Reseña de ‘Philémon integral volumen 2’

La publicación de ECC

Es muy complicado definir a un genio. De hecho, es una palabra que se usa con demasiada gratuidad. A veces, parece que no significa nada. Pero, a pesar de ese vacío por exceso de uso, resulta que sí tenemos algunos genios por ahí, empeñados en romper las reglas. Tipos con la claridad necesaria para ver el mundo en su enormidad, o todo lo contrario, personajes con el brillante grado de locura que deforma y construye universos a partir de esa herramienta fundamental para entender al ser humano: la imaginación. Fred, con Philémon, entra de manera indiscutible en la categoría de genio. Uno pequeño, sin demasiado bombo o pompa detrás. Empeñado en esa cosa tan tonta, pero tan complicada, que es hacer reír. Pensar. Soñar. Hacer nuestra realidad más pequeña y nuestra fantasía infinita.

Hace unos meses comentaba en esta web la llegada del primer tomo recopilatorio de las aventuras de este simpático jovenzuelo. Entonces dejé patente mi entusiasmo por esta lectura diferente y atrevida, un reto para lectores de todas las edades. Escribí numerosos alagos acerca del dibujo de Fred, extraño e hipnótico, pero inconfundible. Intenté convenceros de la poesía destilada entre la inocencia de las páginas de Philémon, aunque un simple vistazo al trazo de Fred es de sobra convincente.

No sabéis lo complicado que es volver al mundo de Philémon y escribir sobre las correrías de la creación de Fred. Complicado porque sería injusta la mera repetición de cosas enormes que hacen a este cómic especial, otra reseña llena de datos y adjetivos, de impresiones formales acerca de la simple experiencia lectora. Pero, como digo, Philémon es la obra de un genio, y merece algo de esfuerzo por mi parte, algo emocionante, vibrante, que os mate de ganas de abalanzarse a la búsqueda de estas viñetas en vuestra librería favorita.

Entonces descubro lo difícil que es hacer justicia a un artista como Fred, y me doy de bruces contra mis propias limitaciones.

La fantasía de Fred

El trabajo de Fred es un portento de imaginación, de sorpresas, de amor por las historias. Un recorrido por la grandeza del ser humano, de su capacidad para fabular, de trascendencia sobre la realidad gris. Es un aplauso por la vida, por la fantasía, por los relatos como vía de escape. Belleza y humor se dan la mano en las viñetas de Fred, contante fuente de descubrimiento. Nunca sabes que puedes encontrar en la siguiente página de Philémon. De muy pocos cómics se puede hablar con tanta autoridad de lo inesperado. Fred no rompe la cuarta pared, la dinamita con alegría, nos invita de manera sincera a su mundo, a la divertida locura de un juego constante entre el lector y los delirantes personajes que pueblan las historias de este volumen.

La página es parte de esa gran fiesta gráfica en la que Fred transforma su arte. La viñeta queda desdibujada como frontera, los personajes se saltan las reglas de la narración gráfica, y pasean por un espacio resquebrajado, al servicio del surrealismo descontrolado de su autor. Si hay una palabra en la mente del lector mientras dura la lectura de Philémon es libertad, en el estado más puro de la palabra. No hay aditivos ni concesiones, Fred plasma en sus historias un mundo personal inabarcable, donde siempre hay lugar para una sorpresa más.

La experimentación gráfica de Fred se acerca a trucos como el colage o el fototrucaje, y el uso del color aporta todavía más identidad al demencial viaje de Philémon por la geografía imposible de estas historias. Por supuesto, el genial diseño de personajes, grotesco y casi infantil, es marca de la casa. Los protagonistas se integran en el espacio rocambolesco propuesto por su creador, casi víctimas de la gran broma perpetrada por Fred. Las peripecias de Philémon y sus compañeros de correrías continúan la tradición de ‘Los viajes de Gulliver’, o las aventuras de la Alicia creada por Lewis Carroll. Comparte incluso notas en común con el clásico entre los clásicos del cómic, ‘Little Nemo’. Pero Fred da una vuelta de tuerca a las influencias, convierte en algo nuevo y brillante ese pequeño lugar entre la imaginación y la locura que alimenta estos paseos por lo fantástico.

Al final, he caído en mi propia trampa. Ahí queda una buena colección de alabanzas y vueltas por lo evidente. Quizá, sea hora de hablar de lo más importante cuando nos topamos con un genio: de las emociones que transmite.

Philémon es un cómic necesario. Te arranca de la rutina, transporta hacia un mundo de aventura. Envuelve en una burbuja de irrealidad, ideal para un momento de merecido respiro. Fred no está empeñado en historias más grandes que la vida en Philémon. Sin embargo, gracias a esa pequeñez de intenciones, devuelve esplendor al más clásico de los relatos, el viaje por mundos desconocidos llenos de cosas nunca vistas, que parecen extirpadas de nuestros sueños. Ahí está la grandeza de Fred en Philémon, en la falta de pretensiones, en la diversión por la diversión, que, resulta, acaba transformando este cómic en algo enorme. Con una premisa tan simple como un chico y su burro.

La página se derrama literalmente en Philémon

Os invito de manera sincera a que te embarques en este viaje alucinado a la búsqueda de la A, donde se pasean manos gigantes, brujas novatas o animales parlantes. A veces barroco, en ocasiones acelerado, pero siempre entrañable y honesto.

Fred es un genio. Porque es capaz de, con muy poco, traducir la poesía a imágenes.

El segundo volumen dedicado a recopilar de forma integral Philémon presenta el mismo formato que su predecesor. Tomo de 288 páginas a todo color, acompañados por un interesante artículo de Antoni Guiral que sitúa Philémon en su contexto histórico. El precio de venta al público es de 35 euros.

Fred (1931-2013) pertenece a una generación de autores que cambiaron las reglas del cómic en Europa, durante los 60 y los 70. Aunque es reconocido por su carrera en el mundo de la viñeta, también desarrolló su faceta de escritor de guiones o ilustrador. Fuer director artístico de la revista de humor satírico Hara Kiri, aunque el momento más inspirado de su carrera lo consiguió cuando entró a formar parte del equipo de la revista Pilote, en cuyas páginas nació Philémon, su creación más celebrada. Ganó el gran premio del festival de Angouleme en 1980.

Prosiguen las andanzas de Philémon, quien, con la complicidad de su tío Félicien, de su burro Anatole y del propio Barthélémy, continúa descubriendo mundos fantásticos, criaturas fasci­nantes y planos de realidad que desafían toda lógica.

Artífice de un imaginario evocador de las grandes obras de Lewis Carroll, Jonathan Swift, Winsor McCay o George Herriman, Fred firmó 16 álbumes de esta inolvidable serie, dando forma a un legado de valor incalculable para la historieta que en su mayor parte permanecía inédito en España. Una indiscutible obra maestra que ahora recuperaremos a través de tres integrales, respetando su tamaño original.

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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