Reseña de ‘Bitch Planet’ de Deconnick y De Landro

Bitch Planet, presentado por Astiberri

El cómic nació como entretenimiento, pero como todos los medios de expresión artística, sus contenidos han evolucionado en consonancia a las realidades históricas y sociales. En ese sentido, tras la inocente apariencia de las viñetas, autores de todo tipo han encontrado en el lenguaje de esta disciplina el camino para dar a conocer sus propias posiciones o ideas. Más allá de los superhéroes o los lugares comunes del cómic de masas, desde hace décadas existe un mundo alternativo vinculado al medio, el cual conecta a la contracultura, en manos de autores dispuestos a remover conciencias y experimentar, al mismo tiempo, con los límites de la narración gráfica. ‘Bitch Planet’ bebe en cierto modo de ese espíritu rompedor y de transgresión, pero mezclado de manera inteligente con los modos del cómic comercial.

No hay lugar a dudas, ‘Bitch Planet’ es un ejercicio de protesta activa, anclada en debates cada vez más presente sobre el modelo de sociedad en el que vivimos. La reivindicación se hace viñeta de manera contundente, pero sin caer en el panfleto adoctrinador o el gimoteo victimista. Kelly Sue Deconnick es una de las escritoras de cómic más inteligentes que hay frente a un procesador de textos. Convierte su grito de batalla en una experiencia edificante, integradora, invitación reflexiva para el debate serio acerca de los modelos sociales a los que estamos sometidos, y la evolución de éstos en un mundo en pleno cambio. Las mutaciones que vivimos hoy en día dejan muchos interrogantes acerca del futuro, y Deconnick se atreve en ‘Bitch Planet’ a dar rienda suelta a sus tesis sobre ese mañana impredecible.

Por supuesto, esta mirada no es gratuita, y ‘Bitch Planet’ nace de la extrapolación de las realidades de hoy a una especie de distopía bastante creíble. En ese mundo descrito por esta fuerza de la naturaleza que es Deconnick el ser humano vive bajo el imperio de la imagen, de los medios de comunicación, de la frivolidad y el conformismo, pantalla del racismo, machismo y desigualdad que reina en este futuro perverso. No podía ser de otra forma, el mayor peso de ese agobiante futuro recae sobre las mujeres, prisioneras de esos cánones impuestos llevados al paroxismo en una sociedad histérica.

 

Para las que osan romper con el orden establecido, las que desgarran las etiquetas bendecidas por los eslóganes, existe un lugar al que son enviadas para su olvido. La enorme prisión donde pagan la penitencia por sus crímenes de individualidad y falta de molde. ‘Bitch Planet’, el infierno donde se ha creado una especie de micro cosmos formado por mujeres que se negaron a seguir siendo juzgadas por ser ellas mismas.

Una simple palabra

‘Bitch Planet’, como decía, escapa a años luz del panfleto político. La forma es tan importante como el fondo y, aunque el mensaje es claro (y clarificador), la intención de Deconnick no es lanzarse a la yugular del enemigo. La escritora dialoga con el lector, le propone desafíos, cambia el tono y el ritmo de su narración para que entendamos el poder del mensaje y nos hagamos partícipe del cambio que propone. Eso sí, Deconnick no oculta su rabia, y utiliza sus armas narrativas para dejar constancia de su postura.

Lo inteligente de ‘Bitch Planet’ es que todo ese poderoso golpe en las tripas se presenta en el contexto del relato de ciencia ficción. Este truco es de sobra conocido por los lectores del género, repleto de obras que esconden inteligentes y contundentes críticas sociales en forma de metáfora futurista o tantástica. Deconnick no olvida que está escribiendo un cómic con mucho en los modos del cómic comercial. La acción y el ritmo frenético de sucesión de acontecimientos no tiene nada que envidiar al mejor de los seriales Marvel o DC. La diferencia está en sus intenciones últimas y en las reflexiones que ofrece, y, por supuesto, el tratamiento de personajes, el tono duro y sin concesiones de una lectura adulta.

Las mujeres que conviven en esta prisión tienen un punto de idealismo guerrero en su construcción, pero también los pies puestos en la realidad. De hecho, Deconnick invita en la guía de lectura presentada al final del volumen a que escojamos a nuestra favorita y pensemos las razones por las que nos sentimos identificados con ella. En un juego interesante, uno de tantos de los ofrecidos por esta intuitiva guionista, cuya motivación va más allá de que entendamos el mensaje: pretende que aceptemos una lucha legítima por una igualdad necesaria en un mundo injusto.

Humor directo al estómago

‘Bitch Planet’, en el aspecto visual, es un producto multidisciplinar, basado en la sátira impenitente, con lazos en el diseño, la publicidad, la propaganda, el cine o los límites del propio cómic como medio de expresión. El trabajo Valentine De Landro es el espectacular resultado del dibujante atrevido y armado de ansias experimentadoras que una historia valiente y llena de humor negro como esta propuesta se merece. En las páginas de Bitch Planet hay una búsqueda constante del impacto visual y la diferencia.

