Reseña de ‘Renacimiento: Deathstroke’

Deathstroke llega gracias a ECC

Renacimiento sigue llegando a buen ritmo a las librerías españolas. Este lavado de cara de la editorial ha funcionado hasta el momento como reestructuración del universo DC en la viñeta, tras años de palos de ciego. Parece que los directivos de este legendario sello encuentran el rumbo que sitúa a la editorial en un momento más que interesante. El equilibrio es constante en esta reinvención, ya que sirve para contentar a los más viejos del lugar, mientras se conserva a los lectores que llegaron durante los Nuevos 52. Eso sin contar que las nuevas numeraciones servirán de reclamo para una nueva generación de fans. En esta ocasión, vamos a ver que tal le ha ido a Deathstroke, villano carismático donde los haya.

Deathstroke comenzó su carrera como incordio recurrente de los Jóvenes Titanes durante aquella gloriosa etapa de principios de los 80. Desde entonces, este asesino implacable ha dado bastantes vueltas, y hemos visto sus apariciones estelares en distintos medios. Videojuegos, series de televisión, y rumores bastante potentes sobre su llegada a la pantalla grande, son muestras notables del carisma de Slade, auténtico nombre del mercenario definitivo.

No es la primera vez que Deathstroke tiene serie con su nombre en la cabecera, pero, desde luego, esta llegada del personaje a la inciativa de Renacimiento puede que sea el mejor ejemplo de lo que puede dar de sí. Es más, esta colección tiene todos los ingredientes para marcar la línea en cuanto a lo esperado en la calidad de los cómics DC. Christopher Priest descarga en las páginas de Deathstroke una historia adulta, sin concesiones, que para nada intenta redimir al villano. Se regocija, sin embargo, en el pozo de negrura que es el mundo de Slade. Desquiciado, poblado de monstruos sanguinarios carcomidos por el poder, la codicia o la venganza. Con Deathstroke, Priest se atreve con lugares poco comunes en el cómic comercial, y visitamos escenarios a donde pocos se atreven a ir.

En las páginas de este cómic visitaremos el pasado de Slade, mientras que, en el presente, el asesino se enfrenta a una intrincada conspiración que pone a su disfuncional familia en el centro de la diana. Sobre esa trama principal, Priest conduce una historia repleta de ramificaciones, donde el destino de un país africano condenado a la guerra eterna se cruza con el crimen de Gotham o los intereses geopolíticos de los Estados Unidos. Priest construye un universo creíble, coherente, lleno de matices de gris, donde los héroes brillan con menos luz y gente como Deathstroke encuentran acomodo entre las esquinas podridas de los juegos de poder.

Deathstroke, asesino global

Hay mucha dificultad en el relato de Priest. La valentía de explorar esos recovecos turbios del universo DC ya es encomiable, pero Deathstroke es un cómic grande porque es tan importante lo que nos cuenta como la forma de contarlo. Para empezar, es muy complejo lidiar con un protagonista como Deathstroke y mantener su esencia. Podríamos entrar en el enésimo relato de redención, el viaje del asesino hacia el héroe interior que siempre fue. No hay nada de eso en Deathstroke. Todo lo contrario: Priest reafirma a su personaje como uno de los hijos de chacal más peligrosos del panorama villanesco.

¿Cómo lidias entonces con un personaje tan acomodado en su papel? ¿Qué forma hay para conectar al lector con un tipo tan espantoso como el protagonista de esta colección? De carisma va sobrado, sí, pero es muy complicado establecer vínculos o cualquier tipo de empatía con un tipo que a lo largo de las páginas se descubre como un maltratador, manipulador, sociópata y sin sentimientos.

Para el manejo de esta realidad, Priest se hace con un magnífico plantel de secundarios, que dan un mínimo de humanidad al protagonista. Las relaciones con sus compañeros y familiares, aunque son bastante peculiares (por no decir enfermizas), nos muestran algo en el interior del asesino. Esto se completa con la aparición de estrellas de la casa. Batman, con el que comparte no pocas conexiones, se parte la cara con el mercenario definitivo (impagable el encuentro con Damian, irritante por encima de la media, y ya es decir), y Superman tiene más que palabras con él. De hecho, el discurso ante el Hombre de Acero es demoledor, y deja clara la presencia de Deathstroke en el estercolero mundial donde Superman jamás se molestará en mirar.

