Análisis del episodio piloto de ‘Legión’

Al borde del empacho nos encontramos con esto de la época dorada de las series. He de confesar que, por mi parte, me encuentro un poco saturado con el exceso de oferta, la guerra entre plataformas y el mismo modelo narrativo que se encuentra detrás de muchos éxitos, más repetitivo de lo que algunos están dispuestos a admitir. Entre medias del espeso bosque de las series, ya hemos visto como los grandes sellos del cómic han aprovechado el filón. Los supertipos de Marvel y DC con sus diversas personificaciones no son unos extraños para el seriéfilo. La última en llegar a este subgénero televisivo es Legión, dispuesta a trasladar el mundo de los mutantes a este formato tan de moda.

Los lectores habituales de Marvel conocerán las desventuras del David Haller, hijo del fundador de los X-Men, Charles Xavier. Durante años, el profesor X ignoró la existencia de este muchacho, que creció superado por sus poderes en estado comatoso o prisionero en su propia mente en una especie de síndrome autista. Ya os contamos parte de su historia en un artículo reciente, en el que comentamos el rescate de su cómic en solitario por parte de Panini (lo puedes leer aquí). Un personaje extraño, muy lejos en popularidad de los grandes héroes de la casa. Una apuesta de riesgo para FX, la productora encargada junto con Marvel Television de llevar a buen puerto el desbarajuste mental de Legión.

Legión y compañía

El tema de las adaptaciones es peliagudo de por sí. En este caso, las complicaciones se hacen gigantescas en este aspecto, puesto que se trata de un personaje muy poco conocido para el gran público fuera de los cómics, pero de gran personalidad e idiosincrasia casi icónica para el aficionado. Legión es un equilibrio sin red sobre una piscina de tiburones, pero aprieta las teclas adecuadas para que el personaje resulte diferente, innovador y fuera de quicio, al mismo tiempo que se mantiene el espíritu del carácter original.

No espere el lector fanático de Marvel un calco de las situaciones del David Haller de las viñetas. Noah Hawley, creador del programa, se ha tomado todas las licencias posibles para explicar el origen y motivaciones de Legión. El resultado es totalmente novedoso, pero, al mismo tiempo, reconocible dentro de los parámetros del  concepto original. La locura irreverente del personaje ha encontrado una potente salida visual que convierte a Legión en una rareza dentro de la oferta televisiva.

A priori, Legión encuentra su gran baza en el trabajado aspecto que luce la serie. Cada imagen es una demostración de fuerza y planificación, exponente de elegancia psicodélica con un pie puesto en el límite de la frontera que separa lo real de lo imaginario. La esquizofrenia de David Haller no se queda simplemente en un concepto mental o teórico para definir al personaje. El mundo que rodea al protagonista es reflejo de ese estado, preciosista y delirante a partes iguales. Las escenas del aséptico hospital psiquiátrico donde se desarrolla gran parte de este capítulo inicial parecen una mezcla obsesiva entre Alguien voló sobre el nido del cuco y 12 monos, pasados por un envoltorio de diseño.

Nada que no arregle un buen baile

El ambiente onírico de la propuesta se acrecienta con el ingenioso sistema narrativo usado como motor de la historia. El avance de la serie es premeditadamente confuso, plagado de flashbacks poco claros, saltos temporales y, sobre todo, paseos por la atribulada mente del protagonista. No sólo David Haller desconoce la diferencia entre la realidad y su propia fantasía paranoide. El espectador es invitado con mucha elegancia, pero sin concesiones, a una especie de juego mental. La primera parte del episodio se transforma en auténtico pulso, arriesgada apuesta de ritmo propio y particular, muy lejos del espectáculo de pirotecnia que se espera de una serie de superhéroes.

Legión se toma su tiempo, y a veces parece más una demostración de atractivo visual que olvida contar una historia. Es experiencia sensorial, al estilo de un disco de Pink Floyd, por encima del producto televisivo al uso. Al protagonista lo define su locura, por lo menos en estos compases iniciales, y los encargados de Legión dejan muy claras estas líneas maestras. Pero, por suerte, el escenario se agranda, aparecen los indispensables secundarios, incluida la siniestra organización gubernamental de turno, y el espectáculo se normaliza (más o menos) para dar sensación de coherencia e intenciones narrativas.