De Landro golpea la retina del lector con arriesgadas apuestas en el diseño de la página, o la composición de las viñetas. El color es protagonista, ejercicio de contrastes entre la estridencia nada discreta y el oscuro mundo carcelario del planeta prisión, ejecutado además con diferentes técnicas, algunas tan en desuso como la trama.

La tecnología, las pantallas, el bombardeo constante de información visual del siglo XXI se cuela como parte fundamental de la narración, protagonistas indiscutibles de un mundo histriónico, exagerado, pero sintomático de nuestros tiempos. El espejo despiadado de nuestro modo de vida en forma de espectáculo pop, en manos de un explorador visual. Los puntos de vista elegido parecen escapar de la espectacularidad llena de poses del cómic americano, y quizá tenga más que ver con la sencillez de gente como Daniel Clowes en cuanto a radical escape de las influencias cinematográficas, y búsqueda de algo más puro, orgánico y personal.

A esto se añade el brutal aspecto del diseño de los detalles del libro, en manos de Rian Hughes, que combina el sabor de los clásicos del cine fantástico de los años 50, con cierto toque punk. Las macarras páginas de publicidad, basadas precisamente en esos anuncios locos de los cómics y revistas de antaño, cierran el círculo de la rabia nada contenida de Deconnnick.

‘Bitch Planet’ es reivindicativo, ácido, directo y lleno de intenciones. Pero también es, y que eso no lo dude nadie, un cómic divertidísimo. Kelly Sue Deconnick es, desde mi punto de vista, una de las personas con la mente más clara del mundo de la viñeta, y combina como nadie el valor de sus propio ideario personal con la habilidad de contar historias que atrapan. Convierte su obra en una mezcla brutal de ‘Orange is the new black’ con aires espaciales, toques de ‘La naranja mecánica’ o referencias cincuenteras, pasados por la particular mala leche de Deconnick.

El resultado es un cómic que debéis leer. Con la mente abierta, dispuestos a escuchar el mensaje que hay tras las viñetas. Un mensaje, por otra parte, necesario, sobre el que siempre es bueno reflexionar acerca de nuestro papel en un todo que puede derivar en un mundo tan loco y opresivo como el de ‘Bitch Planet’.

Astiberri comienza la edición de Bitch Planet en nuestro país, en forma de libro recopilatorio que aglutina los cinco primeros números de la edición americana en grapa. Se trata de un libro de 136 páginas a todo color, editado con el buen gusto del que suelen hacer gala en esta editorial. El precio recomendado de venta al público es de 18 euros.

Kelly Sue Deconnick

Empezó en el mundo de los cómics como traductora al inglés de material llegado de Japón o Corea. Su primer trabajo como escritora tenía relación con el universo de 30 días de noche creado por Steve Niles. A partir de ahí, comenzó una meteórica carrera en sellos independientes, hasta recalar en Marvel donde dio la campanada con el rescate de Capitana Marvel, un éxito sorpresa que redefinía al personaje. A pesar de este éxito en las grandes editoriales, Deconnick sigue confiando en el mercado independiente para el lanzamiento de sus obras más personales, como Bitch Planet o el western místico Bella Muerte.

Valentine De Landro

Aunque su trabajo está más relacionado con el diseño, De Landro ha entrado en contacto en diversas ocasiones con el cómic como medio de expresión artística. En Dark Horse y Marvel ha dado sus pasos iniciales, pero no ha sido hasta el desarrollo de Bitch Planet cuando este excitante artista ha decidido centrar sus esfuerzos como dibujante de cómics.

Bitch Planet es una distopía satírica en la que el sexismo institucional, el racismo y el fundamentalismo de la sociedad estadounidense no son algo implícito, sino sus propios principios fundacionales. En un futuro próximo la Tierra está gobernada por el Protectorado, un patriarcado que combina los peores elementos del predominio cristiano y la oligarquía corporativa. Bajo el dominio del Consejo de Padres las vidas de las mujeres están rígidamente condicionadas y los ciudadanos son adoctrinados en retrógrados roles sexuales por el sistema educativo y los medios. Los hombres son pacificados con pan y circo, pero, para las mujeres que no aceptan el lugar que les corresponde en la sociedad, la única opción es el exilio.

Las mujeres consideradas NC (No Conformes), las que no se resignan al papel de florero, las que no se resignan a ser propiedad de su padre o de su marido, las demasiado independientes sexualmente, las demasiado obstinadas o demasiado lo-que-sea, son enviadas al Puesto de Obediencia Auxiliar, también conocido como el Planeta de las Zorras, una colonia penal en un planeta lejano.

Bitch Planet es el fruto de un proyecto apasionado, audaz y subversivo cocreado por la guionista Kelly Sue DeConnick y el dibujante Valentine De Landro. La forma en que han imaginado los personajes principales consigue hacer de ellos individuos complejos y convertirlos en símbolos del modo en que las mujeres son minusvaloradas en nuestra sociedad.

 

 

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