Estos familiares también son una buena colección de miserias personales, y lanzan gasolina al fuego de la complejidad humana que pueblas estas viñetas.

Si con esto no fuese poco el entramado narrativo de Priest, resulta que vertebra su historia a base de viajes en el tiempo, juego con las tramas, elipsis demoledoras y un tratamiento de la información inteligente y dosificado con eficacia. A medio camino entre la historia de espías y el drama familiar, Priest construye un cómic de madurez inusitada, sin perder en ningún momento la identidad dentro de la propuesta general de DC. Demuestra un control total de la narración, respeto absoluto por el lector de cómics que busca tratamientos distintos a los lugares comunes del género. Incluso se atreve a dar la vuelta  un clásico de Marvel como Pantera Negra, al crear la otra cara de la moneda, el dictador sanguinario y ávido de poder León Rojo. Todo un desafío.

Perfección letal

El dibujo se mantiene constante y coherente a lo largo de todo el volumen, a pesar de los cambios en los lápices. Esto es bastante frecuente en las colecciones DC, y a veces repercute de manera negativa en el resultado. En este caso, la calidad del dibujo no es precisamente lo más destacable de la colección. No desentona y los artistas cumplen con eficacia.

Lo bueno que tienen es que nunca se pasan de listos y todos los esfuerzos están dirigidos a dar empaque a la narración de Priest, que se hace con el protagonismo absoluto de la obra. Eso sí, hay escenas de acción bastante notables, donde hay margen para los excesos violentos y el efectismo de la acción pura y dura. Carlo Pagulayan, Larry Hama y Joe Bennett se reparten el trabajo en el tablero de dibujo, y, como digo, mantienen la identidad visual de Deathstroke sin ser especialmente rompedores.

Deathstroke es una serie atrevida, diferente, en la que nadie es lo que parece y el único que se mantiene firme y coherente es un asesino con sus propios planes para todo el mundo. Los giros de guión son constante fuente de sorpresa, y no se quedan en mero humo y espejos para que la cosa avance.  Es de lo mejor que ha salido al mercado bajo el amparo de Renacimiento. De lo mejor que ha salido con el sello DC en la portada en mucho tiempo. Si esta colección marca el camino, nos esperan tiempos interesantes a los lectores. Toda una sorpresa.

Deathstroke llega a España con su propia colección gracias a ECC. Podrás encontrar esta edición en tu librería favorita en formato rústica, volumen que recopila los 8 primeros números de la edición americana en grapa. A todo color, en Deathstroke os esperan 200 páginas de pura acción.

Christopher Priest

Nacido con el nombre James Christopher Owsley, a mediados de los 90 cambió legalmente su nombre por el de Christopher Priest. En alguna ocasión ha firmado su obra simplemente con su apellido. Comenzó su carrera en Marvel, como ayudante de editor en títulos como Conan el Bárbaro. Trabajó con multitud de personajes del sello, pero alcanzó gran popularidad durante su etapa al frente de Pantera Negra.

Para otras editoriales ha trabajado con personajes como Geen Lantern, y ha participado en la creación de series como Quantum and Woody.

Acosado por un enemigo invisible, Deatshtroke, el mayor asesino del Universo DC, se enfrenta a su turbulento pasado y al reto de reinventarse a sí mismo antes de perder todo lo que todavía le importa. ¿Puede cambiar Deathstroke? ¿O acabará destruído por su adicción a la violencia? Christopher Priest (Pantera Negra) responde a estas y otras preguntas en El profesional, el pimer arco argumental de esta serie dentro de Renacimiento. Con el futuro de una nación en juego, Slade debe elegir entre cumplir con su contrato o salvar a un viejo amigo.

Tan carismático como moralmente cuestionable, este asesino a sueldo se ganó el favor de los lectores desde su creación, en 1980. Popularidad que, tras convertirse en antagonista de la televisiva Arrow y protagonizar una serie orquestada por Tony S. Daniel, se traduce ahora en esta ambiciosa colección, escrita por Christopher Priest y dibujada por Larry Hama, Carlo Pagulayan y Joe Bennett, que ECC Ediciones te trae en formato tomo aperiódico. ¡Y recuerda! Muy pronto Deathstroke dará también el salto al Universo DC cinematográfico, con el rostro del actor Joe Manganiello (Magic Mike).

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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