nos ha dotado la evolución. Sentaba el pensamiento que conduciría a Los Invisibles, explosión personal de todas las ideas que ya se atisban en Patrulla Condenada. Pasan los años, y todavía es única, inexplicable, magnífica. Continuemos el viaje, que ya quedan pocas paradas. Aunque, me temo, el transporte hace tiempo que se quedó sin frenos.

Camino al Paraíso es la segunda entrega de los volúmenes recopilatorios de la Patrulla Condenada de principios de los 90. En este libro, para ser concretos, se condensan los números del 30 al 41 de la edición original. Libro encuadernado en cartoné, contiene 320 páginas a todo color, con todas las fabulosas portadas realizadas por Simon Bisley. El precio recomendado es de 30,50 euros. Corre a tu librería favorita.

Grant Morrison

(Glasgow, Escocia; 1960) Probablemente el guionista más talentoso de su generación, convertido en uno de los ejes sobre los que ha girado no solo el sello Vertigo, sino también DC Comics. A destacar clásicos como ‘Animal Man’ o ‘Batman: Arkham Asylum’, la personalísima ‘Los Invisibles’, o sus colaboraciones con Frank Quitely, con quien ha coincidido en proyectos como ‘Flex Mentallo’, ‘All Star Superman’ o ‘WE3′. Recientemente ha abordado una extensa y ambiciosa etapa al frente de Batman.

Richard Case

Su debut como profesional se ve ligado a Marvel, en especial al Doctor Extraño. Su paso por La Patrulla Condenada sirvió para que, con el tiempo, se convirtiese en uno de los habituales del sello Vertigo, donde colaboró en títulos tan importantes como The Sandman o Shade, the changing man, junto a Peter Milligan. En los últimos años se ha apartado de la producción de cómics y dedica su talento al mundo de los videojuegos.

Cada aventura de la Patrulla Condenada es un viaje alucinante a través de un universo demencial. El destino del grupo puede ser el Cielo, la Sagrada Familia o un rincón perdido en la mente de Crazy Jane. Y sus enemigos son monstruos, cultos extravagantes, aberraciones lógicas, demonios o dioses. Contra todos ellos (y contra sí misma), la Patrulla Condenada libra una guerra sin cuartel.

Este volumen reúne los episodios del 30 al 41 de la serie original, publicados entre marzo de 1990 y abril de 1991. Con ellos, el guionista Grant Morrison (Animal Man) y los dibujantes Richard Case (Sandman) y Kelley Jones (Batman: Vampiro) invitan al lector a vivir una experiencia que desborda los límites de la realidad. Una serie surrealista, brillante y enfebrecida que marcó una época y que ECC recupera ahora a través de cuatro volúmenes imprescindibles, con periodicidad trimestral. 

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