Reseña de ‘La Visión: Poco mejor que una bestia’

El volumen de Panini

Tom King y Gabriel Henández Walta cierran el ciclo dedicado a La Visión, el extraño héroe de Los Vengadores. Tras el fabuloso inicio del que os hablamos hace unos meses (aquí lo puedes leer), conocemos en este final apabullante el destino de la familia sintezoide. Si en esos pasos iniciales King nos trasladaba a un desquiciado ambiente de clase media, en Poco mejor que una bestia conocemos las consecuencias terribles de la tragedia presentada en Visiones del futuro. El incierto camino de la familia Visión hacia la ansiada normalidad choca contra todos los muros posibles, imbuidos en una especie de drama familiar que rompe con los presupuestos de lo esperado en un cómic de superhéroes.

La grandeza de la obra de King es, precisamente, la vuelta de tuerca a la que somete a su narración, desde el respeto máximo al género. Magistral huida hacia delante de todos los tópicos imaginables, en el primer volumen King nos noqueaba con la magia de lo novedoso, pero anclado en el alma de Marvel. Independiente, pero factible y verosímil dentro de la continuidad de la editorial, La Visión demuestra la posibilidad de la unión inteligente entre los cómics de antaño y los que deben escribirse en el siglo XXI. Sofisticado, misterioso, exquisito y elegante, King nos deja para el recuerdo una obra destinada a convertirse en un clásico.

En aquellos primeros números, King y Hernández Walta presentaban el nuevo estatus de La Visión. Tras muchas vueltas del destino, el ser artificial, apoyado en su desesperante lógica, tomaba la decisión de poner tierra de por medio con su pasado. Obcecado en la búsqueda de la normalidad como estilo de vida, crea la familia perfecta, a su imagen y semejanza. Por supuesto, esta idílica (y enfermiza en cierto modo) tiene fisuras insalvables, transformadas en violentos encontronazos con la realidad. El drama está servido, y King se desmarcaba del tono habitual de Marvel con esta historia de tono televisivo, repleta de enormes personajes secundarios y marcada personalidad en todos los aspectos de la obra.

El segundo volumen continúa la acción justo donde la dejamos. La Visión se ha convertido en un sospechoso hasta para sus compañeros, mientras se esfuerza por la apariencia de idílica normalidad obligada en su estridente familia. En medio de esta tensión, aparece Victor Mancha, el hijo de Ultrón (y, por lo tanto, hermano de Visión, más o menos). La llegada de este personaje desencadena el final de la serie. La Visión contra todos indica el camino hacia el enorme cierre de este puñado de números, llamados a marcar el pulso a una Marvel distinta y arriesgada.

Tom King se descubre desde hace tiempo como el guionista a seguir. Su estilo hipnótico, lleno de detalles, deja a los lectores el poso de lectura adulta, moderna sin necesidad de cambiar a cañonazos los pilares de un sello como Marvel. A base del astuto empleo de lo pequeño y cotidiano, de control total de su relato, y de perfecto uso de la tensión creciente, construye un relato sobresaliente. A pesar de esa realidad única en la propuesta de King, La Visión es el mismo personaje desconcertante que todos conocemos, de principio a fin. Aún así, consigue la sensación de cambio interior en el sintezoide, gracias a una historia sin moraleja evidente, pero espeluznante en intenciones finales.

Ecos del pasado

El escritor se apoya en los secundarios, grandes aciertos de la serie, para establecer los ladrillos de su propuesta. El camino elegido es ejemplo de astucia y ejecución. Como lectores, la satisfacción del relato meditado de principio a fin es la gran recompensa. Hay pocos guiones en que todos los detalles se acumulen como un magnífico todo cuando se cierra la última página. Admiro y disfruto a esos autores que son capaces de dotar a su obra de coherencia a prueba de fisuras. Cada peldaño hacia el climax es sobrecogedor, presentado con elegancia descorazonadora por el artista Hernández Walta.