El entorno que se muestra en Legión parece ajeno a cualquiera de los mundos cinematográficos relacionados con Marvel. Incluso de los mutantes del cine. Para la ocasión, la sociedad parece desconocer la existencia de los hijos del átomo, y el gobierno parece interesado en controlar esta posible amenaza de la forma más expeditiva. Incluso la línea temporal en la que sucede Legión es un tanto desconcertante. Es difícil asegurar la época donde se encuadra la acción. El sentimiento de extrañeza acrecienta con esta indefinida épica, nada al azar, supongo.

Los momentos finales de este episodio inicial entran dentro de los parámetros de lo esperado en una serie de acción, desmarcada del hipnótico ritmo protagonista hasta el momento. Acción y poderes mutantes para todos. Aquí es donde muchos aplaudirán, y salven el episodio.

Poder en estado puro

No nos engañemos, Legión no es una serie para todo el mundo. Rompe con astucia todos los tópicos de la acción superheroica, arriesga con personajes alucinados, con los que, en principio, es complejo empatizar. Es una serie que grita a los cuatro vientos su diferencia, y eso es un arma de doble filo. Habrá quien abrace esta declaración de principios con ganas, y encuentre en Legión una serie distinta y valiente. Sin embargo, me imagino a un buen puñado de fans a la búsqueda de una explicación ante la tomadura de pelo tras los destellos.

Yo me posiciono en el primer bando, encantado con este inicio de Legión. Sabedores de que esto es un primer paso, y falta mucho rodaje para entender esta serie como algo importante o un mero espejismo. De momento, ha conseguido llamar mi atención, y dispondrá de esa hora semanal tras las carambolas que el destino prepara a David Haller. Una historia traviesa y un apartado visual de primera me parecen reclamos suficientes.

Esperamos con ganas los próximos episodios, que confirmen este primer veredicto al que puede ser el producto visual relacionado con mutantes del año (con permiso de la tercera entrega de cierto tipo canadiense con garras y muy mala uva). Seguiremos informando.

Legión es una serie de televisión estadounidense creada para FX por Noah Hawley, basado en el personaje de Marvel Cómics del mismo nombre. Es producida por FX Producciones en asociación con Marvel Televisión y 26 Keys Productions.

Dan Stevens interpreta a David Haller , un mutante que a temprana edad es diagnosticado con esquizofrenia. El resto del elenco está conformado por Rachel Keller, Jean Smart, Aubrey Plaza, Jeremie Harris, Amber Midthunder, Katie Aselton y Bill Irwin. En octubre de 2015, FX y Marvel Television anunciaron una colaboración para crear una serie de televisión basada en el personaje de los X-Men, Legión. Hawley firmó para escribir y dirigir el piloto. El casting comenzó en enero de 2016 y el piloto se completó en mayo. La filmación tiene lugar en Vancouver.

Legión se estrenó el 8 de febrero de 2017, con ocho episodios en la primera temporada. En Latinoamérica el 9 de febrero de 2017 y en España el día 13 de febrero a través de FOX

Reseña
Muy buena
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

4 Comentarios

  1. Me ha gustado tu reseña. Yo he disfrutado mucho del piloto y lo que menos me ha gustado precisamente es la parte final con acción superheroica a toda caña. Me ha chirriado un poco con el resto, que me estaba pareciendo francamente bueno.
    Veremos como encaja todo en los próximos capítulos pero tiene muy buena pinta.
    Los secundarios me parecen todos bastante interesantes, y él está muy bien. Me sonaba su cara y cuando me enteré que era el mismo de Downtown Abby me quedé a cuadros.

  2. ¡Excelentísima reseña! ¡Que manejo del lenguaje! Me gustaría leer la del segundo episodio. ¡Muchas gracias! Saludos desde Mendoza, Argentina.

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