El equilibrio entre los silencios y los excelentes diálogos, el uso sobresaliente de los espacios, los contrastes entre el decadente relato de familia y la acción superheroica, y la variedad humana de los protagonistas redondean La Visión, convertida en vanguardia dentro de la oferta de Marvel.

Y sí, digo humanidad. Los familiares de Visión, a pesar de esa esencia sintética, muestran debilidad, miedo, afán de reconocimiento, dudas, desazón ante el futuro, contradicciones entre la lógica aplastante de su programación y la fe irracional, consecuencia de la pérdida. El amalgama de emociones que trabaja King nos conecta con estos seres imposibles y, en apariencia, ajenos a cualquier atisbo de normalidad. Será complicado olvidar a creaciones tan magníficas como Viv, protagonista en la sombra de la historia. Tan compleja como rota, lleva sobra sus hombros alguna de las escenas más impactantes de la colección.

Gabriel Hernández Walta deja su impronta en cada decisión visual de La Visión. La simbiosis con las intenciones de King son totales, y se nota la libertad que da la confianza. La variedad de planos, demostraciones estéticas, experimentos sorprendentes con el diseño de página…

Reuniones familiares en La Visión

Walta construye un mundo visual propio, pero dirigido a dar forma a las emociones en ebullición del texto de King. Incluso demuestra músculo con la confrontación entre el protagonista con otros héroes. No se amedrenta ante el desafío de tratar con varios personajes en pleno intercambio de golpes, e incluso en esta ocasión apuesta por el riesgo gráfico. Trabajo de los que hacen escuela, encuentro entre tradiciones, respetuoso y excitante a partes iguales. Encima, para redondear el aspecto de este cómic, hay una comunión exquisita entre Walta y el color de Jordie Bellaire, demostración de trabajo en equipo y construcción de ambientes. La Visión es de esos trabajos gráficos agradecidos por el lector, fuera del círculo eterno de posturas imposibles y dientes apretados, patrón dentro del cómic de superhéroes.

La Visión es de esos cómics que me desarman, pero estoy seguro de que mi entusiasmo está justificado. Cuando hablo de la grandeza de esta mini serie lo hago desde el convencimiento de la diferencia emocionante que sustenta la idea de King y Hernández Walta. No es una diferencia forzada y pretenciosa. Al revés, el relato es orgánico, armado con los mejores argumentos literarios o gráficos. Es el cómic que os gustará si buscáis algo distinto en la órbita Marvel. Y si no, también. Porque La visión engrandece el medio como hacía mucho que no sucedía con un cómic de superhéroes. No lo dudes. Te va a encantar.

Este nuevo volumen de La Visión pertenece, como su predecesor, a la línea 100%. Esto se traduce en un libro con solapas de 144 páginas a todo color. Incluye todas las portadas de la colecció, en manos del fabuloso Mike Del Mundo, así como artículos y entrevistas que nos dan mayor perspectiva del proceso creativo tras la colección. El precio recomendado es de 13,50 euros.

Tom King se he hecho un nombre como guionista de cómics gracias a su participación como escritor en la serie de DC Grayson. Ahora aterriza en las oficinas de Marvel como escritor de La Visión, gran éxito de crítica y público. Como detalle curioso, King es ex agente de la CIA, donde sirvió como agente de operaciones de contraterrorismo.

Gabriel Hernández Walta es un dibujante español que ha centrado gran parte de su carrera en Estados Unidos. Sus primeros trabajos fueron para el selo IDW. En España, su trabajo más reconocido ha sido el realizado con el guionista El Torres, en los celebrados El Velo y El Bosque de los Suicidios.

La conclusión de la más aclamada obra Marvel de los últimos tiempos. Hace algún tiempo, un robot creó una familia, y las cosas fueron bien por un tiempo. Luego llegaron las muertes, las mentiras, las traiciones, las batallas ganadas y las perdidas.

Ver en Whakoom

 

 

¡No te vayas sin comentar!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.